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viernes, 28 de junio de 2013

Tuiterías

Si en los 90 hubiese existido twitter, adiós trilogía
Ayer tuve una conversación muy interesante en twitter con dos amigos, Nicolás Ruiz, director de Cineuá, y con la cuenta oficial de Cinema ad hoc, que creo que la lleva su director Martín Cuesta, pero como no estoy seguro, lo dejo así, en la duda.

La conversación nació a partir de unos tuits mios en los que me quejaba de que muchos medios daban mucho espacio a determinadas películas simplemente por intereses comerciales, aún a pesar de que estas no le gustaran, en detrimento de otras que sí les parecían valiosas. El mejor ejemplo es El País, que en el estreno de The Man of Steel de Zack Snyder le dedicaba tres artículos, pese a una crítica negativa de Jordi Costa, mientras que una película que sí ponía muy bien, como Laurence Anyways se quedaba con un único y pequeño texto, donde apenas se enumeraban sus méritos. Esto lo han arreglado varios días después con una entrevista a Xavier Dolan, pero la diferencia de trato está ahí para quien quiera comprobarlo.

Lo que yo decía es que por muy buena que sea una crítica, si esta no tiene visibilidad, difícilmente va a poder actuar sobre el lector. Si tenemos tres artículos a una película que consideramos mala y uno pequeñito a una que consideramos buena, los ojos del lector se irán más hacia la primera, por desgracia. Además, que me parece un sinsentido privilegiar lo que no nos gusta sobre lo que nos gusta.

Luego la conversación fue por otros derroteros, principalmente la capacidad de la crítica para influir sobre el espectador. Ahí Nico decía que tenía mucha y yo no tanto. Y puse los casos de los fracasos comerciales de Spring Breakers y Holy Motors. Con esto no quise decir que la crítica tuviese que vender entradas (aunque quizás si se deslizó eso de mis intervenciones: como digo siempre, en twitter es difícil argumentar bien), pero está claro que si las críticas positivas hacia estas dos películas hubiesen tenido efecto sobre el público, esto se hubiera notado de alguna manera en las cifras de taquilla. Vamos, si yo leo una crítica y esta consigue interesarme en el film del que habla, lo que quiero es ver esa película cuanto antes y si la ponen en el cine, pues voy a verla. En mi caso, como soy de pueblo, ya no tengo ni esa opción, porque casi nunca programan películas que me interesen especialmente, así que quizás no soy la persona más indicada para entender ese fenómeno.

Obviamente, ahora que ha salido Spring Breakers en DVD/bluray y se puede encontrar en la red, la verá muchísima gente y quizás se vuelva a todo lo escrito en su momento. Pero creo que cualquiera entiende que no es lo mismo lo desarrollado en el anterior párrafo que esto.

La crítica es en parte culpable de esto, principalmente por dispersión. Si hablamos de todo un poco, lo normal es que salgan perdiendo las películas que no tienen ningún otro espacio mediático, en favor de las que tienen el apoyo de las majors. Obviamente, si a alguien The Man of Steel le parece una obra maestra, pues lo justo es que la defienda. Lo que yo digo es que si la película de Snyder nos parece una mierda y hay otra, de Dolan, de Assayas, de Linklater o de quien sea, que nos gusta mucho, pues no le dediques un espacio privilegiado a la primera, porque las segundas son las que lo van a necesitar. Vamos, yo creo que todos los críticos de cine, profesionales o amateurs, escriben porque les gusta el cine, porque hay películas que les gustan, o les interesan de una determinada manera. No sé, no creo que a nadie disfrute viendo solo películas que le parecen horribles. Por eso mismo me parece un contrasentido ver lo que ocurre constantemente en muchos medios, que por cumplir con unas expectativas comerciales se habla más de los estrenos más sonados y las películas que más les interesan se quedan al fondo del cajón. Habrá tiempo para analizar eso más profundamente en futuras entradas.

En el caso de Linklater parece que hay excepciones. Bueno, se trata de Richard Linklater, que en condiciones normales sería un director que cada estreno suyo sería considerado un acontecimiento. Pero como vivimos en España, sus películas casi no se estrenan. Esta sale con 91 copias y una buena distribución, pero como la gente es cruel, parece que importa más terminar de darle la puntilla a M. Night Shyamalan por After Earth antes que glosar las bondades del film de Linklater. Del blockbuster que se hable mucho, aunque sea mal. Como digo, hay excepciones, como la de la Revista Magnolia, que le dedica una hermosa portada a la película (a la trilogía) de Richard Linklater, Before Midnight. Muy recomendable ese número, donde además de los textos sobre Linklater hay una corta, pero valiosa entrevista a Joe Dante, para mi uno de los mejores directores de Hollywood de las últimas décadas.

Y en fin, que creo que los tres, Nico, Martín y yo, teníamos opiniones parecidas al respecto y fueron las limitaciones de twitter las que nos separaron. Obviamente, tampoco creo que el objetivo principal de la crítica deba ser el de dar visibilidad a las películas. Lo principal es reflexionar sobre ellas. Pero creo que estamos en un momento donde si no se actúa en una determinada dirección, va a terminar desapareciendo el material sobre el que reflexionar. Bueno, siempre quedará Hollywood, aunque como explica Dante en la entrevista de la Revista Magnolia, cada vez se hacen menos películas y tienden más hacia no salirse de unos límites de seguridad. Por lo tanto, ¿es labor de la crítica luchar por la diversidad cultural? Yo creo que sí.

