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domingo, 8 de septiembre de 2013

Miedo y asco en Venecia

A Boyero en lugar de extraterrestres se le aparecen leones dorados
¿Para qué criticar una y otra vez a El País? ¿A esa sección de cultura decadente en lo referente al cine que parece tener el único objetivo de asegurar su supervivencia a base de defender lo más obvio y lo más fácil y sembrar sospechas sobre lo que es diferente y lejano? Una y otra vez se ha mostrado en este blog la postura interesado del medio en defender a determinadas figuras y atacar a otras más allá de lo razonable. Y también la sospecha permanente ante lo que se hace llamar cine de autor por parte de la mayoría de sus cronistas. Pero siguen dando razones, una y otra y otra vez. Algunos me dicen que ya es cansino, que mejor me dedique a otros objetivos. Pero por otra parte pienso que esta deriva de El País tiene que tener un final, un cambio de rumbo donde realmente entiendan que ese no es el camino a seguir. Si no se demuestra que existe un lector crítico con la postura actual, siempre aludirán al lector pasivo, ese que nunca se queja, como hace el PP cada vez que defiende lo acertado de sus injusticias sociales.

Estos días ha sido la Mostra Internacional de Cine de Venecia, con la que El País se lleva pegando desde la llegada a este medio del infame Carlos Boyero, que inició una incomprensible campaña de descrédito de su anterior responsable, Marco Muller. Creo que ya lo comenté en un cinefobias anterior. Müller estuvo ocho años al frente de la Mostra, que en sus estatutos dice que un director está durante un período de cuatro años, prorrogable a otros cuatro siempre que así lo decida la junta gestora al final del primer mandato. Con el alemán pasó eso. Bueno, no solo eso, sino que tras los ocho años de su exitosa dirección, el propio comité intentó saltarse sus propios estatutos para que el director siguiese, pero al final no pudo ser. Boyero vendió esto como la expulsión del malvado responsable tras años de sufrimiento personal. El suyo y el de su grupeta de amigos alcohólicos, claustrofóbicos y otros problemas mentales.

Este año, Boyero escribió unas crónicas birriosas a las que le dedicaré su tiempo, pero una cosa sorprendente es que no ha acudido el matón de Boyero, su justo heredero Toni García Ramón, que por lo visto, como tantos otros españoles, se ha ido a hacer las Américas y estos días amenaza con escribir algunas cosas sobre el Festival de Toronto. La primera crónica es muy mala y solo tendría un pase si fuese escrita hace dos años. Para empezar, porque el festival que ahora mismo está robando películas de Venecia y Donostia, además del propio Toronto, es el de Telluride, en Colorado, EEUU, que se celebra justo antes de la mostra italiana. ¿Cita en algún momento este festival? No, claro que no. Seguramente no lo conozca y puede que dentro de un par de años nos venga con el cuento (aquí un artículo sobre el tema).

Lo que hace es vender glamour y cine anglosajón. De los once estrenos que destaca, solo dos no son americanos: Blood Ties de Guillaume Canet y la coproducción española y venezolana Libertador (que no El liberador... error de traducir directamente del título en inglés), de Alberto Arévalo. La primera la protagonizan Mila Kunis, Marion Cotillard, Zoe Saldana o Clive Owen y la segunda Edgar Ramírez. Así que si ha elegido esas antes que La vie de Adèle de Kechiche (Palma de Oro en Cannes), Like father, like son de Koreeda o cualquiera otra de las películas no americanas que se pasan en Toronto, para mi queda claro por qué. La excusa de que esas ya han estado en otros festivales no vale, porque Blood Ties también estuvo en Cannes. 

En lugar de este vendedor de biblias ambulante, El País ha encargado los artículos más informativos (Boyero se encarga, en teoría, de la opinión y el análisis) a Milena Fernández, periodista cultural, con especial dedicación al arte, que parece vivir en Venecia. Sobre esta ciudad suele escribir artículos en El País, mayormente sobre arquitectura, arte y ópera, pero también alguno muy básico sobre cine. Durante la última Mostra de Venecia ha escrito artículos diarios En uno de ellos, escribe sobre las posibles candidatas al León de Oro, haciendo un supuesto muestreo sobre lo que más ha gustado a la crítica. Ya sabéis, «la crítica». Y con esto me refiero a que los periodistas siempre utilizan el concepto de «la crítica» para hacer generalizaciones. El caso más habitual es Boyero: «a la crítica sesuda no le ha gustado». Y te imaginas a Boyero preguntando a la gente de Cinema-Scope, de Independencia, de MUBI y de otros sitios para saber si le ha gustado. Pero en twitter se ve mucho, la crítica esto, la crítica esto otro, todo para generalizar o poner opiniones a favor y en contra. El problema del artículo de Milena Fernández es que defiende el favoritismo de Philomena (Stephen Frears) por parte de la crítica pero no aporta ningún dato que reafirme ese argumento. Y lo peor es que sí había datos que le dan la razón. En un diario del festival de CIAK Magazine, se hicieron dos paneles de críticos, uno de la crítica internacional, otro de la local, y en ambos ganaba Philomena. Creo que hacer referencia a estos dos cuadros de votos hubiese sido más interesante que simplemente decir palabras al vuelo. Ni sé si la corresponsal de El País conocía estos datos, o simplemente hablaba de oídas. Sus datos son que tres periódicos están a favor y uno en contra. Eso me recuerda al ataque que Almodóvar recibió de Borja Hermoso a propósito del pase de La piel que habito en Cannes, donde Hermoso dijo que la crítica había sido recibida muy mal por los medios franceses y Almodóvar contraatacó en su blog personal citando directamente a muchos e importantes medios del país vecino poniendo muy bien a su película.

El artículo además está lleno de errores de corrección que, en más de 48 horas, El País ni se ha molestado en corregir. A Xavier Dolan le llama Xavier Dulan. Fíjaos que el nombre aparece en dos líneas consecutivas y en la segunda ocasión está escrito correctamente, seguramente no ha sido revisado por nadie de la redacción del periódico. A Laurence Anyways le llama Lawrece Anyways; y a la película de Miyazaki The Wind Rises ya le atribuye un título en castellano, El viento, así a secas. Evidentemente, Milena Fernández puede tener parte de culpa en esto, pero cubriendo un festival, con todo el ajetreo que supone, es comprensible que esto suceda. Lo que no se puede permitir es la extrema dejadez del periódico a la hora de corregir estas erratas.

En otro artículo de la periodista siguió el camino del primero en cuanto a erratas y fallos graves por falta de conocimientos en el mundo cinematográfico. De nuevo errores achacables en parte a la corresponsal, en parte al equipo de corrección. El texto está dedicado a la raquítica presencia española en la Mostra. Este año no había ningún largometraje a concurso, ni Bardem o Penélope Cruz en una película extranjera, así que el diario no pudo poner en marcha la maquinaria y publica un artículo el último día del certamen. Un corto (La gallina de Manel Raga) y el largometraje Tres bodas de más, de Javier Ruiz Caldera, de la que ya hablé en el anterior post. A esta última insiste en llamarla Tres bodas más a lo largo del artículo. Y aprovechando lo de las tres bodas la emparenta con... Tres bodas y un funeral. Sí, le faltó una boda para citar a la famosa comedia protagonizada por Hugh Grant. A la actriz Inma Cuesta la rebautiza como Ilma Cuesta... Pero lo más grave del artículo ocurre en el quinto párrafo, donde Milena Fernández señala a propósito de Manel Raga: «Estudia guion y dirección cinematográfica en la Film Factory de Sarajevo, dirigida por el cineasta húngaro, Béla Tarr». Nada raro en esta frase. No al menos si lo leen ahora en la versión digital de El País. Pero durante casi veinticuatro horas, el diario de información general más leído y diría que más respetado de España, cambiaba de sexo al director de Sátántangó, como se puede comprobar en esta oportuna captura que hice para que quedara constancia del delito. Todos los errores anteriores pueden ser descuidos y equivocaciones a la hora de mecanografiar, pero cambiar de sexo a un director de cine, que para el periódico más importante de España no debe ser un desconocido, eso ya no me parece entendible. Y duró en la web casi un día entero.

Béla Tarr, una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre
La sensación que tengo es que El País quiso ahorrarse un corresponsal para Venecia y buscó a alguien que ya viviese ahí. Viendo el blog de Milena Fernández (enlazado más arriba) parece que está haciendo algún tipo de doctorado en Venecia y lo compagina con trabajos para diarios y revistas culturales. Su especialización parece ser el arte y de cine debe ser una aficionada. Sus textos, errores apartes son respetuosos y formalmente atienden a lo que debe ser este tipo de notas de prensa, pero la falta de conocimientos y de corrección está clara para un cinéfilo no muy exigente. Así que El País se ahorró su dinero en un segundo corresponsal (lo siento Gregorio) y la periodista consiguió un dinero extra firmando crónicas de algo en lo que no era ni mucho menos su trabajo. Esto a muchos lectores del blog les puede parecer una exageración, pero vamos a ver, El País ya lo hizo una vez: cuando enviaba al festival a su corresponsal en Roma, Enric González, antes de que contratara al penoso Boyero. A un claustrofóbico. Así que de González a Fernández algo han mejorado, ya que al menos ella tiene cierta sensibilidad artística y decencia periodística, aunque no en el campo del cine. Si uno lee artículos suyos anteriores a los citados, descubre un montón de fallos en los nombres, como Scarlett Johannson en lugar de Johansson, Kim Ku Du en lugar de Kim Ki Duk, Bruce La Bruce por Bruce LaBruce, Santiago Palavacino cuando es Palavecino, a Wim Wenders le dice Win Wenders o al archifamoso fraude ciclista Lance Armstrong le llama Amstrong. Errores diferentes en cada caso pero que muchas veces se repiten, así que es difícil atribuirlo a errores mecanográficos.

Lo único que ha cambiado el bravo equipo de correctores de El País es el de Béla Tarr (salvo que ya corrigieran otro que se me pasó). El Kim Ku Du de este artículo sigue estando ahí para vergüenza del periodismo español. 

Espero que El País haga envejecer rápido a esta entrada cinefóbica. Y tranquila Malina, Toni García o Gregorio Belinchón lo hubiesen hecho peor.

