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martes, 28 de mayo de 2013

Cartelera enriquecida (con uranio y kryptonita)

Ya saben que lo que más les gusta a los medios de comunicación españoles es colgarse medallas. El mejor ejemplo es la prensa deportiva. Marca y el resto de periódicos hacen mil exclusivas diciendo que el Madrid y el Barcelona ficharán a decenas de jugadores. Si al final contratan a uno, siempre dirán aquello de "como adelantó...". Pero igual de frustrante es ver cómo los diarios y revistas se consideran adalides de una causa por una información que apareció en la esquina de la última página. En las revistas de cine comercial, el cine de autor y el cine español ocupan un espacio reducidísimo, salvo casos muy excepcionales. Si eres Lars Von Trier y haces una película porno con Charlotte Gainsbourg, pues seguramente tengas espacio. Si haces una película sobre dos lesbianas con cuerpo de supermodelos, pues también. Si haces una película de cruising con homosexuales gordos entrados en años, pues a lo mejor ya no. Todo es una táctica de mercado.

Pero al final, contra el dinero nada puede hacer, ni Von Trier, ni Haneke, ni Tarantino ni ninguno de esos autores que se pueden exprimir comercialmente. Cuando salió lo del cierre de Alta Films, en seguida comenzaron a proliferar artículos sobre lo triste de la situación, sobre lo empobrecida que quedaría nuestra cartelera y sobre el apocalipsis que se acercaba. Eso dura lo que dura. Es decir, poco o nada. Como Cannes, que durante dos semanas hablamos de cine de autor, pero en cuanto termina ya volvemos a lo que interesa. Vean, vean:

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No, son dos revistas con la misma portada!
Las dos revistas más vendidas de nuestro país arrodillándose ante el amo y señor americano. Fíjense en el titular de Fotogramas, poniendo «la exclusiva más completa». No sé exactamente a qué se refieren (ni pienso averiguarlo), pero en principio por lo señalado en portada no parece que tengan más que su revista rival. Ya cuando dicen que su exclusiva es «la más completa» dan a entender que hay otras menos completas. En ese caso, no sería una exclusiva. Cinemanía por su parte, para mostrarse más fiel, le dedica toda su portada al nuevo Superman. Bueno, no manipulemos. Cinemanía defiende la diversidad y las diferentes formas de ver el cine, por eso en la parte de arriba dedica espacio a Danny Boyle, Sexo en Nueva York, Will Smith y «el truco de Hollywood», sea lo que sea esto último. Por su parte, Fotogramas en la portada también habla de Boyle, de Monsters University, del Rat Pack de Frank Sinatra, de Zach Galifianakis (por The Hangover 3) y remata con 36 Súper (rimando con el tema de la portada) hits contra el calor.

¿Cartelera empobrecida? ¿Dónde? La culpa no es suya, ¿eh? Las revistas hablan de lo que se estrena. Bueno, este mes estrenan películas Olivier Assayas, Margarethe von Trotta, Xavier Dolan o Richard Linklater. Pero, ¿qué más da? Si eso no le interesa a nadie. Y si les interesa ya tienen dentro de la revista una crítica de quinientos caracteres y un artículo resumiendo el argumento. El simil con los periódicos deportivos no es banal. Los periodistas hablan continuamente que España se ha convertido en una liga de dos equipos, y que el resto no tiene nada que hacer. Pero cuando abres un periódico o escuchas un programa de radio, lo único que hacen es hablar de esos dos equipos. Hablan antes y durante más tiempo de los calzoncillos de Cristiano Ronaldo que de los partidos de otros equipos españoles. Y ya no me meto en otros deportes. ¿Les suena

Quizás por el parecido entre la prensa cinematográfica y la futbolística (más que deportiva), la cuenta de twitter del máximo responsable de Cinemanía se llama @futbolycine, como ejemplo perfecto de lo bien que casan los dos métodos. Recientemente, Carlos Marañón nos regalaba este magnífico tuit:
Y se queda tan ancho. ¿De quién es la culpa de esto? Suya no, claro. El mundo es injusto y nada podemos hacer nosotros para cambiarlo. Pero este tuit no podía pasar inadvertido y pronto un tuitero llamado @cronos_26 fue a buscar las cosquillas. La discusión completa es un auténtico delirio, con todo un director de un medio de PRISA dirigiéndose de manera barriobajera a un usuario anónimo. Bueno, anónimo no, ya que pone su nombre y apellido. Ya le gustaría a Carlos que no fuera así para poder rasgarse la camisa y lamentar que twitter se utilice para que algunos violentos parapetándose en el anonimato se dediquen a cuestionar el trabajo de los periodistas. El principal argumento de los que no tienen razón, así que imagino que aquí @futbolycine alguna verdad diría.

Como bien señala Nacho Sanz (@cronos_26) cuando se estrenó The Avengers, Avatar o Ironman 3, este periodista independiente no solo no dijo nada, sino que seguramente sacó la bandera del cine y cantó por la esperanza. Fast & Furious 6 como da para insultar y denigrar a una parte de la población por sus gustos, pues al ataque. A por ellos y que no quede ni uno. Pero si realmente han ido a ver esta película seis de cada diez espectadores, a ver quién es el guapo que se atreve a decir que la mayoría de los que han ido no son los mismos que fueron a Ironman 3.

