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martes, 11 de febrero de 2014

Vivir es fácil con los ojos cerrados

¿Cómo se le ocurriría el título a David Trueba?
En los años de la revolución francesa, cuando la Asamblea Nacional había tomado el poder y empezaba a procesar a los miembros de la realeza y la nobleza por su actitud irresponsable, estos seguían celebrando sus fiestas y actuando públicamente acorde a sus ritos estamentales. Para las clases privilegiadas lo más importante no es la riqueza ni el poder, sino la apariencia. Con una apariencia y un comportamiento noble, el resto de las cosas vendrían detrás. La realidad es algo que hay que esconder.

Estas prácticas se han trasladado a la actualidad y la gala de los Goya de ayer es un ejemplo perfecto. Cada año, nos dicen que las cifras del cine español son peores, que su situación es precaria, que mucha gente malvive o está en el paro. El año pasado, Candela Peña utilizaba su discurso de premiada, para pedir trabajo. Todos los años, casi como una costumbre, se utiliza la gala para cargar contra las injusticias, las desigualdades sociales y, si gobierna la derecha, contra los políticos. Y no porque los profesionales del cine sean de izquierdas, sino por una razón estética, como indicaba en el primer párrafo. Mostrarse comprometido con las causas más progresistas es lo mejor de cara a la imagen. Algunos dirán que estoy mintiendo y que los profesionales del cine (o al menos los que más agitan el arbol, los actores, productores o directores) tienen un fuerte compromiso social. Pero es difícil de creer si tenemos en cuenta que pese a su terrible situación, siguen celebrando un acto que en nada ayuda al cine, únicamente a industrias de superlujo como la alta costura o la joyería. Las galas son un acto exhibicionista y superficial donde nunca se habla de cine, sino de todo lo que le rodea y que poco le beneficia.

En los años 90, España creció (como siempre gracias a dinero público) como espacio de congresos y grandes macroeventos. No porque hubiese una demanda, sino porque era una buena forma (como se ha demostrado) de ganarse un dineral gracias a la construcción y la corrupción. Así nacieron imperios como el de Rafael Correa (NdA: mis disculpas al presidente de Ecuador, me refería a Francisco Correa) y así se benefició nuestro ilustrísimo Iñaki Urdangarín, organizando jornadas de paz y deporte, y cosas por el estilo. Como en España hace buen tiempo (o suele hacerlo, ahora ya ni eso) y apenas hay obstáculos legales contra el gasto público, se creó una red de congresos, eventos, festivales y demás fastos que vivían del dinero público. Cada pueblo tenía que tener su festival de cine, su evento deportivo, su congreso de algún tipo o su salón del comic. Yo, que he vivido en varias ciudades a lo largo de mi vida, siempre me resultó curioso la proliferación de festivales de magia. Aunque evidentemente la joya de la corona fueron los aeropuertos, cada ciudad tenía que tener uno. Supongo que todo se limitaba a la típica competencia entre ayuntamientos, la voracidad por conseguir votos en base al populismo más primario.

Pero (y con esto volvemos a los Goya) la realidad es que detrás de esto no había nada productivo. Simples espectáculos de masas. Superficiales y gigantescas operaciones publicitarias de los políticos de turno, como esa demencial cruzada de los políticos madrileños en busca de los juegos olímpicos. Y toda esta burbuja imitando al amigo americano. Las galas de premios, los salones del comic, las quedadas de fans, el Halloween, etc... fiestas que han ganado un espacio en nuestra vida cotidiana gracias a la influencia americana. No digo que sea buena o mala, cada cual pensará de una manera, pero mientras en EEUU esto surgió de manera espontánea y además en muchos casos existen para abastecer a una audiencia mundial, ¿qué repercusión tienen fuera de España estos eventos «culturales»? ¿En serio a alguien le interesan, fuera de España, los Goya o el salón del comic de Barcelona? En la ciudad condal, por tener, tienen hasta un salón erótico esperpéntico y de marcado mal gusto. Pero todo sea por hinchar esa burbuja mediática, por llenar espacio en diarios y programas de noticias (siempre estatales, claro), por abastecer a una audiencia endogámica ávida de tener acceso a «lo mismo» que en EEUU.

Pero como todo en esta vida se acaba, el dinero público también, lo que ha dejado en España un paisaje apocalíptico de salas de ferias y congresos que apenas albergan eventos del tipo concursos de tapas o los ya mentados festivales de magia. En los festivales de cine, si seguís este blog, ya sabéis lo que pasa. En muchos casos, se han tenido que buscar patrocinadores, cada vez más presentes, para poder cerrar las cuentas. En el caso de nuestros comprometidísimos Goya no han tenido mejor idea que asociarse con una empresa de trabajo temporal. Así que la mayoría de eventos y reuniones de la Academia de Cine han incluido el logotipo de esta empresa que, al igual que todas las de su tipo, significan precariedad y darwinismo laboral. Este es el compromiso de los Goya. ¿Dónde está el límite? No hay límite para la desfachatez de algunos personajes o empresas. Ojo a esta noticia que aparece en la propia web de la academia. Se considera una «oportunidad laboral» el trabajar una noche como ayudante de entregador de un Goya. ¿Qué valor tendría eso en un currículum? Quién sabe, quizás Adecco ponga a esos cuatro privilegiados entre esas estadísticas que se realizan al final de cada año de la gente que encontró trabajo gracias a su empresa.