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Bienvenidos a la oficina, periodistas españoles
Mientras Milena Fernández se cubría de gloria en su cobertura del festival de Venecia, Boyero miraba melancólico al horizonte desde el Harry's Bar, bebiendo un dry martini y fumando, como alguna vez seguramente lo hicieron Hemingway o Bob Dylan, o algún otro héroe hipermasticado por el cronista-ogro de El País. Estaba triste Boyero sin los otros tres Beatles, Toni García (a.k.a. Delaney), Enric González y Oti Rodríguez Marchante, ausentes en esta edición de 2013. Para su desgracia, llovía en la ciudad, así que en lugar de dedicarse a pasear por sus decadentes calles mientras se inventaba adjetivos para añadir a sus esquemáticas crónicas, tuvo que ir al cine. Más o menos.

Lo que más destaca de sus crónicas es el cansancio y el bostezo, con películas demasiado largas (¿?). De The Wind Rises de Miyazaki dice que «dilata innecesariamente el metraje. En algún momento no he resistido la peligrosa sensación de mirar el reloj. Su testamento no hubiera perdido belleza ni emotividad si le hubiera cortado media hora» y de The Canyons de Paul Schrader que «aparece Lindsay Lohan, esa actriz que es mucho más popular por sus follones, detenciones, intoxicaciones y rehabilitaciones que por su arte. Posee una atractiva voz gutural y cierto morbo, pero no es suficiente para que te compense de pasar dos horas en compañía de esta indigesta fauna», cuando la película dura poco más de hora y media. Desde luego, Boyero no quería perder el tiempo en el cine y todo se le hacía largo, tanto que con Die frau des polizisten de Philip Gröning tuvo una revelación: «como a la hora y media de padecer este insufrible retrato de la vida cotidiana de un policía, su esposa y su niña no había ocurrido absolutamente nada que despertara mi atención decidí irresponsablemente privarme de la conclusión de la historia. Sospecho que el risueño policía también puede maltratar psicológicamente a su mujer, pero eso tampoco me anima a seguir en la sala hasta el final». Me quedo por supuesto con lo de irresponsablemente. No hacía falta que lo señalases, Carlos.

Pero en todo festival hay oasis, incluso para gente como Boyero que cada año que pasa reafirma su odio profundo hacia el cine y hacia la escritura. A Boyero le llegó con Stephen Frears, ese director del que, siempre que le toca escribir, en el primer párrafo de su texto siempre dice lo mismo de Dangerous Liaisons, la película más famosa de Frears. Porque Boyero es así, tiene siete u ocho frases-plantilla sobre películas que repite cada vez que tiene oportunidad. Ya sabéis, El apartamento, El Padrino, la turbadora Taxi Driver, El buscavidas, The Wire... siempre lo mismo. Otro oasis para él era la llegada de Scarlett Johansson, que venía a presentar Under the Skin, de Jonathan Glazer, una película que había atraído la atracción de perverti... digo de los cinéfilos porque decían que Scarlett Johansson se pasaba casi toda la película en bragas o directamente desnuda. No sé si en twitter se pueden buscar determinadas tendencias de hace varios días, pero merece la pena leer lo que decían muchos periodistas y cinéfilos de la actriz durante esos días. Yo, como escribo con varios días de retraso, no lo voy a rescatar. Me imagino a Boyero yendo todo feliz al pase de prensa, dispuesto a dejar su butaca (y la de delante) hecha una guarrada en honor a la actriz y de paso estropearle el día a esos peñazos responsables del festival.

Pero al final no fue así y la desnudez de Johansson no compensó. ¿Estoy siendo frívolo con este comentario? No, no es mio, es el título de la crónica de Boyero ese día. La desnudez de Johansson no compensa. Otro bueno hubiera sido Vale para paja y poco más. De la película dice más bien poco, de hecho parece que no la vio, o se quedó dormido y el que tenía al lado le despertaba cada vez que Johansson se ponía a la faena. La película trata de una alienígena que llega a la tierra y recorre Escocia en una camioneta seduciendo a hombres. Esto lleva a Boyero a compararla con... ¡¡¡E.T.!!! Si, la película de Spielberg. No sé si es que Boyero le encuentra forma fálica al muñón alienígena de Spielberg o le despierta algún erotismo, pero me resulta difícil encontrarle relación alguna por lo que he leído de Under the Skin. Pero a Boyero le daba igual la película, él estaba a otras cosas: «Hay que reconocer el mérito del director para convencer a su voluptuosa estrella de que aparezca desnuda o con ropa interior cada dos planos. Debe de haber convencido a esta señora de rostro hermoso (la boca es una pasada) y anatomía sugerente de que el papel que iba a interpretar había sido creado por Shakespeare, para que a cambio ella aceptara quitarse la ropa durante gran parte de la película, con el presumible gancho comercial que eso supone». Ese añadido de la boca es una pasada es de comentario de forocoches. Pero toda esa historieta que se monta con Glazer convenciendo a Johansson para que se desnude y así ganar dinero suena mucho peor que la que conté yo antes de El País acreditando a Milena Fernández para ahorrarse el traslado de un corresponsal desde Madrid.

«La boca es una pasada»
En twitter había cierta expectación esperando a lo que podría decir Boyero de Night Moves, de Kelly Reichardt; La jalousie de Philippe Garrel y de Stray Dogs de Tsai Ming-liang. De las dos primeras no hay mucho que rascar, ya que ambas las despachó en un párrafo cada una, con sus delirios, fobias y batallón de adjetivos habitual. Aunque con Garrel cuenta una psicótica historia donde discute consigo mismo si debería abandonar o no la sala: «Se supone que el suicidio de alguien que estás observando en la oscuridad debe de removerte, causarte pena o terror, dejarte tocado. En mi caso, en el momento del disparo busco aceleradamente la puerta de salida con el ansiado cigarro en la boca. Pero las luces de la sala no se encienden. Resulta que el suicidio ha sido fallido, que no se ha muerto, que no ha finalizado en tragedia. Otra vez a sentarme para ver cómo acaba la historia. Que la presunta intensidad dramática y la devastadora complejidad de las relaciones amorosas que intenta retratar esta película solo me produzca el efecto de salir corriendo de la sala para fumar revela que ese caos sentimental y esos personajes atormentados, tal como me lo ha descrito el director, solo me provocan indiferencia o fastidio, algo que me ocurre casi siempre en el cine de este hipersensible creador que está ancestralmente torturado por el fracaso del amor». Cuidado Carlos, quizás tu amigo Enric te ha contagiado la claustrofobia.

En cuanto a Tsai Ming-liang, durante los días de la competición no creyó necesario darnos su opinión. Bueno, yo (y cualquiera que conozca a Boyero) considero más justo decir que se la saltó para irse al Harry's Bar o para llamar a Enric González y comentarle alguna escena de la tercera temporada de West Wing. El tema es que llegó el día en el que se repartían los premios y zas, una de las películas galardonadas era Stray Dogs. ¿Y ahora qué? Pues nada, hombre, la plantilla: «Jamás he entendido lo que quiere contar en sus películas el director taiwanés Tsai Ming-Liang. Dicen algunos que ese hermetismo es muy poético. Allá ellos. Le han concedido a su película Jiaoyou el Gran Premio del Jurado. Sigo sin comprender de qué va la historia de un hombre desclasado y sus dos niños a los que se les aparece una misteriosa mujer. Me pierdo con el simbolismo y la lírica subterránea». ¿Cómo va a comprenderla si no la ha visto? Volvamos sobre la descripción del argumento de la película: «la historia de un hombre desclasado y sus dos niños a los que se les aparece una misteriosa mujer». Y ahora compárenlo con el resumen del argumento de la web oficial del festival, que supongo que será la misma sinopsis que hay en los programas de mano y en los catálogos. Tenemos al hombre, desclasado, a sus dos hijos, y también la aparición de una misteriosa mujer. ¿Qué pasa con esa misteriosa mujer? ¿No es extrañamente curioso que el resumen del argumento del corresponsal de El País termine justo en el mismo punto que el del resumen que ofrece la organización? Tampoco quiero decir que una descripción tan escasa del argumento sea señal de que no la haya visto, pero es la ausencia de análisis alguno, de descripciones visuales, unido a esas coincidencias lo que señala el fraude del periodista.

Tampoco creo que haya visto el documental italiano Sacro GRA, de Gianfranco Rosi, finalmente León de Oro de la Mostra, aunque al ser un documental, a Boyero le es más fácil disimular la copia. El crítico estrella cierra su análisis del palmarés con esta confesión: «El gran cine norteamericano desertó un día de ambos festivales. Y ya sé que no solo de él vive el cinéfilo pero si falta algunos nos sentimos muy perdidos. Seguro que en el resto de las cinematografías también se hacen películas muy notables, pero desde luego no son las que yo presencio en estos festivales. Voy a suplicar que me jubilen de mi trabajo en ellos. Con Cannes y San Sebastián mi interés estaría cubierto». Como todo en Boyero, supongo que no es más que puro exhibicionismo. Nadie se cree que vaya a prescindir de una semana y media en el Harry's Bar, teniendo que dedicar únicamente una hora al día a leerse resúmenes y notas de prensa para rellenar sus fétidas crónicas. Y cuando coincida, verse alguna película que le tenga buena pinta (con la ventaja de poder largarse si su «privilegiado olfato», como dice él, se equivoca). En todo caso, espero que los responsables de El País tomen nota de este deseo.

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Nunca me ha gustado el crítico de cine de El Mundo, Luis Martínez. Ya sé que mucha gente lo aprecia y es cierto que al menos escribe textos de cierta elaboración, aportando razones y que tiene un gusto más amplio, pero a mi siempre me pareció que no tiene un gusto personal, que su capacidad de análisis no va más allá de la fascinación superficial y que tampoco tiene mucha coherencia. Además escribe en El Mundo, ese folletín verdulero, cuya última ocurrencia era garantizar cincuenta votos para el aberrante proyecto olímpico de Madrid 2020 (al final, la candidatura obtuvo lo que se merecía y salió con el rabo entre las piernas). Esa es la clase de periodismo que venden y practican. Y si a eso le sumas el aspecto fúnebre y desagradable de su página web (al menos en El País hay cierta elaboración en la composición y la facilidad de lectura -siempre que elimines con adblock plus el spam publicitario-), su nulo trabajo de corrección, pues me lleva a desistir de leer a este crítico. Demasiados inconvenientes.

