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sábado, 27 de abril de 2013

La alegría creativa no tiene barreras, salvo las de El País

Ni a Orson Welles se le hubiera ocurrido.
Hoy hay varios temas en cinefobia(s) aunque todos tienen que ver con ese montón de papeles (y actualmente, páginas web) que un día fue un diario dispuesto a cambiar, a mejorar, la dinámica cultural de este país que salía de una dictadura que le declaró la muerte a los intelectuales. Hoy este periódico es un fantasma de aquel. Vendido por completo a multinacionales y lleno de noticias-trampa para pescar compradores, El País sigue intentando de vez en cuando jugar en la liga de la cultura. Algo de lo que nunca ha renegado formalmente, aunque sólo hace falta ver su parrilla de noticias. Así, esos periódistas que normalmente hablan de los bombazos de Hollywood o de series de televisión, de vez en cuando se ven obligados a escribir penosos artículos sobre el terrible devenir de la cultura en España, cuando ellos son, sino culpables, sí imprescindibles colaboradores. Todo lo que sigue a continuación es un poco anárquico, porque fue construido a lo largo de muchas horas, desde la medianoche de ayer y fue creciendo según salían nuevas informaciones, a cada cual más ofensiva para el lector cinéfilo.

Hay días que el festival de Málaga me da pena. Me dan pena sus responsables. Me dan pena los directores españoles que van allí con sus películas, mejores o peores, con toda la buena voluntad del mundo. Es gente que hace lo que puede, algunos equivocados, como ayer, el caso de Gracia Querejeta. Pero no es culpa suya estar condenados a morir en la orilla, por unos medios de comunicación inoperantes, sin política cultural alguna, entregados a la depravación cultural más básica. Los directores seguramente llegan a Málaga con ganas de hablar de sus películas, de lo que pensaban mientras las hacían y todo eso. Y luego llegan las preguntas, que si cómo fue trabajar con Penélope Cruz, que si quieres ir a Hollywood, que si Málaga es una ciudad preciosa. Me lo imagino. Miren la foto de aquí al lado. Salió en la portada de la sección de cultura en la edición digital durante el día de ayer. «Resistencia creativa frente al IVA». ¿Y qué es eso tan creativo? Pues convertir «la serie 'Todas las mujeres' en una película». Ese es el nivel al que se tiene que enfrentar un director de cine en este país. A que le hablen continuamente de anécdotas y de tonterías para sacar algún tipo de titular que ellos entiendan. Digo ellos, los periodistas, porque suelen tener una concepción de sus lectores muy baja: «eso el público no lo entiende». No se engañen, son ellos los que no entienden.

El artículo a mi me parece de un nivel de blog de tres al cuarto (nivel cinefobias), porque pese a ser un resumen de la rueda de prensa está lleno de ridículas e innecesarias valoraciones, y encima cuenta con la complicidad de los responsables del film, que en lugar de decir que lo de transformar la serie en película es lo de menos, están encantados de explicar todo el proceso.

Pero luego sigue, sin otro interés más que el publicitario: «Esta vuelta de tuerca a la película es algo así como una búsqueda de nuevos recursos creativos en estos momentos de incertidumbre a los que se ha lanzado a degüello Mariano Barroso. Con un guión y unos buenos actores todo se puede hacer». No ha explicado ninguno de esos recursos creativos, ni los explicará. Qué más da. Lo creativo es convertir series en películas (y viceversa). O también «la última aventura teatral que ha dirigido el realizador, Recortes, junto a Alberto San Juan y Nuria Gallardo» de la que tampoco se dice nada salvo que tras su éxito por Madrid, irá de gira por España. A lo mejor se refiere al éxito en taquilla. A saber, siendo El País, todo es posible. Citando a Barroso, añade: «No saben que cuanto más suba el IVA mayor será la resistencia artística. La alegría creativa no tiene barreras». Ya ven, toda la semana atacando al gobierno por lo de los impuestos y ahora viene Barroso y se quema a lo bonzo. «Ahora nos damos cuenta de la democratización del cine, que con una pequeña cámara uno puede hacer lo que quiera porque siempre encontrará actores con ganas de trabajar en su oficio». Y esto es cierto, pero lo dice Barroso con la seguridad de que siempre tendrá más medios que uno de esos que ruedan con una pequeña cámara.

De todas formas, a mi lo que más me gusta de todo es el cierre: «De momento, ya ha sido solicitada por varios festivales internacionales». Ya veremos, ya.

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Acabando esta entrada, me llega la noticia del palmarés del festival de Málaga con victoria de 15 años y un día, esa arriesgada película de Gracia Querejeta rodado con todo lo aprendido en un medio tan dado a la experimentación como es la televisión (la de Telecinco, específicamente). Pero las vencedoras morales quizás fueron otras, como Ayer no termina nunca, que se lleva cuatro premios: el premio especial del jurado, fotografía, montaje y mejor actriz para Candela Peña, aunque este último ex-aequo con Aura Garrido, por Stockholm, la película realizada, gracias al crowdfunding, por Rodrigo Sorogoyen.

Mención aparte merece el premio a mejor actor para Mario Casas por poner acento andaluz en La mula. Dentro de veinte años, si este festival sigue existiendo (cosa difícil de creer), se homenajearán a sí mismos diciendo que fueron los primeros en premiar a este excepcional actor.

El jurado de la crítica estaba presidido por el infame Andrés Arconada, conocido por ser el crítico de cine de Federico Jiménez Losantos. Ahí es nada. Su elección ya nos pone sobre aviso del nivel de la película. Fue, cómo no, 15 años y un día. También hicieron una mención a Stockholm, así que ojo.

El premio a mejor documental es para All'ombra della croce, del director italiano Alessandro Pugno. Estuvo en el Festival Punto de Vista, uno de los pocos (¿el único?) en España que defiende sin condiciones otras formas alternativas de cine español, sin confundir a nadie. Películas mejores o peores, pero una línea clara e inconfundible. Oirán hablar de esta película, porque trata sobre el Valle de los Caídos, ese «bello» mausoleo que nos dejó Franco. Material de primera para El País, El Mundo y otros buscadores de morbo.
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Hablando de festivales, viene otra noticia totalmente extravagante en El País titulada Míster Marshall no es bienvenido. El artículo trata sobre la falta de películas españolas en los festivales internacionales. Vuelvan a leer el título, que da muchas pistas de lo que piensa El País sobre el tema: la culpa es de los propios directores españoles, que no quieren ir al extranjero. Tremendo.

Si leen el blog habitualmente, sabrán que lo que yo pienso es que si el cine español no tiene éxito no es por falta de calidad general. Hombre, mi opinión sobre el cine español, en general (porque hay multitud de excepciones), es que no es muy bueno. Pero en fin, que el éxito mediático no depende de ser bueno o malo. Si fracasa el cine español es por la desprotección total que sufre por parte de las instituciones y el ataque sistemático al que se ve sometido por los medios de comunicación. Eso en el mejor de los casos, porque siempre generará debate. Lo peor es el silencio hacia los creadores más independientes, siempre tratados como anécdotas casuales, a los que se les dedica un articulito cada dos años. Y ya es mucho.