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John, Paul, George y Ringo. En el orden que quieran.
El otro día se celebró la gala aquella de la bebida de ron donde premiaban a los peores y más irresponsables críticos de este país: Boyero, Oti, Enric González y Toni García Ramón, con la presentación de Carlos Marañón. Todo lo que rodea a este evento es desagradable y esperpéntico. La estética tiene ese toque hipster-vintage que echa para atrás y parece ser que durante la gala servían copas con los nombres de los premiados. Ahí es nada. Imagínense, beberse un Boyero. Supongo que llevaría cianuro y heces de caballo, para hacer honor a su nombre.

Si tienen estómago, miren este video, donde los cuatro protagonistas hablan de sus filias. Todos menos Toni García Ramón, que utiliza ese espacio privilegiado para atacar a un crítico austriaco desconocido que no se puede defender. Podemos pensar que esto es cosa del editor, que cogió ese momento en lugar de otro cualquiera. Pero resulta que en este otro video, Toni ataca a otro periodista, en esta ocasión belga. Desde luego, me acusarán a mi de tener bilis, envidia y no sé qué más, pero este hater profesional no se queda corto. Me hace gracia que se ría del periodista belga por el error de Truman Capote (gravísimo), cuando él casi va a gazapo por artículo. Pero nosotros si se lo señalamos es porque estamos locos, obsesionados con él y no sé cuántas cosas más.

En la nota de prensa destaca que Carlos Marañón se refiera a Toni García como un revolucionario porque «no se deja llevar por tendencias sino que investiga y descubre filones». Sencillamente hilarante. Miren lo que piensa Toni García Ramón sobre descubrir filones en este texto ya comentado: «Déjese de experimentos y asegúrese la jugada, disfrute de los que pensaban que el séptimo arte era el primero. Ahora que el cine parece basarse en principios como “si es americana o acaba bien es mala” o “no he entendido nada; es una obra maestra” vuelva a los brazos del padre, a los señores que dirigían con traje y corbata, los tipos con parche en el ojo y los que se cagaban en la estrella y le gritaban “eres un auténtico inútil” enfrente de todo el reparto». ¡Qué sería del maltratado y olvidado cine clásico si no fuese por el revolucionario Toni García Ramón! Quédense con el «déjese de experimentos». Y este es el revolucionario para el director de Cinemanía. Hombre, al lado de las otras tres señoras con las que compartía homenaje no me extraña. Bueno, en términos revolucionarios yo veo a Oti por encima.

Tampoco quiero olvidarme de una confesión de Enric González, ese periodista tan progresista y comprometido que se fue por dignidad de El País y días después fichó por El Mundo. Habla sobre su labor como corresponsal en el Festival de Cine de Venecia: «soy claustrofóbico. Estaba de corresponsal en Roma y me encargaron sustituir a Fernández Santos, que acababa de morir, en el festival. Me senté cerca de la puerta para salir a respirar. Yo no puedo ir a las salas de cine». Sí señores, el periódico más importante de España llevaba a cubrir uno de los festivales más conocidos del mundo a un claustrofóbico. Esto suena a aquella película de Woody Allen donde un director se quedaba ciego y rodaba la película igual. Supongo que eso a muchos les parecerá una sátira magnífica de los vicios y excesos de Hollywood, pero ya ven, en España estamos mucho peor. Un trabajo que consiste en estar horas encerrado en un cuarto oscuro lo realizaba un claustrofóbico. Es para estallar a carcajadas. ¡Y lo hizo durante varios años!

Estas cosas, como digo siempre, no son culpa de Enric González, ni de Boyero, sino del tipo que les permite esta desfachatez. Lo peor es que en El País seguramente piensan que sus caídas de ventas no se deben a estas cosas, sino a todos esos rollos culturales que no interesan a nadie. Es la sensación que tengo viendo hacia dónde se dirige El País. Decenas, cientos de referencias a la triste muerte de James Gandolfini frente una necrológica tardía de Richard Matheson. Y miren en qué situación estamos que Richard Matheson se considera algo difícil de vender...

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Relacionado con el esperpento del ron Havana, es recomendable esta entrada en el blog de Raúl Pedraz donde se extiende más en la claustrofobia de Enric González, gracias a que él ha tenido el valor (o la tendencia suicida) de leer las memorias de este periodista, bohemio, vividor o lo que quiera que sea ahora mismo. Entre las perlas cabe destacar el enigma Delaney, descrito en dos suculentos extractos: «un hombre brillante, ingenioso y ocasionalmente malévolo al que, por razones que no vienen al caso, llamaremos con el apodo al que recurría Groucho Marx cuando hablaba de personas en situaciones incómodas: Delaney» y «Los martinis en el Harry’s eran solo el prólogo de veladas imposibles que concluían con Delaney meando contra la fachada de San Marcos o mostrando a un grupo de turistas americanos lo bien que se había depilado el culo». Aún así, su labor profesional queda perfectamente reflejada con lo siguiente: «Las estancias en el Lido de Venecia venían a ser un vestigio de otros tiempos, de cuando los periodistas eran bohemios y canallas porque se esperaba de ellos que lo fueran. A veces bebíamos. A veces pasábamos la noche bebiendo». Tras esto habría que volver a las crónicas de Enric González, para fijarnos bien en toda su irresponsabilidad, la manera que despachaba películas y directores, así como sus renuncias profesionales.