El habitualmente mesurado y analítico Oskar Belategui también le dio por hacer balconing de siete pisos con el siguiente tuit, muy en la línea del de @futbolycine:
No sé hasta qué punto está dicho con algo de humor, imagino que algo algo tiene. Pero en fin, es enormemente desafortunado. Primero porque el éxito de Fast & Furious 6 no es un fenómeno local, sino que está arrasando a nivel mundial. Como arrasó Ironman 3 y arrasará todos los años algún blockbuster invasivo. ¿Por qué? Porque la estrategia de Hollywood es estrenar cada vez en más salas no solo para hacer más taquilla, sino para impedir la competencia. Si ellos ocupan más espacio, no quedará lugar para Assayas, Von Trotta, Dolan y tantos otros directores que no hacen un cine de autor complejo y hermético, sino abierto a cualquier tipo de público.

Por eso, todos estos análisis sociológicos de Fast & Furious 6 me parecen una basura, porque se quedan en la superficie. Le sirven a los críticos para pontificar en contra de la juventud, pero no en contra del problema, que es el modelo de negocio. Evidentemente, @futbolycine no se va a quejar de eso, porque si lo hiciera recibiría una llamadita del jefe que a ver qué es eso de atacar al negocio. El problema no es que los blockbusters se pasen de una semana a otra la cartera del espectador. El problema es que unos cantantes de reggaeton metidos a actores se ponen a conducir coches a toda velocidad y esos son valores malos para nuestra juventud. A mi eso me suena a cuando Solid Snake se tomaba tranquilizantes en el videojuego Metal Gear Solid y algún idiota decía que eso incitaba a los niños a drogarse. También pasó con los comics y casi con cualquier manifestación cultural que tiene su mercado entre el público adolescente.

A mi la saga Fast & Furious siempre me ha gustado mucho. Y eso que no me gusta el tuning ni el reggaeton. Creo que más allá de eso hay una idea cinematográfica interesante. Una idea dinámica y cierta belleza de ver esos coches desplazándose a toda velocidad por la carretera, de ver el metal abollándose. Y por encima de todo: su vocación intrascendente e incluso cómica. La mayoría de blockbusters actuales, pese a estar hechos con el principal objetivo de sacarle el dinero al espectador, se dan grandes ínfulas para hablar del destino del mundo y de los males de la sociedad. A mi esas cosas me provocan arcadas. Por eso me divierte el tono jocoso y juguetón del último Ironman (aunque en el fondo podía ser infinitamente mejor) o la estupidez bakala de la saga de Vin Diesel y Paul Walker.

Si el mercado se comportase como la portada de Cinemanía, ¿qué porcentaje de espectadores iría a ver Man of Steel? Cuando el cine de Hollywood ocupa la práctica totalidad de las pantallas y, gracias al colaboracionismo de los medios, de la información respecto a cine, ¿cómo no se van a dar este tipo de situaciones? Ahora es el 60%, pero dentro de unos años ese porcentaje irá a más. ¿Cambiarán su política informativa Fotogramas y Cinemanía en favor de la diversidad cultural? Que cada uno trate de responder a esa pregunta sin reírse.

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En la revista Cinema ad hoc aparece un texto interesante y lleno de declaraciones sobre el caso Alta Films. Habla del problema de las compras de las televisiones, especialmente la disparatada política de TVE. Pero también deja entrever otro problema grave, y es que el director gerente de Alta Films, Enrique González Kuhn, hijo de Macho, considera que Los chicos del coro es una película para minorías. Muchas veces el modelo de negocio de Alta ha funcionado así, con ese estilo de películas. Y eso no es exactamente ser un distribuidor independiente, sino recoger lo que no compran las majors.

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Terminó el festival de Cannes con la esperada victoria de La vie d'Adèle, que para su estreno en España recuperará el título del cómic en el que se basa, El azul es un color cálido. Bonito título, pero en fin, si Kechiche le puso el otro, por algo será. Y no creo que sea tan difícil de traducir. Como siempre en España vamos al son de lo que manda el amo americano (allí se llamará Blue is the warmest colour). El resto de los premios como siempre no parecen tener mucha lógica (¿Jia Zhang-ke mejor guión?) más allá de que las películas favoritas del jurado aparezcan en el festival. Ha sido una edición que ha generado muchos consensos entre los críticos. Para ponerse a temblar.

Les vuelvo a recomendar las crónicas de Lumière, donde pudimos contar con los escritos de Daniel Kasman, editor de MUBI. Un gran trabajo coronado con una fantástica entrevista a Lav Díaz, el legendario director filipino que presentó en Un Certain Regard su última película. También muy interesantes las crónicas de Carles Matamoros para Transit, aunque quizás saben a poco, por cantidad y por duración (aunque sabiendo las complicaciones que tuvo el cronista, se puede comprender). Por último, el compañero Sergi Fabregat Mata entrega unas notas muy heterodoxas sobre el certamen. A priori no comparto esos acercamientos hacia las películas (a lo mejor cambio de opinión cuando las vea), pero creo que es una mirada diferente y que merecen la pena para contrastar convicciones. Luego hay más crónicas de mayor o menor interés, pero estas merecen mi reconocimiento por su dedicación y compromiso con el cine más allá de intereses comerciales y/o empresariales.