El texto de El País comienza diciendo que este año no habrá ninguna película española en Cannes, quitando al burgalés Diego Quemada-Díez, con una película mexicana. Luego cita, casi con tristeza, que en la Semana de la Crítica tampoco habrá representación, pese a que el año pasado ganó Aquí y allá de Antonio Méndez Esparza. Y enlaza una entrevista a este director, en lugar de poner la vergonzosa crítica de Javier Ocaña, que define perfectamente el tipo de información cultural que da El País y por qué está como está el cine español, que se resumiría de la siguiente manera: cuando una película es comercial, es honesta, directa y apta para todos los espectadores; pero cuando un filme tiene algún tipo de exigencia, es autoindulgente, tedioso y sospechoso de querer venderle la burra al espectador. Lean el texto de Ocaña y quédense bien con el final. No lo analizo más, porque un poco más abajo ya le zurro suficiente a este crítico.

El texto continúa con una enumeración de los recientes logros en Cannes, empezando por El sol del membrillo de Víctor Erice (ese anónimo según Boyero). Y luego, claro, hay que citar a Almodóvar, el enemigo de la redacción. Y fíjense cómo lo hacen. Citan las tres películas que se llevaron honores en Cannes, pero luego dejan bien claro que las dos últimas se fueron de vacío. ¿Por qué hablar de películas que no ganaron nada cuando al principio del párrafo sólo se pretendía glosar aquellas que sí lo habían conseguido? Pues porque duele citar para bien a Almodóvar, ese que desafió a El País, que está en guerra permanente contra Borja Hermoso y Carlos Boyero. Raro es que no citaran la no participación Los amantes pasajeros... Fíjense que a continuación citan un bodrio (opinión personal, claro) como El laberinto del fauno diciendo que «solo obtuvo buenas críticas». Ya ven, con el cine comercial pseudohollywoodiense no caben más cosas que la genuflexión total. En 2009 dicen que participó Ágora, el disparatado (y penoso) peplum de Amenábar, pero se olvidan de que también estaba Isabel Coixet con Mapa de los sonidos de Tokio. Más aún, citando el palmarés de 2010, hablan antes del premio a mejor actor a Javier Bardem que la Palma de Oro, que era una coproducción española. Sobra decir que Bardem es uno de los hombres-anuncio de El País y a la mínima que hay en la red algún tipo de rumor sobre el actor, el diario ya le da valor de noticia. Vean cómo se emocionaron con esta «noticia» hasta el punto de hacer una redacción distinta para la edición impresa. Luego resultó que todo era especulación y tres meses después el proyecto se fue a pique, pero El País ya lo vendía como «'La torre oscura' de Javier Bardem». A un simple rumor le dedicaron más espacio y protagonismo que a una Palma de Oro parcialmente española. Y luego dicen que Mister Marshall no es bienvenido. En la redacción de El País desde luego sí que es bienvenido, Mister Marshall y el tío Sam.

¡La directora del ICAA habla de sí misma en tercera persona!
Luego, tras enumerar otros festivales, donde como siempre hay muchos olvidos interesados, para defender solo una idea de cine, que es lo que quiere El País, llegamos al momento estrella del artículo, que son las declaraciones de Susana de la Sierra, directora del ICAA, o eso dice. Miren cómo empieza: «“Si miras otros festivales mundiales, descubrirás bastantes películas y premiados españoles, como en el último BAFICI [el certamen de cine independiente de Buenos Aires se cerró el pasado sábado con tres premios a españoles]”». Yo supongo que esos corchetes forman parte de una aclaración de El País. Lo ponen como si fuera de conocimiento general que hay un festival muy importante en Buenos Aires y que allí sí se premia cine español. Y ustedes se preguntarán, ¿cuál es el interés del antiguo diario independiente de la mañana en ese cine? Pues ninguno, claro. El más absoluto silencio. Lean la primera nota de esta entrada. Recuerden cómo se celebraba que esa serie transformada en película fuera solicitada por varios festivales internacionales. No citaba ninguno, porque había que vender que estábamos ante algo prestigioso, diferente, creativo. Pero un cine que pese al desprecio institucional, pese al desprecio de los medios de comunicación, se cuela en festivales internacionales y consigue premios, bah, ese nada, qué más da, si son películas que no verá nadie. Eso es la cultura para El País. La cultura para nuestra directora del ICAA (tendrá una entrada aparte, porque se lo merece). Miren lo que dice al final: «Es cierto que en esa línea los programadores de todo el mundo nos reclaman películas como La plaga, de Ballús; Mapa, de Simiani, o Los chicos del puerto, de Morais». ¿Y Todas las mujeres de Mariano Barroso no se la han pedido? ¿Y 15 años y un día de Gracia Querejeta? ¡Qué sabrán estos programadores! Mira que pedir esas películas raras que no conoce ni dios, incluso una de «Simiani» (así escrito a las 13:15, a ver si lo editan), ese que perdió en los Goya.

Eso es lo que le interesa el cine español a El País. Es simplemente una oportunidad de negocio. Si no entras en ese juego, no existes.

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Ayer fue día de estrenos, así que en El País hay un montón de textos publicitarios de sus mercenarios. Por supuesto, lo único que huele mínimamente a cine de autor (la película de Isabel Coixet) es masacrada, cómo no, por Javier Ocaña (ya les amenacé antes con su regreso), ese crítico que decía que no le gustaba el estilo Boyero y que una vez a la semana sale de la jaula donde le tiene encerrado la dirección del periódico para escribir sobre las películas que nadie quiere. La crítica de Ayer no termina nunca es penosa, y encima tiene la desfachatez de comenzar con varias citas a un artículo de Coixet para reírse de ella. Las citas encima están sacadas completamente de contexto, ya que pone la siguiente frase «aunque el cine esté muerto, los cineastas vamos a seguir bailando» que, referido al cine de la catalana puede parecer una cursilada, pero en el artículo viene de una referencia a Bad Lieutenant: Port Call of New Orleans, la película de Werner Herzog donde un Nicolas Cage a tope de drogas veía muertos bailando break y les volvía a disparar. ¿A que cambia la cosa? Pues miren cómo cierra «la autora se ha aplicado el cuento de aquel artículo (“aunque nos pongan a parir”), y eso es magnífico. Coixet, desde luego, sigue bailando». La pena, Javier, es que tú sigas escribiendo.