¿Quién es Delaney? Bueno, Pedraz pone en relación el grupo de los cuatro de Venecia (Boyero, Enric, Oti y Delaney) con los cuatro que recibieron el homenaje el otro día (Boyero, Enric, Oti y Toni García), así que si desvelamos la incógnita nos da que ese hombre que les enseñaba el culo a los turistas americanos y meaba en la fachada de San Marcos era el actual periodista de El País, entre otros medios. Aunque yo con malicia pienso que sí lo será, creo que Toni no fue en esa época a Venecia, quizás me confunda. Pero bueno, ahí queda el dato.

jueves, 23 de mayo de 2013

Toni, García y Ramón. Viaje alucinante al fondo de la mente

Sokurov dedicando el premio a Toni García Ramón
El material que ofrezco hoy iba a ser parte de una futura entrada más amplia, pero he decidido adelantarlo dado que su protagonista, Toni García Ramón, ha tenido a bien comentar en su twitter mi blog. Yo se lo agradezco, porque son visitas y, quién sabe, quizás alguno de sus seguidores lo lee y descubre qué tipo de periodismo practica esta persona. Antes de nada diré que en mi opinión (este es un blog de opinión del que se puede discrepar abiertamente, siempre lo digo) el principal problema de este periodista es que trabaja en El País y, por tanto, se mueve dentro de una línea editorial del periódico muy peculiar, consistente en vender basura como si fueran noticias de importancia y defender a capa y espada el cine de Hollywood y alrededores, además de sembrar la duda sobre todo lo que sea cine de autor que se escape a las reglas de mercado. El famoso «hoy tocan películas duras de China y de Irán» de Gregorio Belinchón que citaba en la última entrada. Toni tiene su propio hit, que fue criticar la decisión del jurado del festival de Venecia de 2011 premiando una película rusa «aburrida» antes que una comercial y con actores famosos, aludiendo que el premio no haría nada por la primera, tan anticomercial y rara que jamás se estrenaría, mientras que la segunda con el empujón del León de Oro hubiera tenido una gran carrera comercial. Evidentemente se equivocó: Faust de Sokurov se estrenó (pese a sus recomendaciones) y Shame tuvo una buena carrera comercial, incluidas varias nominaciones a los Oscar. Imaginen que hubiera sido al revés: que hubiera ganado Shame. ¿Se hubiera estrenado Faust sin un León de Oro? Pues es posible que no, pero al crítico le daba igual. Y a su periódico también. ¿Para qué diversidad? Miren si no lo que entiende El País por cine independiente. Así funciona la sección de cultura del periódico. Y los periodistas que trabajan allí no son más que mercenarios, peones intercambiables que supongo que en muchos casos tragan con lo que hay, porque un trabajo en el periódico más leído de España no es fácil de conseguir, y menos en estos tiempos.

Hombre, en el caso de Toni García Ramón, pueden otorgarle el beneficio de la duda, aunque mi opinión es que si pudiera se tatuaría la línea editorial de El País como muestra de adhesión inquebrantable. Esto podemos intuirlo atendiendo a lo que escribe el periodista fuera del diario. Porque él es solo colaborador del medio de PRISA. No tengo muy claro cuál es su actual situación contractual porque de las tres veces que he entrado en su perfil para leer los insultos indirectos que me dirigía, siempre ponia una cosa distinta. Creo que en algún momento llegó a poner algo de colaborador de El País. Ahora pone «Autónomo y periodista», así que quizás sea una de las múltiples víctimas del famoso ERE de PRISA, ese que se hizo para poder seguir pagando el sueldazo de Cebrián y convertir en precario el trabajo de los que sobrevivieron a la poda. No lo sé y tampoco es importante para lo que se trata aquí.

Resulta que además de en El País, nuestro protagonista escribe en muchos más medios, entre ellos Jot Down, esa revista de cultura general donde cabe de todo y al final terminan igualando todos sus contenidos a la baja. El problema de no tener una línea editorial es que la sensación es que la revista quiere decir que Andrés Trapiello y Carlos Boyero son la misma cosa, por poner un ejemplo. Alguien dice que esta forma anárquica de crear contenidos es una manera de escapar de dogmas ideológicos. Yo más bien creo que es dejarlo todo en manos de la ideología dominante: el mercado. Tener una dirección editorial demuestra coherencia, no tiene por qué ser dogmatismo. Hoy en día, con internet, el lector puede encontrar todos los contenidos que desee, por lo que sería ideal que cada revista se dedicara a unos específicos, los que más le interesasen y tratarlos con profundidad. Sin embargo, pasa lo contrario. Hay un montón de revistas que tratan un amplísimo número de temas y al final todos parecen superficiales. Esto de nuevo es una opinión personal mía que no tienen por qué compartir. Yo formo parte de la revista Lumière donde tratamos pocos temas, pero queremos que estos sean tratados con cuidado y no mezclados con cosas que no tienen nada que ver.

Pues bueno, el otro día me dio por leer los artículos que tiene Toni García Ramón en Jot Down. Y ya verán como es gracioso. Bueno, para mi lo es, pero yo tengo un sentido del humor especial que quizás no compartan. Ni deben compartirlo, claro. El primer texto que nos aparece en el link de arriba (el último en ser públicado) se titula, de manera muy elegante y delicada, Enorme polla torcida. Trata sobre monarcas mayas que se cercenaban el pene como muestra de superioridad ante sus súbditos. Pero lo que me interesa del artículo es lo primero: «Lo que le hemos hecho a los mayas no tiene nombre. Bueno, no hemos sido todos, solo unos cuantos, aquellos que se empeñaron en interpretar su calendario como si fuera una cuenta atrás. Todo el año con los mayas en la boca, mayas aquí, mayas allá». Tiene razón Toni García Ramón, sí que nos dieron el coñazo con los mayas y con el fin del mundo. Pero quizás él no sea el más adecuado para decirlo, ya que en el mismo medio escribió un artículo titulado Diez cosas que hacer antes de palmarla. No un día cualquiera, sino en marzo de 2013, en uno de los muchos apocalipsis mayas que anunciaron. ¡Qué malvados todos esos periodistas que nos agobiaron con las profecías mayas! Algunos pensarán que es una mera licencia literaria para hacer un texto de recomendaciones, pero no me dirán que el contraste entre el párrafo que cito y el artículo es cuando menos curioso. No es la única coincidencia graciosa que vamos a encontrar. Pero lo dejo para más adelante. Vamos a centrarnos en este último enlace.