Aquí Enrique González-Macho junto a un saco de dinero
 Otra constante en la gala de los Goya es la gente que se agolpa en la calle para protestar. Los primeros años la respuesta de los profesionales de la academia fue reaccionar contra ellos o bien evitarlos, como el año que hicieron una alfombra roja indoor para evitar el chaparrón de abucheos y gritos en contra. O que les lanzaran huevos. Los últimos años esto ha cambiado bastante, con Santiago Segura o Alex de la Iglesia, solidarizándose con los manifestantes o al menos mostrando comprensión. Como mediáticamente fueron muy alabados, parece que otros han decidido seguir su ejemplo, de ahí que varios famosos se acercasen a los manifestantes para mostrar su apoyo. Eran gente manifestándose contra los desahucios o contra el reciente ERE de Coca-Cola, aunque imagino que el significado era no solo la visibilidad de estos premios, sino también mostrar su indignación ante esta exhibición de superlujo en un país tan dramáticamente golpeado por la crisis como España. En la noticia enlazada antes, vemos a los Bardem acercándose a los manifestantes. Luego Bardem salió a entregar un premio o algo así, y no dudó en soltar un discurso sobre el bien y el mal, donde el bien eran sus amigos y él, y el mal el gobierno. Hoy por la mañana, un grandísimo ignorante como Vicente Martínez Pujalte, uno de esos dobermann del PP que solo existen para soltar burradas y que los más fanáticos de este partido se vengan arriba, decía que Bardem no podía quejarse porque había sido defensor de Zapatero. Esto es una tontería, sobre todo teniendo a mano, aún calentito, el caso Bardemcilla, donde la comprometidísima familia Bardem tiró de ERE para finiquitar a todos los trabajadores de un local madrileño que regentaba el único miembro de la familia que no pudo entrar en el show business. No voy a volver sobre ese tema (ya lo hice en su momento), pero dejo aquí un ejemplo del vergonzoso trato que le dio El País al asunto, poniéndose del lado de la estrella y tratando a los trabajadores como basura.

Como no vi la gala y tampoco vi las películas nominadas, no voy a hacer ninguna valoración sobre el tema. Los Goya representan un cine español que no me interesa. Alguno dirá que ya que no me interesa, no debería hablar de él, pero puesto que se paga con nuestro dinero (80000 euros en este último ejercicio), se promociona en nuestros medios de comunicación públicos, creo que tengo derecho (incluso obligación) de hacerlo, y más si lo considero una injusticia y una vergüenza que nada tienen que ver con lo que se le debe exigir a un evento de interés cultural. Los Goya son una pura epifanía capitalista pagada mayormente con dinero público y que encima completan su financiación promocionando empresas que son una falta de respeto a todos los trabajadores y parados de este país. Por lo tanto, la gente que dice eso de «si no te gusta, no lo veas» creo que tiene poca idea de lo que supone esta gala. Bueno, verla, por salud, nadie debería verla, pero opinar sobre lo que significa en la situación de este país, creo que es sano y democrático, dejando de lado opiniones a la Montoro de «todo el cine español es malo».

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Uno de los momentos más polémicos de la gala parece que ha sido el famoso video en recuerdo de los profesionales fallecidos a lo largo de este año. En este repaso, se incluyó a la periodista Beatrice Sartori, que bueno, no digo que no merezca un recuerdo, pero quizás en una gala cinematográfica sobre. Cierto que se dedicó al periodismo cinematográfico, pero no sé, ¿incluirán a Gregorio Belinchón cuando fallezca? Hombre, Sartori era mejor periodista, pero tampoco vamos a valorar su inclusión o no en una cuestión de opinión. Yo veo bien que incluyan a reconocidos críticos que realmente hayan supuesto un antes o un después en la profesión, incluso en el cine español, como José Luis Guarner o Miguel Marías (aunque este último que dure muchos años), pero ese no es el caso de Sartori. Con todo, es una cuestión de opinión. Lo que no es opinable es que Beatrice Sartori no es Nùria Vidal. Todo lo que rodea a esta equivocación huele a cutrez, improvisación y desinterés por parte de la academia de cine (recuerden, ochenta mil euros de subvención).

En ese mismo link hablan de la otra polémica: la inclusión de Concha García-Campoy. Lo más terrible de todo es que justifiquen su aparición por pequeños papeles y porque presentó un programa de cine en Telecinco. Seguramente esas fueron las razones y no que su pareja sentimental era Andrés Vicente Gómez.

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«Estoy listo para mi primer plano, señor DeMille»
Desde que El País lo dirige un holding americano de empresas, cada vez que inician una campaña o seponen comprometidos con algo, es fácil ver una razón detrás. Como los ataques furibundos de este diario a los dirigentes de América Latina o su completo cambio de perspectiva del conflicto palestino-israelí. Bueno, con Polanco también se utilizaban estas tácticas empresariales, pero al menos había periodistas más doctos o en mejor posición para hablar de determinados temas. Uno de ellos no era Iñaki Gabilondo, uno de los creadores y máximos representantes del populismo periodístico de izquierdas en España, tras la farsa histórica de la Transición. Su discurso siempre fue simple, pero airado, de esas personas que defienden que una ama de casa tiene tanto que decir sobre macroeconomía como un nobel de literatura, de ahí que bajo su brazo creciesen «periodistas» como Carles Francino o Ana Pastor. Una vez jubilado de la radio, pasó a la televisión donde hizo el programa de noticias de la recién nacida Cuatro, que al igual que todo el contenido de la cadena, era telebasura de la buena. Su mayor hit fue atacar (verbalmente) a un discapacitado, aunque a su favor hay que decir que después pidió perdón (algo complicado de ver en la profesión).  Ahora, fuera ya de radio y televisión, hace un videoblog en El País, cada vez más escondido y menos interesante. La última entrada está dedicada al cine español y es un auténtico despropósito. No niego que no tenga razón en muchas cosas, pero limitar todos los males de nuestro cine a ataques externos no le hace ningún favor a la industria, ni tampoco a la profesión periodística a la que, por suerte, Gabilondo ya apenas se dedica.

