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viernes, 28 de junio de 2013

Tuiterías

Si en los 90 hubiese existido twitter, adiós trilogía
Ayer tuve una conversación muy interesante en twitter con dos amigos, Nicolás Ruiz, director de Cineuá, y con la cuenta oficial de Cinema ad hoc, que creo que la lleva su director Martín Cuesta, pero como no estoy seguro, lo dejo así, en la duda.

La conversación nació a partir de unos tuits mios en los que me quejaba de que muchos medios daban mucho espacio a determinadas películas simplemente por intereses comerciales, aún a pesar de que estas no le gustaran, en detrimento de otras que sí les parecían valiosas. El mejor ejemplo es El País, que en el estreno de The Man of Steel de Zack Snyder le dedicaba tres artículos, pese a una crítica negativa de Jordi Costa, mientras que una película que sí ponía muy bien, como Laurence Anyways se quedaba con un único y pequeño texto, donde apenas se enumeraban sus méritos. Esto lo han arreglado varios días después con una entrevista a Xavier Dolan, pero la diferencia de trato está ahí para quien quiera comprobarlo.

Lo que yo decía es que por muy buena que sea una crítica, si esta no tiene visibilidad, difícilmente va a poder actuar sobre el lector. Si tenemos tres artículos a una película que consideramos mala y uno pequeñito a una que consideramos buena, los ojos del lector se irán más hacia la primera, por desgracia. Además, que me parece un sinsentido privilegiar lo que no nos gusta sobre lo que nos gusta.

Luego la conversación fue por otros derroteros, principalmente la capacidad de la crítica para influir sobre el espectador. Ahí Nico decía que tenía mucha y yo no tanto. Y puse los casos de los fracasos comerciales de Spring Breakers y Holy Motors. Con esto no quise decir que la crítica tuviese que vender entradas (aunque quizás si se deslizó eso de mis intervenciones: como digo siempre, en twitter es difícil argumentar bien), pero está claro que si las críticas positivas hacia estas dos películas hubiesen tenido efecto sobre el público, esto se hubiera notado de alguna manera en las cifras de taquilla. Vamos, si yo leo una crítica y esta consigue interesarme en el film del que habla, lo que quiero es ver esa película cuanto antes y si la ponen en el cine, pues voy a verla. En mi caso, como soy de pueblo, ya no tengo ni esa opción, porque casi nunca programan películas que me interesen especialmente, así que quizás no soy la persona más indicada para entender ese fenómeno.

Obviamente, ahora que ha salido Spring Breakers en DVD/bluray y se puede encontrar en la red, la verá muchísima gente y quizás se vuelva a todo lo escrito en su momento. Pero creo que cualquiera entiende que no es lo mismo lo desarrollado en el anterior párrafo que esto.

La crítica es en parte culpable de esto, principalmente por dispersión. Si hablamos de todo un poco, lo normal es que salgan perdiendo las películas que no tienen ningún otro espacio mediático, en favor de las que tienen el apoyo de las majors. Obviamente, si a alguien The Man of Steel le parece una obra maestra, pues lo justo es que la defienda. Lo que yo digo es que si la película de Snyder nos parece una mierda y hay otra, de Dolan, de Assayas, de Linklater o de quien sea, que nos gusta mucho, pues no le dediques un espacio privilegiado a la primera, porque las segundas son las que lo van a necesitar. Vamos, yo creo que todos los críticos de cine, profesionales o amateurs, escriben porque les gusta el cine, porque hay películas que les gustan, o les interesan de una determinada manera. No sé, no creo que a nadie disfrute viendo solo películas que le parecen horribles. Por eso mismo me parece un contrasentido ver lo que ocurre constantemente en muchos medios, que por cumplir con unas expectativas comerciales se habla más de los estrenos más sonados y las películas que más les interesan se quedan al fondo del cajón. Habrá tiempo para analizar eso más profundamente en futuras entradas.

En el caso de Linklater parece que hay excepciones. Bueno, se trata de Richard Linklater, que en condiciones normales sería un director que cada estreno suyo sería considerado un acontecimiento. Pero como vivimos en España, sus películas casi no se estrenan. Esta sale con 91 copias y una buena distribución, pero como la gente es cruel, parece que importa más terminar de darle la puntilla a M. Night Shyamalan por After Earth antes que glosar las bondades del film de Linklater. Del blockbuster que se hable mucho, aunque sea mal. Como digo, hay excepciones, como la de la Revista Magnolia, que le dedica una hermosa portada a la película (a la trilogía) de Richard Linklater, Before Midnight. Muy recomendable ese número, donde además de los textos sobre Linklater hay una corta, pero valiosa entrevista a Joe Dante, para mi uno de los mejores directores de Hollywood de las últimas décadas.

Y en fin, que creo que los tres, Nico, Martín y yo, teníamos opiniones parecidas al respecto y fueron las limitaciones de twitter las que nos separaron. Obviamente, tampoco creo que el objetivo principal de la crítica deba ser el de dar visibilidad a las películas. Lo principal es reflexionar sobre ellas. Pero creo que estamos en un momento donde si no se actúa en una determinada dirección, va a terminar desapareciendo el material sobre el que reflexionar. Bueno, siempre quedará Hollywood, aunque como explica Dante en la entrevista de la Revista Magnolia, cada vez se hacen menos películas y tienden más hacia no salirse de unos límites de seguridad. Por lo tanto, ¿es labor de la crítica luchar por la diversidad cultural? Yo creo que sí.