Toni García Ramón, como buen periodista cultural, nos recomienda varias maneras de terminar bien nuestra vida, antes del fin del mundo. En varios puntos, desgrana todo tipo de actividades culturales. Entre ellas la bebida. Ya les dije en la anterior entrada que los periodistas de El País como críticos de cine no valían mucho, pero que como ilustres bebedores sí que deberían ser tenidos en cuenta. La marca de ron Havana lo sabe y por eso les premia. Fíjense que Toni García, sobre todos los locales para beber, nos recomienda el Harry's Bar de Venecia. ¿Venecia? Sí, sí, Venecia, allí donde se celebra el festival de cine al que nuestro periodista acude como... como... em... bueno, ya saben, vuelvan a leer sus crónicas en El País (arriba ya les enlace una). Tras la bebida (que aparece de número uno, faltaría más), dedica el resto de los puntos a la literatura, la pintura, los viajes, el cine, la música, la comida, el sexo (follar) y la apostasía (por eso de que es el fin del mundo). También un décimo punto sin contenido que protagonizará la parte final de este texto, ya verán, ya.

Vamos a centrarnos en la literatura, la pintura y el cine. Seguramente, muchos de los que lean esto pensarán que Toni García Ramón es un gran periodista (yo no, claro) y que como tal, tiene gran rigor y coherencia. Vamos a comprobarlo. En la parte de literatura, ataca a autores comerciales y (supuestamente) banales como Coelho, Moccia o Espinosa (Albert, imagino) diciendo que su lectura provoca que «un sentimiento homicida te recorre la espina dorsal y crees que la guerra nuclear no es tan mala idea». En cambio, frente a estos best-sellers porpulares, el periodista anima al lector a buscar algo más allá, editoriales que hacen un gran trabajo fuera de las primeras planas de los escaparates. «Los científicos aún no han encontrado —de momento— ningún vínculo entre la lectura y alguna enfermedad mortal». En la pintura va todavía más lejos, porque miren lo que dice: «No se haga el listo, no escoja uno de esos archiconocidos con los que llevan bombardeándole toda la vida. Atrévase con algo nuevo». Yo esto lo aplaudo. ¡Viva! Hay que defender la diversidad cultural. Hay miles y miles de obras de arte de gran importancia. Dicho esto, imagino que este discurso, valiente y coherente, incluso contracorriente, lo llevará también al apartado del cine, ¿no? ¿No? Pues no, claro que no. ¿Qué se esperaban?

El apartado ya ni siquiera se llama Cine o Vea una película. No, es Vea un clásico. Dejando claro de qué se trata. Imagino que lo que vale para la pintura no vale para el cine. En la pintura, busque un cuadro original, diferente. En el cine vea un clásico. «De cuando el cine era más grande que la vida», añade. Recomienda The Quiet Man, que es una de las grandes obras maestras de John Ford. Luego miente un poquillo, quiero pensar que por ignorancia (lo que es grave también, pero menos) y sin malicia, porque dice que la están reponiendo en los cines Verdi en una copia en 35 milímetros, cuando realmente era la restauración digital que acababan de realizar. Es posible que Toni ni había ido a verla. Recomendarla, sí, como Boyero con Lanzmann, pero verla, ni de coña. O a lo mejor fue y ni se enteró de que era en digital. Vayan ustedes a saber.

En serio, comparen el «No se haga el listo, no escoja uno de esos archiconocidos» con el «Déjese de experimentos y asegúrese la jugada». ¿A qué se debe esa diferencia de baremo entre la pintura y el cine? Pero a Toni no le basta con recomendar la película de Ford, encima tiene que desenmascarar a los farsantes, a los que atacan el cine verdadero. Así, en lugar de narrar las virtudes de esa magnífica película, prefiere ir soltando hostias a diestro y siniestro. «Ahora que el cine parece basarse en principios como “si es americana o acaba bien es mala” o “no he entendido nada; es una obra maestra” vuelva a los brazos del padre». En pintura, aléjese de los brazos del padre. En cine, regrese. En la pintura, lo diferente, lo desconocido es bueno. Ver lo de siempre es hacerse el listo. En el cine, hay que ver los clásicos, porque los que defienden lo menos accesible son unos plastas que solo quieren cargarse el cine bueno, el de siempre. Yo empiezo a notar que Toni tiene algún problema de esquizofrenia, primero atacándose a sí mismo por ser uno de los que hicieron cábalas con el calendario maya y ahora defendiendo una cosa y la diametralmente opuesta en apenas unas líneas de diferencia.

Este comportamiento desquiciado y de preocupante estabilidad psicológica no termina ahí. Como ya les decía antes, el texto tenía diez puntos. El décimo no tiene ningún contenido, simplemente dice «Dejen de leer artículos como este y hagan algo útil» (reconozco que en este punto sí que debería haberle hecho caso). ¿Cuál es el cometido de este punto? ¿Por qué no dejarlo simplemente en nueve? Yo imagino que se trata de una mera formalidad, de que normalmente las listas son de diez y, bueno, vamos a hacer una de diez puntos. Lo normal, lo entiendo.