Otro que tampoco aparece mucho últimamente (lo que agradecen mis ojos y mi sistema digestivo) es Borja Hermoso. Pero sí aparece cuando hay que dejar clara la línea editorial en cuestiones de cultura o bien cuando hay que colgarse medallitas por alguna exclusiva basura (como lo del cierre de los Verdi). Hoy escribe sobre el desplante del ministro Wert, el primero ministro de cultura que se ausenta de la gala en toda su historia.

Respecto a lo de Wert, a mi su espantada me parecería bien, si mañana cambiase de arriba a abajo el sistema de subvenciones, eliminando las ayudas a amortización, impidiendo chanchullos en el tema de las coproducciones o a la hora de colar proyectos por enchufe, que defendiese festivales de cine y programas de exhibición y promoción del cine español en pueblos y provincias a donde no llega. Si hiciese todo eso y mandase a tomar viento a la clase alta del cine español, a esa que vive en la burbuja, pues entonces le diría que bien hecho. Pero claro, la realidad es diferente, y Wert es un ministro que se mostró chulesco y autoritario en sus declaraciones del último año, y ahora se escapa como un cobarde de una gala que iba a ser un acoso y derribo contra él. Además, no lo neguemos, si no fuese por los discursitos estéticos anti-PP, esta operación publicitaria que son los Goya es lo que entiende el actual Partido Popular por cultura: fiesta, folclore, glamour... Solo hay que ver la Comunidad Valenciana.

En cuanto a Borja Hermoso, se podría citar todo el texto, línea a línea, para dejarlo en evidencia. Los dos primeros párrafos son pura basura populista, apelando al español medio y utilizando palabras como «puñetero» o lo de «tomar las de Villadiego» no sé si para incluir en el texto algo de costumbrismo o sabiduría popular, defendiendo el uso del lenguaje de la calle. ¿Y qué decir de ese «tod@s» con arroba incluida para mostrarse multigenérico? ¿En serio el corrector de El País admitió eso para la edición impresa. ¡No me lo puedo creer!

Pero atención a lo que sigue: «Y si resulta que la gente va al curro, coge la piqueta y se traga los sapos y las culebras que hagan falta en la antipática sucesión de los días o del inquietante insomnio de las noches y luego ve que un ministro del Gobierno de España se disfraza de Juan Tamariz y se saca de la chistera una cita en Londres para no estar en los Goya». Ahora piensen en un periodista. Uno que trabaja en El País. Uno que es conocido porque cuando no le gusta un aspecto de su trabajo, se ausenta de él, sin ningún remordimiento. ¿Os suena? Una pista más: es uno de los mejores amigos de Borja Hermoso e hizo, al igual que él el trayecto de El Mundo a El País. ¿A que es fácil? Pues esta es la coherencia de Hermoso.

Dice de los Goya «que es una de las dos o tres convocatorias más importantes del año para quien lleva la cartera de Cultura». Ya veis, el trabajo principal de un ministro no es legislar, ni trabajar para mejorar el funcionamiento de su ministerio, ni acudir a certámenes de literatura, cine, música, etc... No, no, es acudir a la alfombra roja de esta exhibición de superlujo a hacerse fotos con González-Macho, Bardem y el resto de la Marca(Cine)España, que no el  «cine español» en su totalidad, como nos quieren vender. No, el cine español es la clase privilegiada, no los miles de trabajadores y creadores que hay detrás. Y Borja Hermoso dice que lo importante de un ministro es ir a esa gala. Porque para El País y para Hermoso, eso es lo importante del cine: la fiesta, la exhibición de lujo, el glamour. Eso es lo que vende periódicos. El populismo más rancio.

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Por si no había suficientes galas ni saraos en el cine español y todo lo que le rodea, algunos periodistas no tuvieron mejor idea que crear una nueva. Tiene el infame nombre de Premios Feroz y los da una asociación con el pomposo nombre de Asociación de Informadores Cinematográficos de España, que realmente parecen ser El País, El Mundo, Cinemanía y algunas tuitstars de periódicos regionales. Se autodenominan «los globos de oro españoles», a pesar de que ni los da la prensa extranjera asentada en España y valoran únicamente el cine y no la televisión (ya es difícil valorar la producción cinematográfica como para ponerse con el holocausto televisivo), aunque aún resulta más esperpéntico ese «antesala de los Goya», como si esta absoluta irresponsabilidad de nuestra industria necesitara además un primer plato. Ya es suficientemente indigesta de por sí sola.

Al menos se puede decir que no tenían como patrocinador una ETT. No, en su lugar tenían a Gas Natural Fenosa. Casualidades del destino, un par de semanas después de la confirmación del patrocinio se desvelaba el pufo de las eléctricas para subir la factura de la luz. Evidentemente, hay mayores razones de peso para estas subidas de tarifas, pero no es lo más razonable de cara al consumidor que le claven un puñal en la factura y al mismo tiempo vea en la televisión cómo patrocina cosas tan inanes como esta. Parafraseando a Borja Hermoso en su artículo sobre Wert, yo creo que las eléctricas deberían ser expertas en simbología.