Aún así, para que este cinefobias resultara más completo, decidí adentrarme en esa selva que es la web de El Mundo en busca de las crónicas de Martínez. Difícil, porque hay que ser intrépido para encontrarlas todas entre tanto desorden. En ésta, sobre Stray Dogs, Sacro GRA y un documental de Andzrej Wajda sobre Lech Walesa se monta una historia psico-social sobre un café que le costó casi 20 euros a partir de la cual crea una metáfora del mundo e hila las tres películas que comenta. También comenta ahí La jalousie de Philippe Garrel (la película que, junto a Night Moves y al cortometraje de Jean-Marie Straub, más ganas tengo de ver de todo el festival), pero solo dice intrascendencias, bastante injustas con el cine de Garrel (más aún si tenemos en cuenta que la película parece haberle gustado mucho).

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José Luis Losa es un asiduo a festivales nacionales e internacionales desde hace años. Sus crónicas aparecían en un principio en un panfleto compostelano llamado El Correo Gallego, una cosa folclórica llena de fiestas y reuniones que regalaban en Galicia con El Mundo porque nadie en su sano juicio lo compraría de forma independiente. Allí Losa era el rey y hablaba de estrenos, de festivales y de las películas de la tele, donde defendía a Loach y a Von Trier como grandes cineastas contemporáneos (muy de moda hace más o menos una década... cómo han cambiado las cosas) y al que le recuerdo algo especialmente ofensivo, que fue tumbar The Wings of Eagles por su supuesto militarismo. Losa también es el director del festival Cineuropa, un certamen contenedor donde se recolecta buena parte de las películas de autor que van a festivales españoles y que tienen distribución asegurada en nuestro país. Ante la ausencia de una cartelera de cine en VOSE en Compostela, Losa hace una gran labor como agente cultural. Y cada año mejor, aunque estos últimos años el público parece no haber acompañado tan bien algunos riesgos de programación que yo veo muy positivamente y espero que continúen. La última edición de Cineuropa fue la mejor de todas en cuanto a programación, pese al predominio del DCP e incluso de algún que otro DVD.

Después de salir de El Correo Gallego, Losa pasó por Xornal de Galicia (diario en gallego que nació en los años de apertura del bipartito PSOE-BNG, en cierta manera bajo el paraguas de estos) y terminó en La Voz de Galicia, auténtico dinosaurio con patas de la información en Galicia, donde el tratamiento de las noticias parece del siglo pasado. Mucho folclore, mucho regionalismo (lo auténtico, frente a la amenaza nacionalista), odio hacia «los catalanes» y por supuesto, política de besos y abrazos con el poder, mande quien mande. Losa fue un soplo de aire fresco en la plantilla de escritores de cine, que se habían quedado enquilosados en los años 70 y la actualidad estaba dominado por palabras etéreas como audiovisual e industria. Losa trajo interés por el cine de autor y por el cine gallego que acude a festivales, no solo el que trata de reproducir el modelo deficitario español en Galicia.

En cierta manera, su presencia se puede considerar un triunfo, pero sus textos siempre me han molestado mucho por su espíritu abiertamente faltón y desagradable. Además con gente que no puede defenderse y muchas veces por razones ajenas a su trabajo. Ya sé que yo a veces también puedo faltar al respeto de alguien, pero intento limitarme a su trabajo y suelo citar directamente (incluso en twitter) a las personas que ataco. Tanto que he obtenido bastantes réplicas.

El estilo de Losa se parece bastante al de Boyero en su acumulación de adjetivos y sería hipócrita no señalarlo porque sus opiniones respecto al cine que me interesa sean cercanas a las mías. Por ejemplo, en esta crónica de Venecia, dice sobre La jalousie: «La endogamia en doble dirección depara una obra depurada, emocionalmente seca, algo diletante». Sobre Under the Skin: «La marciana Johansson provocó sonora pataleta de los terrícolas que sufrimos su bodrio en sala». Sobre Via Castellana Bandiera: «Seguro que los noventa minutos para los que da ese lío de tráfico están repletos de metáforas sobre Italia que a mí se me escapan, y por eso el sainete me parece calamitosamente insufrible». Sobre Miyazaki: «Parece un dogma considerar al autor japonés como el gran maestro vivo de la animación. A mí su cine -y The Wind Rises no es excepción- me provoca sopor infinito, algo que seguramente es fruto de alguna parcela insensible de mi cerebro». Tenemos todos los tópicos boyerianos: la acumulación de adjetivos (a favor o en contra), la extrapolación de una impresión particular a toda la sala para reafirmar tu opinión, hacerse el loco y el tonto para ridiculizar a una película (el famoso «a mi se me escapa...») y la continua recurrencia al aburrimiento. No me olvido tampoco del uso constante de la primera persona, que a veces está bien, pero cuando todo se convierte en un partido de frontón donde el crítico juega solo contra la pared/película, termina siendo intrascendente.

Pero Losa está aquí por otra razón. Si empezamos con el cambio de sexo de Béla Tarr, en La Coz de Galicia tenemos... ¡¡el cambio de sexo de Kelly Reichardt!! Fíjense que en la microcrónica nunca se vuelve a mencionar el género de la directora americana, por lo que depende de cada uno pensar si es algún error tipográfico o de corrección, un simple descuido o realmente el cronista no lo sabe. Kelly es un nombre de mujer, pero ahí tenemos al surfista Kelly Slater, quién sabe lo que piensa Losa. Siendo justos, yo imagino que Losa sí sabe que es una mujer, porque la habrá visto en Venecia varias veces cuando iba a presentar películas. Sobre el equipo de correctores de La Coz de Galicia, pues bueno, ni tienen tanta exigencia como El País, ni tantos lectores, pero hombre, la crónica es del uno de septiembre y nadie se ha molestado en señalarlo (abajo pongo una captura por si finalmente aparece el corrector). Yo reconozco que no la había leído, ya que estoy perdiendo la sana costumbre de dejar de leer este panfleto.

Para terminar con Losa, una batería de descalificaciones sacada de su análisis del palmarés: «quebrando toda lógica de los valores artísticos, el jurado presidido por Bernardo Bertolucci otorgó su máximo premio a Sacro Gra [...] A mí su tono condescendiente, su costumbrismo almohadillado, su voluntad «enrollada», me recuerdan a aquellas cosas que hacía Manolo Summers, To el mundo es güeno», «El despropósito de elevar este film a la cima del palmarés se hace flagrante cuando a quien deja en el segundo lugar es a una obra de las dimensiones de Stray Dogs [...] marca de la falta de coraje o sensibilidad naturales, la impotencia para reconocer dónde se encuentra el arte mayor», «Mayor delito alcanzan Bertolucci y sus hombres y mujeres injustos al premiar, no una sino dos veces, a la grimosa y necia película griega Miss Violence» y «Para seguir con el palmarés rabiosamente desneuronado, el premio a la mejor actriz se le concede a la veteranísima Elena Cotta por su papel de señora palermitana que se pasa la insufrible película italiana Via Castellana Bandiera obstruyendo una calle». Como veis, un montón de felicidad y buenos deseos. Yo no sé cómo se puede escribir algo así más allá de twitter o un blog maloliente (como este)

Mi gran musa cinematográfica era hombre. Menos mal que no tengo prejuicios.
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Por su parte, Sergi Sánchez escribía crónicas para La Razón. Supongo que el crítico catalán iba por su cuenta y aprovechándolo, La Razón le encargó unas crónicas. De lo contrario, no se entiende que el abyecto periódico de Francisco Marhuenda pague una acreditación en Venecia a un crítico para que escriba microcrónicas que rondan los dos mil caracteres. Todo muy escaso y sintético, no deja espacio para analizar, ni para bien ni para mal, aunque se agradece el gesto de dedicar una única crónica a Tsai Ming-liang. A veces, a base de mezclar películas, terminan sobresaliendo las más mediáticas por diversas razones («la boca es una pasada») y me parece muy bien que el crítico quiera tratar una película de manera aislada.

Atención que Sánchez no dedica a Philippe Garrel, a pesar de que parece que la película le guste tanto o más que la de Tsai. Pero ahí parece que se entromete la línea editorial del periódico. Resulta que además de Garrel, ese día estaba la película de Walesa y en un periódico de ultraderecha y ultracatólico como La Razón, hay que aprovechar a este mito del anticomunismo para zurrar a los rojos, sean de donde sean. La opinión de Sánchez a propósito del film de Wajda no es muy positiva, así que se limita a describirla y a transmitir las opiniones del director. No hay dirigismo ideológico en su texto. Pero tranquilos, que sirve para abonar el terreno, porque ese mismo día, este periódico tan liberal, aprovechaba lo de Walesa para que César Vidal escribiera un artículo sobre el gran sindicalista polaco. Si os preguntasteis por qué Walesa recibía tanta atención en el texto de Sánchez, he ahí la razón (La Razón). Una pena no poder reírme con la columna de César. Solo para abonados...

Aprovechando la cita hacia ese hombre que escribe tantos libros sin ayuda de nadie, aprovecho para mencionar el gran cisma de la Iglesia de la derecha dura. Sí, Federico y César se separan, como se separó Mecano. Tras años lanzando basura sobre los demás, imagino que empezarán a lanzársela entre ellos. Parece que Federico ya ha empezado.

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Para terminar de buen humor (aunque el Gran Cisma ya lo es), un repaso a las coberturas en internet de la Mostra de Venecia. En Cine Maldito han hecho unos buenos resúmenes de prensa, además de información variada y muchos links. En Ara.cat, en catalán, Manu Yáñez escribió crónicas diarias. Saben a poco y quizás son demasiado académicas para mi gusto, pero se leen con mucho agrado y son rigurosas. Recordad que Ara es un periódico que no ofrece artículos gratuitos, pero que registrando un usuario permite leer una pieza al día, ideal cuando hay un festival de cine para seguir lo que opina Manu.