viernes, 10 de mayo de 2013

La virgen del truño

Viene con pie de foto y todo.
Hace unos días hacía referencia a un tuit de Oskar Belategui en el que citaba un artículo de Fotogramas donde un distribuidor español decía que las críticas de Boyero determinaban si una película se compraba o no. El texto ha aparecido recientemente en la web de la revista y hemos podido descubrir que el perpetrador de ese injustificado ataque fue Miguel Ángel Pérez, de Surtsey Films. En Fotogramas cuenta su experiencia con Once Upon a Time in Anatolia de Nuri Bilge Ceylan, un director que había estrenado regularmente en España tras el boom internacional de Uzak, aquella película de planos largos que compararon en su momento con Tarkovsky, pero que tiraba más hacia el costumbrismo y al exotismo. Así es Ceylan, para lo bueno y para lo malo. Yo esta última no la he visto, pero venía con un premio en Cannes y aún así ha tardado casi dos años en estrenarse en España. Y, según cuenta en el artículo, no fue por los altos precios de distribución, ni porque estuviesen esperando a condiciones de mercado favorables y todas esas mentiras que cuentan para estrenar con años de retraso a Van Sant (cuando no tenía a estrellitas en el reparto), Resnais, Rivette, Garrel... y eso hablando de lo que estrenan, claro. Resulta que la razón principal de este retraso es... ¡que nadie la había comprado! Como la crítica de Boyero había sido tan nefasta, nadie se había atrevido. Cabe preguntarse si porque consideran que el crítico estrella nunca se equivoca o porque piensan que su influencia es tal que determinará los comportamientos del público. No lo sé, habrá un poco de las dos cosas.

Aunque el artículo se refiere a cosas que yo he tratado en este blog, yo veo la argumentación de Pérez poco incisiva. No quiero decir cobarde, porque seguro que sus palos le habrán caído, pero está claro que podría ir un poco más lejos. Si no lo hace es por lo de siempre: te metes con Boyero y luego este no tarda en ponerse chulo y decir que está siendo perseguido por censores culturales, por izquierdistas y modernos, esa chusma. Supongo que por eso, Pérez escribe: «En el contexto de un festival como Cannes, una mala crítica de Boyero puede condenar una película para siempre o subir su precio como la espuma si esta es cojonuda (en el lenguaje llano de Boyero). Evidentemente, esto no es culpa del crítico, sino de los distribuidores que a veces somos algo cobardes». Hombre, ese evidentemente sobraba, en mi opinión, porque algo de culpa sí tendrá. Si el crítico con más influencia mediática del país se dedica por sistema a machacar al mismo tipo de películas, pues yo entiendo que a algunos distribuidores les entre el miedo. Que sí, serán cobardes también, pero a Boyero no le quitemos sus méritos. Miren la basura que soltaba por su boca a propósito de la película de Ceylan. Fíjense en la profesionalidad de ese «Un truño importante... y tal...» o «No me acuerdo de nada salvo de los bostezos que pegaba». Y ya no es que su opinión sea contraria a la mía (que puede que no, a mi la anterior de Ceylan no me gustó nada), sino ese lenguaje agresivo y grosero que utiliza siempre. Esa ostentación de la ignorancia tan propia de España y el franquismo.

También certifica Pérez algo que yo he apuntado, que cuando se estrena una película comercial de Hollywood oscarizable, todo son buenas palabras en El País. Pero cuando una película de cine de autor raro (por utilizar terminología boyeriana) tiene una buena crítica, siempre aparece Boyero o Hermoso (o algún otro) para darle la puntilla o para sembrar la duda en el espectador. Miren lo que escribe: «Ya sólo quedaba estrenarla y rezar para que Boyero no hablara de la peli: sabía que al resto de críticos los tendría incondicionalmente a nuestro lado. Finalmente, fue Jordi Costa el que hizo la crítica (buenísima, por cierto) para El País, aunque en la edición digital del periódico me encontré en destacado la opinión de Boyero: Érase una vez en Anatolia es un truño importante». Hombre, ese «al resto de los críticos los tendría incondicionalmente a nuestro lado» no lo dirá por la redacción de El País, donde lacayos de Boyero como Toni García Ramón o Borja Hermoso muchas veces se dedican también al trabajo sucio. Pero tuvo suerte y le tocó Jordi Costa, que sí, a veces no le dan blockbusters y como es un crítico respetuoso, hizo una buena crítica. Les recomiendo que miren este último link, para que se fijen en el comentario del lector, que no puede entender cómo en El País surgen dos opiniones tan dispares de una misma película en un mismo medio. Yo soy de la opinión de que los medios deben tener líneas de actuación, defender determinadas ideas y no ir a salto de mata según lo que piense cada redactor. Bueno, en El País no puedes decir cualquier cosa. Me gustaría ver si alguien puede decir que Apichatpong es el mejor director que hay y el que no piense así es un farsante, como ha hecho Boyero en el sentido inverso. Nunca lo verán, claro. Ni en El País ni en ningún medio.

En el fondo, pese a cierta rebeldía en las palabras de Miguel Ángel Pérez, nada de lo que dice pasa de anécdota y deja este tema como una simple curiosidad. Miren, por ejemplo, lo que dice al final: «Con los críticos hay que estar a las duras y las maduras. Cuando estrené 'Mil años de oración' (Wayne Wang, 2007) o 'Ciudad de Vida y Muerte' (Lu Chuan, 2009), estaba encantado con las críticas que nos hizo». Boyero te deja bien claro que si estrenas cine narrativamente convencional, te llevarás buenas críticas y estrenarás con viento a favor. Eso de «a las duras y a las maduras» no es algo al azar. Todos los productores saben perfectamente qué películas representan una cosa y cuáles representan la otra.

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Solo le falta el Goya...
Esta semana se anunció que Michael Haneke recibiría el premio Príncipe de Asturias de las Artes. El director que se hizo famoso por hacer cine contra la académico ha acabado convertido en momia de museo, paseándose por las alfombras rojas de Cannes, Hollywood y ahora Asturias, acompañando a toda la realeza y podredumbre social de este país. Haneke siempre ha sido un director algo punk, pues tanto hace declaraciones solemnes sobre el destino de Europa como se deja llevar por su vena sensacionalista. Un poco como estos premios, que dicen defender la cultura, la concordia y todo tipo de valores humanos, pero al final no son más que puros ejercicios de propaganda, que difícilmente sobrepasan nuestras fronteras. Puro consumo interno.