Bergman explicando la psicología de Toni/García/Ramón en un solo plano.
Pero (tenía que haber un pero, je) resulta que en Jot Down, nuestro buen amigo Toni García Ramón tiene otro artículo, anterior, también dedicado al cine, que se titula Nueve películas que (casi) nadie vio pero que (casi) todos deberían haber visto. Sí, nueve, han leído bien (reconozco que este artículo necesitaría un análisis propio, porque tiene tela, pero como no es el objetivo del texto, le dejo escapar). Esto, si simplemente fuese un desajuste numérico solo sería criticable desde el puntillismo y la obsesión. Pero es que hay más. Lean el principio del artículo, hay una nota aclaratoria que termina así: «No hay diez películas porque el diez es un número antipático, supuesto paradigma de la perfección que usaban para coaccionar a los niños de mi generación en las escuelas». Vuelvan a leerlo. ¿Qué tendría que decir Freud sobre esto? Tenemos a Toni García Ramón negándose a usar el número diez por culpa de un trauma infantil y, un tiempo después (no puedo asegurar cuanto, porque en Jot Down no aparece la fecha de los artículos), utiliza ese mismo número que tanto le atormenta en otra lista. Y lo hace no por necesidad, sino por puro capricho. ¿Qué significa esto? ¿Que Toni superó sus malas experiencias infantiles y consiguió usar la cifra maldita que le perseguía o bien que se ha dejado llevar por su locura? No sé, a mi cuando menos me da miedo. Quizás debería leer los artículos que escribió entre uno y otro, quizás ahí está la explicación a este comportamiento. Se lo dejo a sus médicos.

Esta tarde, Toni dedicó parte de su tiempo a mostrar su indignación por mi artículo. Entre risitas e insultándome y ninguneándome, pero imagino que si le diera absolutamente igual ni siquiera diría nada, o lo diría sin esa violencia. Se ganó la ovación de amigos, admiradores y demás allegados. Yo agradezco a Carlos Morcillo Mira que me nombrase en un tuit, ya que si no, no me hubiera enterado de esto (y a lo mejor esta entrada hubiese quedado para más adelante). Yo le contesté cortésmente, porque este blog es de humor y a veces se utiliza la agresividad. Que yo zurre verbalmente no quiere decir que luego si me los encuentre les vaya a dar un hostiazo. Pero ya saben cómo es: Toni García Ramón dedica muchos tuits a insultar a Aznar y a Rajoy (así lo he notado en un vistazo rápido) y yo supongo que eso no quiere decir que les desee la muerte o que esté planeando algo contra ellos. Sin embargo, si lo hacen contra él, oh dios, censores, trolls, fascistas asesinos que no me dejan expresarme. Así funciona. Como Boyero. Dios los crea y ellos se juntan. Tras realizar el análisis de esta entrada y descubrir su esquizofrenia, no sé si tomarme el siguiente tuit como una amenaza:
Lo que más me gusta es que su principal argumento contra mi es que soy un don nadie. Que tengo un blog de nada y que soy un crítico serio. En parte me alegro, porque si su principal defensa es que soy un don nadie y que soy un maleducado (me lo dice él, que se considera un odiador) algo estaré haciendo bien. Bueno, en lo de que estoy desinformado le voy a dar la razón. Pero también repito hasta la náusea que este es un blog de humor, no pretende ser veraz y no quiero que nadie piense que lo que yo digo aquí es LA verdad. Es humor, pero imagino que Toni García Ramón piensa que Hitler fue sustituido por un peluquero y que El gran dictador es un biopic. Bueno, a saber lo que piensa, como se ha visto en esta entrada, puede pensar tanto una cosa como la contraria.

Les recomiendo que lean toda la colección de tuits que me dedica. Se enorgullece de tener un troll, pero siendo justos a lo que pasa en este blog, en todo caso seré el troll de Carlos Boyero. Toni solo es una víctima colateral, por eso que es uno de los aprendices que el extravagante dúo de Boyero & Hermoso tienen en su diario, enseñándoles su método de análisis crítico. O quizás está tan mimetizado con Boyero (ya saben de sus vaivenes psicológicos) que se considera la misma persona que él. Ojo Carlos, que quizás llegas un día a casa y te encuentras a Toni García Ramón disfrazado para parecerse a ti, cual Norman Bates. En fin, como yo en el fondo no le deseo ningún mal a Toni García Ramón, para que no se diga que miente (aunque sea su principal cometido cada vez que escribe), le regalo esta entrada, para que pueda decir que le atacan y que tiene trolls.

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Mientras, su colega Gregorio Belinchón sigue con su labor. Aquí va la serie de tuits:
Esto no era verdad, porque Diego Quemada-Diez es español, por mucho que su película sea mexicana. No solo es español, sino que está en una de las secciones competitivas, no como Galán, que todos sabemos por qué está ahí. No tardaron en recordarle esto a Belinchón, que en seguida rectificó:
Hubiera sido mejor no tratar de arreglarlo especificando. Parece que Diego Galán vale más por ser español-español y el otro como es español-mexicano, pues bah, qué más da. Supongo que si algún día se estrena ya se encargará Javier Ocaña de darle su merecido con una crítica, como el año pasado le pasó a Antonio Méndez Esparza, compitiendo en la Semana de la Crítica pese a los esfuerzos de El País y el resto de medios por ningunearle.

Se debía sentir mal Belinchón, porque al día siguiente volvió a otorgarle la nacionalidad completa al burgalés Quemada-Díez:
Es admirable cómo la película pasa de no existir a ser soberbia y dirigida por el español del día. En todo caso, hay que darle cierto crédito, porque al menos ha tenido la dignididad de dejar los viejos tuits.

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Aquí les traigo un libro que no deberían dejar de comprar. ¡Una recopilación de los chats de Carlos Boyero de su época de El Mundo! Miren la portada con la pose chulesca del crítico, la corbata suelta y fumando el cigarrito... ¡rebelde!¡Héroe! El libro sólo cuesta 17 euros, no sé a qué esperan. Ya sé que se puede consultar gratis en internet, pero ¿qué hay de la ventaja de tener la dulce prosa de Boyero recogida en un volumen? Eso no tiene precio.