Boyero, por su parte, hace una defensa moderada de Combustión (#aupacalparsoro) que como siempre en este peculiar periodista, no hay quien se crea. Se levantó con ganas de que le gustase y claro, le gustó. Vean lo que dice: «El director Daniel Calparsoro parece sentirse a su aire con esta historia de sentimientos broncos, situaciones extremas, actitudes complejas, desgarro y violencia. Y no es un impostor ni sigue una moda. Es lo que lleva contando con mayor o menor fortuna desde su primera película». Cosa que puede tener parte de verdad, aunque si Calparsoro es honesto y no sigue ninguna moda porque lleva haciendo lo mismo desde siempre, ¿por qué este opinador profesional tacha de timadores e impostores a Manoel de Oliveira (al que incluso deseó la muerte), Tsai Ming-liang, Pedro Costa (del que dijo que merecía una querella criminal... aunque al final fue Boyero quien consiguió una) y tantos y tantos otros? ¿Ven como los argumentos, ni siquiera las opiniones de este opinador se sostienen por ningún lado? Y luego añade: «Alguien muy informado me comenta que la principal referencia de Combustión es la serie de películas de Hollywood titulada A todo gas. No he visto ninguna». Lo que deja muy claro de lo informado que está Boyero de las modas y de las imposturas. No está informado ni de las suyas.

Cierra de la siguiente manera: «Y Adriana Ugarte, que no es un pibón, despliega una sensualidad y un poder de seducción muy creíbles». ¿Qué sería de Boyero sin alguna palabrita de la jerga común, él tan rebelde, tan a contracorriente? Su escritura zafia, barriobajera, se presta a ello.

También se ha estrenado Iron Man 3 y, cómo no, la crítica la escribe Jordi Costa. Ese crítico que siempre quiere hablar de películas independientes, de cine de autor, pero jopetas, qué mala suerte, al final le tocan blockbusters. Ya saben que para él todo el cine es lo mismo, desde un video de Youtube a una película de trescientos millones. El problema es que casi toda su producción son textos sobre estas últimas. Y tan pancho. Para mi, el mayor mérito de este crítico es que suele abordar las películas de manera respetuosa. Esto no debería ser un aliciente, pero visto el nivel de su periódico, hay que valorarlo. Hace casi siempre el mismo discurso post-todo, pero eso es mejor que la batería de descalificaciones y lenguaje soez de sus compañeros de redacción.

Su crítica de la película de Shane Black se titula 'Mascletá' de ingenio, precisamente lo que no tiene él. Lo de mascletá imagino que es por las explosiones. O quizás por la fiesta y el folclore. O por la corrupción valenciana. A saber, no lo explica. Porque Costa nunca explica nada, únicamente hay huidas hacia adelante. Todo es posmoderno, así que todo se mezcla con todo. Cada vez más referencias e ideas, sin explicar ninguna, incluyendo una cita a Pauline Kael que solo entiende él y los «puestos» en el tema. Es muy habitual, de todas formas, eso de soltar nombres, porque sí. También dice «La película está plagada de ideas brillantes» y pone dos puntos. Y yo pensando, bueno, por fin, le queda solo un párrafo, pero a ver... «desde las alusiones a Los vengadores como foco de los ataques de pánico de Stark hasta la verdadera naturaleza del villano encarnado por Ben Kingsley». Y yo aquí me quedé un poco con cara de tonto, porque lo brillante no sé si es que se aluda a Los vengadores (espero que no sea eso) o alguna alusión determinada, que al no ser nombrada no puedes saber si es brillante o no. Imagino que Costa piensa que es más importante hablar del pasado de Shane Black (que puede ser interesante, pero no fundamental) o citar a Pauline Kael, antes que plasmar en el texto algo de lo que sale en la película. Porque al fin y al cabo, como ocurre con casi todos los textos de Jordi Costa, podría ser sobre Iron Man 3 o sobre cualquier otra cosa. Podría analizar su otra crítica sobre una película danesa, pero dado el reducidísimo espacio que tiene tampoco voy a hurgar en la herida.

Si les ha gustado la crítica de Iron Man 3 de Jordi Costa de el País (que puede ser, espero que no se fíen nunca de mi opinión), pueden seguir con la crítica de Fotogramas, que también escribe. Ya ven lo ecléctico que es. Podría hablar bastante de ese texto, pero, de nuevo, es tan pequeño, que no merece la pena. Quédense con lo de la «falibilidad del superhéroe» como «idea estimulante». Y yo me pregunto, ¿hay alguna película de superhéroes que no tenga esa «idea estimulante»?

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La posmodernidad era esto: reflexionando sobre el cine de Jean-Luc Godard.
En El Mundo, Luis Martínez tiene más espacio para hablar sobre Iron Man 3. No voy a analizar la crítica, que no he leído, porque antes quiero ver la película. Me he leído la de Costa, porque conociendo al crítico ya sabía que no iba a contar nada que me molestase el visionado. Pero aún así, he mirado la introducción y hay algo que rescatar. Voy a citar todo el primer párrafo, solo para que no tengáis que pinchar el enlace (dándole visitas a El Mundo) y leerlo. Dice: «Empecemos por retener un nombre: Shane Black. Él es el que firma la última entrega de 'Iron man', la tercera oficial y la cuarta (si incluimos 'Los Vengadores') de manera oficiosa, y, para evitar suspicacias innecesarias, nos cae bien. Suyos son los guiones de 'Arma letal', obra cumbre del peinado ochentero 'mullet', y en su corta carrera como director figura ese sorprendente delirio, entre la parodia y el simple frenesí, titulado 'Kiss kiss bang bang'. Para lo muy cafeteros, recordar simplemente que su anatomía desmadrada hacía acto de presencia delante de la cámara en, por ejemplo, 'Depredador'».

¿Por qué cito esto? Porque luego dice: «Más sencillo, no es familiar de Godard». Así, un párrafo con esa frase únicamente. Y ahora, pensarán que me lo estoy inventado. Aquí les dejo de nuevo el enlace por si no me creen. Yo tampoco me creería, pero es verdad. O quizás es cosa mia, que tengo el cerebro tan podrido de leer a esta gente que ya soy incapaz de comprender su forma de pensar.

Yo creo que este crítico debe escribir desde hace tiempo bajo los efectos de alguna droga. Comprensible, porque debe ser la única manera de escribir en El Mundo sin tener tendencias suicidas.

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El Festival D'A de Barcelona ya ha empezado y con él las inevitables crónicas. En ese aparato de propaganda del poder que es La Vanguardia, hay comentarios extensos de Jorge Mauro de Pedro. A mi siempre me ha parecido un mal crítico y peor escritor. Su texto más que ser un comentario crítico de cine parece la consulta del psicólogo. Vean esta sentencia: «À perdre la raison, de visión obligatoria para todos aquellos hombres que presumen con demasiada ostentación de amar a sus mujeres».