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John, Paul, George y Ringo. En el orden que quieran.
El otro día se celebró la gala aquella de la bebida de ron donde premiaban a los peores y más irresponsables críticos de este país: Boyero, Oti, Enric González y Toni García Ramón, con la presentación de Carlos Marañón. Todo lo que rodea a este evento es desagradable y esperpéntico. La estética tiene ese toque hipster-vintage que echa para atrás y parece ser que durante la gala servían copas con los nombres de los premiados. Ahí es nada. Imagínense, beberse un Boyero. Supongo que llevaría cianuro y heces de caballo, para hacer honor a su nombre.

Si tienen estómago, miren este video, donde los cuatro protagonistas hablan de sus filias. Todos menos Toni García Ramón, que utiliza ese espacio privilegiado para atacar a un crítico austriaco desconocido que no se puede defender. Podemos pensar que esto es cosa del editor, que cogió ese momento en lugar de otro cualquiera. Pero resulta que en este otro video, Toni ataca a otro periodista, en esta ocasión belga. Desde luego, me acusarán a mi de tener bilis, envidia y no sé qué más, pero este hater profesional no se queda corto. Me hace gracia que se ría del periodista belga por el error de Truman Capote (gravísimo), cuando él casi va a gazapo por artículo. Pero nosotros si se lo señalamos es porque estamos locos, obsesionados con él y no sé cuántas cosas más.

En la nota de prensa destaca que Carlos Marañón se refiera a Toni García como un revolucionario porque «no se deja llevar por tendencias sino que investiga y descubre filones». Sencillamente hilarante. Miren lo que piensa Toni García Ramón sobre descubrir filones en este texto ya comentado: «Déjese de experimentos y asegúrese la jugada, disfrute de los que pensaban que el séptimo arte era el primero. Ahora que el cine parece basarse en principios como “si es americana o acaba bien es mala” o “no he entendido nada; es una obra maestra” vuelva a los brazos del padre, a los señores que dirigían con traje y corbata, los tipos con parche en el ojo y los que se cagaban en la estrella y le gritaban “eres un auténtico inútil” enfrente de todo el reparto». ¡Qué sería del maltratado y olvidado cine clásico si no fuese por el revolucionario Toni García Ramón! Quédense con el «déjese de experimentos». Y este es el revolucionario para el director de Cinemanía. Hombre, al lado de las otras tres señoras con las que compartía homenaje no me extraña. Bueno, en términos revolucionarios yo veo a Oti por encima.

Tampoco quiero olvidarme de una confesión de Enric González, ese periodista tan progresista y comprometido que se fue por dignidad de El País y días después fichó por El Mundo. Habla sobre su labor como corresponsal en el Festival de Cine de Venecia: «soy claustrofóbico. Estaba de corresponsal en Roma y me encargaron sustituir a Fernández Santos, que acababa de morir, en el festival. Me senté cerca de la puerta para salir a respirar. Yo no puedo ir a las salas de cine». Sí señores, el periódico más importante de España llevaba a cubrir uno de los festivales más conocidos del mundo a un claustrofóbico. Esto suena a aquella película de Woody Allen donde un director se quedaba ciego y rodaba la película igual. Supongo que eso a muchos les parecerá una sátira magnífica de los vicios y excesos de Hollywood, pero ya ven, en España estamos mucho peor. Un trabajo que consiste en estar horas encerrado en un cuarto oscuro lo realizaba un claustrofóbico. Es para estallar a carcajadas. ¡Y lo hizo durante varios años!

Estas cosas, como digo siempre, no son culpa de Enric González, ni de Boyero, sino del tipo que les permite esta desfachatez. Lo peor es que en El País seguramente piensan que sus caídas de ventas no se deben a estas cosas, sino a todos esos rollos culturales que no interesan a nadie. Es la sensación que tengo viendo hacia dónde se dirige El País. Decenas, cientos de referencias a la triste muerte de James Gandolfini frente una necrológica tardía de Richard Matheson. Y miren en qué situación estamos que Richard Matheson se considera algo difícil de vender...

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Relacionado con el esperpento del ron Havana, es recomendable esta entrada en el blog de Raúl Pedraz donde se extiende más en la claustrofobia de Enric González, gracias a que él ha tenido el valor (o la tendencia suicida) de leer las memorias de este periodista, bohemio, vividor o lo que quiera que sea ahora mismo. Entre las perlas cabe destacar el enigma Delaney, descrito en dos suculentos extractos: «un hombre brillante, ingenioso y ocasionalmente malévolo al que, por razones que no vienen al caso, llamaremos con el apodo al que recurría Groucho Marx cuando hablaba de personas en situaciones incómodas: Delaney» y «Los martinis en el Harry’s eran solo el prólogo de veladas imposibles que concluían con Delaney meando contra la fachada de San Marcos o mostrando a un grupo de turistas americanos lo bien que se había depilado el culo». Aún así, su labor profesional queda perfectamente reflejada con lo siguiente: «Las estancias en el Lido de Venecia venían a ser un vestigio de otros tiempos, de cuando los periodistas eran bohemios y canallas porque se esperaba de ellos que lo fueran. A veces bebíamos. A veces pasábamos la noche bebiendo». Tras esto habría que volver a las crónicas de Enric González, para fijarnos bien en toda su irresponsabilidad, la manera que despachaba películas y directores, así como sus renuncias profesionales.