En Cineuá, Nicolás Ruiz escribió dos crónicas (una y dos) en el estilo habitual de la revista, donde la forma es tan importante como el contenido y donde hay una óptica muy original, un deseo de hablar de las películas como nadie habla. En cierta manera, si existe El País y El Mundo, que se limitan a parafrasear las notas de prensa y algunos tópicos, los textos de Nico sirven para ir más allá de eso. La primera crónica, algo escasa, está muy bien. La segunda, con una voluntad más rupturista, quizás tiene el problema que señalé antes, tratar demasiadas películas a veces termina por resultarme menos interesante, ya que se termina por hablar un poco de todas y no lo suficiente de ninguna.

Cinemaadhoc también dedicó crónicas, creo que no diarias, pero sí abundantes. Hay un problema con las tags de la web, que no me permiten listar todas las crónicas. Aún así, resulta sorprendente que sea el único medio español que traduzca el título de Stray Dogs para tratar la película de Tsai Ming-liang. ¿Tienen nuestros corresponsales de los grandes medios nivel de inglés Ana Botella? También habla muy bien de La jalousie en otra crónica, donde lo más sorprendente es que diga que fue recibida «entre vítores y gestos de desaprobación del público, más de los primeros que de los segundos», cuando antes Luis Martínez había hablado de abucheo unánime para erigirse en valiente defensor de Garrel (no mucho, porque la despachaba en pocas líneas). También se agradece que se comenten otras películas diferentes de las que apenas se ha hablado, películas de kazakhstán o animación más allá de Miyazaki. Que en la Mostra haya más de un centenar de películas y que la mayoría de cronistas vean las mismas (o escriban sobre las mismas) es bastante deprimente.

Y dejo para el final mis crónicas favoritas, que fueron las de Jaime Pena para El Confidencial (tápense la nariz y disfruten con las crónicas). Hay en estos textos un trabajo de búsqueda de películas, de justificación de argumentos muy coherente y trabajado; y también una diversidad ejemplar, donde se habla de ficción, documentales, animación, mediometrajes y cortometrajes. Además, Pena escribe tres ejemplares crónicas para el Caimán (una, dos y tres) especialmente la última, con un análisis profundo sobre los cambios y amenazas que sufre el festival.

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Esta semana se estrena Arraianos. Para mi es una gran película y si fuera americana o tuviese algún amigo de periodistas, ya estarían dando la tabarra en muchos medios con todos los premios que ganó. Ganó muchos y en muy diferentes partes. Creo que ninguno del público (que siempre suele ir a cosas blandurrias y manipuladoras). Ahora llega por fin a España, en cines, DVD y VOD. No dejéis que los satanizadores de internet se salgan con la suya y demostrad que estos estrenos simultáneos funcionan. Aquí una entrevista del Caimán a Eloy Enciso, el director.

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La cinemateca está en crisis terminal. Hace tiempo ya comenté la situación y desde entonces todo no ha hecho más que empeorar. Ahora mismo hay una recogida de firmas para mostrar apoyo y pedir una defensa de uno de los más importantes lugares del cine en todo el mundo, tanto en labores de conservación como divulgación. Una firmita no cuesta nada. En general al cine portugués no le va nada bien, tanto que sus vías de financiación están bloqueadas debido a un incumplimiento sistemático de la ley. Es imprescindible este artículo de Luís Urbano y Miguel Gomes sobre el tema, para ver cómo las grandes empresas se pasan la ley por el forro aprovechando que la crisis pasa por aquí. Si se atraganta el portugués, la revista Blogs & Docs ha hecho una traducción.

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Y por último, spam. Durante este verano, salió a la venta el número 6 de Lumière, dedicado, entre otros, a Nathaniel Dorsky, Nicolas Rey, Robert Beavers, Jean-Marie Straub o Robert Kramer. Así que si quieren leer en castellano y de manera extensa sobre ellos, me temo que tendrán que recurrir a nuestra revista. Se puede leer online de manera gratuita, pero si quieren el volumen impreso, se puede comprar por pay-pal. En caso de que te guste la revista y quieras contribuir económicamente a su mejor desarrollo, puedes hacer un donativo, que en ningún caso es obligatorio para la continuidad de la revista (nada de crowdfunding).

sábado, 4 de mayo de 2013

Por el honor de Haewon

Haewon, sola e indefensa ante la crítica española.
En la anterior entrada daba mi opinión sobre Nobody's Daughter Haewon, la gran película de Hong Sang-soo. No me di cuenta entonces de que la película se había pasado en el festival de Berlín, en sección oficial, por lo que nuestros sufridos cronistas de los diarios habían tenido que verla. O no, porque si uno repasa la cobertura de Boyero de Cannes 2013 descubrirá que entre las películas reseñadas falta precisamente In Another Country, sin que diera explicación alguna. Si nos guiamos por lo expresado por Oskar Belategui, puede que el continuo retraso del estreno se deba a que el distribuidor todavía está buscando la opinión del crítico estrella para saber si debe estrenarla o no.

Sea como fuere, de Nobody's Daughter Haewon parece que no pudo escaquearse y nos regala un pequeño, pero suculento párrafo sobre la misma. Empieza fuerte haciendo su interpretación de la política de programación de los festivales: «ya sé que este cine ha dejado de ser exótico, que todos los festivales se esfuerzan hasta el delirio por exhibir en su programación variadas muestras de la cinematografía coreana». Hombre, hasta el delirio yo creo que sólo se esfuerzan en traer películas americanas que a su vez traigan estrellas de Hollywood para que la prensa basura saque fotos de pasarela. Eso es menos criticable, pero poner una película coreana aquí y allá, eso siempre es sospechoso. Hombre, a mi el cine coreano no me gusta mucho. De hecho, salvo Hong Sang-soo y lo poco que he visto de Im Kwon-taek, la mayoría de directores me parecen mediocres, tanto los despachadores de thrillers llenos de discursos moralistas sobre el bien y el mal, como los que han superado lo genérico para irse a lo disparatado (Kim Ji-woon, Park Chan-wook, Im Sang-soo). Y sí, aparecen mucho en los festivales internacionales, pero se debe principalmente a la buena labor de promoción de cara al extranjero y porque su producción cinematográfica funciona bien, han creado su propio star-system y las películas funcionan bien en el mercado local. Lo que pide El País para España, aunque ya saben que el crítico estrella va por libre.

Luego Boyero ya se va a lo que más le gusta, que es demostrar su ignorancia y esa cinefilia de oídas y de construcciones fáciles muy característica suya: «Tiene un parecido alarmante con ese cine europeo protagonizado exhaustivamente por la palabra, en el que los personajes no paran ni un segundo de hablar de cosas sensibles y trascendentes». Supongo que con «ese cine europeo protagonizado exhaustivamente por la palabra» se refiere a Eric Rohmer. O quizás a La maman et la putain. Ambas son referencias para Hong Sang-soo, claro. Tampoco quiero valorar lo de Boyero porque precisamente a mi me encanta el cine donde la palabra tiene el máximo protagonismo. Creo que Hong utiliza las palabras casi como si fueran imágenes, les da forma, materialidad, y además del significado superficial del propio desarrollo del diálogo, hay otro más profundo que contrasta con las imágenes y con la manera de entonar las palabras. Algo complicado de describir, claro. A mi los que me decepcionan son los directores que tratan de revolucionar el cine con cada imagen. Pero dejémoslo que son gustos. Lo que no son gustos y opiniones es decir que «los personajes no paran ni un segundo de hablar de cosas sensibles y trascendentes», al menos al tratar el cine del director coreano. Porque por si algo destacan los diálogos de este cineasta es por ser aparentemente superfluos, llenos de situaciones embarazosas y en muchos casos, terriblemente perjudicados por el alcohol. No hay mucha sensibilidad, porque hay arrebatos de sinceridad inesperados donde quedan retratados como personas groseras y poco respetuosos. En el cine de Hong, los diálogos muestran una hipocresia social. Construcciones lingüísticas utilizadas para esconder la verdad. En Nobody's Daughter Haewon, la protagonista y su amante, que es también su profesor, se encuentran inesperadamente con otro grupo de alumnos y terminan bebiendo todos juntos en un bar. Parecen felices, pero cuando Haewon (la protagonista) va al baño (a vomitar), el resto de sus compañeros se ponen a hablar mal de ella. Hacia el final de la película, la misma Haewon habla con dos amigos de frivolidades, de lo que le gustaría hacer en el futuro, de que lo importante es ser feliz, etc... y de repente se quedan en silencio sin saber qué más decir, hasta que ella le pregunta a uno de sus acompañantes «¿qué tal tu depresión?» y acto seguido hay otro silencio incómodo donde se da cuenta de que quizás la pregunta ha sido inapropiada. Estos cambios de tono son habituales en su cine y creo que se encuentra muy alejado de esa supuesta pretensión de trascendencia que le atribuye Boyero. Pero en fin, es Boyero.

Termina su muy sesudo comentario con un claro «Salgo con dolor de cabeza ante tanta verborrea inútil». Supongo que el poeta no opina lo mismo de su volcánico No se marchitan mis flores del mal, donde seguro que no había ningún afán de sensibilidad ni trascendencia.

En cuanto a Luis Martínez, ese crítico que empezó entusiasta como crítico estrella de El Mundo cuando se fugó Boyero, pero que tras años aguantando ya se le va notando el cansancio y la decadencia (cosa normal viendo la línea editorial de su periódico), tampoco le gustó la película, aunque tiene la deferencia de dedicarle algo más de espacio. Hasta tres párrafos. El resto del texto es para Catherine Deneuve y su mito. El de Boyero estaba enfocado en River Phoenix. Es lo que les va.

A favor del crítico de El Mundo hay que decir que al menos intenta explicar el cine de Hong atendiendo más a la realidad, y no a la pura fantasía :«Su cine se ordena siempre debajo de una arquitectura compleja y estudiada del que surge una superficie perfectamente clara (de ahí lo de transparente) poblada por situaciones comunes, existencias ordinarias... la vida misma». Ya ven, todo lo contrario que Boyero. Aquí no hay diálogos fatigosos, sino transparencia. Ni tampoco trascendencia, sino situaciones comunes y ordinarias. Y por supuesto, la inevitable comparación: «por echar mano del tópico infeliz, Sangsoo es lo más parecido a Eric Rohmer que ha dado el cine después de Rohmer». En su defensa, decir que ya señala que es un tópico infeliz y supongo que vale como fórmula. Que en un texto de caracteres limitados, el lector lee Eric Rohmer y ya pilla la idea. Y encima no está dicho con sentido despectivo, como en el caso de Boyero (donde ni siquiera citaba a Eric Rohmer, quizás porque lo confunde con cualquier otro de esos aburridos). Sigue contradiciendo al crítico de El País con «Como siempre, en Sangsoo los espejos se reproducen como las conversaciones en un laberinto de autoengaño tan entretenido como iluminadamente vulgar». Ya ven que Boyero no ha entendido absolutamente nada.

