Mostrando entradas con la etiqueta luis martínez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta luis martínez. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de mayo de 2014

Esquizofrenias de Cannes

Depardieu fotografiándose con críticos de cine españoles
Antes de nada, habría que aceptar que todo lo que se escribe sobre un festival no tiene mucha validez. En un festival de cine no se lleva una vida cómoda, aunque parezca que es solo estár tirado viendo películas. Hay que hacer colas, hay que correr de una sala a otra, hay que buscar entradas y un montón de cosas que te hacen perder el tiempo de manera estúpida. Luego, además, muchos periodistas quieren al mismo tiempo tener tiempo para el ocio, en algunos casos compulsivos como Boyero y su tropa, que parecen que a veces pasan más tiempo en los bares, con mirada melancólica por los tiempos perdidos, a medio camino entre una novela de Hemingway y una canción de Bob Dylan. Escribir, en cualquier caso, es un problema. Y con internet más, porque debido al afán de exclusividad e inmediatez, se hace rápido y con poco cuidado. En este festival de Cannes, por ejemplo, el sirviente de Boyero, que en esta ocasión es Tommaso Koch (parece que Belinchón ha ascendido y ya no tiene que dedicarse a llevarle los cafés a su mimado jefe), escribe sobre The Homesman de Tommy Lee Jones diciendo que es la segunda película del director, cuando es la tercera. Pequeños errores que solo se pueden considerar graves si no lo solucionan. De momento no lo han hecho. Pero bueno, es un error comprensible dado la velocidad y la exigencia con la que hay que escribir.

Los errores, comprensibles. La maldad, la esquizofrenia, el mal gusto, la grosería, eso no. Un ataque de esquizofrenia digno de Norman Bates es lo que ha tenido el cada vez más pomposo y crecido Luis Martínez, que se fue ayer a ver la película de Ferrara a la playa y salió muy cabreado. La película tiene todo lo que les gusta a los periodistas: morbo, sexo, polémicas extracinematográficas -es la propia productora la que se encarga de promocionar la mierda que dicen sobre el film- y responsables artísticos que dan mucho juego debido a su naturaleza viciosa y autodestructiva (Depardieu y Ferrara, ni más ni menos). Lo último que importa es la película. El texto de Martínez se titula Una chapuza orgiástica de poder y dinero (y sexo, claro), y habría que preguntarle si se refiere al film que en teoría reseña o a su propia crítica, un auténtico disparate en el que se cita más de una vez a Eurovisión, a los ruidos exteriores que se escuchaban desde la sala y a un montón de taras psicológicas del propio cronista. Como la película se ha estrenado en buena parte de Europa en el formato Video on Demand, ya puedo decir que solo estoy de acuerdo en una frase de toda la sarta de disparates que suelta. Es esta: «uno no puede por menos que sospechar que el problema es propio, que no ajeno». Efectivamente, es problema suyo y voy a demostrarlo.

Mirad lo que dice en otro párrafo: «La película sigue paso a paso lo sucedido al que fuera director del FMI, pero sin el más mínimo amago de guión, estructura o intención. Los actores hablan como se rascan, por puro efecto reflejo; simple ruido sin otra intención que desesperar a la concurrencia. Depardieu, en concreto, va mezclando inglés con francés con la misma soltura con la que los patos ladran. Nada tiene sentido». Para empezar, lo que no tiene sentido es la argumentación que hace, puesto que si sigue paso a paso lo sucedido, es que algo de guión, estructura o intención sí que hay. Pero no es eso con lo que quiero quedarme.

Digamos que la película de Ferrara trata sobre un tipo que es una mala persona, un corrupto, un nuevo rico aupado a los altares por nuestro terrible sistema capitalista. ¿A qué me suena esto? Se ha hecho recientemente una película similar: The Wolf of Wall Street de Martin Scorsese. Tras establecer esta relación y leer las sandeces de Martínez, me dio por buscar y leer su comentario sobre la película del director de Taxi Driver. Y entre el típico lenguaje espectacular de este cronista, basado en acumular frases retorcidos y pensamientos elevados sobre la alta y la baja cultura, hay un párrafo que merece la pena destacar: «De hecho, toda la película es exactamente el tema del que trata: dinero. Todo lo que toca desaparece. No hay secuencias, escenas, diálogos, tramas; no hay un protagonista, secundarios, figurantes; no hay presentación, nudo, desenlace. Por no haber no hay ni director. Como ese sueño irrealizable de una novela sin cada uno de los componentes de una novela; una novela tan vacía de sí misma que sólo puede ser pura novela (piensen, si pueden, en 'Finnegans Wake'); así es, decíamos, 'El lobo de Wall Street'. Sólo cine». Ahora volved a leer lo que dice sobre la película de Ferrara, en el párrafo anterior. Es tremendo que prácticamente lo mismo que hace buena a The Wolf of Wall Street haga mala a Welcome to New York. Este patinazo de Martínez muestra tanto la estupidez a la que ha llegado el lenguaje de la crítica cinematográfica (basada en utilizar lenguaje técnico -guión, dirección, planificación, ritmo, narración- y añadirle adjetivos maximalistas) como la superficialidad y caducidad de todo lo que se escribe en los festivales de cine. Porque en la mayoría de estos textos no hay pensamiento fuerte, simplemente una descripción de filias y fobias del escritor en un clima de alta presión laboral.