¿Quién es Delaney? Bueno, Pedraz pone en relación el grupo de los cuatro de Venecia (Boyero, Enric, Oti y Delaney) con los cuatro que recibieron el homenaje el otro día (Boyero, Enric, Oti y Toni García), así que si desvelamos la incógnita nos da que ese hombre que les enseñaba el culo a los turistas americanos y meaba en la fachada de San Marcos era el actual periodista de El País, entre otros medios. Aunque yo con malicia pienso que sí lo será, creo que Toni no fue en esa época a Venecia, quizás me confunda. Pero bueno, ahí queda el dato.

sábado, 25 de mayo de 2013

Esa gente rara de África y Asia

Léa Seydoux llorando tras enterarse de que Boyero la confundió con Élodie Bouchez
Ayer con las prisas se me olvidó comentar alguna que otra cosa, así que hoy va un Cinefobia(s) extra y rapidito, aunque al final quizás se alargue, no sé, será un poco improvisado.

Empezamos con uno de los grandes protagonistas de estos días, Gregorio Belinchón, que se está revelando en esta edición de Cannes como uno de los grandes adalides de este nuevo periodismo cinematográfico (y no cinematográfico) que pregona El País. Quiero decir, el bombardeo constante de noticias intrascendentes, noticias impacto, tengan algún contenido o no, sean verdad o no. Esto acaba en que cuando tengan que escribir un artículo más elaborado, pues utilicen el mismo método.

Vean si no este artículo dedicado a La vie d'Adèle, la película de Abdellatif Kechiche que ha gustado a todo el mundo y que se puede considerar una sorpresa, ya que hasta el momento las películas del director francotunecino habían gustado, pero nunca a este nivel de éxtasis. Con todas las alabanzas, lo más comentado es el sexo lésbico entre sus dos protagonistas, Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux, así que vayan ustedes a saber. A mi me atrae tanto esa como Michael Kohlhaas, que ha sido calificada como una película somnolienta por Diego Lerer, o retuiteando a este, como un «truñaco» por nuestro aguerrido corresponsal Belinchón. A veces esos adjetivos tan despreciativos siempre resultan atractivos.

Pero volviendo al artículo sobre la película de Kechiche, atención al morro que le echa Belinchón: «Léa Seydoux, joven veterana, francesa de la que hemos visto en España todos sus trabajos, y también su salto a Hollywood con Robin Hood, Misión: Imposible. Protocolo fantasma o Malditos bastardos». Esta mentira del tamaño de La Croissete solo puede entenderse como un experimento sociológico de El País para ver hasta dónde pueden soportar sus lectores. ¿Cómo que se han visto en España todos los trabajos de Léa Seydoux? Es que basta con ir a IMDb para saber que eso no es verdad, aunque hay que admitir para lo maltratado que está el cine francés en España, su filmografía está bastante bien representada. Pero, ¿qué sentido tiene decir algo así en el contexto del artículo? ¿Qué importa ese dato falso para el resto del contenido? Ninguno. No hay explicación alguna salvo la descarada intención de mentir. Lo ha metido ahí como podría meter cualquier otra cosa, no sé si para hacerse el interesante. Pero mentira y de las gordas.

Su compañero de fatigas, Carlos Boyero no suele mentir, porque nunca en su vida ha dado algo que se pudiese considerar información. Lo suyo es vomitar su opinión y dejar a la luz su ignorancia en todos los temas posibles. Atiendan al video que viene dentro del artículo y si son capaces de soportar el preocupante estado físico del crítico, así como su irritante tono de voz, descubrirán que es incapaz de decir el nombre del director de la película: «¿Cómo se llama? ¿Kicha...?». Sí que tiene que ser problemático lo suyo para que te tenga que corregir Belinchón, ese que de cada tres tuits que escribe uno no es verdad. Luego, si siguen viendo el video (con lo que puede que pierdan años de vida, pero serán recordados como héroes), seguramente se darán cuenta, no hace falta que sean unos cinéfilos de línea dura, que confunde a Léa Seydoux con Élodie Bouchez, y ahí su Pepito Grillo Belinchón si que ya no lo corrigió. No sé si por vergüenza ajena, miedo o porque tampoco lo sabía. Si fue capaz de decir que todas las películas de esta actriz (Seydoux) se habían visto en España, pues puede ser cualquiera de las tres opciones. Quédense también con el final de la intervención, ya hablando de Nebraska de Alexander Payne dice que es una película «muy para críticos de cine». ¡El multinominado al Oscar Alexander Payne! Ha quedado claro que si ese es el baremo de exigencia, es normal que Boyero diga lo que dice de directores como Miguel Gomes o Apichatpong Weerasethakul, directores que tampoco son especialmente difíciles, pero claro, si ya hasta Payne plantea una exigencia sólo para críticos de cine, pues ya hasta dentro de poco las películas de Joselito serán algo demasiado críptico para el cinéfilo común.