Luego, para mi, Martínez falla en la valoración. Con lo preciso que ha sido todo lo anterior, le ha faltado un análisis más detallado de los propios valores del film. Porque todo lo dicho hasta el momento vale para el 90% del cine de Hong Sang-soo. Es cierto, también, que valorar en un festival es muy complicado, y por eso los que hemos sido cronistas nos quedamos en lo superficial o nos vamos a lo estructural. A decir de dónde vienen las películas y hacia dónde van. «Eso sí, cabe decir que no es su mejor película y alguno estaría tentado de decir que tras la maravilla de 'In another country', vista en Cannes, ésta más bien parece la obra de un imitador. Todo parece realizado con cierta desgana, como arrastrando los pies». Curiosamente, a mi la que me parece la obra de un imitador es In Another Country, donde la presencia de Isabelle Huppert y una estructura episódica más evidente, la convertían en una obra mucho más artificial de lo que suelen ser las películas del maestro coreano. Todo parecía demasiado preparado, demasiado bonito, hasta los diálogos eran algo acartonados. Que fuera prácticamente rodada en inglés seguramente era una barrera también. Sin embargo, en Nobody's Daughter Haewon recupera su verborrea imparable, pero también una idea del plano mucho más simple y clarividente. La noción del encuadre es ligera. Compleja si se analiza detenidamente, con varias posiciones, variando dentro de la misa escena, pero la clave está en que si uno la observa de manera superficial, parece que el director coreano lo hace todo sin querer, como si simplemente estuviese siguiendo la acción.

Pero si Martínez me parece un crítico decadente, ¿qué decir de Oti Rodríguez Marchante? En su caso, cada texto parece un paso más dentro de una larga agonía. Un intrascendente trayecto entre la nada y la nada. Yo creo que el propio Oti es consciente de lo innecesario de todo lo que escribe. Ya ni hay orgullo ni chulería como en el caso de Boyero. En el fondo, simpatizo con él, porque su conducta no es violenta, aunque a veces tenga algún arrebato. No dice mucho de Nobody's Daughter Haewon más allá de una leve descripción: «La película es un continuo e inacabable diálogo al que se van sumando nuevos personajes sin que ello cause la menor intriga o tensión» y, evidentemente, Eric Rohmer: «Todo el mundo señalaba esta película de Hongsoo como una franquicia de Éric Rohmer, aunque sin tanto eco, poso y complejidades». De esto último destacar ese todo el mundo, muy utilizado siempre por la crítica para dar autoridad a sus argumentos. También para escribir a la contra, del tipo «¡A todo el mundo le gusta Apichatpong y a mi no!», una idea muy recurrente (se tratará en el futuro) y que siembra la idea de que las películas de Apichatpong tienen millones de seguidores, cuando realmente las ven cuatro monos que, eso sí, las defienden (defendemos) con fuerza. Tanta fuerza (y convicción) que terminan pareciendo «todo el mundo».

Oti cierra con un clásico suyo: «Cuando se termina «Nobody's daughter Haewon» uno se queda exactamente igual que cuando empieza… Tal vez pasados unos días uno empiece a notar algún síntoma, pero no da esa sensación». Que es como decir: «es posible que no tenga razón, pero lo dudo», lo que deja lugar a la falibilidad del crítico y no convierte el texto en un simple mi opinión, como hace la mascota de El País.

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Pueden achacarme que no sea un hombre de palabra. Dije que compraría el Caimán y al final me eché atrás. Dije que no compraría Sofilm por su horrible portada... y bueno, al final lo hice. Como ya suponía, la revista tiene la estructura de una Fotogramas o una Cinemanía, con sus artículos llenos de anécdotas, sus listas de los mejores diálogos sobre tal y cual cosa, algún texto dedicado a tendencias paralelas de cine, viñetas, etc... A mi es un tipo de revista que no me interesa mucho, aunque en esa línea la veo mucho más digno que el resto de las que pueblan el mercado, ya que parece medianamente independiente, no como las otras, que parece que todo son promociones de películas taquilleras y entrevistas de diez minutos donde le hacen al protagonista tres preguntas genéricas que responde de manera mecánica. En el caso de Solfim, las entrevistas son largas y realizadas con conocimientos. Dos las realiza el crítico Emmanuel Burdeau, antiguo crítico estrella del Cahiers francés dirigido por Jean-Michel Frodon. Da un poco de pena verlo reducido a cazador de entrevistas, pero en fin, tanto la de Oliver Stone como la del creador de Breaking Bad no están mal, aunque sean personajes que a mi no me interesan. En general, todas se centran más en anécdotas y en el personaje creado que en su propio trabajo. En el fondo, es una revista que trata más de todo lo que rodea al cine que del cine en sí. Vean la última entrevista a Johnnie To. Es un director al que no se le han hecho muchas buenas entrevistas, que tiene una filmografía larga y misteriosa, pero realizada con una cierta coherencia pese a transcurrir dentro de la loca industria hongkonesa. Pero en lugar de hablar de eso, se dedican a tratar temas tan trascendentes como el vino europeo, la gastronomía, el clima, etc... Por cierto, esa fórmula de entrevista+comida también la tiene El País algún día de la semana. Se llevan a un famosete a comer a un sitio caro y exclusivo, donde hablan del destino del mundo, desde la pobreza en África hasta la prima de riesgo.

La parte más jugosa para los que nos interesa esto del cine es el cuaderno crítico, donde analizan una película, L'exercice de l'État, una serie, Girls, una película española underground como Mi loco Erasmus y el clásico de Jean Renoir Boudu sauvé des eaux. Con esta última mi amigo Fer Ganzo está poco elegante llamando cuqueras al director y acusándolo de antisemita, cuando no viene al caso. También creo que se equivoca en su crítica L'exercice de l'État en esa dicotomía que hace entre la vieja nobleza política y una nueva generación más popular y grosera. Bueno, pocos políticos hay más elitistas que Mariano Rajoy. Me gusta traer a colación siempre que puedo esos artículos que nuestro querido presidente escribió en su juventud, en los que defendía la desigualdad natural de las personas. Supongo que Fer se refiere a una nobleza que compartía unas formas nobles de actuación, pero para mi González y Pujol eran tan groseros y díscolos como Rajoy. Y menos elitistas.

Me decepciona un poco ver a Gonzalo de Lucas citando a Luis Enrique y Tassoti para defender una película. No sé si es que Mi loco Erasmus solo merece un tipo de defensa así, no lo sé. Gonzalo escribió alguno de los mejores textos de la antigua Cahiers España, entre ellos uno maravilloso sobre Jean-Luc Godard (creo que en el especial de Film Socialisme) y otro antológico sobre el Tríptico elemental de España de José Val del Omar, dos trabajos que forman parte, para mi, de lo mejor escrito nunca en prensa escrita en España. Después, Álvaro Arroba fusila Girls sin piedad. Es un texto gracioso, pero tampoco muy analítico. Divertido de leer en clave hater, pero ya saben que a mi los textos negativos no me interesan mucho. Las revistas, creo, sirven para defender películas, no para tumbarlas.

Por último, dentro del cuaderno crítico, hay dos traducciones de la edición francesa. Primero, un fantástico análisis del final descartado de Vertigo. No lo conocía (no soy muy de mirar extras de DVD), pero la escena parece magnífica y la manera de describirla de Bertrand Bonello me da más ganas todavía de verla. Y segundo, una lista donde te explican si eres o no fan de Leonardo Di Caprio, un artículo fotogramero que supongo que se les coló en la maquetación del cuaderno crítico.

En fin, que yo creo que es una buena revista para el ámbito en el que pretende moverse. Tiene rigor y dignidad y no es una colección de absurdas promociones de películas de Hollywood. Hay más cosas que me he dejado: una entrevista con Isabella Rossellini, otra con Alfonso Guerra (sobre cine), un especial de Will Ferrell... y la entrevista de portada con Mickey Rourke, quizás el contenido menos atractivo de toda la revista. No sé por qué ha merecido tal honor, quizás porque también ocupó ese espacio en el original francés. Pero bueno, si se compran la Fotogramas u otra del estilo, pueden cambiarse: le dará más horas de lectura y los contenidos están hechos con algo más de cuidado. Si buscan leer algo en la sintonía de lo que habían hecho antes críticos como Fer Ganzo, Álvaro Arroba y Gonzalo de Lucas y no son muy transigentes con ciertos guiños de mercado, pues quizás no sea lo que están buscando.

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Hablando de la Fotogramas...

Espero que esto no sea su concepto del «cine de autor». Vale sí, tanto Bigelow como Cronenberg son autores, y muy buenos (aunque sus últimas películas no me apasionen), pero fíjense cómo está construido el tuit: «El mejor cine de autor también está en @wuakitv». Para mi ese también es demoledor, porque da a entender que esos dos directores son una excepción ante un cine más comercial, cuando yo creo que esos dos directores y particularmente esas dos películas son abiertamente comerciales (lo que no quiere decir que no puedan ser complejas, claro) y el cine de autor al margen habría que buscarlo en otro sitio. Ese sitio al que Fotogramas se acerca muy de cuando en cuando, por no decir casi nunca. Cosa entendible si piensan que Zero Dark Thirty y Cosmopolis son ese cine de autor que también llega a las salas. ¡Para que luego no digan que todo son grandes producciones de Hollywood! No, no, por favor, en Fotogramas también hay sitio para el cine pequeño y que apenas capta la atención de los medios...

Bueno, es un tuit, supongo que estoy sacándolo de quicio. Pero se lo merecen.