Algo así le pasa también a Boyero, aunque sin lo de la presión laboral. En su última crónica habla de Saint Laurent, la película sobre el famoso modisto francés que estrena en Cannes Bertrand Bonello, el director de L'Apollonide. Nada más empezar suelta: «No te ríes nada en Saint Laurent, la biografía de aquel modisto (antes los llamaban así, no iba aparejado machaconamente el título de artista) llamado Yves Saint Laurent». Como siempre, la puyita de Boyero contra el arte, o contra la banalización del mismo. Pero atención que solo un párrafo después, unas líneas más abajo y tras machacar sin misericordia la película, añade: «Admito que la moda esté en deuda con el arte de Saint Laurent». ¡Madre mía! Así que primero se queja amargamente de que otros convierten el oficio de modisto en arte y solo unas líneas después, él hace exactamente eso. Este hombre está pirado. Eso, o el esclavo que escribe sus artículos mientras él se va de parranda con sus amigotes.

No sé, yo creo que estas cosas se pueden cuidar un poco más. Tratar de ser coherente y de enseñar al espectador algo, no convertirlo en un desfile de fobias, de reducirlo al me gusta, no me gusta. Boyero en su estilo y Martínez en el suyo, hacen exactamente lo mismo. Quizás en el caso del corresponsal es más grave, ya que gasta más palabras y trata de esconder sus argumentos bastante cuestionables en un montón de florituras estilísticas con poco o nulo contenido y que suelen terminar con sentencias absolutas del tipo esto es CINE y otros tópicos por el estilo.

Y en fin, supongo que en Cannes hay muchas cosas más criticables. Cada año las coberturas son peores, porque el festival en una espiral autodestructiva (como cualquier evento cultural en este mundo capitalista) es también cada vez peor. En lugar de mantener la compostura y defender sus ideas (los que las tienen), los cronistas se venden al espectáculo de sacarse fotitos con el primer famoso que encuentran y llenar tuiter de comentarios del estilo de «Acabo de cruzarme con Jessica Chastain y casi me desmayo» o «He tomado un café y en la mesa de al lado estaba Robert Pattinson». Entiendo que tuiter es superficial, pero no sé, no son pensamientos que un profesional en su jornada laboral debería proyectar. Twitter ha destrozado el límite entre lo público y lo privado, y en general no es un problema, pero para mi es difícil tomarse en serio a un cronista que dice abiertamente frases como las de arriba para que las lea todo el mundo y luego defiende la naturaleza radical de algún film o se carga la frivolidad pasajera de un film de Hollywood. En poco tiempo, Cannes se convertirá en una mera pasarela de famosos y films oscarizables, como Toronto y estos cronistas no se podrán quejar, porque ellos mismos han sido los primeros en promocionarlo.

-

Godard no va a Cannes. Hace cuatro años tampoco compareció y Borja Hermoso, el troll de El País, le dedicó unas bellas palabras. No parece que este año haya en el festival un periodista español de la bajeza intelectual de Hermoso, así que nos ahorraremos otro texto que signifique la vergüenza para toda la profesión. Como curiosidad, leed el tercer párrafo, donde a pesar de los años transcurridos sigue manteniéndose un evidente error tipográfico.

-

Cuentas de twitter para seguir Cannes y abochornarse: @luis_m_mundo, @maguerram, @cdelamorTVE, @david_martos (supongo que hay muchos más, pero he querido poner lo más bajo. Se admiten sugerencias)

Cuentas de twitter para seguir Cannes bien:

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Que vienen los premios

Descubre las cincuenta y dos mil cuatrocientas veintitrés diferencias
En España nos encantan los concursos y las competiciones. La expectación constante, el climax final y el consecuente júbilo o decepción según se preste. Por eso cada año TVE se gasta una millonada en Eurovisión y por eso hemos tenido ocho años de esperpento olímpico madrileño, que amenaza ahora con trasladarse a Barcelona. Esto por supuesto llega al cine. Los festivales de cine y también la crítica ocupan cada vez menos espacio en los medios generalistas. Pero cuando llega la hora de los premios... ¡ay, los premios! Ya lo vimos recientemente en el Festival de Locarno, donde apenas ningún periódico hablaba de la programación del certamen más que para contar anécdotas y la típica basurilla glamurosa, pero cuando llegaron los premios... ¡ojo!¡atención!¡noticia histórica para el cine español!¡un director que no nos interesa gana el premio gordo en un festival que no nos interesa! El nivel de idiocia al que están dispuestos a llegar se me escapa.

Dentro de todo esto, lo que más expectación levanta son los premios de Hollywood. Lógico, son los premios más famosos del mundo y durante 50-60 años solía ganar si no una obra maestra, una gran película. Luego el nivel bajó, como le pasó a la producción de Hollywood, pero aún así cada cierto tiempo aparecían grandes películas. Con el tiempo eso se ha espaciado más, e incluso ganan bodrietes como Argo, The Artist, Crash, Gladiator, The Lord of the Rings y alguna otra que no habré visto. Pero en España el prestigio se mantiene (principalmente porque la mayoría de la crítica, vendida al mercado y al "a ver qué dice la crítica americana" las películas anteriormente citadas le parecen lo mejor de lo mejor) y no es raro escuchar frases del tipo «está de Óscar». Piensen que incluso directores como Almodóvar se vuelven locos cada vez que reciben no ya el premio, sino una candidatura. O Isabel Coixet, que a priori parece alejada de estas cosas (¿alguien se imagina a Isabel Coixet por la alfombra roja de Hollywood?).