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Muy interesante artículo de Manuel J. Lombardo sobre el caso Alta Films, donde se analiza su decadencia más allá de la coyuntura económica. Estoy muy de acuerdo: el problema de la distribución de cine de autor en España es que ha ido adoptando una óptica de mercado, buscando la rentabilidad máxima. Algunos pueden pensar que es lógico, porque es un negocio y hay que sobrevivir. Pero como dice el propio artículo, González Macho captaba fondos europeos por la promoción que hacía estrenando cine europeo. Pero en lugar de elegir un cine europeo que respondiese a un interés cultural ajeno a las modas y los vaivenes del mercado, prefería tirar por ese cine enlatado y académico que aspira a conseguir la nominación al Oscar a mejor película extranjera y, de no hacerlo, al menos alguna candidatura a los premios del cine europeo.

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Pornografía por todos lados. Especialmente en ese contenedor de basura que es El Mundo.

viernes, 26 de abril de 2013

La España del todo vale

Hemos tenido un presupuesto muy ajusJAJAJAJAJAJAJAJA
Ya es algo habitual: empiezo a desarrollar alguno de los temas que quiero tratar en este blog y se cruza una noticia que uno no puede dejar pasar. Suele estar relacionada con el festival de Málaga, que ya inicia (por suerte) su recta final. Eso sí, va de mal en peor y miren que empezó con Isabel Coixet. Ayer llegaba Gracia Querejeta, esa directora de apellido inconfundible que ha conseguido tener una carrera cinematográfica gracias a su enorme tesón y esfuerzo, sin que nadie la ayudara, no como todos esos directores independientes que ruedan cualquier cosa y encima se forran con las subvenciones.

En El País le dedican una noticia enterita a ella sola (porque habla de temas trascendentes, no como la milonga esa del tráfico humano) y ya para empezar con fuerza dice: «He sido muy feliz rodando porque rodar en España ya es una hazaña». Yo me pregunto qué cara se les queda a todos los que ruedan al límite de la supervivencia cuando un amigote de la marca «cine español» dice estas cosas. Luego baja el nivel y comenta: «He tratado de disfrutar cada segundo porque me parecía un auténtico lujo». Y eso sí que es verdad, lo suyo es un lujo. Aunque posteriormente deja bien claro lo que ella hace y lo que quiere hacer: «La industria ha llegado a unos momentos lamentables de crispación y desencuentro». Industria es esa palabra clave que para muchos va siempre delante de cine, cuando debería ir detrás. Una industria no debería crear cine, sino que el interés en los creadores podría llegar a dar lugar a una industria, que es lo que pasó en Italia en los años 50. Comenzaron poniendo cámaras entre las ruinas de la guerra y terminaron montando Cinecittá. Evidentemente, cada momento histórico es diferente e incomparable, pero se habla mucho de la estructura y de la política que hay que llevar a cabo en el cine español, pero nunca de qué «cine español» estamos hablando, porque no todo es igual.

Después hace un recuerdo emocionado de su padre y suelta otra perla: «En algún momento se ha llegado a pensar que Elías criaba directores mimados que solo podíamos rodar de una determinada manera. Yo soy el claro ejemplo de que eso no es así. Me ha dado tablas para moverme de otra manera, y no solo a su manera y en sus tiempos». Esto aparece al final del segundo párrafo. Y yo con el punto y aparte reflexioné durante unos segundos sobre la posibilidad de que a lo mejor esta directora pues había hecho una obra arriesgada en este tiempo, o algo con poco dinero, sin ayuda de productores amigos, ni nada. Algo tan tan independiente que no se vio en ninguna parte y que le cambió la vida. Por eso de las «tablas para moverme de otra manera». Pero miren a lo que se refiere: «Al no poder levantar el proyecto, driblé a la televisión en un momento bueno y los años que he pasado dirigiendo las series –empezó con Hospital Central- han sido decisivos en mi manera de enfrentarme al oficio». ¡A la televisión! ¡Jopé, qué riesgo! Y Hospital Central, nada menos. Sigue: «Creo que he conseguido sacar de la televisión lo más positivo que es la versatilidad, la capacidad de reacción en segundos, cosa que en el cine que yo había hecho antes era mucho más pensado. Me ha dado sentido de oficio, que consiste en dirigir, unas veces con más medios, otras con menos, otras incluso de encargo». Y tras esto, a mi me da mucho miedo imaginarme cómo rodaba antes Gracia Querejeta. Pero que sepan que ahora su estilo (¿?) habitual se ha visto influenciado por Hospital Central. Entro en IMDb y me fijo en que también ha dirigido episodios de Cuéntame y de U.C.O., una serie de la que es mejor no acordarse ni poner link alguno. Ahora sólo falta que vuelva Icíar Bollain y nos diga que su estilo (¿?) se ha visto influenciado por el anuncio de Campofrío

Hasta Luis Martínez, el crítico de El Mundo, se acercó a Málaga para realizar su crónica. Debe ser que es una película que genera interés. Ni idea. Hice un intento por analizar ese texto, pero se escapa a mi comprensión. Creo que es culpa mia. Si alguno tiene el atrevimiento de leerlo, le pido al menos que me explique la relación entre los títulos que pone y los párrafos siguientes.

Es la primera película de Gracia Querejeta sin su padre. De ahí todas las «penurias» que ha sufrido para levantar un proyecto independiente, personal y producido por el siempre audaz Gerardo Herrero. Sí, Gerardo Herrero, acostumbrado a ganar en Málaga por lo civil o por lo criminal.

En definitiva, mi opinión es que la industria del cine hace muy bien en quejarse, pero me parece muy mal esa confusión que, interesadamente, generan. Mezclando un montón de cosas que no tienen nada que ver. Si tú haces un cine comercial, eso no significa que sean naves especiales y gente con superpoderes tratando de salvar la civilización. No hace falta que te exhibas como un autor en peligro de extinción, que consigue hacer películas pese a todo un sistema en contra. Yo creo que mientras no exista esa reconsideración, la industria del cine español está condenada a la precariedad.

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Si el todo vale se da en el mundo del cine, ya no les digo en el del periodismo. No, no les voy a hablar de Boyero, aunque hay casos y casos. Su método es conocido: insulto películas, directores y críticos, amparándome en el articulo indeterminado y en que seguramente no me vayan a leer, y luego si me cuestionan es porque son unos nazi-estalinistas. Libertad para agredir. Libertad para insultar.

Imposible decir más mentiras en 140 caracteres.
Este método lo reproduce a la perfección Bieito Rubido, director del ABC (y autor de un libro sobre fútbol, por eso de que los periodistas son los que más saben de todo), durante estos días. Fíjense que desvergüenza. Resulta que este personaje puede insultar gravemente a una víctima de ETA en nombre de la libertad de expresión, pero si alguien le dice algo a él, se atreve a exclamar: «De Torquemadas en los medios estoy cansado». De Torquemadas sí que sabes tú bien, que vas todas las mañanas a la COPE a soltar la homilía. Miren que a mi Madina es un político que no me gusta nada, de esa vertiente «urbana, moderna y desenfadada» que tanto te dicen una cosa como la contraria, pero que lo acusen de cercanía a ETA cuando estuvo a punto de morir en un atentado, ¿cómo se come eso? ¿Hasta dónde va durar esta barra libre de los periodistas? ¿Y dónde está esa Asociación de Víctimas del Terrorismo, tan apolítica, tan defensora de los derechos de los damnificados?