Además, se dice que el premio Príncipe de Asturias te lo dan si estás dispuesto a aparecer por la gala. Ya saben que en España la única ideología existente es la de la foto. Salir en la foto es lo importante. José Luis Garci, que forma parte del comité de selección (o formó en algún momento) comentó que en una ocasión estuvieron a punto de dárselo a Clint Eastwood, pero que al final fallaron a favor de otro, porque el director americano no aseguraba su presencia en la gala. ¡Maldito Clint Eastwood! ¡Antiespañol!

Así funcionan estos premios. En la España de los recortes. La España donde sólo se puede recortar en los salarios porque no hay otro sitio para recortar. No se puede recortar en la organización de Juegos Olímpicos. No se puede obligar a los clubes de fútbol a pagar sus deudas con Hacienda. Ni tampoco se pueden eliminar unos premios que no valen para nada. Como España es muy castiza, hay hasta premio Príncipe de Asturias del Deporte, donde siempre suele ganar un deportista español por eso del valor doble de la raza. Y porque estos premios solo interesan en España y hay que enganchar a la audiencia. También este populista premio deportivo se lo dan a alguno de fuera, como Javier Sotomayor, Carl Lewis y Lance Armstrong, todos ellos deportistas irreprochables y sin tacha alguna a lo largo de su carrera.

Volvemos a Haneke. Miren el acta del jurado porque explica muy bien la naturaleza de estos premios. Además de José Luis Cienfuegos, ex-director del festival de Gijón y actual responsable del de Sevilla, que está ahí por darle algo de brillo cultural al asunto (lean la anterior entrada), fíjense en el resto de los miembros del jurado. Todo un ejército de nombres compuestos donde están los Martínez de Irujo, los Luca de Tena, los Cervera y alguno más que me dejo por olvido o desconocimiento. Sólo faltan los Martínez-Bordiu. ¿Recuerdan el tópico derechista de que esos de la cultura viven de subvenciones para no trabajar? Aquí tienen a las familias grandes de España viviendo del cuento gracias a una fundación estatal. Esto sí que es vivir del cuento. Carlos Fitz-James Stuart Martínez de Irujo dándole un premio a Michael Haneke. Miren la entrada en la wikipedia de esta lacra social, porque después de leerla a ver quién tiene narices a decir algo malo de las subvenciones, de la miseria que le dan a un director de cine español para rodar al borde de la subsistencia una película.

¿Cuánto cuestan estos premios? ¿Qué empresa organiza todo el despliegue y cómo fue el concurso para conseguir la concesión? Estos premios existen por la misma razón que existe una candidatura olímpica, para poder seguir dando de comer a la clase privilegiada y explotando a la trabajadora.

Leyendo la justificación del premio, queda claro que se lo dan por sus dos últimas películas, las más solemnes y académicas de toda su filmografía. Solo espero que Haneke, al ver la decadencia española en la gala, se anime a hacer una tercera versión de Funny Games con unos Martínez de Irujo. Documental a poder ser. Atención a este párrafo: «Haneke  ilumina y disecciona con deslumbrante maestría aspectos sombríos de la existencia como la violencia, la opresión y la enfermedad, que afronta con extraordinaria sobriedad formal a la vez que abre espacios a la persistencia consoladora del amor, la confianza y el compromiso». Ya no es que se olviden de toda la obra de Haneke anterior a Das weiße Band, sino que encima no encima no parecen haber entendido nada. ¿Qué narices es eso de «la persistencia consoladora del amor, la confianza y el compromiso»? ¡Si Haneke hace precisamente lo contrario! Llevar su cine continuamente hacia situaciones límite donde el amor y el compromiso se demuestran puras construcciones artificiales para esconder la verdad. Quién sabe, quizás para Carlos Fitz-James Stuart Martínez de Irujo Amour es cine romántico de primer nivel. O quizás consideran Das weiße Band un manual de buena conducta ciudadana, porque vuelvan a leer los nombres del jurado: la mayoría de esas familias pasó por el franquismo como si fueran unas vacaciones en la playa.

Es imprescindible el video donde se recoge el comunicado del jurado. Fíjense que el mercenario que lee el texto (no sé cuál de los vividores del jurado es) habla de las «profundas raíces europeas» del trabajo del director, justo después de llamarle «Maikel» Haneke, y no en la pronunciación germana «Mijael». Seguramente, quitando Cienfuegos, nadie sabía quién era. Sin salir de la página de RTVE, pueden degustar el fino verbo de Carlos del Amor (otro que merecería un blog cinefóbico para él solo) en este video retrospectivo de Haneke. Este periodista aseguró que no puso un video de Killing them softly en su resumen de Cannes en el Telediario únicamente porque en los extractos de video del material de prensa no salía Brad Pitt. Hoy lo tienen ahí hablando de Haneke, de las miserias humanas y el valor cultural del cine. Pronto empieza el festival de Cannes, así que estaremos atento a lo que dice este señor.

Haneke también ha escrito un mensaje de agradecimiento: «Es una alegría y una satisfacción extraordinaria ser honrado con el premio más grande de una nación cultural tan importante como España». Lo de «nación cultural» no sé si es buena educación o pitorreo, que siendo Haneke puede que sea lo segundo. Qué desgracia que la cuenta parodia de Haneke en twitter se haya retirado tras los Oscar, porque esto hubiera merecido cobertura. O puede que ni se enteraran.

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Ha muerto Alfredo Landa, gran actor normalmente gastado en películas horribles donde perseguía suecas. Ahora como todo es posmoderno, siempre te encuentras con alguien que defiende esas películas como «radiografía de una época», «síntoma de los tiempos» o alguna palabra en inglés que suene muy técnica y culta. El intelectual Alberto Luchini ya se ha subido al carro, salvo en lo del inglés. Supongo que no da para tanto.