De la gala solo vi un par de minutos (la presentaba una actriz de Los Serrano, ahí el nivel) y tenía a periodistas y profesionales del cine en mesas redondas, bebiendo y subiendo tambaleantes a recoger los premios. Tan tan tan innecesarios son estos galardones que encima votaron prácticamente lo mismo que los Goya, con notables innovaciones (¿?) como las categorías de mejor trailer y mejor cartel.

Puesto que son periodistas comprometidos con el futuro del cine español y su viabilidad, así como de la promoción del cine diferente y que no tiene acceso al circuito comercial, la Asociación de informadores cinematográficos de España no se presentará jamás a las ayudas del ICAA a la organización de festivales y certámenes cinematográficos. Que será siempre algo privado sin ayudas públicas de ningún tipo. Imagino que sí, porque muchos de sus miembros participaron en la defensa de festivales de cine como el Punto de Vista y otros amenazados por los recortes. No sería muy coherente que ahora compitiesen con esos mismos certámenes por una financiación pública para su alfombra roja y su photocall. En un par de meses lo sabremos.

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El año pasado, en el Festival de Venecia, Carlos Boyero dijo que se sentía hastiado y que iba a pedir que no le siguiesen llevando a festivales de cine, o al menos a aquellos que no tuviesen muchas películas que le gustasen. Parece que ha cumplido su amenaza y por eso no lo tenemos este año en la Berlinale. En su lugar, El País manda a Belinchón, que intentará dejar alto el pabellón tras la renuncia de su amigo. A Boyero se le podría aplicar el mismo dicho que a Zapatero: «alguien vendrá que bueno te hará»

domingo, 21 de abril de 2013

Boyero desencadenado

El método Boyero
Tenía ya pensada la próxima entrada de este humilde y recién estrenado blog, con muchos de sus apartados y enlaces buscados, pero apareció el crítico estrella de El País y lo cambió todo. Empezaré diciendo que Carlos Boyero no es crítico de cine. Ni periodista cultural. Pertenece a la raza, profundamente española, de los opinadores. Gente que sabe un poquito de todo y, si no sabe, da igual. Las televisiones están llenas de esta gente, que pueden hablar durante horas de economía, de terrorismo islámico, de física nuclear o de tácticas futbolísticas. No sólo eso, sino que encima se permiten discutir a expertos que han dedicado toda su vida a esos temas. Porque ya he dicho que en España lo intelectual está mal visto e incluso Boyero lo ha usado en tono despreciativo.

Este personaje nos sorprendió ayer escribiendo un artículo sobre Alta Films, la empresa de González-Macho que ha anunciado su próximo cierre. Yo me esperaba un texto laudatorio de González-Macho, hablando largamente sobre sus experiencias, lo mucho que aprendió de este cine y de todas las maravillas que este distribuidor y productor hizo por el cine español. Bueno, largamente es un decir, porque tampoco se puede extender mucho en el exiguo espacio que le dedica El País, mucho menos que el que le ceden para machacar las películas de Pedro Almodóvar, ese director que no le interesa nada. Pero bueno, en un ejercicio de coherencia, El País le dedica a Alta Films el mismo espacio que le dedicaba cuando estrenaban una de esas películas raras de cine de autor.

Entonces tenemos a Boyero frente al papel, dispuesto a hablar de su amigo. Un homenaje merecido a un hombre de cine, que entregó gran parte de su vida al negocio de la distribución, a traer el cine que nadie se atrevía a traer. ¿Será algo así, no? ¡Pues no! Un crítico habituado a soltar sapos por esa bocaza, es incapaz de soltar nada que no sea desagradable u ofensivo hacia alguien.

Más aún, es tal la vanidad de este hombre, que dedica la práctica totalidad del texto a hablar de sí mismo. Un héroe en un mundo de hipócritas culturales, izquierdistas, intelectuales, progresistas, perroflautas y toda esa calaña. Pero más que un tema de vanidad, que también, yo creo que habla de sí mismo por otro bien diferente. Que no tiene ni idea de lo que hablar. Es decir, Boyero, el comentarista que desprecia por defecto todo lo que estrena su amigo, ¿qué va a decir? Miren cómo empieza: «Las primeras noticias que tuve de la existencia profesional de Enrique González Macho fueron películas rusas que él distribuía a través de una pequeña distribuidora». Ya dice justo a continuación que no le gustaban nada. Podríamos dudar incluso de que si se habrá visto alguna. Tienes que hablar del trabajo de tu amigo, pero no sabes nada de él, no te interesa en absoluto. Ese es su nivel periodístico. Un hombre que estrenó películas rusas, eso dice. Ah, espera, Dersu Uzala.

A partir del primer párrafo, González-Macho deja de ser distribuidor cinematográfico y pasa a ser guardaespaldas de Boyero. Y ahí nuestro pizpireto periodista sí que puede contar mucho, sobre él mismo. Habla de sus problemas en Guía del Ocio y de la censura y los juicios. La referencia a Florentino Pérez no es baladí. Quizás sepan los lectores que Carlos Boyero, dentro de su labor como opinador profesional, también se considera una de las personas que más sabe de fútbol del mundo, siendo seguidor del Real Madrid. Tiene desde hace años una disputa personal con Florentino Pérez (quizás debido a ese affair en Guía de Ocio), seguramente un ser mafioso a la altura moral de Boyero. El enfrentamiento entre ambos llegó a su punto álgido en agosto de 2011, cuando de los dulces labios de Boyero salieron las palabras «nazi portugués» referidas a José Mourinho (entrenador del Real Madrid) durante una de sus muy concurridas entrevistas digitales.