Por no haber, no hay ni reacción en el PSOE, ese recuerdo lejano de un partido político, dirigido por un político que debería estar jubilado ya hace muchos años y compuesto mayormente por políticos nacionalistas que dicen no serlo o lo dicen con la boca pequeña, porque ya saben que en España el nacionalismo (el minoritario, ojo, que el de la roja, la tortilla y la paella es popular, natural y propio de la tierra) es casi sinónimo de romper España, de terrorismo y de cosas peores.

Dicen en el PSOE que van a denunciarlo, pero que le dan un deadline hasta el lunes. ¿Por qué? Pues porque es lo que le faltaba al PSOE, que el único diario de la derecha que no le zurra por todas partes, se pusiera también en su contra. O más en su contra. Una vergüenza.

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Perdonen el off-topic. Para compensar, esta crítica de Promised Land de Gus Van Sant, a cargo de Ismael Marinero, en Miradas de Cine. No es una crítica positiva, y por lo tanto no estoy de acuerdo con él. Pero es una crítica mesurada. Y habla de la crítica, pero, milagro, no de manera indeterminada, sino que cita específicamente a quienes se refiere y habla de ellos desde el respeto. Sobre el tema que trata, yo creo que Promised Land es una película comercial y tradicional, pero creo que sus ideas sobre el paisaje y sobre el pueblo americano, en abstracto, sí me parecen interesantes. El paisaje, es muy de Van Sant, y esa abstracción de América, como conjunto de valores cívicos, espero que sea algo que el director explore en el futuro.

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Crítica de Like Someone in Love en Transit. Escribe Faustino Sánchez. Me gusta también bastante, y eso que a mi el filme de Kiarostami me parece flojo. Dice algo muy interesante, al principio: «se salva cuando hace funcionar su engranaje simbólico sobre sí misma y sobre su entorno cultural». Estoy de acuerdo en eso. Bueno, de acuerdo no, porque ni aún así se salva. Pero vamos, la redención de Kiarostami pasa por ahí.

domingo, 21 de abril de 2013

Boyero desencadenado

El método Boyero
Tenía ya pensada la próxima entrada de este humilde y recién estrenado blog, con muchos de sus apartados y enlaces buscados, pero apareció el crítico estrella de El País y lo cambió todo. Empezaré diciendo que Carlos Boyero no es crítico de cine. Ni periodista cultural. Pertenece a la raza, profundamente española, de los opinadores. Gente que sabe un poquito de todo y, si no sabe, da igual. Las televisiones están llenas de esta gente, que pueden hablar durante horas de economía, de terrorismo islámico, de física nuclear o de tácticas futbolísticas. No sólo eso, sino que encima se permiten discutir a expertos que han dedicado toda su vida a esos temas. Porque ya he dicho que en España lo intelectual está mal visto e incluso Boyero lo ha usado en tono despreciativo.

Este personaje nos sorprendió ayer escribiendo un artículo sobre Alta Films, la empresa de González-Macho que ha anunciado su próximo cierre. Yo me esperaba un texto laudatorio de González-Macho, hablando largamente sobre sus experiencias, lo mucho que aprendió de este cine y de todas las maravillas que este distribuidor y productor hizo por el cine español. Bueno, largamente es un decir, porque tampoco se puede extender mucho en el exiguo espacio que le dedica El País, mucho menos que el que le ceden para machacar las películas de Pedro Almodóvar, ese director que no le interesa nada. Pero bueno, en un ejercicio de coherencia, El País le dedica a Alta Films el mismo espacio que le dedicaba cuando estrenaban una de esas películas raras de cine de autor.

Entonces tenemos a Boyero frente al papel, dispuesto a hablar de su amigo. Un homenaje merecido a un hombre de cine, que entregó gran parte de su vida al negocio de la distribución, a traer el cine que nadie se atrevía a traer. ¿Será algo así, no? ¡Pues no! Un crítico habituado a soltar sapos por esa bocaza, es incapaz de soltar nada que no sea desagradable u ofensivo hacia alguien.

Más aún, es tal la vanidad de este hombre, que dedica la práctica totalidad del texto a hablar de sí mismo. Un héroe en un mundo de hipócritas culturales, izquierdistas, intelectuales, progresistas, perroflautas y toda esa calaña. Pero más que un tema de vanidad, que también, yo creo que habla de sí mismo por otro bien diferente. Que no tiene ni idea de lo que hablar. Es decir, Boyero, el comentarista que desprecia por defecto todo lo que estrena su amigo, ¿qué va a decir? Miren cómo empieza: «Las primeras noticias que tuve de la existencia profesional de Enrique González Macho fueron películas rusas que él distribuía a través de una pequeña distribuidora». Ya dice justo a continuación que no le gustaban nada. Podríamos dudar incluso de que si se habrá visto alguna. Tienes que hablar del trabajo de tu amigo, pero no sabes nada de él, no te interesa en absoluto. Ese es su nivel periodístico. Un hombre que estrenó películas rusas, eso dice. Ah, espera, Dersu Uzala.

A partir del primer párrafo, González-Macho deja de ser distribuidor cinematográfico y pasa a ser guardaespaldas de Boyero. Y ahí nuestro pizpireto periodista sí que puede contar mucho, sobre él mismo. Habla de sus problemas en Guía del Ocio y de la censura y los juicios. La referencia a Florentino Pérez no es baladí. Quizás sepan los lectores que Carlos Boyero, dentro de su labor como opinador profesional, también se considera una de las personas que más sabe de fútbol del mundo, siendo seguidor del Real Madrid. Tiene desde hace años una disputa personal con Florentino Pérez (quizás debido a ese affair en Guía de Ocio), seguramente un ser mafioso a la altura moral de Boyero. El enfrentamiento entre ambos llegó a su punto álgido en agosto de 2011, cuando de los dulces labios de Boyero salieron las palabras «nazi portugués» referidas a José Mourinho (entrenador del Real Madrid) durante una de sus muy concurridas entrevistas digitales.

¿Les suena de algo eso de frivolizar con el tema del nazismo? Fue uno de los temas predilectos de Federico Jimenez Losantos (este último enlace es de El Mundo, así que les recomiendo no pinchar para no darles visitas) durante años, empeñado en que en Catalunya se repetían las mismas acciones que en la Alemania de los años 30. Y más recientemente, María Dolores de Cospedal se cubrió de gloria al comparar al colectivo de afectados por las hipotecas (PAH) con los nazis. Ya ven, ilustres representantes de esta derecha ultra española, utilizando exactamente los mismos métodos que Boyero. Si no estás conmigo, si no te pliegas a mi voluntad, eres un nazi. Pero la cosa va más allá, porque en el colmo de la hipocresía más absoluta, Boyero escribió el 13 de abril de este mismo año un texto llamado ¿Nazismo? (recomendable saltarse el primer párrafo si todavía creen que el periodismo cultural tiene futuro) donde abomina la conducta de Cospedal y su manera frívola de relacionar las actuaciones de la PAH con el nazismo puro. Sin embargo, a Boyero le parece maravilloso relacionar esta ideología con algo tan serio y trascendente como el fútbol. En el texto sobre Alta Films, Boyero dice que lleva «toda una vida sin intentar engañarme a mí mismo ni a los que leen lo que escribo». Supongo que intentarlo no es conseguirlo. Y también: «Tengo un olfato privilegiado para detectar la gilipollez, la impostura, lo que conviene decir y opinar en tiempos convenientes».