Mi homenaje favorito fue el siguiente:

Para el que no lo sepa, Carlos Marañón es el director de Cinemanía, esa revista mil veces recortada y reputeada para que las grandes momias del grupo Prisa puedan seguir cobrando sus sueldazos. Efectivamente, Carlos, Landista a muerte. Y más allá.

sábado, 4 de mayo de 2013

Por el honor de Haewon

Haewon, sola e indefensa ante la crítica española.
En la anterior entrada daba mi opinión sobre Nobody's Daughter Haewon, la gran película de Hong Sang-soo. No me di cuenta entonces de que la película se había pasado en el festival de Berlín, en sección oficial, por lo que nuestros sufridos cronistas de los diarios habían tenido que verla. O no, porque si uno repasa la cobertura de Boyero de Cannes 2013 descubrirá que entre las películas reseñadas falta precisamente In Another Country, sin que diera explicación alguna. Si nos guiamos por lo expresado por Oskar Belategui, puede que el continuo retraso del estreno se deba a que el distribuidor todavía está buscando la opinión del crítico estrella para saber si debe estrenarla o no.

Sea como fuere, de Nobody's Daughter Haewon parece que no pudo escaquearse y nos regala un pequeño, pero suculento párrafo sobre la misma. Empieza fuerte haciendo su interpretación de la política de programación de los festivales: «ya sé que este cine ha dejado de ser exótico, que todos los festivales se esfuerzan hasta el delirio por exhibir en su programación variadas muestras de la cinematografía coreana». Hombre, hasta el delirio yo creo que sólo se esfuerzan en traer películas americanas que a su vez traigan estrellas de Hollywood para que la prensa basura saque fotos de pasarela. Eso es menos criticable, pero poner una película coreana aquí y allá, eso siempre es sospechoso. Hombre, a mi el cine coreano no me gusta mucho. De hecho, salvo Hong Sang-soo y lo poco que he visto de Im Kwon-taek, la mayoría de directores me parecen mediocres, tanto los despachadores de thrillers llenos de discursos moralistas sobre el bien y el mal, como los que han superado lo genérico para irse a lo disparatado (Kim Ji-woon, Park Chan-wook, Im Sang-soo). Y sí, aparecen mucho en los festivales internacionales, pero se debe principalmente a la buena labor de promoción de cara al extranjero y porque su producción cinematográfica funciona bien, han creado su propio star-system y las películas funcionan bien en el mercado local. Lo que pide El País para España, aunque ya saben que el crítico estrella va por libre.

Luego Boyero ya se va a lo que más le gusta, que es demostrar su ignorancia y esa cinefilia de oídas y de construcciones fáciles muy característica suya: «Tiene un parecido alarmante con ese cine europeo protagonizado exhaustivamente por la palabra, en el que los personajes no paran ni un segundo de hablar de cosas sensibles y trascendentes». Supongo que con «ese cine europeo protagonizado exhaustivamente por la palabra» se refiere a Eric Rohmer. O quizás a La maman et la putain. Ambas son referencias para Hong Sang-soo, claro. Tampoco quiero valorar lo de Boyero porque precisamente a mi me encanta el cine donde la palabra tiene el máximo protagonismo. Creo que Hong utiliza las palabras casi como si fueran imágenes, les da forma, materialidad, y además del significado superficial del propio desarrollo del diálogo, hay otro más profundo que contrasta con las imágenes y con la manera de entonar las palabras. Algo complicado de describir, claro. A mi los que me decepcionan son los directores que tratan de revolucionar el cine con cada imagen. Pero dejémoslo que son gustos. Lo que no son gustos y opiniones es decir que «los personajes no paran ni un segundo de hablar de cosas sensibles y trascendentes», al menos al tratar el cine del director coreano. Porque por si algo destacan los diálogos de este cineasta es por ser aparentemente superfluos, llenos de situaciones embarazosas y en muchos casos, terriblemente perjudicados por el alcohol. No hay mucha sensibilidad, porque hay arrebatos de sinceridad inesperados donde quedan retratados como personas groseras y poco respetuosos. En el cine de Hong, los diálogos muestran una hipocresia social. Construcciones lingüísticas utilizadas para esconder la verdad. En Nobody's Daughter Haewon, la protagonista y su amante, que es también su profesor, se encuentran inesperadamente con otro grupo de alumnos y terminan bebiendo todos juntos en un bar. Parecen felices, pero cuando Haewon (la protagonista) va al baño (a vomitar), el resto de sus compañeros se ponen a hablar mal de ella. Hacia el final de la película, la misma Haewon habla con dos amigos de frivolidades, de lo que le gustaría hacer en el futuro, de que lo importante es ser feliz, etc... y de repente se quedan en silencio sin saber qué más decir, hasta que ella le pregunta a uno de sus acompañantes «¿qué tal tu depresión?» y acto seguido hay otro silencio incómodo donde se da cuenta de que quizás la pregunta ha sido inapropiada. Estos cambios de tono son habituales en su cine y creo que se encuentra muy alejado de esa supuesta pretensión de trascendencia que le atribuye Boyero. Pero en fin, es Boyero.

Termina su muy sesudo comentario con un claro «Salgo con dolor de cabeza ante tanta verborrea inútil». Supongo que el poeta no opina lo mismo de su volcánico No se marchitan mis flores del mal, donde seguro que no había ningún afán de sensibilidad ni trascendencia.