Pero mejor aún hagan un poco de scroll y fíjense en las opciones que dan para adquirir el libro de Boyero junto a otro. A ver qué obras y autores afines a Boyero recomiendan. Yo se lo digo: Carlos Herrera, Federico Jiménez Losantos y César Vidal. ¡Cómo lo han calado! En fin, todo el periodismo basura juntito (aunque imagino que a Herrera al lado de los otros tres ogros habría que salvarlo), para que no se pierdan. Sí, ya sé que los juntan porque todos los libros pertenecen al género recopilación de chats (un género que debería darle vergüenza al que lo inventó), pero la coincidencia es cuando menos curiosa. Boyero-Losantos-Vidal. Santísima Trinidad. Si Toni García Ramón quiere entrar en este selecto grupo, aparte de comenzar chats semanales con sus fans, tendría que llamar nazi a algún enemigo suyo. Pero no a mi, claro, a alguien conocido y que pueda denunciarle.

Si siguen hacia el final de la página podrán leer la única opinión vertida al respecto del libro. «Uno de los personajes más singulares, extravagantes y geniales del panorama cultural español». Una pena que firme como Anónimo, lo que dice que podría ser cualquiera. El propio Boyero. O, uniendo cabos, el director de La mula.

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Otra cosa no, pero al menos a Luis Martínez hay que reconocerle su habilidad para los titulares con gancho.

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Por darme un poco de publicidad y vean que no solo insulto, un artículo que escribí para A Cuarta parede sobre el emule, y la cinefilia que nació alrededor de él. Gracias a internet y el emule nos pudimos liberar de toda la desinformación y mentiras que nos vendía el mercado, con la indispensable ayuda de sus matones en los medios de comunicación.

Sobre el agradable comentario que me dedica un lector ya hablaré en la próxima entrada.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Escrache a Boyero

La final de copa como representante del cine español en Cannes
Empezó el festival de cine de Cannes y para los cinéfilos españoles son días de infamia y vergüenza ante la cobertura que la prensa generalista hace del evento. Bien es cierto que en los últimos años el número de periodistas patrios que acude al certamen se ha multiplicado exponencialmente (al revés que el número de películas) y supongo que ahora podemos hablar de una cobertura adecuada, o al menos digna, ya que tampoco es para tirar cohetes: todos van a ver las mismas películas y suelen defender las mismas cosas. Si defienden algo distinto, al par de semanas se olvidará, en el caso de que no se estrene. Pero imaginen la situación hace diez años, con Boyero, Oti, Enric González, Hermoso y toda esa cuadra. ¿Qué cara pondrían los responsables del resto de los medios? Gentuza que sólo iba a la sección oficial y se salía en mitad de las películas, que te los encontrabas casi tanto tiempo en los bares como en los cines. Este era el panorama y para ellos no ha cambiado mucho, aunque con el paso de los años se haya vuelto cada vez más triste, así como que los medios para los que trabajan los amparen.

Fíjense en la fotografía que encabeza el artículo. Son Boyero y Oti viendo la final de Copa del Rey en un bar de Cannes. Supongo que a esas horas no había ninguna película y supongo también que no se quedaron al final del partido, que acabó bastante tarde, porque hubo bastante lío, minutos de descuento, prórrogas y más lío. En ese bar había más periodistas españoles, por cierto, entre ellos, ni más ni menos que Carlos del Amor, ese chico tan simpático y tan encantado de conocerse que ha convertido las noticias culturales de los telediarios de la pública en un cúmulo de consignas de mercado y frivolidades sonrojantes. Han leído bien, la pública. Así está España y así está el periodismo cinematográfico. Tampoco quiero ser quisquilloso. Evidentemente, todo el mundo necesita descansar y relajarse, aunque luego me sorprende que digan que Cannes es tan duro si hay tiempo para tomarse una cañita y verse un partido que duró más de dos horas. Pero lo que me interesa no es eso. Es otra cosa.

Me imagino que tras disfrutar del partido y de un merecido descanso tras una jornada dura, los críticos españoles estarían listos para trabajar al día siguiente de manera responsable. Bueno, la palabra responsabilidad en el diccionario de Boyero no debe existir, porque ojo a la crónica del día siguiente a la final. Habla sobre Le passé de Asghar Farhadi: «La he visto después de una noche de insomnio, en una esquina de la sala, sentado en una especie de balancín que te tortura el cuerpo, ya que todas las butacas estaban ocupadas, con el cerebro más abotargado que de costumbre, no he entendido los giros y algunas explicaciones de la historia». Aquí tienen la profesionalidad del crítico de El País. Yo he pasado noches de insomnio en algunos festivales, a veces por el trabajo y a veces por salir con unos amigos y tomar unas copas de más (aunque nunca a sueldo del medio de comunicación más importante del país, claro), pero utilizarlo como excusa contra una película es bastante lamentable. Está claro que Boyero siempre tiene que hablar de sí mismo, sencillamente porque no sabe hablar de otra cosa. Supongo que a los editores de su periódico les parece bien todo esto, que siga vendiendo su imagen fatalista e irresponsable, como el último de los bohemios, mientras sobrepasa todos los límites en una sociedad como la española que vive en niveles dramáticos de desempleo.