Por supuesto, ni Florentino Pérez ni José Mourinho se quedaron de brazos cruzados y le pusieron una denuncia, porque la libertad de expresión, nos guste o no, no es un todo vale. Lo de «nazi portugués» no sé si lo han notado también, pero para mi tiene claras connotaciones racistas. No sé en qué situación está el tema. Hasta ahora Boyero había masacrado a pequeños directores y productores que apenas tenían suficiente para seguir a flote. La conducta del matón. Pero el Real Madrid es otra cosa bien distinta. Si le condenan a pagar la multa que se merece, no se preocupen, que en seguida lo seguirá utilizando para su campaña de autopromoción como gran adalid de la libertad de expresión.

No sé ustedes, yo veo todo el tema del segundo párrafo del artículo como una manera de hablar de sus frustraciones acerca del tema futbolístico. ¿O se creen ustedes que los responsables de todas esas películas pequeñas que Boyero masacra a lo largo de sus visitas a los festivales se ponen en contacto con El País para que censuren a su crítico estrella? Supongo que por elegancia (ja), Boyero no cita un solo caso. Bueno, uno a favor: cuando González-Macho amenazó a una de las empresas en las que trabajo Boyero para que le permitieran decir a este último todo lo que quisiera. Es decir, que si una empresa tiene la elegancia de buscar una opinión que no sea una catarata de descalificaciones y disputas personales, en seguida aparece el amigo de Boyero para protegerle.

Digo que no me creo que realmente existiesen tantas presiones como parece expresar, porque en el tercer párrafo habla del único momento donde unos pobres individuos, sin nada mejor que hacer, decidieron escribir una carta preguntando (no amenazando) a El País si se identificaban con la línea cultural que seguía su crítico estrella. Mucha gente, de muy diferentes áreas, creyó ver en esta jugada un intento por parte de estas personas para que censuraran o despidieran a Boyero. Sinceramente, si uno lee la carta es difícil llegar a esa conclusión, salvo que se tenga una mente retorcida. Bueno, rectifico, si El País admitiese tener un fuerte compromiso con un cine que se escapa de la norma, debería admitir que en ese tema estaba siendo irresponsable al designar a Carlos Boyero para cumplir ese cometido. Y, como consecuencia, lo más lógico sería encargarle esa labor a otro crítico que tuviese una sensibilidad más amplia o un afán divulgativo más desarrollado. Lo que se extrae del silencio de El País es que realmente estaban de acuerdo con su crítico y que esa era su nueva política cultural. Sobre esta deriva del otrora diario independiente, y sobre sus nuevos dueños, ya habrá tiempo para hablar.

Boyero, con su estilo habitual (el insulto), habla de «doscientos idiotas anónimos». La palabra «anónimo» es conflictiva, por no decir que es una mentira tan grande como una catedral. Si con anónimo se refiere a que estas personas le atacaron sin personarse, es mentira, porque los doscientos firmantes aparecen con sus nombres y sus apellidos. Y si pretende darle el significado de personas que nadie conoce, pues hombre, todo es opinable, pero es difícil considerar a alguien como Víctor Erice una persona anónima. Dos de sus películas, El sur y El sol del membrillo, participaron en la sección oficial del Festival de Cannes. La segunda de ellas ganó dos premios en esa edición. Su otro largometraje, El espíritu de la colmena, ganó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. ¿Quizás es que Víctor Erice es un producto del pasado? Bueno, fue miembro del jurado oficial del festival de Cannes, compartiendo lugar con Tim Burton y Benicio del Toro. ¿Les llega? ¿No? En la reciente encuesta de Sight & Sound sobre las mejores películas de la historia, aparecen tres películas de Erice, La morte rouge, El sol del membrillo y El espíritu de la colmena. Esta última es la mejor colocada. En las votaciones de los críticos está en el puesto 81. ¿Les parece un puesto muy bajo en el que solo se mueven películas desconocidas? Justo por debajo, compartiendo la posición número 84 se encuentran, entre otras, Fanny och Alexander, de Ingmar Bergman y Casablanca, de Michael Curtiz. En la lista de las votaciones de los directores aparece en la plaza 107. Aún así quizás esto no le convenza a nadie, seguramente todo se deba a un lobby español de amantes de Erice, ¿no? No, claro que no. Entre los votantes hay, además de españoles, canadienses, sudafricanos, ingleses, franceses, tailandeses, australianos, eslovenos, noruegos, chinos, nigerianos, iraníes, portugueses y, por supuesto, estadounidenses. Entre estos últimos, Monte Hellman, director de Two-Lane Blacktop, entre otras. Todos ellos seguramente convencidos por algún pérfido comisario cultural nazi-progresista para joder a Boyero.

Más anónimos: Chantal Akerman, Lisandro Alonso, Mercedes Álvarez, Pedro Costa, Claire Denis, Amat Escalante (este año en la sección oficial de Cannes), Jean-Michel Frodon (ex-director de Cahiers du Cinéma), Catherine Gautier (de la Filmoteca española), Isaki Lacuesta, Carlos Losilla, Luis Miñarro, Javier Rebollo, Albert Serra o Santos Zunzunegui. Evidentemente, se pueden discutir estos nombres, pero es difícil tratarlos de anónimos. Quédense con eso de «solo valorados a nivel familiar» referido en este caso solo a Erice y Guerin. ¿Tengo que repetir la lista de nacionalidades que votaron por El espíritu de la colmena en la lista de Sight & Sound? No sé, lo único que me cuadra es que Erice haya sido marinero o algo así y fuese dejando hijos por todos esos países.

Se refiere al manifiesto firmado en primera instancia por Guerin, Erice, Miguel Marías y Álvaro Arroba como algo «inútil», pese a que han pasado ya ¡cinco! años desde entonces y sigue sacándolo siempre que tiene ocasión (especialmente si le toca hablar de alguno de los dos directores). Ya ven, de los múltiples y constantes desafíos que ha sufrido Carlos Boyero a lo largo de su vida, solo es capaz de acordarse de uno en este momento tan especial.