Como esto genera tanta expectación y publicidad, todos los años en España hacen una especie de competición o carrera nacional entre las diferentes películas producidas durante la temporada por ver qué película opta a entrar en la carrera por la estatuilla. Como el cine que hacemos en España siempre ha sido para consumo interno y apenas despierta interés internacional (¡malvados masones!), la película elegida termina olvidada entre tantas otras nacionalidades que cada año mandan películas para que el amable bwana americano elija las que más le gusten. El cine español (o más bien lo que nos quieren vender como tal) se mueve por modas y pasamos de un extremo a otro (un año somos antiamericanos y al año siguiente sabemos hacer películas tan buenas como ellos), así que tanto hemos mandado a Garci y a Trueba como a Fernando León de Aranoa e Icíar Bollaín, sin olvidarnos de Juan Antonio Bayona y Agustí Villaronga. Pero para representar a España en los amados premios, antes hay que pasar una serie de eliminatorias donde los académicos (supongo que son ellos) van descartando películas. Primero seleccionan tres y más adelante a la ganadora definitiva.

¿Por qué no escogen a una directamente? Bueno, además de por la expectación, supongo que lo ven como una medida publicitaria. Si tu película ha sido preseleccionada para los Oscar, a lo mejor alguien pica y va al cine a verla. Por eso casi siempre entre la lista de precandidatas están películas que están o estarán en cartelera. Este año Almodóvar estrenó su película ya hace mucho tiempo, fue un éxito de taquilla y no aparece en la lista. Sin embargo sí están Caníbal (Martín Cuenca) y La gran familia española (Sánchez Arévalo, que aprovechan el tongazo ese de estreno limitado que popularizó Garci para meterse en la carrera. Compiten contra 15 años y un día (la cuota del festival de Málaga) y Alacrán enamorado, Bardem mediante. Todas muy previsibles, ninguna con opción alguna de colarse en la preselección definitiva, salvo alguna casualidad altamente improbable. En la carrera de los Óscar nada importa la calidad de tu película, sino más bien su apariencia. Que su ratio de espectadores sea lo suficientemente amplio y que tenga un estilo académico. Pero además de eso, es necesario mucho trabajo de marketing y de publicidad, de ir a las fiestas de Hollywood y que tu película sea conocida. Marion Cotillard ha explicado que su Óscar lo ganó así. Hay mucha literatura analizando cómo se puede ganar un premio y ninguno tiene que ver con la calida. Un ejemplo.

Yo no creo que ninguna de las cuatro seleccionadas tenga alguna opción. Ni siquiera de estar en la preselección definitiva antes de las nominaciones. Ninguna ha estado en un festival fuera de nuestras fronteras. Ninguna tiene como modelo formal el estilo de Hollywood. Ninguna cuenta con grandes medios de producción. Y solo Alacrán enamorado cuenta con la presencia de alguien bien conocido en Hollywood, aunque creo que Bardem hace un papel muy secundario. Quizás habría que mandar esta y esperar a que sonara la flauta, aunque fue un fracaso de público y de crítica, y teniendo en cuenta la respetabilidad que todavía rodea a los premios de la academia, no creo que fuese una noticia bien recibida por los medios. También habría que preguntarle a los académicos qué buscan cuando votos. O qué hay que buscar. Si lo que quieren es elegir la mejor película o la que tiene más posibilidades de ganar. En teoría, para elegir la mejor película ya están los Goya, así que aquí habría que buscar lo otro. Pero a saber...

En cuanto al factor económico, ¿En serio una preselección española ayuda en taquilla a ganar espectadores? Bueno, es innegable que algo de publicidad sí que da. Durante un par de días, casi todos los medios generalistas hablan de películas españolas. El resto de los días hablan antes de la última borrachera de la última quinceañera de Hollywood, antes que de un film como Caníbal. Para La gran familia española, como tiene el fútbol y gente de esa «joven, moderna y desenfadada», pues también ha hecho bastante ruido, pero nunca está algo de publicidad de más. Además, hay mucho chalado en España que se dedica a ver todas las películas nominadas, hasta la que tiene una sola opción en categoría de mejor maquillaje y esas movidas. O que se ven todas las precandidatas de todos los países.

En cuanto a mi, la única que me plantearía ver sería Caníbal, si bien la anterior película de Manuel Martín Cuenca, La mitad de Óscar (ahora Martín Cuenca aspira al Óscar completo, jeje -no me asesinéis por este chiste), me pareció bastante floja. Si tenemos en cuenta que este director ha hecho siempre películas convencionales, su repentina reconversión a cineasta observador, de tiempos muertos y planos largos, suena bastante a engaño. Y lo que es peor, sigue manteniendo muchos tics dramáticos del peor cine dramático, incluido ese delirante final sorpresa que te hace replantearte toda la película. Aunque la película pretende citar L'avventura de Michelangelo Antonioni, está más cerca del cine austriaco o rumano que tanto triunfa en los festivales, con sus inacabables silencios incómodos y violentos, su truculencia emocional y social, a lo que habría que añadir cierto delirio cañí español como aquella escena del taxi con el conductor parlanchín. Viendo el trailer de la nueva, parece que potencia todos los errores de la anterior, aunque al menos ya ha dado para uno de esos artículos de Belinchón a medio camino entre la información y la comedia involuntaria (ojo al concepto «solomillo femenino»)

-

Chúpate esa, Pedro
Conectando ya con El País, la noticia de la no nominación de Pedro Almodóvar fue recibida con alborozo en la redacción de Cultura. Tanto que, cuando la noticia estaba en la portada del diario, la única información que daban además del nombre de los nominados, era la exclusión de Los amantes pasajeros. Ya ven, una información fundamental. Es cierto que la ausencia de una película de Almodóvar es noticia, en cuanto a que es uno de los únicos cuatro directores que ha conseguido la estatuilla, además de competir varias veces e incluso ganar con Hable con ella el premio a mejor guión cuando la Academia no la había elegido como película para competir por el premio a mejor película extranjera (habían mandado a Fernando León de Aranoa, con los resultados esperados). Una historia de desaires entre Almodóvar y las gentes del cine español que El País lleva de manera sensacionalista a primera plana, cuando es una noticia muy secundaria. Pero hay que generar expectación, polémica, para tener a la gente excitada y entretenida.