En esa misma crónica nos regala un «puede que el problema sea mío y no de la película». Hombre, de eso no tengo ni la más mínima duda, pero estaría bien que ese mismo argumento lo utilizara cuando masacra sin piedad películas de Oliveira, de Pedro Costa, de Wang Bing y de tantos otros cineastas que no se pliegan a sus limitadísimos estándares de lo que debe ser el cine. De estas limitaciones podemos hablar viendo el penoso video que han hecho al alimón Boyero y su esclavo Gregorio Belinchón, comentando la película de Farhadi y A Touch of Sin, de Jia Zhang-ke, que el crítico estrella mencionaba en su crónica copiando la nota de prensa. Yo creo que no la ha visto y en el video no hace más que apoyar esas sospechas. Tras resumir su opinión sobre Le passé, se refiere a Jia Zhang-ke como el director que ganó el León de Oro de Venecia hace algunos años. Aquí pueden leer sobre ello (el artículo La catatonia nacional de José Manuel López Fernández originalmente pertenecía a Tren de sombras, revista que ya no se encuentra online). Ahora habla como si no hubiera ocurrido su desplante. ¡El famoso Jia Zhang-ke! Pero escuchen las palabras de Boyero hablando de A Touch of Sin, repitiendo una y otra vez lo mismo, dándole la vuelta a la sinopsis para tratar de esconder su falta de profesionalidad. Pero lo mejor de todo el video son las palabras iniciales del insufrible Belinchón: «hoy tocan películas duras de China y de Irán». Como siempre en los peores críticos de España, ese prejuicio ante lo que no pertenece al centro, a lo convencional. ¡China e Irán! ¿Cómo se atreven a hacer cine en esos países? Pero en fin, simplemente fíjense en la penosa calidad del video, en lo mal elegido que está el lugar para la grabación, en la insufrible calidad de sonido. Está claro que alguien que es capaz de entregar un trabajo tan mal hecho no puede decir nada interesante sobre el cine que ve en Cannes.

A pesar de que este año le han puesto un festival muy previsible, lleno de películas americanas y cosas afines a Hollywood, la nula ética profesional de este periodista siempre sale a relucir. Lean su emocionada crónica de la última película de Claude Lanzmann: «no solo es un documental impresionante, también es obligatorio. La obra de Claude Lanzmann sobre el Holocausto debería exhibirse en todos los colegios del mundo para que desde pequeños conociéramos la maldad que puede llegar a practicar el hombre». Todo muy bonito. Pero como dije al principio, cada vez hay más periodistas españoles en Cannes y seguramente conocen la catadura de este personaje despreciable, el daño que está haciendo a muchos futuros cinéfilos que se acercan a las páginas de El País en busca de información cultural y terminan devastados por la prosa grosera y desagradable de este sujeto. Atención a este tuit:
Este es el nivel del crítico más leído de España, recomendar fervorosamente películas que él no está dispuesto a ver. La película de Lanzmann duraba cuatro horas, así que es posible que le coincidiera con la comida o la cena. Quédense también con el final de la crónica, donde atiza a dos directores orientales, Takashi Miike y Johnnie To. «Para mí sigue siendo un enigma indescifrable las razones del fervor de los festivales de cine hacia estos directores orientales especializados en tiroteos y mamporros, en el ruido y la furia. Es un cine bastante tonto, una moda sin sentido». Supongo que el beneficio de la duda que le otorgaba a Farhadi no vale para Miike y To.

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Quizás haya que ser comprensivo con Boyero y tener en cuenta que el hombre lo está pasando mal, después de enterarse de que ha sido condenado a pagar 6000 euros a José Mourinho por llamarle nazi portugués. Para mi se han apiadado algo de él, porque el técnico del Real Madrid pedía quince mil euros, lo que a mi me parece mucho más justo teniendo en cuenta la desfachatez del crítico.

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Las noticias esperpénticas relacionadas con Carlos Boyero no se terminan. La más delirante de todas ellas es esta. Sí, Boyero va a recibir un premio por su labor como cronista. No sólo él, sino que también otras lacras como Oti Rodríguez Marchante, Enric González (ese hombre tan progresista que dejó El País antes de que le echasen por el ERE... para irse a El Mundo) y, traten de aguantar la risa, Toni García Ramón.

Échense las manos a la cabeza, pero se estarán equivocando. En el fondo, es un acto de absoluta coherencia. Fíjense bien quién da el premio. El ron Havana. Evidentemente, qué sería de los destiladores de licores sin estos cronistas tan irresponsables que se dedican al bebercio y a la fiesta en lugar de a sus tareas... Premio merecidísimo, aunque llega tarde. Tendría que haber sido después de aquel festival de Venecia donde la película ganadora se presentó demasiado tarde para ellos.

Los premios los entregará Carlos Marañón, publicista director de la revista Cinemanía.

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En este blog me he reído muchas veces de La mula. Confieso que en su momento me sentí un poco mal, ya que en el fondo era una producción problemática que había vivido en el filo durante muchos años. Que sea el tipo de operación comercial que a mi me asusta no quita para que en el fondo se trate de trabajadores profesionales que no pueden ver el fruto de su esfuerzo. Por suerte, la propia productora, Alejandra Frade, se ha encargado de quitarme todo mi sentimiento de culpa. Atención a la entrada de este blog, porque daba para película de Berlanga, de no ser porque los protagonistas de las películas de este director siempre eran pillos carismáticos, antihéroes fracasados y lo de esta película es puro engaño neoliberal aprovechándose de la ignorancia total en cuestiones de cine a la que nos aboca el actual estado de las cosas.

Lo peor de todo es: ¿cuántos medios de comunicación informaron de esto? ¿Qué hay de todos los corresponsales que fueron a Málaga? Mutis por el foro. Silencio cómplice. Ellos son más culpables del timo al espectador que los propios productores del film. Porque ellos al fin y al cabo se encontraron con una película a medio terminar y decidieron ir por el camino fácil. Cuestionable, pero comprensible. ¿Cuál es la razón de los medios para no hacer referencia a esto? Quizás es que ni se enteraron, dada su ignorancia en temas cinematográficos. Vuelvan a ver el video de arriba parido por Gregorio Belinchón. Parece improbable que alguien que hace esa basura pueda hablar de los problemas técnicos de un film, por muy visibles que estos sean.