¿Les suena de algo eso de frivolizar con el tema del nazismo? Fue uno de los temas predilectos de Federico Jimenez Losantos (este último enlace es de El Mundo, así que les recomiendo no pinchar para no darles visitas) durante años, empeñado en que en Catalunya se repetían las mismas acciones que en la Alemania de los años 30. Y más recientemente, María Dolores de Cospedal se cubrió de gloria al comparar al colectivo de afectados por las hipotecas (PAH) con los nazis. Ya ven, ilustres representantes de esta derecha ultra española, utilizando exactamente los mismos métodos que Boyero. Si no estás conmigo, si no te pliegas a mi voluntad, eres un nazi. Pero la cosa va más allá, porque en el colmo de la hipocresía más absoluta, Boyero escribió el 13 de abril de este mismo año un texto llamado ¿Nazismo? (recomendable saltarse el primer párrafo si todavía creen que el periodismo cultural tiene futuro) donde abomina la conducta de Cospedal y su manera frívola de relacionar las actuaciones de la PAH con el nazismo puro. Sin embargo, a Boyero le parece maravilloso relacionar esta ideología con algo tan serio y trascendente como el fútbol. En el texto sobre Alta Films, Boyero dice que lleva «toda una vida sin intentar engañarme a mí mismo ni a los que leen lo que escribo». Supongo que intentarlo no es conseguirlo. Y también: «Tengo un olfato privilegiado para detectar la gilipollez, la impostura, lo que conviene decir y opinar en tiempos convenientes».

Por supuesto, ni Florentino Pérez ni José Mourinho se quedaron de brazos cruzados y le pusieron una denuncia, porque la libertad de expresión, nos guste o no, no es un todo vale. Lo de «nazi portugués» no sé si lo han notado también, pero para mi tiene claras connotaciones racistas. No sé en qué situación está el tema. Hasta ahora Boyero había masacrado a pequeños directores y productores que apenas tenían suficiente para seguir a flote. La conducta del matón. Pero el Real Madrid es otra cosa bien distinta. Si le condenan a pagar la multa que se merece, no se preocupen, que en seguida lo seguirá utilizando para su campaña de autopromoción como gran adalid de la libertad de expresión.

No sé ustedes, yo veo todo el tema del segundo párrafo del artículo como una manera de hablar de sus frustraciones acerca del tema futbolístico. ¿O se creen ustedes que los responsables de todas esas películas pequeñas que Boyero masacra a lo largo de sus visitas a los festivales se ponen en contacto con El País para que censuren a su crítico estrella? Supongo que por elegancia (ja), Boyero no cita un solo caso. Bueno, uno a favor: cuando González-Macho amenazó a una de las empresas en las que trabajo Boyero para que le permitieran decir a este último todo lo que quisiera. Es decir, que si una empresa tiene la elegancia de buscar una opinión que no sea una catarata de descalificaciones y disputas personales, en seguida aparece el amigo de Boyero para protegerle.

Digo que no me creo que realmente existiesen tantas presiones como parece expresar, porque en el tercer párrafo habla del único momento donde unos pobres individuos, sin nada mejor que hacer, decidieron escribir una carta preguntando (no amenazando) a El País si se identificaban con la línea cultural que seguía su crítico estrella. Mucha gente, de muy diferentes áreas, creyó ver en esta jugada un intento por parte de estas personas para que censuraran o despidieran a Boyero. Sinceramente, si uno lee la carta es difícil llegar a esa conclusión, salvo que se tenga una mente retorcida. Bueno, rectifico, si El País admitiese tener un fuerte compromiso con un cine que se escapa de la norma, debería admitir que en ese tema estaba siendo irresponsable al designar a Carlos Boyero para cumplir ese cometido. Y, como consecuencia, lo más lógico sería encargarle esa labor a otro crítico que tuviese una sensibilidad más amplia o un afán divulgativo más desarrollado. Lo que se extrae del silencio de El País es que realmente estaban de acuerdo con su crítico y que esa era su nueva política cultural. Sobre esta deriva del otrora diario independiente, y sobre sus nuevos dueños, ya habrá tiempo para hablar.

Boyero, con su estilo habitual (el insulto), habla de «doscientos idiotas anónimos». La palabra «anónimo» es conflictiva, por no decir que es una mentira tan grande como una catedral. Si con anónimo se refiere a que estas personas le atacaron sin personarse, es mentira, porque los doscientos firmantes aparecen con sus nombres y sus apellidos. Y si pretende darle el significado de personas que nadie conoce, pues hombre, todo es opinable, pero es difícil considerar a alguien como Víctor Erice una persona anónima. Dos de sus películas, El sur y El sol del membrillo, participaron en la sección oficial del Festival de Cannes. La segunda de ellas ganó dos premios en esa edición. Su otro largometraje, El espíritu de la colmena, ganó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. ¿Quizás es que Víctor Erice es un producto del pasado? Bueno, fue miembro del jurado oficial del festival de Cannes, compartiendo lugar con Tim Burton y Benicio del Toro. ¿Les llega? ¿No? En la reciente encuesta de Sight & Sound sobre las mejores películas de la historia, aparecen tres películas de Erice, La morte rouge, El sol del membrillo y El espíritu de la colmena. Esta última es la mejor colocada. En las votaciones de los críticos está en el puesto 81. ¿Les parece un puesto muy bajo en el que solo se mueven películas desconocidas? Justo por debajo, compartiendo la posición número 84 se encuentran, entre otras, Fanny och Alexander, de Ingmar Bergman y Casablanca, de Michael Curtiz. En la lista de las votaciones de los directores aparece en la plaza 107. Aún así quizás esto no le convenza a nadie, seguramente todo se deba a un lobby español de amantes de Erice, ¿no? No, claro que no. Entre los votantes hay, además de españoles, canadienses, sudafricanos, ingleses, franceses, tailandeses, australianos, eslovenos, noruegos, chinos, nigerianos, iraníes, portugueses y, por supuesto, estadounidenses. Entre estos últimos, Monte Hellman, director de Two-Lane Blacktop, entre otras. Todos ellos seguramente convencidos por algún pérfido comisario cultural nazi-progresista para joder a Boyero.