De todas formas, resulta muy raro que no aparezca Los amantes pasajeros entre los cuatro films seleccionados. Esta vez Almodóvar tenía un reparto donde estaba la gran familia del cine español, había hecho muy buena taquilla y quizás no había tenido buenas críticas, pero bueno, ya sabemos que el caso Almodóvar tiene muchos condicionantes que hacen que el criterio de muchos críticos esté bajo sospecha. A mi, gustándome el 90% de las películas del manchego, esta última me pareció la peor de su filmografía, la menos audaz formalmente y la que más se vendía a ciertos tics insoportables de la comedia española.

De las cuatro candidatas, solo La gran familia española tuvo un artículo aparte en El País. Una entrevista-deificación a Sánchez Arévalo, que parece escrito a cuatro manos por Alfredo Urdaci y Tomás Roncero. Os pongo un aperitivo para que os animéis a leerlo entero: «Y el fútbol, la ya mítica final del Mundial de Suráfrica 2010, con su patada voladora de De Jong, su prórroga, su “Iniesta de mi vida”… “Fue el último elemento en llegar al guion, surgió al pensar en cómo enmarcar la boda, y nace de mi afán habitual por poner trabas a los protagonistas. Te casas con 18 años recién cumplidos y tu novia embarazada, con lo que ya tienes a la familia cabreada, y encima coincide con ese partido”». Y para zanjar la cuestión, un tuit de Belinchón, muy poco diestro, como siempre, en esta red social:
Bueno, venga, ya que estamos, no me resisto a recuperar una declaración de Sánchez Arévalo que ya salió en Cinefobia(s) y que, en mi opinión, está muy arriba en la lista de peores declaraciones de la historia. Sobre el protagonista de La gran familia española: «él representa de alguna forma a la Selección Española que juega el mundial, a la España que no tiene miedo de hacer cosas, que se atreve a todo, que no se corta; sus hermanos mayores, sin embargo, representan a la España de cuartos». Dan ganas de ir a ver la película, ¿eh? Se estrena este viernes para coincidir con el día de la final del mundial de Sudáfrica. Mejor que ir a Cibeles.

Supongo que muchos habréis notado que en la captura del titular de la web de El País a Manuel Martín Cuenca le han comido un apellido. Pero a Sánchez Arévalo no. ¿Quién decide esas cosas? ¡Ahhh...! Curiosamente, también se han elegido las precandidatas para ver quién compite en los premios Ariel mexicanos a la mejor película iberoamericana (sí, también hay preselección para esto). Curiosamente, son las mismas, a excepción de Alacrán enamorado, que por alguna incomprensible razón se queda fuera. Bueno, ya el hacer dos votaciones diferentes y que encima salgan resultados diferentes, suena a chiste... quizás haya algún condicionante que no han aclarado.

El delirio llega con Gerardo Herrero, que produce 15 años y un día y que le suelta a Belinchón una de esas declaraciones que hacen época: «Esperemos que esta preselección empuje sus ventas internacionales». Dice muy poco de Gerardo Herrero como empresario si espera que alguien de fuera de España atienda a estas pre-preselecciones. Imaginen a un trabajador de una distribuidora sueca que le dice a su jefe que ha comprado una película española porque es candidata a representar a España a los Óscar. ¿Quién se lo cree? Vender el producto, nadie mejor que Belinchón y el equipo de Alacrán enamorado. Una síntesis perfecta de la película: «Es un Romeo y Julieta ambientada en el mundo del boxeo y protagonizada por un puñado de neonazis». Pero por mucho que me duela, tengo que reconocerle cierto mérito a Carlos Bardem en las siguientes declaraciones, las más sensatas de todo lo relacionado con este esperpento: «Al contrario que el Comité Olímpico Español, somos conscientes que hemos empatado con otras tres películas, que tenemos que pasar otra criba, que después nos tienen que preseleccionar en un pequeño grupo para finalmente entrar entre las cinco candidatas al Oscar al mejor filme de lengua no inglesa. No vamos a tomar café con leche ni a celebrar nada». Cuidado Carlos, que te llamarán antiespañol y titiritero. Bueno, seguramente ya te lo llaman. Pero claro, siempre que alguien del cine sea atacado por ser poco patriota y gastar dinero que estaría mejor invertido ayudando a los que más lo necesitan, siempre podrá tirar de hemeroteca. ¿Eh, Madrid 2020?

-

En España gustan tanto los premios y especialmente los Óscar (o eso nos venden masivamente desde los medios), que en El Mundo, pioneros en todo lo relacionado con el mal periodismo, han mandado a Luis Martínez a Toronto. Allí escribe crónicas diarias donde todo gira alrededor de los Oscar. El análisis de cada película jamás elude su potencialidad como film oscarizable. Martínez se convierte en analista de probabilidades como un brocker de bolsa. Tanto es así, que ya ni se considera crítico y habla de ellos en tercera persona: «No es un festival de críticos, aunque los haya despistados y siempre corriendo de una sala a otra». ¡Esos críticos, qué locos!