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Vamos con el gran amigo de Boyero y crítico de clara vocación decadente Oti Rodríguez Marchante. A mi Oti no me cae mal, me parece mucho más consciente de sus limitaciones que Boyero, y no suele ser arrogante ni atacar con violencia a los que no piensan como él (aunque ha tenido sus momentos). Su blog ya ha salido alguna que otra vez por aquí. Su descuido y mala edición es tal que uno no entiende como alguien con tan poco cuidado por la escritura ha podido terminar en un diario. Parece el blog del vecino. La entrada más reciente se títula Pena de James Grey. Sí, le cambia el apellido al director de We Own the Night. Nada grave porque son palabras sinónimas. Grey, Gray, es lo mismo, ¿qué más da? En un error muy común en España, a la película de Gray la renombra como The Inmigrant y no The Immigrant con dos emes. Hace unas semanas ya señalaba que cometía este mismo error en su previa de Cannes, así que un descuido parece que no es. Un problema de idiomas no puede ser, porque en otra entrada, al burgalés medioespañol Diego Quemada-Díez le cambia el apellido por el mucho más común Díaz. Un desinterés total por la corrección, que tampoco se puede achacar a las prisas de Cannes, porque son faltas que ya cometía antes de que empezara el festival. Y no son faltas de ortografía que podemos tener todos (yo también), sino cosas de ni molestarse en corroborar lo que escribe. Pero eso, bah, ¿qué más da? ¡Si es un blog!

Hay un tópico muy extendido entre los cronistas de festivales. Bueno, hay muchos. Son como ganchos que utilizan los críticos para fijar su opinión sobre una película y suelen referirse a los productos prefabricados que llegan a los festivales para venderse en el mercado internacional. Está por ejemplo el famoso efecto kimono que definió Antonio Weinrichter: películas asiáticas de época hechas para vender el exotismo oriental a base de paisajes y rituales extraños al ojo occidental. También el cine tercermundista, películas de Extremo Oriente o América Latina que filman territorios de extrema pobreza y violencia. Los dos directores que más camino han hecho en este sentido han sido Brillante Mendoza y Carlos Reygadas. Y por último está el cine africano, del que en los festivales se pasa casi siempre como coproducciones con Francia. En el país vecino hay muchos emigrantes africanos, así que es lógico que existan relaciones culturales cercanas. Pero algunos han querido ver en esto hipocresía y cuestionables operaciones económicas.

No niego que nada de esto exista. El problema es que se ha convertido en un tópico extendido que cualquiera lo enuncia como si lo supiera todo sobre el tema. Miren lo que dice Oti Rodríguez Marchante en la ultima entrada citada hace dos párrafos: «paso de “Grigris”, la habitual peli del “off, off” que producen los franceses y que la exponen aquí para que parezca que peinan el cine africano». Habla de la última película de Mahamat Saleh Haroun, el director de Chad, que compite por segunda vez por la Palma de Oro. Ya ven, Oti, un personaje que ni sabe escribir bien el nombre de las películas americanas más conocidas se atreve a criticar las políticas de programación del festival de Cannes. Ese «para que parezca que peinan el cine africano» parece decirlo desde el estricto conocimiento de la cinematografía de este continente. Aceptemos que se pueda hablar tan a la ligera de cine africano (desde Marruecos a Etiopía, desde Túnez hasta Sudáfrica), ¿qué sabe Oti del cine africano? Hombre, todo puede ser, pero me arriesgaré diciendo que entre muy poco y nada. ¿Qué sabe de las vías de producción y promoción del cine africano? Pues seguramente mucho menos. Pero habrá leído algo en alguna parte relacionado con estas estrategias y lo metió aquí, porque si cuela lo de escribir mal los nombres de las películas, ¿cómo no va a colar también esto? ¡Barra libre!

La gran mentira del cine africano: todo el mundo sabe que allí siguen siendo cazadores-recolectores.
Volvemos a Boyero para comentar esta misma desvergüenza. Aquí está el crítico estrella lanzándose a la piscina: «Como todo el cine africano y gran parte del asiático que se exhibe en el Festival de Cannes, la principal razón de su presencia es que la producción es francesa. La vocación internacionalista de Cannes jamás descuida sus propios intereses». De nuevo, esto lo sabe muy bien Boyero, incapaz (vuelvan al video del principio) de recordar el nombre del director de la película que acaba de ver. Además, es indignante cómo ponen la sombra de la sospecha sobre las películas de países periféricos. Las norteamericanas siempre tienen que estar porque son las películas buenas, o las que pueden ser buenas, pero las de Chad... ¿Chad? ¿Qué es eso? Y en el texto que debería ser la simple revista de prensa donde se vierten las impresiones de los directores y actores en la rueda de prensa, Belinchón, tras dedicar todo el artículo a Robert Redford (que presenta en Cannes un film junto a Ryan Goslin -no es una errata mía, lo escribe así el cronista), no se resiste tampoco a dar su opinión sobre el film africano: «su presencia está justificada porque sus películas se han proyectado habitualmente en Cannes y porque coproduce con Francia. Por lo demás…». A mi me hace gracia cómo Belinchón, que no es más que el mercenario encargado de transcribir las ruedas de prensa y traerle los cafés a Boyero, se permite el lujo de colar este tipo de valoraciones. Nunca fundamentadas, son como apuntes al margen. Tirando la piedra, pero escondiendo la mano.