Más anónimos: Chantal Akerman, Lisandro Alonso, Mercedes Álvarez, Pedro Costa, Claire Denis, Amat Escalante (este año en la sección oficial de Cannes), Jean-Michel Frodon (ex-director de Cahiers du Cinéma), Catherine Gautier (de la Filmoteca española), Isaki Lacuesta, Carlos Losilla, Luis Miñarro, Javier Rebollo, Albert Serra o Santos Zunzunegui. Evidentemente, se pueden discutir estos nombres, pero es difícil tratarlos de anónimos. Quédense con eso de «solo valorados a nivel familiar» referido en este caso solo a Erice y Guerin. ¿Tengo que repetir la lista de nacionalidades que votaron por El espíritu de la colmena en la lista de Sight & Sound? No sé, lo único que me cuadra es que Erice haya sido marinero o algo así y fuese dejando hijos por todos esos países.

Se refiere al manifiesto firmado en primera instancia por Guerin, Erice, Miguel Marías y Álvaro Arroba como algo «inútil», pese a que han pasado ya ¡cinco! años desde entonces y sigue sacándolo siempre que tiene ocasión (especialmente si le toca hablar de alguno de los dos directores). Ya ven, de los múltiples y constantes desafíos que ha sufrido Carlos Boyero a lo largo de su vida, solo es capaz de acordarse de uno en este momento tan especial.

Se olvida también de su mayor enemigo, Pedro Almodóvar, que también mostró interés en firmar el documento... con dos años de retraso... y luego tampoco fue muy elegante diciendo eso de «estaba fuera y no tuve ocasión de adherirme a aquel manifiesto».  El director de La piel que habito luchó durante años para que sus películas no recibieran el desprecio automático del crítico estrella. Por supuesto sin éxito, ya saben que no cambia de opinión. Más bien es la realidad lo que cambia para adaptarse a su visión del mundo, como en el tema del nazismo. Más arriba tienen un estudio pormenorizado realizado por Raúl Pedraz. ¿Es Almodóvar también un anónimo? ¿O ese no cuenta por llegar tarde?

En fin, después de pasarse todo el texto engrandeciendo su ego, al final afirma sin sonrojarse «podría contar cosas feroces». Imagino que era más importante acordarse de Erice, Guerin y los doscientos anónimos. Que era preferible la puyita a Florentino Pérez. Eso Boyero lo considera digno de publicarse. No me quiero imaginar lo que entiende por «cosas feroces».

La última perla de Boyero es eso de que González-Macho siempre eligió su cine «con cerebro». Sí, ese cine que Boyero dice aborrecer. ¿Será un gesto de objetividad de Boyero? ¿O simple amiguismo? Prefiero no interpretar y dejarlo en el aire. Quizás se refiera a que las escogía con inteligencia empresarial. No sé, miren este memorable titular de una entrevista de JotDown, esa revista donde invitan a gente de todo tipo y pelaje para hablar de lo divino y de lo humano. ¿A qué se deberá la caída de Enrique González-Macho puesto que un gran hombre como él debería haber sobrevivido sin subvenciones, que es precisamente lo que critica el productor? Puede que tengamos que leer entre líneas su texto y Boyero vea una conspiración donde cineastas rusos desconocidos, Florentino Pérez y los doscientos «anónimos» se han cargado lo único decente que quedaba del cine español.

En fin, regresando al principio, ya he dicho que Boyero no es crítico de cine (porque no tiene una voluntad pedagógica con el lector) ni periodista cultural. Es simplemente un opinador, de los muchos que hay en España y que cada vez pueblan más El País. Boyero sentencia y destroza películas, y defiende la libertad de todo el mundo a opinar lo que le salga de las narices, aunque si opinas lo contrario que él puede que seas un cursi, un farsante, un fariseo, un chupóptero o cosas peores que ha dicho a lo largo de su vida delictiva.