Se olvida también de su mayor enemigo, Pedro Almodóvar, que también mostró interés en firmar el documento... con dos años de retraso... y luego tampoco fue muy elegante diciendo eso de «estaba fuera y no tuve ocasión de adherirme a aquel manifiesto».  El director de La piel que habito luchó durante años para que sus películas no recibieran el desprecio automático del crítico estrella. Por supuesto sin éxito, ya saben que no cambia de opinión. Más bien es la realidad lo que cambia para adaptarse a su visión del mundo, como en el tema del nazismo. Más arriba tienen un estudio pormenorizado realizado por Raúl Pedraz. ¿Es Almodóvar también un anónimo? ¿O ese no cuenta por llegar tarde?

En fin, después de pasarse todo el texto engrandeciendo su ego, al final afirma sin sonrojarse «podría contar cosas feroces». Imagino que era más importante acordarse de Erice, Guerin y los doscientos anónimos. Que era preferible la puyita a Florentino Pérez. Eso Boyero lo considera digno de publicarse. No me quiero imaginar lo que entiende por «cosas feroces».

La última perla de Boyero es eso de que González-Macho siempre eligió su cine «con cerebro». Sí, ese cine que Boyero dice aborrecer. ¿Será un gesto de objetividad de Boyero? ¿O simple amiguismo? Prefiero no interpretar y dejarlo en el aire. Quizás se refiera a que las escogía con inteligencia empresarial. No sé, miren este memorable titular de una entrevista de JotDown, esa revista donde invitan a gente de todo tipo y pelaje para hablar de lo divino y de lo humano. ¿A qué se deberá la caída de Enrique González-Macho puesto que un gran hombre como él debería haber sobrevivido sin subvenciones, que es precisamente lo que critica el productor? Puede que tengamos que leer entre líneas su texto y Boyero vea una conspiración donde cineastas rusos desconocidos, Florentino Pérez y los doscientos «anónimos» se han cargado lo único decente que quedaba del cine español.

En fin, regresando al principio, ya he dicho que Boyero no es crítico de cine (porque no tiene una voluntad pedagógica con el lector) ni periodista cultural. Es simplemente un opinador, de los muchos que hay en España y que cada vez pueblan más El País. Boyero sentencia y destroza películas, y defiende la libertad de todo el mundo a opinar lo que le salga de las narices, aunque si opinas lo contrario que él puede que seas un cursi, un farsante, un fariseo, un chupóptero o cosas peores que ha dicho a lo largo de su vida delictiva.

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La culpa es tanto de Boyero como el que le permite estar ahí. Pero tampoco nos engañemos, El País ahora mismo es poco más que una sucesión de autopromociones. Si notan que defienden en exceso una película, un trabajo musical, una serie de televisión u otro objeto cultural no duden que será porque el propio grupo PRISA tiene sus intereses comerciales. Fíjense si no en esto. Supongo que se acordarán de Bebe, aquella cantante tan «urbana, moderna y desenfadada» (por usar terminología del medio) conocida porque hizo una canción sobre mujeres maltratadas que sonó en todas las discotecas de España. El País intentó vender el año pasado su cambio de look, machacando semanalmente con una serie de artículos (seis en cuarenta días, hagan cálculos), pero la cosa no funcionó. A nadie le gustaba el nuevo disco y la niña no se calló lo que opinaba de sus críticos. Si siguen la serie de artículos desde el 22 de enero descubrirán cómo el periódico intentó explotar también esa polémica con titulares dignos de Belén Esteban, pero ni por esas. Y miren, al final, después de mes y medio vendiendo lo invendible, decidieron echar balones fuera ¡haciéndole una mala crítica! ¿Cuánta gente se habrá comprado el disco tras creerse toda la publicidad de El País, incluido un artículo del respetado Diego A. Manrique? Al final resultaba que Bebe no era una Juana de Arco de la música, valiente ante un ambiente hostil. Miren lo que decía Manrique: «leer los comentarios generados en los foros permite descubrir no solo el oportunismo de esos rectos ciudadanos que solo esperan una orden para lapidar a quien corresponda, sino también la profundidad del rechazo que despierta una mujer que va por libre». Y sí, ya sé que en El País todos los periodistas van por libre. La imagen debe ser dantesca, cada redactor parapetado en su mesa escribiendo bilis sobre los demás. Ya digo, un mes y medio después, Fernando Neira escribe sobre el disco de Bebe que «entran ganas de buscar las cámaras ocultas. Porque alguien debe de estar tronchándose con nuestras caras de estupor».

Bien, allá cada uno con su alma. El relativismo estará muy bien, pero a mi esto me parece prácticamente un fraude. Venden con un artículo semanal a la chica mala de la música española y al final, quizás por venganza hacia la cantante que les había destrozado el negocio con una salida de tono de las gordas, sueltan al perro de presa de la redacción para que haga una crítica mortal al album. Esto es el capitalismo y el periodismo cultural vendido a él. Boyero, aún vendiendo constantemente su independencia, no deja de ser el peor de sus lacayos. Puede que no haya hipocresía detrás de su discurso y se crea todo lo que dice. Es una conveniencia total de intereses y gustos entre el mercado y el opinador.

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Unidos contra la cultura

En el periódico de Pedro J. Ramírez se han tomado un poco a guasa la noticia del cierre de Alta Films. De hecho, Luis Martínez escribe todo junto Altafilms. Si les digo la verdad, dudé de cuál era la forma correcta de escribirlo, porque después de tantos años es fácil cuestionar las aptitudes de Borja Hermoso y sus amigos. Pero no, es El Mundo el que lo escribe mal. También el ABC. Sí, a ese nivel hemos llegado. Es cierto que en una búsqueda sencilla por internet, puede provocar confusión, porque en el logo de la web aparece escrito sin espacios. Pero a poco que uno se lea una nota de prensa, puede salir fácilmente del error. Imagino que lo corrregirán. O no, que más da, si son los titiriteros.

Si uno lee el artículo de Luis Martínez nota una mala baba que sólo se puede entender desde la pose de amante despechada del diario al ver cómo la noticia se ha ido a la competencia. ¡El Mundo ha perdido una exclusiva! Mañana como castigo, toda la redacción tendrá que verse All The President's Men. O GAL, aquel esperpento escrito, producido y casi se podría decir que protagonizado por el propio Pedro Jota y sus peores lacayos. Con todo, a pesar de la necesidad que tiene la página web de El Mundo de tener un buen corrector ortográfico, el artículo toca varios puntos interesantes con los que podría estar de acuerdo, como cuando crítica la postura apocalíptica de muchos tuiteros. No cita a ninguno, lo que es un poco feo, pero quizás se refiera a esta recopilación que hizo El País, donde se cita mayormente a amigos o gente recientemente empleada por Alta Films.

Tampoco se cree Martínez este fin de González-Macho. Yo dije en Twitter que, si realmente fuera su final, habría anunciado su renuncia a seguir siendo presidente de la Academia. Si el máximo responsable de Alta Films llegó a la presidencia gracias a su valía al frente de una empresa, no sé si tiene mucho sentido que siga si su negocio está al borde de la quiebra. ¿Les suena Gerardo Díaz-Ferrán? Bueno, no creo que sea justo compararlos, recuerden que González-Macho asegura que cerrará cuando todo el mundo haya cobrado sus finiquitos. Tan golfo como el otro no es.