Es algo cada vez más habitual en el periodismo, no solo el cultural. Si uno lee una crónica política, de alguna declaración, rueda de prensa o intervención en el senado, nota que cada vez contienen más adjetivos valorativos para dirigir la opinión del espectador. Al principio se hacía ligeramente, pero ahora ya no hay ningún tipo de consideración. Vuelvan a leer ese «Por lo demás…». Esos insultantes puntos suspensivos, más propios de un tuit o de un SMS, colados aquí en un artículo periodistico en el periódico más leído (y más respetado, a pesar de todo) de España, sobre el festival de cine más importante del mundo. Este es el nivel

El que tampoco se libra de esto es el director del Caimán, Carlos F. Heredero, que también tiene algo que decir sobre Grigris. «Está muy bien (es incluso envidiable) que la industria cinematográfica gala haga posible el rodaje de una película personal y sincera de un realizador chadiano, pero su selección para este festival no puede evitar desprender una cierta sospecha de paternalismo eurocentrista pagado de buena conciencia progresista debido, precisamente, a la escasa envergadura del producto final, que es lo que, en definitiva, debería importar por encima de las fronteras y de las etiquetas nacionales». Yo creo que los festivales buscan ofrecer un mapa variado del mundo del cine. O deberían hacerlo. Así que no veo mal la inclusión de películas de alguna parte de África. Mejores o peores, son discutibles. Nadie concibe un festival sin una película americana, o sin una película francesa, y nadie habla de cuotas en esos casos. Aunque fuese verdad esa discriminación positiva, ¿cuál es el problema? El mismo Jean Cocteau premió a Jigokumon de Kinugasa como Palma de Oro en Cannes 1954. No era la mejor de las películas japonesas de su época (tampoco Rashomon, que ganó en Venecia 1951), pero sirvió para generar un interés por el cine japonés que terminó con el descubrimiento de maestros absolutos como el mejor Kurosawa, Ozu o Naruse (por citar los primeros). Ahora, en lugar de utilizar estas películas para ir a la búsqueda del cine de Chad, del de Senegal, del de Nigeria u otros lugares donde se hace cine, el crítico prefiere soltar la fórmula del paternalismo europeo y quedarse a gusto. Total, en una semana ya estaremos hablando de lo que se estrena en España y no de estos rollos macabeos.

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Ayer decía que en El Mundo se les había olvidado hablar de Hong Sang-soo. En realidad lo habían hecho en El Cultural, pero no estaba actualizado. Hoy sí y al grandísimo director coreano le dedican un espacio merecidísimo. Dos artículos, una crítica de la última película a cargo de Carlos Reviriego y un texto retrospectivo con declaraciones del cineasta. Este último es interesante, ya que no son abundantes las declaraciones de Hong, y mucho menos en castellano. Como nota graciosa, al principio, el autor, Juan Sardá, escribe: «En España tenemos un conocimiento más o menos exhaustivo de la cinematografía coreana. Cineastas como Kim Ki Duk, Bong Joon-ho o Chan-Wook Park han gozado de amplia difusión y son bien conocidos por la cinefilia española». La primera frase de esta cita no es verdad se interprete como se interprete. La industria del cine coreano es una de las más saludables del mundo y decir que en España tenemos un conocimiento más o menos exhaustivo sería como decir que conocemos exhaustivamente el cine americano en el supuesto de que solo se estrenasen Spielberg, Scorsese y Clint Eastwood. Pero ya saben que la idea del periodismo cinematográfico español es que existe Hollywood y el resto. Si se estrenan cinco películas coreanas al año y las vemos, ya nos podemos considerar unos eruditos. Pero lo más curioso es que (retomando el error común de Costa de ayer) escribe los nombres coreanos de las tres formas posibles que se pueden hacer. Yo no sé si tiene en cuenta que existe una pauta a la hora de escribirlos. Primero escribe Kim Ki Duk sin guiones. Luego Bong Joon-ho de la forma más correcta. Y por último Chan-wook Park de la forma que lo hacen los americanos y la IMDb, colocando primero el nombre y luego el apellido. Ya no es cuestión de opiniones, de si es mejor usar el nombre o el apellido, sino de confusión total.

El artículo de Reviriego tampoco está nada mal, creo que dentro de lo que cabe (cita a los aparentemente inevitables Rohmer y Allen) tiene varias ideas originales. Y encima pueden congratularse con la aparición de ese concepto tan caimanesco y genial, el palimpsesto.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Escrache a Boyero

La final de copa como representante del cine español en Cannes
Empezó el festival de cine de Cannes y para los cinéfilos españoles son días de infamia y vergüenza ante la cobertura que la prensa generalista hace del evento. Bien es cierto que en los últimos años el número de periodistas patrios que acude al certamen se ha multiplicado exponencialmente (al revés que el número de películas) y supongo que ahora podemos hablar de una cobertura adecuada, o al menos digna, ya que tampoco es para tirar cohetes: todos van a ver las mismas películas y suelen defender las mismas cosas. Si defienden algo distinto, al par de semanas se olvidará, en el caso de que no se estrene. Pero imaginen la situación hace diez años, con Boyero, Oti, Enric González, Hermoso y toda esa cuadra. ¿Qué cara pondrían los responsables del resto de los medios? Gentuza que sólo iba a la sección oficial y se salía en mitad de las películas, que te los encontrabas casi tanto tiempo en los bares como en los cines. Este era el panorama y para ellos no ha cambiado mucho, aunque con el paso de los años se haya vuelto cada vez más triste, así como que los medios para los que trabajan los amparen.