En cuanto a Luis Martínez, ese crítico que empezó entusiasta como crítico estrella de El Mundo cuando se fugó Boyero, pero que tras años aguantando ya se le va notando el cansancio y la decadencia (cosa normal viendo la línea editorial de su periódico), tampoco le gustó la película, aunque tiene la deferencia de dedicarle algo más de espacio. Hasta tres párrafos. El resto del texto es para Catherine Deneuve y su mito. El de Boyero estaba enfocado en River Phoenix. Es lo que les va.

A favor del crítico de El Mundo hay que decir que al menos intenta explicar el cine de Hong atendiendo más a la realidad, y no a la pura fantasía :«Su cine se ordena siempre debajo de una arquitectura compleja y estudiada del que surge una superficie perfectamente clara (de ahí lo de transparente) poblada por situaciones comunes, existencias ordinarias... la vida misma». Ya ven, todo lo contrario que Boyero. Aquí no hay diálogos fatigosos, sino transparencia. Ni tampoco trascendencia, sino situaciones comunes y ordinarias. Y por supuesto, la inevitable comparación: «por echar mano del tópico infeliz, Sangsoo es lo más parecido a Eric Rohmer que ha dado el cine después de Rohmer». En su defensa, decir que ya señala que es un tópico infeliz y supongo que vale como fórmula. Que en un texto de caracteres limitados, el lector lee Eric Rohmer y ya pilla la idea. Y encima no está dicho con sentido despectivo, como en el caso de Boyero (donde ni siquiera citaba a Eric Rohmer, quizás porque lo confunde con cualquier otro de esos aburridos). Sigue contradiciendo al crítico de El País con «Como siempre, en Sangsoo los espejos se reproducen como las conversaciones en un laberinto de autoengaño tan entretenido como iluminadamente vulgar». Ya ven que Boyero no ha entendido absolutamente nada.

Luego, para mi, Martínez falla en la valoración. Con lo preciso que ha sido todo lo anterior, le ha faltado un análisis más detallado de los propios valores del film. Porque todo lo dicho hasta el momento vale para el 90% del cine de Hong Sang-soo. Es cierto, también, que valorar en un festival es muy complicado, y por eso los que hemos sido cronistas nos quedamos en lo superficial o nos vamos a lo estructural. A decir de dónde vienen las películas y hacia dónde van. «Eso sí, cabe decir que no es su mejor película y alguno estaría tentado de decir que tras la maravilla de 'In another country', vista en Cannes, ésta más bien parece la obra de un imitador. Todo parece realizado con cierta desgana, como arrastrando los pies». Curiosamente, a mi la que me parece la obra de un imitador es In Another Country, donde la presencia de Isabelle Huppert y una estructura episódica más evidente, la convertían en una obra mucho más artificial de lo que suelen ser las películas del maestro coreano. Todo parecía demasiado preparado, demasiado bonito, hasta los diálogos eran algo acartonados. Que fuera prácticamente rodada en inglés seguramente era una barrera también. Sin embargo, en Nobody's Daughter Haewon recupera su verborrea imparable, pero también una idea del plano mucho más simple y clarividente. La noción del encuadre es ligera. Compleja si se analiza detenidamente, con varias posiciones, variando dentro de la misa escena, pero la clave está en que si uno la observa de manera superficial, parece que el director coreano lo hace todo sin querer, como si simplemente estuviese siguiendo la acción.

Pero si Martínez me parece un crítico decadente, ¿qué decir de Oti Rodríguez Marchante? En su caso, cada texto parece un paso más dentro de una larga agonía. Un intrascendente trayecto entre la nada y la nada. Yo creo que el propio Oti es consciente de lo innecesario de todo lo que escribe. Ya ni hay orgullo ni chulería como en el caso de Boyero. En el fondo, simpatizo con él, porque su conducta no es violenta, aunque a veces tenga algún arrebato. No dice mucho de Nobody's Daughter Haewon más allá de una leve descripción: «La película es un continuo e inacabable diálogo al que se van sumando nuevos personajes sin que ello cause la menor intriga o tensión» y, evidentemente, Eric Rohmer: «Todo el mundo señalaba esta película de Hongsoo como una franquicia de Éric Rohmer, aunque sin tanto eco, poso y complejidades». De esto último destacar ese todo el mundo, muy utilizado siempre por la crítica para dar autoridad a sus argumentos. También para escribir a la contra, del tipo «¡A todo el mundo le gusta Apichatpong y a mi no!», una idea muy recurrente (se tratará en el futuro) y que siembra la idea de que las películas de Apichatpong tienen millones de seguidores, cuando realmente las ven cuatro monos que, eso sí, las defienden (defendemos) con fuerza. Tanta fuerza (y convicción) que terminan pareciendo «todo el mundo».

Oti cierra con un clásico suyo: «Cuando se termina «Nobody's daughter Haewon» uno se queda exactamente igual que cuando empieza… Tal vez pasados unos días uno empiece a notar algún síntoma, pero no da esa sensación». Que es como decir: «es posible que no tenga razón, pero lo dudo», lo que deja lugar a la falibilidad del crítico y no convierte el texto en un simple mi opinión, como hace la mascota de El País.