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¿Qué sería de Arraianos sin el apoyo del ICAA?
Acabó el D'A de Barcelona y el premio de la crítica fue para Arraianos, esa película que parece un festival killer, porque moja allá donde va. Se lo merece, claro. Es una película hermosa y rigurosa, sin que estos dos conceptos entren en conflicto. Una película pequeña y humilde que ha crecido por méritos propios y a la que quizás los medios deberían dar una mayor consideración. En su texto resumen, Jorge Mauro de Pedro trata a la película vencedora como una mera anécdota. El artículo parece salido de un Yo Dona o alguna de esas revistas para mujeres. Termina con un «D’A forever bitches!». Pues vale.

En El Periódico no he encontrado una sola crónica del D'A, salvo un par de textos informativos al inicio del certamen y otra sobre la visita de Cristian Mungiu. No sé si es que no suben ese contenido a la web, pero en fin, me parece muy triste si no dan más información de un evento así. Supongo que para compensar suben esta entrevista a Clara Lago donde presume de haber aprendido catalán. También esta noticia cultural de primer orden (miren quien sale en la foto que acompaña) En el Diari Ara, que tiene pinta de ser el mejor periódico catalán (desgraciadamente su edición digital tiene muchos contenidos de pago), ofrece una escueta nota sobre las premiadas, aunque tiene la deferencia de incluir los motivos que dio el jurado para premiar Arraianos: «la seva habilitat per integrar en el relat cinematogràfic a una comunitat rural la memòria, tradició oral i formes de vida de la qual perviuen i dialoguen amb el present». ¡Bravo! El jurado estaba formado por Covadonga G. Lahera (Transit), Arnau Vilaró (Lumière) y Perè Alberó (profesor, crítico y cineasta, autor de un libro sobre Theo Angelopoulos). Conozco a los dos primeros (bueno, a Arnau no en persona), pero felicidades a los tres por su buen gusto.

La cobertura del D'A no ha sido muy amplia. Yo les recomiendo algo para la siguiente edición: que le den un premio a Javier Bardem. Entonces tendrán una página entera en El País. Claro que estará dedicada por entero a ese superhéroe español y no de las películas, pero la promoción la tendrán. Entre los medios independientes no ha habido mucho movimiento, quizás las crónicas sean a posteriori. De las que leo habitualmente, solo Mónica Jordan ha estado al pie del cañón en Transit. El tercer capítulo de su crónica es algo más desangelado, quizás porque las películas tampoco se prestan a mucho análisis (sí, aquí estoy siendo prejuicioso). Aunque tenía a jóvenes directores menos conocidos como Matías Piñeiro o Hammudi Al- Rahmoun Font (o eso dice en la introducción), el texto se centra en Michael Winterbottom, Michel Gondry y Sion Sono. El texto se llama Autorías licuadas y nombres propios. Lo de autorías licuadas le va bien a Winterbottom y a Gondry, aunque Mónica del segundo dice «con apenas unos fotogramas seamos capaces de reconocer su autoría incluso en The Green Hornet», lo cual me cuesta creer, aunque como hace un tiempo que no veo películas de Gondry, despues de La science des rêves ya no quise ver más. Por eso, como hace ya siete años, quizás Gondry sí que ha conseguido crear una autoría clara más allá de sus personajes saltarines y sus salidas de tono coloristas.

Claro que el concepto de autoría es complicado y puede hacer referencia a muchas cosas. Por ejemplo, cuando habla de Sion Sono la entiendo mejor. «En su estilo exagerado y operístico, en sus historias de personajes múltiples, en el uso de la música clásica y en una serie de actores ya en nómina fija, encontramos la apuesta autoral de Sono». Es algo que no tiene que ver con el camera-stylo que patentó Alexandre Astruc en Cahiers du Cinema, pero sí unos simbolos reconocibles que se repiten a lo largo de una filmografía. Yo creo que el estilo de Sono no es fuerte en cuanto a creador de imágenes, está muy influido por cosas totalmente diferentes, y eso le hace ser anárquico e irregular, pero sí que tiene unas constantes habituales. Es un debate interesante y complejo, puesto que esta idea de autoría choca con la desarrollada en las dos crónicas anteriores.

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Antaño, las columnas de opinión las escribían personalidades que se habían hecho un nombre a base de escribir. Gente reconocida por su talento. Hoy, antes de nada, tienes que ser famoso. Un nombre reconocible. Así lleva años David Trueba en El País escribiendo cosas como la que sigue: «explota el privilegio del cine y la ficción en general para obligar al espectador a masticar la vida con una boca ajena». El texto es la nada absoluta. Una defensa a medias de Jagten, la película de Thomas Vinterberg. La falta de criterio es alarmante. Sigue reconociendo a Vinterberg como el director Dogma. Dice alegremente que «ha abandonado el Dogma». Hombre, lo abandonó hace 15 años y desde entonces ha hecho unas cuántas películas y todas con poco que ver con el dichoso movimiento.

Pero en fin, a Trueba lo que le interesa no es hablar de cine, sino del histerismo social, de reprender a la sociedad por su mal comportamiento. Ya saben, yo en mi torre y los mortales, sucios y hambrientos, rencorosos y malvados, en la tierra. No cita a Fritz Lang, lo que le hubiera dado cierto regusto cinéfilo. Se prestaba una cita a M o a Fury. El último párrafo ya no sé si es una broma o realmente se cree lo que dice de la industria danesa de cine. Dicen que mi opinión sobre cómo se reparten los trabajos en la redacción de El País es fantasiosa, pero miren el comentario que hace Trueba sobre la industria danesa. Y él cobra por artículo, ¿eh?

domingo, 21 de abril de 2013

Boyero desencadenado

El método Boyero
Tenía ya pensada la próxima entrada de este humilde y recién estrenado blog, con muchos de sus apartados y enlaces buscados, pero apareció el crítico estrella de El País y lo cambió todo. Empezaré diciendo que Carlos Boyero no es crítico de cine. Ni periodista cultural. Pertenece a la raza, profundamente española, de los opinadores. Gente que sabe un poquito de todo y, si no sabe, da igual. Las televisiones están llenas de esta gente, que pueden hablar durante horas de economía, de terrorismo islámico, de física nuclear o de tácticas futbolísticas. No sólo eso, sino que encima se permiten discutir a expertos que han dedicado toda su vida a esos temas. Porque ya he dicho que en España lo intelectual está mal visto e incluso Boyero lo ha usado en tono despreciativo.

Este personaje nos sorprendió ayer escribiendo un artículo sobre Alta Films, la empresa de González-Macho que ha anunciado su próximo cierre. Yo me esperaba un texto laudatorio de González-Macho, hablando largamente sobre sus experiencias, lo mucho que aprendió de este cine y de todas las maravillas que este distribuidor y productor hizo por el cine español. Bueno, largamente es un decir, porque tampoco se puede extender mucho en el exiguo espacio que le dedica El País, mucho menos que el que le ceden para machacar las películas de Pedro Almodóvar, ese director que no le interesa nada. Pero bueno, en un ejercicio de coherencia, El País le dedica a Alta Films el mismo espacio que le dedicaba cuando estrenaban una de esas películas raras de cine de autor.

Entonces tenemos a Boyero frente al papel, dispuesto a hablar de su amigo. Un homenaje merecido a un hombre de cine, que entregó gran parte de su vida al negocio de la distribución, a traer el cine que nadie se atrevía a traer. ¿Será algo así, no? ¡Pues no! Un crítico habituado a soltar sapos por esa bocaza, es incapaz de soltar nada que no sea desagradable u ofensivo hacia alguien.

Más aún, es tal la vanidad de este hombre, que dedica la práctica totalidad del texto a hablar de sí mismo. Un héroe en un mundo de hipócritas culturales, izquierdistas, intelectuales, progresistas, perroflautas y toda esa calaña. Pero más que un tema de vanidad, que también, yo creo que habla de sí mismo por otro bien diferente. Que no tiene ni idea de lo que hablar. Es decir, Boyero, el comentarista que desprecia por defecto todo lo que estrena su amigo, ¿qué va a decir? Miren cómo empieza: «Las primeras noticias que tuve de la existencia profesional de Enrique González Macho fueron películas rusas que él distribuía a través de una pequeña distribuidora». Ya dice justo a continuación que no le gustaban nada. Podríamos dudar incluso de que si se habrá visto alguna. Tienes que hablar del trabajo de tu amigo, pero no sabes nada de él, no te interesa en absoluto. Ese es su nivel periodístico. Un hombre que estrenó películas rusas, eso dice. Ah, espera, Dersu Uzala.

A partir del primer párrafo, González-Macho deja de ser distribuidor cinematográfico y pasa a ser guardaespaldas de Boyero. Y ahí nuestro pizpireto periodista sí que puede contar mucho, sobre él mismo. Habla de sus problemas en Guía del Ocio y de la censura y los juicios. La referencia a Florentino Pérez no es baladí. Quizás sepan los lectores que Carlos Boyero, dentro de su labor como opinador profesional, también se considera una de las personas que más sabe de fútbol del mundo, siendo seguidor del Real Madrid. Tiene desde hace años una disputa personal con Florentino Pérez (quizás debido a ese affair en Guía de Ocio), seguramente un ser mafioso a la altura moral de Boyero. El enfrentamiento entre ambos llegó a su punto álgido en agosto de 2011, cuando de los dulces labios de Boyero salieron las palabras «nazi portugués» referidas a José Mourinho (entrenador del Real Madrid) durante una de sus muy concurridas entrevistas digitales.

¿Les suena de algo eso de frivolizar con el tema del nazismo? Fue uno de los temas predilectos de Federico Jimenez Losantos (este último enlace es de El Mundo, así que les recomiendo no pinchar para no darles visitas) durante años, empeñado en que en Catalunya se repetían las mismas acciones que en la Alemania de los años 30. Y más recientemente, María Dolores de Cospedal se cubrió de gloria al comparar al colectivo de afectados por las hipotecas (PAH) con los nazis. Ya ven, ilustres representantes de esta derecha ultra española, utilizando exactamente los mismos métodos que Boyero. Si no estás conmigo, si no te pliegas a mi voluntad, eres un nazi. Pero la cosa va más allá, porque en el colmo de la hipocresía más absoluta, Boyero escribió el 13 de abril de este mismo año un texto llamado ¿Nazismo? (recomendable saltarse el primer párrafo si todavía creen que el periodismo cultural tiene futuro) donde abomina la conducta de Cospedal y su manera frívola de relacionar las actuaciones de la PAH con el nazismo puro. Sin embargo, a Boyero le parece maravilloso relacionar esta ideología con algo tan serio y trascendente como el fútbol. En el texto sobre Alta Films, Boyero dice que lleva «toda una vida sin intentar engañarme a mí mismo ni a los que leen lo que escribo». Supongo que intentarlo no es conseguirlo. Y también: «Tengo un olfato privilegiado para detectar la gilipollez, la impostura, lo que conviene decir y opinar en tiempos convenientes».