La que parece que se escapa de los criterios oscarizables es Twelve Years a Slave, la nueva película de Steve McQueen, a la que el redactor de El Mundo le dedica mil eslóganes positivos: «obra maestra incontestable», «impresionante Chiwetel Ejiofor», «el espectador es invitado a experimentar [...] la crueldad inerme y profundamente absurda de la esclavitud», «Cine grande, la cámara de McQueen se maneja siempre como un bisturí», «La idea no es otra que taladrar la carne hasta alcanzar lo otro», «Estamos ante la más inmisericorde disección de la condición humana», «Toronto, pase lo que pase a partir de ahora, es grande». En fin, todas ellas perfectas para encabezar el afiche de la película, o bien para utilizar de cortinilla en el trailer. Todo el texto sigue este esquema de frases cortas e impactantes, todo muy metafórico, donde realmente no se cuenta nada de la película. Frases simples que tanto pueden significar una cosa como la contraria. Ni una sola mención a los Óscar, premios a los que Martínez en las anteriores crónicas ha banalizado. Twelve Years a Slave es algo más. Superior. Es gran cine. Una pena que en los comentarios (el segundo) le recuerden que es precisamente la gran favorita para esos premios.

Toni García Ramón ha debido encontrar muy buenos bares en Toronto, porque no ha vuelto a escribir una crónica del festival, mientras que Martínez, que encima empalma con Venecia, ya lleva tres. ¡Cuidado turistas, Delaney anda suelto!

sábado, 27 de abril de 2013

La alegría creativa no tiene barreras, salvo las de El País

Ni a Orson Welles se le hubiera ocurrido.
Hoy hay varios temas en cinefobia(s) aunque todos tienen que ver con ese montón de papeles (y actualmente, páginas web) que un día fue un diario dispuesto a cambiar, a mejorar, la dinámica cultural de este país que salía de una dictadura que le declaró la muerte a los intelectuales. Hoy este periódico es un fantasma de aquel. Vendido por completo a multinacionales y lleno de noticias-trampa para pescar compradores, El País sigue intentando de vez en cuando jugar en la liga de la cultura. Algo de lo que nunca ha renegado formalmente, aunque sólo hace falta ver su parrilla de noticias. Así, esos periódistas que normalmente hablan de los bombazos de Hollywood o de series de televisión, de vez en cuando se ven obligados a escribir penosos artículos sobre el terrible devenir de la cultura en España, cuando ellos son, sino culpables, sí imprescindibles colaboradores. Todo lo que sigue a continuación es un poco anárquico, porque fue construido a lo largo de muchas horas, desde la medianoche de ayer y fue creciendo según salían nuevas informaciones, a cada cual más ofensiva para el lector cinéfilo.

Hay días que el festival de Málaga me da pena. Me dan pena sus responsables. Me dan pena los directores españoles que van allí con sus películas, mejores o peores, con toda la buena voluntad del mundo. Es gente que hace lo que puede, algunos equivocados, como ayer, el caso de Gracia Querejeta. Pero no es culpa suya estar condenados a morir en la orilla, por unos medios de comunicación inoperantes, sin política cultural alguna, entregados a la depravación cultural más básica. Los directores seguramente llegan a Málaga con ganas de hablar de sus películas, de lo que pensaban mientras las hacían y todo eso. Y luego llegan las preguntas, que si cómo fue trabajar con Penélope Cruz, que si quieres ir a Hollywood, que si Málaga es una ciudad preciosa. Me lo imagino. Miren la foto de aquí al lado. Salió en la portada de la sección de cultura en la edición digital durante el día de ayer. «Resistencia creativa frente al IVA». ¿Y qué es eso tan creativo? Pues convertir «la serie 'Todas las mujeres' en una película». Ese es el nivel al que se tiene que enfrentar un director de cine en este país. A que le hablen continuamente de anécdotas y de tonterías para sacar algún tipo de titular que ellos entiendan. Digo ellos, los periodistas, porque suelen tener una concepción de sus lectores muy baja: «eso el público no lo entiende». No se engañen, son ellos los que no entienden.

El artículo a mi me parece de un nivel de blog de tres al cuarto (nivel cinefobias), porque pese a ser un resumen de la rueda de prensa está lleno de ridículas e innecesarias valoraciones, y encima cuenta con la complicidad de los responsables del film, que en lugar de decir que lo de transformar la serie en película es lo de menos, están encantados de explicar todo el proceso.

Pero luego sigue, sin otro interés más que el publicitario: «Esta vuelta de tuerca a la película es algo así como una búsqueda de nuevos recursos creativos en estos momentos de incertidumbre a los que se ha lanzado a degüello Mariano Barroso. Con un guión y unos buenos actores todo se puede hacer». No ha explicado ninguno de esos recursos creativos, ni los explicará. Qué más da. Lo creativo es convertir series en películas (y viceversa). O también «la última aventura teatral que ha dirigido el realizador, Recortes, junto a Alberto San Juan y Nuria Gallardo» de la que tampoco se dice nada salvo que tras su éxito por Madrid, irá de gira por España. A lo mejor se refiere al éxito en taquilla. A saber, siendo El País, todo es posible. Citando a Barroso, añade: «No saben que cuanto más suba el IVA mayor será la resistencia artística. La alegría creativa no tiene barreras». Ya ven, toda la semana atacando al gobierno por lo de los impuestos y ahora viene Barroso y se quema a lo bonzo. «Ahora nos damos cuenta de la democratización del cine, que con una pequeña cámara uno puede hacer lo que quiera porque siempre encontrará actores con ganas de trabajar en su oficio». Y esto es cierto, pero lo dice Barroso con la seguridad de que siempre tendrá más medios que uno de esos que ruedan con una pequeña cámara.

De todas formas, a mi lo que más me gusta de todo es el cierre: «De momento, ya ha sido solicitada por varios festivales internacionales». Ya veremos, ya.