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Pueden achacarme que no sea un hombre de palabra. Dije que compraría el Caimán y al final me eché atrás. Dije que no compraría Sofilm por su horrible portada... y bueno, al final lo hice. Como ya suponía, la revista tiene la estructura de una Fotogramas o una Cinemanía, con sus artículos llenos de anécdotas, sus listas de los mejores diálogos sobre tal y cual cosa, algún texto dedicado a tendencias paralelas de cine, viñetas, etc... A mi es un tipo de revista que no me interesa mucho, aunque en esa línea la veo mucho más digno que el resto de las que pueblan el mercado, ya que parece medianamente independiente, no como las otras, que parece que todo son promociones de películas taquilleras y entrevistas de diez minutos donde le hacen al protagonista tres preguntas genéricas que responde de manera mecánica. En el caso de Solfim, las entrevistas son largas y realizadas con conocimientos. Dos las realiza el crítico Emmanuel Burdeau, antiguo crítico estrella del Cahiers francés dirigido por Jean-Michel Frodon. Da un poco de pena verlo reducido a cazador de entrevistas, pero en fin, tanto la de Oliver Stone como la del creador de Breaking Bad no están mal, aunque sean personajes que a mi no me interesan. En general, todas se centran más en anécdotas y en el personaje creado que en su propio trabajo. En el fondo, es una revista que trata más de todo lo que rodea al cine que del cine en sí. Vean la última entrevista a Johnnie To. Es un director al que no se le han hecho muchas buenas entrevistas, que tiene una filmografía larga y misteriosa, pero realizada con una cierta coherencia pese a transcurrir dentro de la loca industria hongkonesa. Pero en lugar de hablar de eso, se dedican a tratar temas tan trascendentes como el vino europeo, la gastronomía, el clima, etc... Por cierto, esa fórmula de entrevista+comida también la tiene El País algún día de la semana. Se llevan a un famosete a comer a un sitio caro y exclusivo, donde hablan del destino del mundo, desde la pobreza en África hasta la prima de riesgo.

La parte más jugosa para los que nos interesa esto del cine es el cuaderno crítico, donde analizan una película, L'exercice de l'État, una serie, Girls, una película española underground como Mi loco Erasmus y el clásico de Jean Renoir Boudu sauvé des eaux. Con esta última mi amigo Fer Ganzo está poco elegante llamando cuqueras al director y acusándolo de antisemita, cuando no viene al caso. También creo que se equivoca en su crítica L'exercice de l'État en esa dicotomía que hace entre la vieja nobleza política y una nueva generación más popular y grosera. Bueno, pocos políticos hay más elitistas que Mariano Rajoy. Me gusta traer a colación siempre que puedo esos artículos que nuestro querido presidente escribió en su juventud, en los que defendía la desigualdad natural de las personas. Supongo que Fer se refiere a una nobleza que compartía unas formas nobles de actuación, pero para mi González y Pujol eran tan groseros y díscolos como Rajoy. Y menos elitistas.

Me decepciona un poco ver a Gonzalo de Lucas citando a Luis Enrique y Tassoti para defender una película. No sé si es que Mi loco Erasmus solo merece un tipo de defensa así, no lo sé. Gonzalo escribió alguno de los mejores textos de la antigua Cahiers España, entre ellos uno maravilloso sobre Jean-Luc Godard (creo que en el especial de Film Socialisme) y otro antológico sobre el Tríptico elemental de España de José Val del Omar, dos trabajos que forman parte, para mi, de lo mejor escrito nunca en prensa escrita en España. Después, Álvaro Arroba fusila Girls sin piedad. Es un texto gracioso, pero tampoco muy analítico. Divertido de leer en clave hater, pero ya saben que a mi los textos negativos no me interesan mucho. Las revistas, creo, sirven para defender películas, no para tumbarlas.

Por último, dentro del cuaderno crítico, hay dos traducciones de la edición francesa. Primero, un fantástico análisis del final descartado de Vertigo. No lo conocía (no soy muy de mirar extras de DVD), pero la escena parece magnífica y la manera de describirla de Bertrand Bonello me da más ganas todavía de verla. Y segundo, una lista donde te explican si eres o no fan de Leonardo Di Caprio, un artículo fotogramero que supongo que se les coló en la maquetación del cuaderno crítico.

En fin, que yo creo que es una buena revista para el ámbito en el que pretende moverse. Tiene rigor y dignidad y no es una colección de absurdas promociones de películas de Hollywood. Hay más cosas que me he dejado: una entrevista con Isabella Rossellini, otra con Alfonso Guerra (sobre cine), un especial de Will Ferrell... y la entrevista de portada con Mickey Rourke, quizás el contenido menos atractivo de toda la revista. No sé por qué ha merecido tal honor, quizás porque también ocupó ese espacio en el original francés. Pero bueno, si se compran la Fotogramas u otra del estilo, pueden cambiarse: le dará más horas de lectura y los contenidos están hechos con algo más de cuidado. Si buscan leer algo en la sintonía de lo que habían hecho antes críticos como Fer Ganzo, Álvaro Arroba y Gonzalo de Lucas y no son muy transigentes con ciertos guiños de mercado, pues quizás no sea lo que están buscando.

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Hablando de la Fotogramas...

Espero que esto no sea su concepto del «cine de autor». Vale sí, tanto Bigelow como Cronenberg son autores, y muy buenos (aunque sus últimas películas no me apasionen), pero fíjense cómo está construido el tuit: «El mejor cine de autor también está en @wuakitv». Para mi ese también es demoledor, porque da a entender que esos dos directores son una excepción ante un cine más comercial, cuando yo creo que esos dos directores y particularmente esas dos películas son abiertamente comerciales (lo que no quiere decir que no puedan ser complejas, claro) y el cine de autor al margen habría que buscarlo en otro sitio. Ese sitio al que Fotogramas se acerca muy de cuando en cuando, por no decir casi nunca. Cosa entendible si piensan que Zero Dark Thirty y Cosmopolis son ese cine de autor que también llega a las salas. ¡Para que luego no digan que todo son grandes producciones de Hollywood! No, no, por favor, en Fotogramas también hay sitio para el cine pequeño y que apenas capta la atención de los medios...

Bueno, es un tuit, supongo que estoy sacándolo de quicio. Pero se lo merecen.