Por supuesto, ni Florentino Pérez ni José Mourinho se quedaron de brazos cruzados y le pusieron una denuncia, porque la libertad de expresión, nos guste o no, no es un todo vale. Lo de «nazi portugués» no sé si lo han notado también, pero para mi tiene claras connotaciones racistas. No sé en qué situación está el tema. Hasta ahora Boyero había masacrado a pequeños directores y productores que apenas tenían suficiente para seguir a flote. La conducta del matón. Pero el Real Madrid es otra cosa bien distinta. Si le condenan a pagar la multa que se merece, no se preocupen, que en seguida lo seguirá utilizando para su campaña de autopromoción como gran adalid de la libertad de expresión.

No sé ustedes, yo veo todo el tema del segundo párrafo del artículo como una manera de hablar de sus frustraciones acerca del tema futbolístico. ¿O se creen ustedes que los responsables de todas esas películas pequeñas que Boyero masacra a lo largo de sus visitas a los festivales se ponen en contacto con El País para que censuren a su crítico estrella? Supongo que por elegancia (ja), Boyero no cita un solo caso. Bueno, uno a favor: cuando González-Macho amenazó a una de las empresas en las que trabajo Boyero para que le permitieran decir a este último todo lo que quisiera. Es decir, que si una empresa tiene la elegancia de buscar una opinión que no sea una catarata de descalificaciones y disputas personales, en seguida aparece el amigo de Boyero para protegerle.

Digo que no me creo que realmente existiesen tantas presiones como parece expresar, porque en el tercer párrafo habla del único momento donde unos pobres individuos, sin nada mejor que hacer, decidieron escribir una carta preguntando (no amenazando) a El País si se identificaban con la línea cultural que seguía su crítico estrella. Mucha gente, de muy diferentes áreas, creyó ver en esta jugada un intento por parte de estas personas para que censuraran o despidieran a Boyero. Sinceramente, si uno lee la carta es difícil llegar a esa conclusión, salvo que se tenga una mente retorcida. Bueno, rectifico, si El País admitiese tener un fuerte compromiso con un cine que se escapa de la norma, debería admitir que en ese tema estaba siendo irresponsable al designar a Carlos Boyero para cumplir ese cometido. Y, como consecuencia, lo más lógico sería encargarle esa labor a otro crítico que tuviese una sensibilidad más amplia o un afán divulgativo más desarrollado. Lo que se extrae del silencio de El País es que realmente estaban de acuerdo con su crítico y que esa era su nueva política cultural. Sobre esta deriva del otrora diario independiente, y sobre sus nuevos dueños, ya habrá tiempo para hablar.

Boyero, con su estilo habitual (el insulto), habla de «doscientos idiotas anónimos». La palabra «anónimo» es conflictiva, por no decir que es una mentira tan grande como una catedral. Si con anónimo se refiere a que estas personas le atacaron sin personarse, es mentira, porque los doscientos firmantes aparecen con sus nombres y sus apellidos. Y si pretende darle el significado de personas que nadie conoce, pues hombre, todo es opinable, pero es difícil considerar a alguien como Víctor Erice una persona anónima. Dos de sus películas, El sur y El sol del membrillo, participaron en la sección oficial del Festival de Cannes. La segunda de ellas ganó dos premios en esa edición. Su otro largometraje, El espíritu de la colmena, ganó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. ¿Quizás es que Víctor Erice es un producto del pasado? Bueno, fue miembro del jurado oficial del festival de Cannes, compartiendo lugar con Tim Burton y Benicio del Toro. ¿Les llega? ¿No? En la reciente encuesta de Sight & Sound sobre las mejores películas de la historia, aparecen tres películas de Erice, La morte rouge, El sol del membrillo y El espíritu de la colmena. Esta última es la mejor colocada. En las votaciones de los críticos está en el puesto 81. ¿Les parece un puesto muy bajo en el que solo se mueven películas desconocidas? Justo por debajo, compartiendo la posición número 84 se encuentran, entre otras, Fanny och Alexander, de Ingmar Bergman y Casablanca, de Michael Curtiz. En la lista de las votaciones de los directores aparece en la plaza 107. Aún así quizás esto no le convenza a nadie, seguramente todo se deba a un lobby español de amantes de Erice, ¿no? No, claro que no. Entre los votantes hay, además de españoles, canadienses, sudafricanos, ingleses, franceses, tailandeses, australianos, eslovenos, noruegos, chinos, nigerianos, iraníes, portugueses y, por supuesto, estadounidenses. Entre estos últimos, Monte Hellman, director de Two-Lane Blacktop, entre otras. Todos ellos seguramente convencidos por algún pérfido comisario cultural nazi-progresista para joder a Boyero.

Más anónimos: Chantal Akerman, Lisandro Alonso, Mercedes Álvarez, Pedro Costa, Claire Denis, Amat Escalante (este año en la sección oficial de Cannes), Jean-Michel Frodon (ex-director de Cahiers du Cinéma), Catherine Gautier (de la Filmoteca española), Isaki Lacuesta, Carlos Losilla, Luis Miñarro, Javier Rebollo, Albert Serra o Santos Zunzunegui. Evidentemente, se pueden discutir estos nombres, pero es difícil tratarlos de anónimos. Quédense con eso de «solo valorados a nivel familiar» referido en este caso solo a Erice y Guerin. ¿Tengo que repetir la lista de nacionalidades que votaron por El espíritu de la colmena en la lista de Sight & Sound? No sé, lo único que me cuadra es que Erice haya sido marinero o algo así y fuese dejando hijos por todos esos países.

Se refiere al manifiesto firmado en primera instancia por Guerin, Erice, Miguel Marías y Álvaro Arroba como algo «inútil», pese a que han pasado ya ¡cinco! años desde entonces y sigue sacándolo siempre que tiene ocasión (especialmente si le toca hablar de alguno de los dos directores). Ya ven, de los múltiples y constantes desafíos que ha sufrido Carlos Boyero a lo largo de su vida, solo es capaz de acordarse de uno en este momento tan especial.

Se olvida también de su mayor enemigo, Pedro Almodóvar, que también mostró interés en firmar el documento... con dos años de retraso... y luego tampoco fue muy elegante diciendo eso de «estaba fuera y no tuve ocasión de adherirme a aquel manifiesto».  El director de La piel que habito luchó durante años para que sus películas no recibieran el desprecio automático del crítico estrella. Por supuesto sin éxito, ya saben que no cambia de opinión. Más bien es la realidad lo que cambia para adaptarse a su visión del mundo, como en el tema del nazismo. Más arriba tienen un estudio pormenorizado realizado por Raúl Pedraz. ¿Es Almodóvar también un anónimo? ¿O ese no cuenta por llegar tarde?

En fin, después de pasarse todo el texto engrandeciendo su ego, al final afirma sin sonrojarse «podría contar cosas feroces». Imagino que era más importante acordarse de Erice, Guerin y los doscientos anónimos. Que era preferible la puyita a Florentino Pérez. Eso Boyero lo considera digno de publicarse. No me quiero imaginar lo que entiende por «cosas feroces».

La última perla de Boyero es eso de que González-Macho siempre eligió su cine «con cerebro». Sí, ese cine que Boyero dice aborrecer. ¿Será un gesto de objetividad de Boyero? ¿O simple amiguismo? Prefiero no interpretar y dejarlo en el aire. Quizás se refiera a que las escogía con inteligencia empresarial. No sé, miren este memorable titular de una entrevista de JotDown, esa revista donde invitan a gente de todo tipo y pelaje para hablar de lo divino y de lo humano. ¿A qué se deberá la caída de Enrique González-Macho puesto que un gran hombre como él debería haber sobrevivido sin subvenciones, que es precisamente lo que critica el productor? Puede que tengamos que leer entre líneas su texto y Boyero vea una conspiración donde cineastas rusos desconocidos, Florentino Pérez y los doscientos «anónimos» se han cargado lo único decente que quedaba del cine español.

En fin, regresando al principio, ya he dicho que Boyero no es crítico de cine (porque no tiene una voluntad pedagógica con el lector) ni periodista cultural. Es simplemente un opinador, de los muchos que hay en España y que cada vez pueblan más El País. Boyero sentencia y destroza películas, y defiende la libertad de todo el mundo a opinar lo que le salga de las narices, aunque si opinas lo contrario que él puede que seas un cursi, un farsante, un fariseo, un chupóptero o cosas peores que ha dicho a lo largo de su vida delictiva.

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La culpa es tanto de Boyero como el que le permite estar ahí. Pero tampoco nos engañemos, El País ahora mismo es poco más que una sucesión de autopromociones. Si notan que defienden en exceso una película, un trabajo musical, una serie de televisión u otro objeto cultural no duden que será porque el propio grupo PRISA tiene sus intereses comerciales. Fíjense si no en esto. Supongo que se acordarán de Bebe, aquella cantante tan «urbana, moderna y desenfadada» (por usar terminología del medio) conocida porque hizo una canción sobre mujeres maltratadas que sonó en todas las discotecas de España. El País intentó vender el año pasado su cambio de look, machacando semanalmente con una serie de artículos (seis en cuarenta días, hagan cálculos), pero la cosa no funcionó. A nadie le gustaba el nuevo disco y la niña no se calló lo que opinaba de sus críticos. Si siguen la serie de artículos desde el 22 de enero descubrirán cómo el periódico intentó explotar también esa polémica con titulares dignos de Belén Esteban, pero ni por esas. Y miren, al final, después de mes y medio vendiendo lo invendible, decidieron echar balones fuera ¡haciéndole una mala crítica! ¿Cuánta gente se habrá comprado el disco tras creerse toda la publicidad de El País, incluido un artículo del respetado Diego A. Manrique? Al final resultaba que Bebe no era una Juana de Arco de la música, valiente ante un ambiente hostil. Miren lo que decía Manrique: «leer los comentarios generados en los foros permite descubrir no solo el oportunismo de esos rectos ciudadanos que solo esperan una orden para lapidar a quien corresponda, sino también la profundidad del rechazo que despierta una mujer que va por libre». Y sí, ya sé que en El País todos los periodistas van por libre. La imagen debe ser dantesca, cada redactor parapetado en su mesa escribiendo bilis sobre los demás. Ya digo, un mes y medio después, Fernando Neira escribe sobre el disco de Bebe que «entran ganas de buscar las cámaras ocultas. Porque alguien debe de estar tronchándose con nuestras caras de estupor».