Fíjense en la fotografía que encabeza el artículo. Son Boyero y Oti viendo la final de Copa del Rey en un bar de Cannes. Supongo que a esas horas no había ninguna película y supongo también que no se quedaron al final del partido, que acabó bastante tarde, porque hubo bastante lío, minutos de descuento, prórrogas y más lío. En ese bar había más periodistas españoles, por cierto, entre ellos, ni más ni menos que Carlos del Amor, ese chico tan simpático y tan encantado de conocerse que ha convertido las noticias culturales de los telediarios de la pública en un cúmulo de consignas de mercado y frivolidades sonrojantes. Han leído bien, la pública. Así está España y así está el periodismo cinematográfico. Tampoco quiero ser quisquilloso. Evidentemente, todo el mundo necesita descansar y relajarse, aunque luego me sorprende que digan que Cannes es tan duro si hay tiempo para tomarse una cañita y verse un partido que duró más de dos horas. Pero lo que me interesa no es eso. Es otra cosa.

Me imagino que tras disfrutar del partido y de un merecido descanso tras una jornada dura, los críticos españoles estarían listos para trabajar al día siguiente de manera responsable. Bueno, la palabra responsabilidad en el diccionario de Boyero no debe existir, porque ojo a la crónica del día siguiente a la final. Habla sobre Le passé de Asghar Farhadi: «La he visto después de una noche de insomnio, en una esquina de la sala, sentado en una especie de balancín que te tortura el cuerpo, ya que todas las butacas estaban ocupadas, con el cerebro más abotargado que de costumbre, no he entendido los giros y algunas explicaciones de la historia». Aquí tienen la profesionalidad del crítico de El País. Yo he pasado noches de insomnio en algunos festivales, a veces por el trabajo y a veces por salir con unos amigos y tomar unas copas de más (aunque nunca a sueldo del medio de comunicación más importante del país, claro), pero utilizarlo como excusa contra una película es bastante lamentable. Está claro que Boyero siempre tiene que hablar de sí mismo, sencillamente porque no sabe hablar de otra cosa. Supongo que a los editores de su periódico les parece bien todo esto, que siga vendiendo su imagen fatalista e irresponsable, como el último de los bohemios, mientras sobrepasa todos los límites en una sociedad como la española que vive en niveles dramáticos de desempleo.

En esa misma crónica nos regala un «puede que el problema sea mío y no de la película». Hombre, de eso no tengo ni la más mínima duda, pero estaría bien que ese mismo argumento lo utilizara cuando masacra sin piedad películas de Oliveira, de Pedro Costa, de Wang Bing y de tantos otros cineastas que no se pliegan a sus limitadísimos estándares de lo que debe ser el cine. De estas limitaciones podemos hablar viendo el penoso video que han hecho al alimón Boyero y su esclavo Gregorio Belinchón, comentando la película de Farhadi y A Touch of Sin, de Jia Zhang-ke, que el crítico estrella mencionaba en su crónica copiando la nota de prensa. Yo creo que no la ha visto y en el video no hace más que apoyar esas sospechas. Tras resumir su opinión sobre Le passé, se refiere a Jia Zhang-ke como el director que ganó el León de Oro de Venecia hace algunos años. Aquí pueden leer sobre ello (el artículo La catatonia nacional de José Manuel López Fernández originalmente pertenecía a Tren de sombras, revista que ya no se encuentra online). Ahora habla como si no hubiera ocurrido su desplante. ¡El famoso Jia Zhang-ke! Pero escuchen las palabras de Boyero hablando de A Touch of Sin, repitiendo una y otra vez lo mismo, dándole la vuelta a la sinopsis para tratar de esconder su falta de profesionalidad. Pero lo mejor de todo el video son las palabras iniciales del insufrible Belinchón: «hoy tocan películas duras de China y de Irán». Como siempre en los peores críticos de España, ese prejuicio ante lo que no pertenece al centro, a lo convencional. ¡China e Irán! ¿Cómo se atreven a hacer cine en esos países? Pero en fin, simplemente fíjense en la penosa calidad del video, en lo mal elegido que está el lugar para la grabación, en la insufrible calidad de sonido. Está claro que alguien que es capaz de entregar un trabajo tan mal hecho no puede decir nada interesante sobre el cine que ve en Cannes.