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La culpa es tanto de Boyero como el que le permite estar ahí. Pero tampoco nos engañemos, El País ahora mismo es poco más que una sucesión de autopromociones. Si notan que defienden en exceso una película, un trabajo musical, una serie de televisión u otro objeto cultural no duden que será porque el propio grupo PRISA tiene sus intereses comerciales. Fíjense si no en esto. Supongo que se acordarán de Bebe, aquella cantante tan «urbana, moderna y desenfadada» (por usar terminología del medio) conocida porque hizo una canción sobre mujeres maltratadas que sonó en todas las discotecas de España. El País intentó vender el año pasado su cambio de look, machacando semanalmente con una serie de artículos (seis en cuarenta días, hagan cálculos), pero la cosa no funcionó. A nadie le gustaba el nuevo disco y la niña no se calló lo que opinaba de sus críticos. Si siguen la serie de artículos desde el 22 de enero descubrirán cómo el periódico intentó explotar también esa polémica con titulares dignos de Belén Esteban, pero ni por esas. Y miren, al final, después de mes y medio vendiendo lo invendible, decidieron echar balones fuera ¡haciéndole una mala crítica! ¿Cuánta gente se habrá comprado el disco tras creerse toda la publicidad de El País, incluido un artículo del respetado Diego A. Manrique? Al final resultaba que Bebe no era una Juana de Arco de la música, valiente ante un ambiente hostil. Miren lo que decía Manrique: «leer los comentarios generados en los foros permite descubrir no solo el oportunismo de esos rectos ciudadanos que solo esperan una orden para lapidar a quien corresponda, sino también la profundidad del rechazo que despierta una mujer que va por libre». Y sí, ya sé que en El País todos los periodistas van por libre. La imagen debe ser dantesca, cada redactor parapetado en su mesa escribiendo bilis sobre los demás. Ya digo, un mes y medio después, Fernando Neira escribe sobre el disco de Bebe que «entran ganas de buscar las cámaras ocultas. Porque alguien debe de estar tronchándose con nuestras caras de estupor».

Bien, allá cada uno con su alma. El relativismo estará muy bien, pero a mi esto me parece prácticamente un fraude. Venden con un artículo semanal a la chica mala de la música española y al final, quizás por venganza hacia la cantante que les había destrozado el negocio con una salida de tono de las gordas, sueltan al perro de presa de la redacción para que haga una crítica mortal al album. Esto es el capitalismo y el periodismo cultural vendido a él. Boyero, aún vendiendo constantemente su independencia, no deja de ser el peor de sus lacayos. Puede que no haya hipocresía detrás de su discurso y se crea todo lo que dice. Es una conveniencia total de intereses y gustos entre el mercado y el opinador.

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Unidos contra la cultura

En el periódico de Pedro J. Ramírez se han tomado un poco a guasa la noticia del cierre de Alta Films. De hecho, Luis Martínez escribe todo junto Altafilms. Si les digo la verdad, dudé de cuál era la forma correcta de escribirlo, porque después de tantos años es fácil cuestionar las aptitudes de Borja Hermoso y sus amigos. Pero no, es El Mundo el que lo escribe mal. También el ABC. Sí, a ese nivel hemos llegado. Es cierto que en una búsqueda sencilla por internet, puede provocar confusión, porque en el logo de la web aparece escrito sin espacios. Pero a poco que uno se lea una nota de prensa, puede salir fácilmente del error. Imagino que lo corrregirán. O no, que más da, si son los titiriteros.

Si uno lee el artículo de Luis Martínez nota una mala baba que sólo se puede entender desde la pose de amante despechada del diario al ver cómo la noticia se ha ido a la competencia. ¡El Mundo ha perdido una exclusiva! Mañana como castigo, toda la redacción tendrá que verse All The President's Men. O GAL, aquel esperpento escrito, producido y casi se podría decir que protagonizado por el propio Pedro Jota y sus peores lacayos. Con todo, a pesar de la necesidad que tiene la página web de El Mundo de tener un buen corrector ortográfico, el artículo toca varios puntos interesantes con los que podría estar de acuerdo, como cuando crítica la postura apocalíptica de muchos tuiteros. No cita a ninguno, lo que es un poco feo, pero quizás se refiera a esta recopilación que hizo El País, donde se cita mayormente a amigos o gente recientemente empleada por Alta Films.

Tampoco se cree Martínez este fin de González-Macho. Yo dije en Twitter que, si realmente fuera su final, habría anunciado su renuncia a seguir siendo presidente de la Academia. Si el máximo responsable de Alta Films llegó a la presidencia gracias a su valía al frente de una empresa, no sé si tiene mucho sentido que siga si su negocio está al borde de la quiebra. ¿Les suena Gerardo Díaz-Ferrán? Bueno, no creo que sea justo compararlos, recuerden que González-Macho asegura que cerrará cuando todo el mundo haya cobrado sus finiquitos. Tan golfo como el otro no es.

Y, como también dije en la entrada de ayer, ya anunciaba que el final no era, sino una etapa más. Pero era feo estropearle el trofeo a Borja Hermoso. Así que Luis Martínez habla de sobreactuación y exageración. Palabras algo feas cuando estamos hablando de mucha gente (no González Macho) que se va a ir a la calle. En la parte final, el redactor se mete en los dimes y diretes, diciendo que «cuando Macho advierte del desastre y anuncia el cataclismo inminente de todo el sector, ¿qué dice el sector? Pues lógicamente, se enfada. Ligeramente y en voz bajita eso sí». No cita a nadie, así que podemos creerle o bien pensar que eso es solo una proyección de sus propios deseos. No creo que «el cine español», si es que podemos utilizar esa etiqueta, se queje del tremendismo de González-Macho, porque aquí todos se están jugando la supervivencia y lo del presidente de la Academia parece ser una llamada de atención al gobierno, y ahí está claro que sí tendrán divergencias. Los grandes distribuidores de cine español querrán más ayudas automáticas sobre la taquilla, por eso del juego que da estrenar tus películas en tus propios cines. Los más pequeños prefieren el fin de estas ayudas y que se apoye más la producción directa de las películas, lo que dará más margen de maniobra. Pero creo que tanto a unos como otros no les viene mal esta llamada de atención, especialmente por la presencia mediática que está teniendo esta pequeña crisis.