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¿Qué sería de Arraianos sin el apoyo del ICAA?
Acabó el D'A de Barcelona y el premio de la crítica fue para Arraianos, esa película que parece un festival killer, porque moja allá donde va. Se lo merece, claro. Es una película hermosa y rigurosa, sin que estos dos conceptos entren en conflicto. Una película pequeña y humilde que ha crecido por méritos propios y a la que quizás los medios deberían dar una mayor consideración. En su texto resumen, Jorge Mauro de Pedro trata a la película vencedora como una mera anécdota. El artículo parece salido de un Yo Dona o alguna de esas revistas para mujeres. Termina con un «D’A forever bitches!». Pues vale.

En El Periódico no he encontrado una sola crónica del D'A, salvo un par de textos informativos al inicio del certamen y otra sobre la visita de Cristian Mungiu. No sé si es que no suben ese contenido a la web, pero en fin, me parece muy triste si no dan más información de un evento así. Supongo que para compensar suben esta entrevista a Clara Lago donde presume de haber aprendido catalán. También esta noticia cultural de primer orden (miren quien sale en la foto que acompaña) En el Diari Ara, que tiene pinta de ser el mejor periódico catalán (desgraciadamente su edición digital tiene muchos contenidos de pago), ofrece una escueta nota sobre las premiadas, aunque tiene la deferencia de incluir los motivos que dio el jurado para premiar Arraianos: «la seva habilitat per integrar en el relat cinematogràfic a una comunitat rural la memòria, tradició oral i formes de vida de la qual perviuen i dialoguen amb el present». ¡Bravo! El jurado estaba formado por Covadonga G. Lahera (Transit), Arnau Vilaró (Lumière) y Perè Alberó (profesor, crítico y cineasta, autor de un libro sobre Theo Angelopoulos). Conozco a los dos primeros (bueno, a Arnau no en persona), pero felicidades a los tres por su buen gusto.

La cobertura del D'A no ha sido muy amplia. Yo les recomiendo algo para la siguiente edición: que le den un premio a Javier Bardem. Entonces tendrán una página entera en El País. Claro que estará dedicada por entero a ese superhéroe español y no de las películas, pero la promoción la tendrán. Entre los medios independientes no ha habido mucho movimiento, quizás las crónicas sean a posteriori. De las que leo habitualmente, solo Mónica Jordan ha estado al pie del cañón en Transit. El tercer capítulo de su crónica es algo más desangelado, quizás porque las películas tampoco se prestan a mucho análisis (sí, aquí estoy siendo prejuicioso). Aunque tenía a jóvenes directores menos conocidos como Matías Piñeiro o Hammudi Al- Rahmoun Font (o eso dice en la introducción), el texto se centra en Michael Winterbottom, Michel Gondry y Sion Sono. El texto se llama Autorías licuadas y nombres propios. Lo de autorías licuadas le va bien a Winterbottom y a Gondry, aunque Mónica del segundo dice «con apenas unos fotogramas seamos capaces de reconocer su autoría incluso en The Green Hornet», lo cual me cuesta creer, aunque como hace un tiempo que no veo películas de Gondry, despues de La science des rêves ya no quise ver más. Por eso, como hace ya siete años, quizás Gondry sí que ha conseguido crear una autoría clara más allá de sus personajes saltarines y sus salidas de tono coloristas.

Claro que el concepto de autoría es complicado y puede hacer referencia a muchas cosas. Por ejemplo, cuando habla de Sion Sono la entiendo mejor. «En su estilo exagerado y operístico, en sus historias de personajes múltiples, en el uso de la música clásica y en una serie de actores ya en nómina fija, encontramos la apuesta autoral de Sono». Es algo que no tiene que ver con el camera-stylo que patentó Alexandre Astruc en Cahiers du Cinema, pero sí unos simbolos reconocibles que se repiten a lo largo de una filmografía. Yo creo que el estilo de Sono no es fuerte en cuanto a creador de imágenes, está muy influido por cosas totalmente diferentes, y eso le hace ser anárquico e irregular, pero sí que tiene unas constantes habituales. Es un debate interesante y complejo, puesto que esta idea de autoría choca con la desarrollada en las dos crónicas anteriores.

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Antaño, las columnas de opinión las escribían personalidades que se habían hecho un nombre a base de escribir. Gente reconocida por su talento. Hoy, antes de nada, tienes que ser famoso. Un nombre reconocible. Así lleva años David Trueba en El País escribiendo cosas como la que sigue: «explota el privilegio del cine y la ficción en general para obligar al espectador a masticar la vida con una boca ajena». El texto es la nada absoluta. Una defensa a medias de Jagten, la película de Thomas Vinterberg. La falta de criterio es alarmante. Sigue reconociendo a Vinterberg como el director Dogma. Dice alegremente que «ha abandonado el Dogma». Hombre, lo abandonó hace 15 años y desde entonces ha hecho unas cuántas películas y todas con poco que ver con el dichoso movimiento.

Pero en fin, a Trueba lo que le interesa no es hablar de cine, sino del histerismo social, de reprender a la sociedad por su mal comportamiento. Ya saben, yo en mi torre y los mortales, sucios y hambrientos, rencorosos y malvados, en la tierra. No cita a Fritz Lang, lo que le hubiera dado cierto regusto cinéfilo. Se prestaba una cita a M o a Fury. El último párrafo ya no sé si es una broma o realmente se cree lo que dice de la industria danesa de cine. Dicen que mi opinión sobre cómo se reparten los trabajos en la redacción de El País es fantasiosa, pero miren el comentario que hace Trueba sobre la industria danesa. Y él cobra por artículo, ¿eh?