A pesar de que este año le han puesto un festival muy previsible, lleno de películas americanas y cosas afines a Hollywood, la nula ética profesional de este periodista siempre sale a relucir. Lean su emocionada crónica de la última película de Claude Lanzmann: «no solo es un documental impresionante, también es obligatorio. La obra de Claude Lanzmann sobre el Holocausto debería exhibirse en todos los colegios del mundo para que desde pequeños conociéramos la maldad que puede llegar a practicar el hombre». Todo muy bonito. Pero como dije al principio, cada vez hay más periodistas españoles en Cannes y seguramente conocen la catadura de este personaje despreciable, el daño que está haciendo a muchos futuros cinéfilos que se acercan a las páginas de El País en busca de información cultural y terminan devastados por la prosa grosera y desagradable de este sujeto. Atención a este tuit:
Este es el nivel del crítico más leído de España, recomendar fervorosamente películas que él no está dispuesto a ver. La película de Lanzmann duraba cuatro horas, así que es posible que le coincidiera con la comida o la cena. Quédense también con el final de la crónica, donde atiza a dos directores orientales, Takashi Miike y Johnnie To. «Para mí sigue siendo un enigma indescifrable las razones del fervor de los festivales de cine hacia estos directores orientales especializados en tiroteos y mamporros, en el ruido y la furia. Es un cine bastante tonto, una moda sin sentido». Supongo que el beneficio de la duda que le otorgaba a Farhadi no vale para Miike y To.

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Quizás haya que ser comprensivo con Boyero y tener en cuenta que el hombre lo está pasando mal, después de enterarse de que ha sido condenado a pagar 6000 euros a José Mourinho por llamarle nazi portugués. Para mi se han apiadado algo de él, porque el técnico del Real Madrid pedía quince mil euros, lo que a mi me parece mucho más justo teniendo en cuenta la desfachatez del crítico.

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Las noticias esperpénticas relacionadas con Carlos Boyero no se terminan. La más delirante de todas ellas es esta. Sí, Boyero va a recibir un premio por su labor como cronista. No sólo él, sino que también otras lacras como Oti Rodríguez Marchante, Enric González (ese hombre tan progresista que dejó El País antes de que le echasen por el ERE... para irse a El Mundo) y, traten de aguantar la risa, Toni García Ramón.

Échense las manos a la cabeza, pero se estarán equivocando. En el fondo, es un acto de absoluta coherencia. Fíjense bien quién da el premio. El ron Havana. Evidentemente, qué sería de los destiladores de licores sin estos cronistas tan irresponsables que se dedican al bebercio y a la fiesta en lugar de a sus tareas... Premio merecidísimo, aunque llega tarde. Tendría que haber sido después de aquel festival de Venecia donde la película ganadora se presentó demasiado tarde para ellos.

Los premios los entregará Carlos Marañón, publicista director de la revista Cinemanía.

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En este blog me he reído muchas veces de La mula. Confieso que en su momento me sentí un poco mal, ya que en el fondo era una producción problemática que había vivido en el filo durante muchos años. Que sea el tipo de operación comercial que a mi me asusta no quita para que en el fondo se trate de trabajadores profesionales que no pueden ver el fruto de su esfuerzo. Por suerte, la propia productora, Alejandra Frade, se ha encargado de quitarme todo mi sentimiento de culpa. Atención a la entrada de este blog, porque daba para película de Berlanga, de no ser porque los protagonistas de las películas de este director siempre eran pillos carismáticos, antihéroes fracasados y lo de esta película es puro engaño neoliberal aprovechándose de la ignorancia total en cuestiones de cine a la que nos aboca el actual estado de las cosas.

Lo peor de todo es: ¿cuántos medios de comunicación informaron de esto? ¿Qué hay de todos los corresponsales que fueron a Málaga? Mutis por el foro. Silencio cómplice. Ellos son más culpables del timo al espectador que los propios productores del film. Porque ellos al fin y al cabo se encontraron con una película a medio terminar y decidieron ir por el camino fácil. Cuestionable, pero comprensible. ¿Cuál es la razón de los medios para no hacer referencia a esto? Quizás es que ni se enteraron, dada su ignorancia en temas cinematográficos. Vuelvan a ver el video de arriba parido por Gregorio Belinchón. Parece improbable que alguien que hace esa basura pueda hablar de los problemas técnicos de un film, por muy visibles que estos sean.

El profesional Javier Ocaña, siempre al servicio del poder, hablaba de «desbarajustes fotográficos», como si fuera cosa de utilizar dos cámaras distintas. Como Michael Mann o algo así. En Fotogramas, Mirito Torreiro, que tiende a darse mucha importancia, parece que los abdominales y el acento andaluz de Mario Casas no le dejaban ver más allá. En El Mundo, que siempre defiende los experimentos neoliberales de nuestra industria, por eso de cargar contra los titiriteros y las subvenciones, Luis Martínez decía que la mula trotaba, aunque no explicaba muy bien cómo. Eso sí, quizás en el título intentó reflejar su sentimiento de culpa por estar engañando de tal manera al lector. «Más cornadas da el cine». El cine y los críticos de los medios generalistas. Cornadas al espectador.

Esto da para elucubrar todo lo que se quiera y si pensamos mal diríamos que lo que Alejandra Frade no se gastó en terminar de manera digna su película sí lo invirtió en mandar sobres al estilo Bárcenas. No se puede entender de otra manera semejante irresponsabilidad general

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Volvemos a Cannes para recomendar enlaces y coberturas. La primera, la de la revista Caimán. Estemos de acuerdo o no con la línea editorial del medio (yo ya dejé claro que no), lo cierto es que están trabajando bastante con actualizaciones constantes sobre las películas. Tampoco es que sean unos análisis profundos, pero sí son comentarios interesantes y alejados del estilo personalista de Boyero y sucedáneos. En su renovada (y mucho más atractiva) página web se pueden consultar, tanto los textos desde la trinchera de Heredero, Quintana, Pena y otros, como los algo más reflexivos de Eulália Iglesias.