-

Acabando esta entrada, me llega la noticia del palmarés del festival de Málaga con victoria de 15 años y un día, esa arriesgada película de Gracia Querejeta rodado con todo lo aprendido en un medio tan dado a la experimentación como es la televisión (la de Telecinco, específicamente). Pero las vencedoras morales quizás fueron otras, como Ayer no termina nunca, que se lleva cuatro premios: el premio especial del jurado, fotografía, montaje y mejor actriz para Candela Peña, aunque este último ex-aequo con Aura Garrido, por Stockholm, la película realizada, gracias al crowdfunding, por Rodrigo Sorogoyen.

Mención aparte merece el premio a mejor actor para Mario Casas por poner acento andaluz en La mula. Dentro de veinte años, si este festival sigue existiendo (cosa difícil de creer), se homenajearán a sí mismos diciendo que fueron los primeros en premiar a este excepcional actor.

El jurado de la crítica estaba presidido por el infame Andrés Arconada, conocido por ser el crítico de cine de Federico Jiménez Losantos. Ahí es nada. Su elección ya nos pone sobre aviso del nivel de la película. Fue, cómo no, 15 años y un día. También hicieron una mención a Stockholm, así que ojo.

El premio a mejor documental es para All'ombra della croce, del director italiano Alessandro Pugno. Estuvo en el Festival Punto de Vista, uno de los pocos (¿el único?) en España que defiende sin condiciones otras formas alternativas de cine español, sin confundir a nadie. Películas mejores o peores, pero una línea clara e inconfundible. Oirán hablar de esta película, porque trata sobre el Valle de los Caídos, ese «bello» mausoleo que nos dejó Franco. Material de primera para El País, El Mundo y otros buscadores de morbo.
-

Hablando de festivales, viene otra noticia totalmente extravagante en El País titulada Míster Marshall no es bienvenido. El artículo trata sobre la falta de películas españolas en los festivales internacionales. Vuelvan a leer el título, que da muchas pistas de lo que piensa El País sobre el tema: la culpa es de los propios directores españoles, que no quieren ir al extranjero. Tremendo.

Si leen el blog habitualmente, sabrán que lo que yo pienso es que si el cine español no tiene éxito no es por falta de calidad general. Hombre, mi opinión sobre el cine español, en general (porque hay multitud de excepciones), es que no es muy bueno. Pero en fin, que el éxito mediático no depende de ser bueno o malo. Si fracasa el cine español es por la desprotección total que sufre por parte de las instituciones y el ataque sistemático al que se ve sometido por los medios de comunicación. Eso en el mejor de los casos, porque siempre generará debate. Lo peor es el silencio hacia los creadores más independientes, siempre tratados como anécdotas casuales, a los que se les dedica un articulito cada dos años. Y ya es mucho.

El texto de El País comienza diciendo que este año no habrá ninguna película española en Cannes, quitando al burgalés Diego Quemada-Díez, con una película mexicana. Luego cita, casi con tristeza, que en la Semana de la Crítica tampoco habrá representación, pese a que el año pasado ganó Aquí y allá de Antonio Méndez Esparza. Y enlaza una entrevista a este director, en lugar de poner la vergonzosa crítica de Javier Ocaña, que define perfectamente el tipo de información cultural que da El País y por qué está como está el cine español, que se resumiría de la siguiente manera: cuando una película es comercial, es honesta, directa y apta para todos los espectadores; pero cuando un filme tiene algún tipo de exigencia, es autoindulgente, tedioso y sospechoso de querer venderle la burra al espectador. Lean el texto de Ocaña y quédense bien con el final. No lo analizo más, porque un poco más abajo ya le zurro suficiente a este crítico.

El texto continúa con una enumeración de los recientes logros en Cannes, empezando por El sol del membrillo de Víctor Erice (ese anónimo según Boyero). Y luego, claro, hay que citar a Almodóvar, el enemigo de la redacción. Y fíjense cómo lo hacen. Citan las tres películas que se llevaron honores en Cannes, pero luego dejan bien claro que las dos últimas se fueron de vacío. ¿Por qué hablar de películas que no ganaron nada cuando al principio del párrafo sólo se pretendía glosar aquellas que sí lo habían conseguido? Pues porque duele citar para bien a Almodóvar, ese que desafió a El País, que está en guerra permanente contra Borja Hermoso y Carlos Boyero. Raro es que no citaran la no participación Los amantes pasajeros... Fíjense que a continuación citan un bodrio (opinión personal, claro) como El laberinto del fauno diciendo que «solo obtuvo buenas críticas». Ya ven, con el cine comercial pseudohollywoodiense no caben más cosas que la genuflexión total. En 2009 dicen que participó Ágora, el disparatado (y penoso) peplum de Amenábar, pero se olvidan de que también estaba Isabel Coixet con Mapa de los sonidos de Tokio. Más aún, citando el palmarés de 2010, hablan antes del premio a mejor actor a Javier Bardem que la Palma de Oro, que era una coproducción española. Sobra decir que Bardem es uno de los hombres-anuncio de El País y a la mínima que hay en la red algún tipo de rumor sobre el actor, el diario ya le da valor de noticia. Vean cómo se emocionaron con esta «noticia» hasta el punto de hacer una redacción distinta para la edición impresa. Luego resultó que todo era especulación y tres meses después el proyecto se fue a pique, pero El País ya lo vendía como «'La torre oscura' de Javier Bardem». A un simple rumor le dedicaron más espacio y protagonismo que a una Palma de Oro parcialmente española. Y luego dicen que Mister Marshall no es bienvenido. En la redacción de El País desde luego sí que es bienvenido, Mister Marshall y el tío Sam.