Un último punto no relacionado con todo lo anterior. Como tampoco soy un compulsivo seguidor de series, he sido incapaz de descifrar el lenguaje críptico de este párrafo. Lo pongo aquí por si alguien me puede sacar de dudas: «En ninguna otra parte del ancho mundo las series de televisión se ven un día después del estreno en Estados Unido. Y en gran parte gracias a ese mecenas del bien ajeno llamado Juanito (los que las ven saben de lo que hablo). En definitiva, somos raros. Y en la Academia de Cine, más». No sé si está hablando de descargas de series. De ser así, creo que sería la primera vez que alguien habla abiertamente de ello, pese a que los periodistas seriéfilos de El País lo hagan con la boquita pequeña. El furor de las series y esa manía por intelectualizar hasta la más inane de ellas, supongo que será tarde o temprano protagonista de su propia entrada.

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Oti Rodríguez Marchante, rompeolas de Boyero en alguna que otra ocasión, también da su opinión sobre lo de Alta Films. Aunque yo casi nunca estoy de acuerdo con este crítico, y suelo aborrecerlo, le admito su decencia al no intentar disfrazar la opinión de información. Ni hable de un trágico fin de los tiempos.

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La familia del cine español
Ha empezado el Festival de Málaga, como sabrán, dedicado exclusivamente al cine español. Los objetivos no están muy claros, más allá de vender estrellas de la televisión, tener alfombras rojas y mucha prensa del corazón haciendo preguntas indiscretas. Ese modelo de festival apoyado por visionarios como Ignasi Guardans o Nacho Carballo. De lo que menos se habla es de cine, y por eso parece que el festival tiene algo así como un pacto de silencio con los periódicos para hablar lo menos posible del contenido (imagínense a Boyero en Málaga...) y sí mucho de industria, nuevas vías y modelos, perspectivas, legislación o infraestructuras, cosas más de un congreso de productores que de un festival de cine. 

De momento, si uno ve la cobertura de El País, El Mundo o ABC no queda claro si se trata de crónicas, declaraciones, entrevistas o notas de prensa adaptadas. Imagino que lo último. El festival empezó ayer, así que a ver con qué nos sorprenden.

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Relacionado con lo anterior, desde la página oficial del festival de Málaga aparece una noticia típicamente berlanguiana y española: el festival de Málaga homenajea... ¡al festival de Málaga! Pues sí, ya ven, en estos tiempos en los que desaparecen festivales y salas de cine de autor por culpa de la crisis, no han tenido mejor idea desde este particular certámen que rendir tributo a su primera edición. Ya dije antes que la principal motivación de sus responsables es tener alfombras rojas, así que lo cumplen siempre que pueden. Lean la noticia entera, porque no tiene desperdicio. En ella no se cita ninguna de las películas que se presentaron, pero sí información fundamental como que se hizo en pleno agosto sin aire acondicionado, que los actores viajaron en autobús desde Madrid o que el último día montaron una gran fiesta y María Asquerino cantó dos boleros. ¡Olé!

Bromas aparte, si alguien quiere saber algo más de aquel primer festival y, en el fondo, de aquella España, en un diario local le dedican un artículo algo más elaborado. La aventurilla del viaje a Gibraltar no sé cómo no se ha convertido ya en una de esas historietas de nuestro cine que se recuerdan todos los años cuando se acercan los Goya.

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Cuanto más bucea uno en las noticias sobre el evento, más se da cuenta uno de que el festival de Málaga merecería no una, sino varias entradas exclusivas. Resulta que han decidido programar La mula, otro de esos intentos de hacer cine «como el de Hollywood», en la añeja tradición de Samuel Bronston, sustituyendo, eso sí, a Nicholas Ray y Anthony Mann por Menno Meyjes o Michael Radford. Este último es el director de La mula, o más bien lo fue en algún momento de 2009, ya que huyó en mitad del rodaje, y desde entonces la productora española y la del cineasta entablaron una larga disputa legal que ha terminado recientemente y ha permitido el estreno del film. La parte española explicaba la demanda diciendo que tras el desplante del director inglés tuvieron que contratar a un segundo realizador. ¿A quién? No se sabe, pero podría ser desde el electricista hasta Mario Casas.

La película está en la selección oficial de Málaga y eso que se estrena sin director. Ni Alan Smithee. Simplemente «No-director». Pero da igual, porque el festival ya tiene a Mario Casas y a María Valverde en la alfombra roja.

Aquí la lista de famosos que lucirán palmito en la alfombra roja de Málaga, entre toda esa lista compuesta casi en su totalidad por estrellas de la televisión, destaca el nombre de Javier Angulo Barturén. Salvo que haya dos personas con el mismo nombre dedicadas al cine, se trata de un crítico decano de este país y desde hace unos años director del decadente Festival de Cine de Valladolid. Habrá sido una equivocación, pero como al festival andaluz le va eso de innovar de las peores maneras posibles, yo propongo una alfombra roja de críticos. Imagínense a Boyero, Heredero, Losilla, Fernández-Valentí, Eulália Iglesias, Mirito Torreiro, Miguel Marías o Toni Junyent haciendo el photocall. Éxito asegurado.

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Parece que los datos de la encuesta se resetean continuamente. No sé qué narices pasa. Si alguien tiene experiencia en blogger y puede ayudarme, se lo agradecería. Veo que a otra gente le pasa lo mismo.