Y, como también dije en la entrada de ayer, ya anunciaba que el final no era, sino una etapa más. Pero era feo estropearle el trofeo a Borja Hermoso. Así que Luis Martínez habla de sobreactuación y exageración. Palabras algo feas cuando estamos hablando de mucha gente (no González Macho) que se va a ir a la calle. En la parte final, el redactor se mete en los dimes y diretes, diciendo que «cuando Macho advierte del desastre y anuncia el cataclismo inminente de todo el sector, ¿qué dice el sector? Pues lógicamente, se enfada. Ligeramente y en voz bajita eso sí». No cita a nadie, así que podemos creerle o bien pensar que eso es solo una proyección de sus propios deseos. No creo que «el cine español», si es que podemos utilizar esa etiqueta, se queje del tremendismo de González-Macho, porque aquí todos se están jugando la supervivencia y lo del presidente de la Academia parece ser una llamada de atención al gobierno, y ahí está claro que sí tendrán divergencias. Los grandes distribuidores de cine español querrán más ayudas automáticas sobre la taquilla, por eso del juego que da estrenar tus películas en tus propios cines. Los más pequeños prefieren el fin de estas ayudas y que se apoye más la producción directa de las películas, lo que dará más margen de maniobra. Pero creo que tanto a unos como otros no les viene mal esta llamada de atención, especialmente por la presencia mediática que está teniendo esta pequeña crisis.

Un último punto no relacionado con todo lo anterior. Como tampoco soy un compulsivo seguidor de series, he sido incapaz de descifrar el lenguaje críptico de este párrafo. Lo pongo aquí por si alguien me puede sacar de dudas: «En ninguna otra parte del ancho mundo las series de televisión se ven un día después del estreno en Estados Unido. Y en gran parte gracias a ese mecenas del bien ajeno llamado Juanito (los que las ven saben de lo que hablo). En definitiva, somos raros. Y en la Academia de Cine, más». No sé si está hablando de descargas de series. De ser así, creo que sería la primera vez que alguien habla abiertamente de ello, pese a que los periodistas seriéfilos de El País lo hagan con la boquita pequeña. El furor de las series y esa manía por intelectualizar hasta la más inane de ellas, supongo que será tarde o temprano protagonista de su propia entrada.

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Oti Rodríguez Marchante, rompeolas de Boyero en alguna que otra ocasión, también da su opinión sobre lo de Alta Films. Aunque yo casi nunca estoy de acuerdo con este crítico, y suelo aborrecerlo, le admito su decencia al no intentar disfrazar la opinión de información. Ni hable de un trágico fin de los tiempos.

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La familia del cine español
Ha empezado el Festival de Málaga, como sabrán, dedicado exclusivamente al cine español. Los objetivos no están muy claros, más allá de vender estrellas de la televisión, tener alfombras rojas y mucha prensa del corazón haciendo preguntas indiscretas. Ese modelo de festival apoyado por visionarios como Ignasi Guardans o Nacho Carballo. De lo que menos se habla es de cine, y por eso parece que el festival tiene algo así como un pacto de silencio con los periódicos para hablar lo menos posible del contenido (imagínense a Boyero en Málaga...) y sí mucho de industria, nuevas vías y modelos, perspectivas, legislación o infraestructuras, cosas más de un congreso de productores que de un festival de cine. 

De momento, si uno ve la cobertura de El País, El Mundo o ABC no queda claro si se trata de crónicas, declaraciones, entrevistas o notas de prensa adaptadas. Imagino que lo último. El festival empezó ayer, así que a ver con qué nos sorprenden.

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Relacionado con lo anterior, desde la página oficial del festival de Málaga aparece una noticia típicamente berlanguiana y española: el festival de Málaga homenajea... ¡al festival de Málaga! Pues sí, ya ven, en estos tiempos en los que desaparecen festivales y salas de cine de autor por culpa de la crisis, no han tenido mejor idea desde este particular certámen que rendir tributo a su primera edición. Ya dije antes que la principal motivación de sus responsables es tener alfombras rojas, así que lo cumplen siempre que pueden. Lean la noticia entera, porque no tiene desperdicio. En ella no se cita ninguna de las películas que se presentaron, pero sí información fundamental como que se hizo en pleno agosto sin aire acondicionado, que los actores viajaron en autobús desde Madrid o que el último día montaron una gran fiesta y María Asquerino cantó dos boleros. ¡Olé!

Bromas aparte, si alguien quiere saber algo más de aquel primer festival y, en el fondo, de aquella España, en un diario local le dedican un artículo algo más elaborado. La aventurilla del viaje a Gibraltar no sé cómo no se ha convertido ya en una de esas historietas de nuestro cine que se recuerdan todos los años cuando se acercan los Goya.

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Cuanto más bucea uno en las noticias sobre el evento, más se da cuenta uno de que el festival de Málaga merecería no una, sino varias entradas exclusivas. Resulta que han decidido programar La mula, otro de esos intentos de hacer cine «como el de Hollywood», en la añeja tradición de Samuel Bronston, sustituyendo, eso sí, a Nicholas Ray y Anthony Mann por Menno Meyjes o Michael Radford. Este último es el director de La mula, o más bien lo fue en algún momento de 2009, ya que huyó en mitad del rodaje, y desde entonces la productora española y la del cineasta entablaron una larga disputa legal que ha terminado recientemente y ha permitido el estreno del film. La parte española explicaba la demanda diciendo que tras el desplante del director inglés tuvieron que contratar a un segundo realizador. ¿A quién? No se sabe, pero podría ser desde el electricista hasta Mario Casas.

La película está en la selección oficial de Málaga y eso que se estrena sin director. Ni Alan Smithee. Simplemente «No-director». Pero da igual, porque el festival ya tiene a Mario Casas y a María Valverde en la alfombra roja.

Aquí la lista de famosos que lucirán palmito en la alfombra roja de Málaga, entre toda esa lista compuesta casi en su totalidad por estrellas de la televisión, destaca el nombre de Javier Angulo Barturén. Salvo que haya dos personas con el mismo nombre dedicadas al cine, se trata de un crítico decano de este país y desde hace unos años director del decadente Festival de Cine de Valladolid. Habrá sido una equivocación, pero como al festival andaluz le va eso de innovar de las peores maneras posibles, yo propongo una alfombra roja de críticos. Imagínense a Boyero, Heredero, Losilla, Fernández-Valentí, Eulália Iglesias, Mirito Torreiro, Miguel Marías o Toni Junyent haciendo el photocall. Éxito asegurado.

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Parece que los datos de la encuesta se resetean continuamente. No sé qué narices pasa. Si alguien tiene experiencia en blogger y puede ayudarme, se lo agradecería. Veo que a otra gente le pasa lo mismo.