Para que no digan que le hago la pelota al Caimán, vamos a zurrarle un poco. Ya les he dicho que a mi una de las cosas que más me molesta es su incapacidad para definirse como medio cultural, introduciendo tácticas de mercado bastante cuestionables. Atiendan a este tuit de su director, Carlos F. Heredero:
Me cuesta entender el interés que puede tener para una revista de crítica cinematográfica la primicia de presentar el cartel de la nueva película de Martín Cuenca. Tanto el hecho en sí, como el lenguaje utilizado, me echan bastante para atrás. Sin ser tan exagerado, poco después, el mismo responsable, entregaba un tuit similar:
Recemos para que esto de la crítica de cine no se convierta en una batalla de exclusivas. De lo único que me alegro es de que lo hagan con Godard. Quizás es lo único a lo que puedan aspirar. Ya que en la liga de los Coen, de Winding Refn y otras estrellas de Cannes dudo que el Caimán pueda competir contra Variety y otros medios entregados a la publicidad agresiva.

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Desde hace algunos años, el crítico argentino Diego Lerer realiza un cuadro de votaciones con casi todos los críticos de habla hispana presentes en el festival, así como algunos amigos extranjeros. En anteriores ediciones se utilizaba una muy manejable página de Excel y para esta ocasión han tenido la mala idea de cambiarla por un cuadro de difícil lectura, que no invita a sumergirse en él. 

La revista alemana Critic realiza su propio cuadro en el que aparecen críticos estrella (en determinados círculos al menos) como Adam Cook, Daniel Kasman o Christoph Huber. Siendo más fácil de navegar (son menos votantes), yo me pierdo con esa peculiar forma de puntuación. Deben ser las barreras culturales.

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Las dos revistas de cine para las que más escribo (y de manera egoista diré que son las que más me gustan, cada cual que piense lo que quiera de esto) hacen cobertura de Cannes. En Lumière salen de manera intermitente textos traducidos de Daniel Kasman, así como alguna pieza suelta de Fernando Ganzo y en Transit, Carles Matamoros trata de sobrevivir a su primera experiencia cannoise escribiendo además alguna que otra crónica.

Recomiendo por último la cobertura de El amante, la veterana revista argentina. Escriben dos corresponsales, Fernando E. Juan Lima y Jaime Pena. No solo es interesante por lo que tienen que decir de las películas, sino porque muchas veces se alejan del esquema habitual de las coberturas, dejan de lado las muy manidas secciones oficiales y buscan otro tipo de cine que ofrece Cannes.

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Despido la entrada de hoy (espero poder escribir uno o dos posts semanalmente) hablando de distribución cinematográfica. Un tema que nunca importó en España porque los medios de comunicación nos mantenían en un páramo cultural del que solo salimos gracias a internet. Resulta que tras lo de Alta Films, los medios generalistas se tiran de los pelos hablando de la mala situación general, como si la cosa no fuera con ellos. La desfachatez es tal que el mismo Carlos Boyero en su primera crónica (último párrafo) de Cannes se lamentaba de que Alta Films no podría comprar películas que él no vería ni loco.

Lo que pasa es que lo de la distribución ha llegado a un punto que les puede empezar a estropear el negocio. Por eso Luis Martínez se descolgaba con este tuit:
Que no se estrenen todas esas películas asiáticas y europeas aburridas da igual, pero los Coen. ¡Los Coen, ni más ni menos! Unos directores de los que hemos conocido al dedillo toda su filmografía, que han contado con una publicidad desmesurada y que trabajan con estrellas de Hollywood, eso debe estrenarse siempre y la crítica tiene que hacer presión. El pobre Jia Zhang-ke y todos esos tarados del cine lento, a esos que les den. Philipe Garrel si estrena, le zurramos, por coñazo.

Sinceramente, ojalá estrenen la de los Coen, aunque sea para que esta gente deje de darnos el coñazo. Y se estrenará, no lo duden. Porque el periodismo cinematográfico trabaja para mantener siempre el orden establecido que le da de comer. Harán ruido para que se estrene la de los Coen sí o sí. Sin embargo, la película de Lanzmann que ha gustado a todo el mundo ya verán como no les indigna nada que no se estrenen (al final parece que Avalon la ha comprado, espero que no tarden en estrenarla). Saldrán con la excusa de que no es para todos los públicos o que es una película difícil de vender y todas esas milongas. El maestro en el arte de convertir en publicidad toda la información cinematográfica ya nos lo deja claro:
Todo correcto, menos lo de informando. Más bien manipulando, vendiendo y, si hace falta, atacando miserablemente al débil, como le gusta hacer a tu compañero de redacción. Eso sí, al final se salió con la suya y (tampoco había que romperse mucho la cabeza) Inside Llewyn Davis sí fue comprada para ser distribuida en España. Supongo que ahora el comprometido Belinchón empezara a luchar porque también compren A Touch of Sin de Jia Zhang-ke, La image manquante de Rithy Panh o Les salaudes de Claire Denis. ¿No?