¡La directora del ICAA habla de sí misma en tercera persona!
Luego, tras enumerar otros festivales, donde como siempre hay muchos olvidos interesados, para defender solo una idea de cine, que es lo que quiere El País, llegamos al momento estrella del artículo, que son las declaraciones de Susana de la Sierra, directora del ICAA, o eso dice. Miren cómo empieza: «“Si miras otros festivales mundiales, descubrirás bastantes películas y premiados españoles, como en el último BAFICI [el certamen de cine independiente de Buenos Aires se cerró el pasado sábado con tres premios a españoles]”». Yo supongo que esos corchetes forman parte de una aclaración de El País. Lo ponen como si fuera de conocimiento general que hay un festival muy importante en Buenos Aires y que allí sí se premia cine español. Y ustedes se preguntarán, ¿cuál es el interés del antiguo diario independiente de la mañana en ese cine? Pues ninguno, claro. El más absoluto silencio. Lean la primera nota de esta entrada. Recuerden cómo se celebraba que esa serie transformada en película fuera solicitada por varios festivales internacionales. No citaba ninguno, porque había que vender que estábamos ante algo prestigioso, diferente, creativo. Pero un cine que pese al desprecio institucional, pese al desprecio de los medios de comunicación, se cuela en festivales internacionales y consigue premios, bah, ese nada, qué más da, si son películas que no verá nadie. Eso es la cultura para El País. La cultura para nuestra directora del ICAA (tendrá una entrada aparte, porque se lo merece). Miren lo que dice al final: «Es cierto que en esa línea los programadores de todo el mundo nos reclaman películas como La plaga, de Ballús; Mapa, de Simiani, o Los chicos del puerto, de Morais». ¿Y Todas las mujeres de Mariano Barroso no se la han pedido? ¿Y 15 años y un día de Gracia Querejeta? ¡Qué sabrán estos programadores! Mira que pedir esas películas raras que no conoce ni dios, incluso una de «Simiani» (así escrito a las 13:15, a ver si lo editan), ese que perdió en los Goya.

Eso es lo que le interesa el cine español a El País. Es simplemente una oportunidad de negocio. Si no entras en ese juego, no existes.

-

Ayer fue día de estrenos, así que en El País hay un montón de textos publicitarios de sus mercenarios. Por supuesto, lo único que huele mínimamente a cine de autor (la película de Isabel Coixet) es masacrada, cómo no, por Javier Ocaña (ya les amenacé antes con su regreso), ese crítico que decía que no le gustaba el estilo Boyero y que una vez a la semana sale de la jaula donde le tiene encerrado la dirección del periódico para escribir sobre las películas que nadie quiere. La crítica de Ayer no termina nunca es penosa, y encima tiene la desfachatez de comenzar con varias citas a un artículo de Coixet para reírse de ella. Las citas encima están sacadas completamente de contexto, ya que pone la siguiente frase «aunque el cine esté muerto, los cineastas vamos a seguir bailando» que, referido al cine de la catalana puede parecer una cursilada, pero en el artículo viene de una referencia a Bad Lieutenant: Port Call of New Orleans, la película de Werner Herzog donde un Nicolas Cage a tope de drogas veía muertos bailando break y les volvía a disparar. ¿A que cambia la cosa? Pues miren cómo cierra «la autora se ha aplicado el cuento de aquel artículo (“aunque nos pongan a parir”), y eso es magnífico. Coixet, desde luego, sigue bailando». La pena, Javier, es que tú sigas escribiendo.

Boyero, por su parte, hace una defensa moderada de Combustión (#aupacalparsoro) que como siempre en este peculiar periodista, no hay quien se crea. Se levantó con ganas de que le gustase y claro, le gustó. Vean lo que dice: «El director Daniel Calparsoro parece sentirse a su aire con esta historia de sentimientos broncos, situaciones extremas, actitudes complejas, desgarro y violencia. Y no es un impostor ni sigue una moda. Es lo que lleva contando con mayor o menor fortuna desde su primera película». Cosa que puede tener parte de verdad, aunque si Calparsoro es honesto y no sigue ninguna moda porque lleva haciendo lo mismo desde siempre, ¿por qué este opinador profesional tacha de timadores e impostores a Manoel de Oliveira (al que incluso deseó la muerte), Tsai Ming-liang, Pedro Costa (del que dijo que merecía una querella criminal... aunque al final fue Boyero quien consiguió una) y tantos y tantos otros? ¿Ven como los argumentos, ni siquiera las opiniones de este opinador se sostienen por ningún lado? Y luego añade: «Alguien muy informado me comenta que la principal referencia de Combustión es la serie de películas de Hollywood titulada A todo gas. No he visto ninguna». Lo que deja muy claro de lo informado que está Boyero de las modas y de las imposturas. No está informado ni de las suyas.

Cierra de la siguiente manera: «Y Adriana Ugarte, que no es un pibón, despliega una sensualidad y un poder de seducción muy creíbles». ¿Qué sería de Boyero sin alguna palabrita de la jerga común, él tan rebelde, tan a contracorriente? Su escritura zafia, barriobajera, se presta a ello.

También se ha estrenado Iron Man 3 y, cómo no, la crítica la escribe Jordi Costa. Ese crítico que siempre quiere hablar de películas independientes, de cine de autor, pero jopetas, qué mala suerte, al final le tocan blockbusters. Ya saben que para él todo el cine es lo mismo, desde un video de Youtube a una película de trescientos millones. El problema es que casi toda su producción son textos sobre estas últimas. Y tan pancho. Para mi, el mayor mérito de este crítico es que suele abordar las películas de manera respetuosa. Esto no debería ser un aliciente, pero visto el nivel de su periódico, hay que valorarlo. Hace casi siempre el mismo discurso post-todo, pero eso es mejor que la batería de descalificaciones y lenguaje soez de sus compañeros de redacción.