Bien, allá cada uno con su alma. El relativismo estará muy bien, pero a mi esto me parece prácticamente un fraude. Venden con un artículo semanal a la chica mala de la música española y al final, quizás por venganza hacia la cantante que les había destrozado el negocio con una salida de tono de las gordas, sueltan al perro de presa de la redacción para que haga una crítica mortal al album. Esto es el capitalismo y el periodismo cultural vendido a él. Boyero, aún vendiendo constantemente su independencia, no deja de ser el peor de sus lacayos. Puede que no haya hipocresía detrás de su discurso y se crea todo lo que dice. Es una conveniencia total de intereses y gustos entre el mercado y el opinador.

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Unidos contra la cultura

En el periódico de Pedro J. Ramírez se han tomado un poco a guasa la noticia del cierre de Alta Films. De hecho, Luis Martínez escribe todo junto Altafilms. Si les digo la verdad, dudé de cuál era la forma correcta de escribirlo, porque después de tantos años es fácil cuestionar las aptitudes de Borja Hermoso y sus amigos. Pero no, es El Mundo el que lo escribe mal. También el ABC. Sí, a ese nivel hemos llegado. Es cierto que en una búsqueda sencilla por internet, puede provocar confusión, porque en el logo de la web aparece escrito sin espacios. Pero a poco que uno se lea una nota de prensa, puede salir fácilmente del error. Imagino que lo corrregirán. O no, que más da, si son los titiriteros.

Si uno lee el artículo de Luis Martínez nota una mala baba que sólo se puede entender desde la pose de amante despechada del diario al ver cómo la noticia se ha ido a la competencia. ¡El Mundo ha perdido una exclusiva! Mañana como castigo, toda la redacción tendrá que verse All The President's Men. O GAL, aquel esperpento escrito, producido y casi se podría decir que protagonizado por el propio Pedro Jota y sus peores lacayos. Con todo, a pesar de la necesidad que tiene la página web de El Mundo de tener un buen corrector ortográfico, el artículo toca varios puntos interesantes con los que podría estar de acuerdo, como cuando crítica la postura apocalíptica de muchos tuiteros. No cita a ninguno, lo que es un poco feo, pero quizás se refiera a esta recopilación que hizo El País, donde se cita mayormente a amigos o gente recientemente empleada por Alta Films.

Tampoco se cree Martínez este fin de González-Macho. Yo dije en Twitter que, si realmente fuera su final, habría anunciado su renuncia a seguir siendo presidente de la Academia. Si el máximo responsable de Alta Films llegó a la presidencia gracias a su valía al frente de una empresa, no sé si tiene mucho sentido que siga si su negocio está al borde de la quiebra. ¿Les suena Gerardo Díaz-Ferrán? Bueno, no creo que sea justo compararlos, recuerden que González-Macho asegura que cerrará cuando todo el mundo haya cobrado sus finiquitos. Tan golfo como el otro no es.

Y, como también dije en la entrada de ayer, ya anunciaba que el final no era, sino una etapa más. Pero era feo estropearle el trofeo a Borja Hermoso. Así que Luis Martínez habla de sobreactuación y exageración. Palabras algo feas cuando estamos hablando de mucha gente (no González Macho) que se va a ir a la calle. En la parte final, el redactor se mete en los dimes y diretes, diciendo que «cuando Macho advierte del desastre y anuncia el cataclismo inminente de todo el sector, ¿qué dice el sector? Pues lógicamente, se enfada. Ligeramente y en voz bajita eso sí». No cita a nadie, así que podemos creerle o bien pensar que eso es solo una proyección de sus propios deseos. No creo que «el cine español», si es que podemos utilizar esa etiqueta, se queje del tremendismo de González-Macho, porque aquí todos se están jugando la supervivencia y lo del presidente de la Academia parece ser una llamada de atención al gobierno, y ahí está claro que sí tendrán divergencias. Los grandes distribuidores de cine español querrán más ayudas automáticas sobre la taquilla, por eso del juego que da estrenar tus películas en tus propios cines. Los más pequeños prefieren el fin de estas ayudas y que se apoye más la producción directa de las películas, lo que dará más margen de maniobra. Pero creo que tanto a unos como otros no les viene mal esta llamada de atención, especialmente por la presencia mediática que está teniendo esta pequeña crisis.

Un último punto no relacionado con todo lo anterior. Como tampoco soy un compulsivo seguidor de series, he sido incapaz de descifrar el lenguaje críptico de este párrafo. Lo pongo aquí por si alguien me puede sacar de dudas: «En ninguna otra parte del ancho mundo las series de televisión se ven un día después del estreno en Estados Unido. Y en gran parte gracias a ese mecenas del bien ajeno llamado Juanito (los que las ven saben de lo que hablo). En definitiva, somos raros. Y en la Academia de Cine, más». No sé si está hablando de descargas de series. De ser así, creo que sería la primera vez que alguien habla abiertamente de ello, pese a que los periodistas seriéfilos de El País lo hagan con la boquita pequeña. El furor de las series y esa manía por intelectualizar hasta la más inane de ellas, supongo que será tarde o temprano protagonista de su propia entrada.

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Oti Rodríguez Marchante, rompeolas de Boyero en alguna que otra ocasión, también da su opinión sobre lo de Alta Films. Aunque yo casi nunca estoy de acuerdo con este crítico, y suelo aborrecerlo, le admito su decencia al no intentar disfrazar la opinión de información. Ni hable de un trágico fin de los tiempos.

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La familia del cine español
Ha empezado el Festival de Málaga, como sabrán, dedicado exclusivamente al cine español. Los objetivos no están muy claros, más allá de vender estrellas de la televisión, tener alfombras rojas y mucha prensa del corazón haciendo preguntas indiscretas. Ese modelo de festival apoyado por visionarios como Ignasi Guardans o Nacho Carballo. De lo que menos se habla es de cine, y por eso parece que el festival tiene algo así como un pacto de silencio con los periódicos para hablar lo menos posible del contenido (imagínense a Boyero en Málaga...) y sí mucho de industria, nuevas vías y modelos, perspectivas, legislación o infraestructuras, cosas más de un congreso de productores que de un festival de cine. 

De momento, si uno ve la cobertura de El País, El Mundo o ABC no queda claro si se trata de crónicas, declaraciones, entrevistas o notas de prensa adaptadas. Imagino que lo último. El festival empezó ayer, así que a ver con qué nos sorprenden.

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Relacionado con lo anterior, desde la página oficial del festival de Málaga aparece una noticia típicamente berlanguiana y española: el festival de Málaga homenajea... ¡al festival de Málaga! Pues sí, ya ven, en estos tiempos en los que desaparecen festivales y salas de cine de autor por culpa de la crisis, no han tenido mejor idea desde este particular certámen que rendir tributo a su primera edición. Ya dije antes que la principal motivación de sus responsables es tener alfombras rojas, así que lo cumplen siempre que pueden. Lean la noticia entera, porque no tiene desperdicio. En ella no se cita ninguna de las películas que se presentaron, pero sí información fundamental como que se hizo en pleno agosto sin aire acondicionado, que los actores viajaron en autobús desde Madrid o que el último día montaron una gran fiesta y María Asquerino cantó dos boleros. ¡Olé!

Bromas aparte, si alguien quiere saber algo más de aquel primer festival y, en el fondo, de aquella España, en un diario local le dedican un artículo algo más elaborado. La aventurilla del viaje a Gibraltar no sé cómo no se ha convertido ya en una de esas historietas de nuestro cine que se recuerdan todos los años cuando se acercan los Goya.

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Cuanto más bucea uno en las noticias sobre el evento, más se da cuenta uno de que el festival de Málaga merecería no una, sino varias entradas exclusivas. Resulta que han decidido programar La mula, otro de esos intentos de hacer cine «como el de Hollywood», en la añeja tradición de Samuel Bronston, sustituyendo, eso sí, a Nicholas Ray y Anthony Mann por Menno Meyjes o Michael Radford. Este último es el director de La mula, o más bien lo fue en algún momento de 2009, ya que huyó en mitad del rodaje, y desde entonces la productora española y la del cineasta entablaron una larga disputa legal que ha terminado recientemente y ha permitido el estreno del film. La parte española explicaba la demanda diciendo que tras el desplante del director inglés tuvieron que contratar a un segundo realizador. ¿A quién? No se sabe, pero podría ser desde el electricista hasta Mario Casas.

La película está en la selección oficial de Málaga y eso que se estrena sin director. Ni Alan Smithee. Simplemente «No-director». Pero da igual, porque el festival ya tiene a Mario Casas y a María Valverde en la alfombra roja.

Aquí la lista de famosos que lucirán palmito en la alfombra roja de Málaga, entre toda esa lista compuesta casi en su totalidad por estrellas de la televisión, destaca el nombre de Javier Angulo Barturén. Salvo que haya dos personas con el mismo nombre dedicadas al cine, se trata de un crítico decano de este país y desde hace unos años director del decadente Festival de Cine de Valladolid. Habrá sido una equivocación, pero como al festival andaluz le va eso de innovar de las peores maneras posibles, yo propongo una alfombra roja de críticos. Imagínense a Boyero, Heredero, Losilla, Fernández-Valentí, Eulália Iglesias, Mirito Torreiro, Miguel Marías o Toni Junyent haciendo el photocall. Éxito asegurado.

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Parece que los datos de la encuesta se resetean continuamente. No sé qué narices pasa. Si alguien tiene experiencia en blogger y puede ayudarme, se lo agradecería. Veo que a otra gente le pasa lo mismo.