Su crítica de la película de Shane Black se titula 'Mascletá' de ingenio, precisamente lo que no tiene él. Lo de mascletá imagino que es por las explosiones. O quizás por la fiesta y el folclore. O por la corrupción valenciana. A saber, no lo explica. Porque Costa nunca explica nada, únicamente hay huidas hacia adelante. Todo es posmoderno, así que todo se mezcla con todo. Cada vez más referencias e ideas, sin explicar ninguna, incluyendo una cita a Pauline Kael que solo entiende él y los «puestos» en el tema. Es muy habitual, de todas formas, eso de soltar nombres, porque sí. También dice «La película está plagada de ideas brillantes» y pone dos puntos. Y yo pensando, bueno, por fin, le queda solo un párrafo, pero a ver... «desde las alusiones a Los vengadores como foco de los ataques de pánico de Stark hasta la verdadera naturaleza del villano encarnado por Ben Kingsley». Y yo aquí me quedé un poco con cara de tonto, porque lo brillante no sé si es que se aluda a Los vengadores (espero que no sea eso) o alguna alusión determinada, que al no ser nombrada no puedes saber si es brillante o no. Imagino que Costa piensa que es más importante hablar del pasado de Shane Black (que puede ser interesante, pero no fundamental) o citar a Pauline Kael, antes que plasmar en el texto algo de lo que sale en la película. Porque al fin y al cabo, como ocurre con casi todos los textos de Jordi Costa, podría ser sobre Iron Man 3 o sobre cualquier otra cosa. Podría analizar su otra crítica sobre una película danesa, pero dado el reducidísimo espacio que tiene tampoco voy a hurgar en la herida.

Si les ha gustado la crítica de Iron Man 3 de Jordi Costa de el País (que puede ser, espero que no se fíen nunca de mi opinión), pueden seguir con la crítica de Fotogramas, que también escribe. Ya ven lo ecléctico que es. Podría hablar bastante de ese texto, pero, de nuevo, es tan pequeño, que no merece la pena. Quédense con lo de la «falibilidad del superhéroe» como «idea estimulante». Y yo me pregunto, ¿hay alguna película de superhéroes que no tenga esa «idea estimulante»?

-

La posmodernidad era esto: reflexionando sobre el cine de Jean-Luc Godard.
En El Mundo, Luis Martínez tiene más espacio para hablar sobre Iron Man 3. No voy a analizar la crítica, que no he leído, porque antes quiero ver la película. Me he leído la de Costa, porque conociendo al crítico ya sabía que no iba a contar nada que me molestase el visionado. Pero aún así, he mirado la introducción y hay algo que rescatar. Voy a citar todo el primer párrafo, solo para que no tengáis que pinchar el enlace (dándole visitas a El Mundo) y leerlo. Dice: «Empecemos por retener un nombre: Shane Black. Él es el que firma la última entrega de 'Iron man', la tercera oficial y la cuarta (si incluimos 'Los Vengadores') de manera oficiosa, y, para evitar suspicacias innecesarias, nos cae bien. Suyos son los guiones de 'Arma letal', obra cumbre del peinado ochentero 'mullet', y en su corta carrera como director figura ese sorprendente delirio, entre la parodia y el simple frenesí, titulado 'Kiss kiss bang bang'. Para lo muy cafeteros, recordar simplemente que su anatomía desmadrada hacía acto de presencia delante de la cámara en, por ejemplo, 'Depredador'».

¿Por qué cito esto? Porque luego dice: «Más sencillo, no es familiar de Godard». Así, un párrafo con esa frase únicamente. Y ahora, pensarán que me lo estoy inventado. Aquí les dejo de nuevo el enlace por si no me creen. Yo tampoco me creería, pero es verdad. O quizás es cosa mia, que tengo el cerebro tan podrido de leer a esta gente que ya soy incapaz de comprender su forma de pensar.

Yo creo que este crítico debe escribir desde hace tiempo bajo los efectos de alguna droga. Comprensible, porque debe ser la única manera de escribir en El Mundo sin tener tendencias suicidas.

-

El Festival D'A de Barcelona ya ha empezado y con él las inevitables crónicas. En ese aparato de propaganda del poder que es La Vanguardia, hay comentarios extensos de Jorge Mauro de Pedro. A mi siempre me ha parecido un mal crítico y peor escritor. Su texto más que ser un comentario crítico de cine parece la consulta del psicólogo. Vean esta sentencia: «À perdre la raison, de visión obligatoria para todos aquellos hombres que presumen con demasiada ostentación de amar a sus mujeres».

-

Muy interesante artículo de Manuel J. Lombardo sobre el caso Alta Films, donde se analiza su decadencia más allá de la coyuntura económica. Estoy muy de acuerdo: el problema de la distribución de cine de autor en España es que ha ido adoptando una óptica de mercado, buscando la rentabilidad máxima. Algunos pueden pensar que es lógico, porque es un negocio y hay que sobrevivir. Pero como dice el propio artículo, González Macho captaba fondos europeos por la promoción que hacía estrenando cine europeo. Pero en lugar de elegir un cine europeo que respondiese a un interés cultural ajeno a las modas y los vaivenes del mercado, prefería tirar por ese cine enlatado y académico que aspira a conseguir la nominación al Oscar a mejor película extranjera y, de no hacerlo, al menos alguna candidatura a los premios del cine europeo.

-

Pornografía por todos lados. Especialmente en ese contenedor de basura que es El Mundo.