El profesional Javier Ocaña, siempre al servicio del poder, hablaba de «desbarajustes fotográficos», como si fuera cosa de utilizar dos cámaras distintas. Como Michael Mann o algo así. En Fotogramas, Mirito Torreiro, que tiende a darse mucha importancia, parece que los abdominales y el acento andaluz de Mario Casas no le dejaban ver más allá. En El Mundo, que siempre defiende los experimentos neoliberales de nuestra industria, por eso de cargar contra los titiriteros y las subvenciones, Luis Martínez decía que la mula trotaba, aunque no explicaba muy bien cómo. Eso sí, quizás en el título intentó reflejar su sentimiento de culpa por estar engañando de tal manera al lector. «Más cornadas da el cine». El cine y los críticos de los medios generalistas. Cornadas al espectador.

Esto da para elucubrar todo lo que se quiera y si pensamos mal diríamos que lo que Alejandra Frade no se gastó en terminar de manera digna su película sí lo invirtió en mandar sobres al estilo Bárcenas. No se puede entender de otra manera semejante irresponsabilidad general

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Volvemos a Cannes para recomendar enlaces y coberturas. La primera, la de la revista Caimán. Estemos de acuerdo o no con la línea editorial del medio (yo ya dejé claro que no), lo cierto es que están trabajando bastante con actualizaciones constantes sobre las películas. Tampoco es que sean unos análisis profundos, pero sí son comentarios interesantes y alejados del estilo personalista de Boyero y sucedáneos. En su renovada (y mucho más atractiva) página web se pueden consultar, tanto los textos desde la trinchera de Heredero, Quintana, Pena y otros, como los algo más reflexivos de Eulália Iglesias.

Para que no digan que le hago la pelota al Caimán, vamos a zurrarle un poco. Ya les he dicho que a mi una de las cosas que más me molesta es su incapacidad para definirse como medio cultural, introduciendo tácticas de mercado bastante cuestionables. Atiendan a este tuit de su director, Carlos F. Heredero:
Me cuesta entender el interés que puede tener para una revista de crítica cinematográfica la primicia de presentar el cartel de la nueva película de Martín Cuenca. Tanto el hecho en sí, como el lenguaje utilizado, me echan bastante para atrás. Sin ser tan exagerado, poco después, el mismo responsable, entregaba un tuit similar:
Recemos para que esto de la crítica de cine no se convierta en una batalla de exclusivas. De lo único que me alegro es de que lo hagan con Godard. Quizás es lo único a lo que puedan aspirar. Ya que en la liga de los Coen, de Winding Refn y otras estrellas de Cannes dudo que el Caimán pueda competir contra Variety y otros medios entregados a la publicidad agresiva.

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Desde hace algunos años, el crítico argentino Diego Lerer realiza un cuadro de votaciones con casi todos los críticos de habla hispana presentes en el festival, así como algunos amigos extranjeros. En anteriores ediciones se utilizaba una muy manejable página de Excel y para esta ocasión han tenido la mala idea de cambiarla por un cuadro de difícil lectura, que no invita a sumergirse en él. 

La revista alemana Critic realiza su propio cuadro en el que aparecen críticos estrella (en determinados círculos al menos) como Adam Cook, Daniel Kasman o Christoph Huber. Siendo más fácil de navegar (son menos votantes), yo me pierdo con esa peculiar forma de puntuación. Deben ser las barreras culturales.

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Las dos revistas de cine para las que más escribo (y de manera egoista diré que son las que más me gustan, cada cual que piense lo que quiera de esto) hacen cobertura de Cannes. En Lumière salen de manera intermitente textos traducidos de Daniel Kasman, así como alguna pieza suelta de Fernando Ganzo y en Transit, Carles Matamoros trata de sobrevivir a su primera experiencia cannoise escribiendo además alguna que otra crónica.

Recomiendo por último la cobertura de El amante, la veterana revista argentina. Escriben dos corresponsales, Fernando E. Juan Lima y Jaime Pena. No solo es interesante por lo que tienen que decir de las películas, sino porque muchas veces se alejan del esquema habitual de las coberturas, dejan de lado las muy manidas secciones oficiales y buscan otro tipo de cine que ofrece Cannes.

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Despido la entrada de hoy (espero poder escribir uno o dos posts semanalmente) hablando de distribución cinematográfica. Un tema que nunca importó en España porque los medios de comunicación nos mantenían en un páramo cultural del que solo salimos gracias a internet. Resulta que tras lo de Alta Films, los medios generalistas se tiran de los pelos hablando de la mala situación general, como si la cosa no fuera con ellos. La desfachatez es tal que el mismo Carlos Boyero en su primera crónica (último párrafo) de Cannes se lamentaba de que Alta Films no podría comprar películas que él no vería ni loco.

Lo que pasa es que lo de la distribución ha llegado a un punto que les puede empezar a estropear el negocio. Por eso Luis Martínez se descolgaba con este tuit:
Que no se estrenen todas esas películas asiáticas y europeas aburridas da igual, pero los Coen. ¡Los Coen, ni más ni menos! Unos directores de los que hemos conocido al dedillo toda su filmografía, que han contado con una publicidad desmesurada y que trabajan con estrellas de Hollywood, eso debe estrenarse siempre y la crítica tiene que hacer presión. El pobre Jia Zhang-ke y todos esos tarados del cine lento, a esos que les den. Philipe Garrel si estrena, le zurramos, por coñazo.

Sinceramente, ojalá estrenen la de los Coen, aunque sea para que esta gente deje de darnos el coñazo. Y se estrenará, no lo duden. Porque el periodismo cinematográfico trabaja para mantener siempre el orden establecido que le da de comer. Harán ruido para que se estrene la de los Coen sí o sí. Sin embargo, la película de Lanzmann que ha gustado a todo el mundo ya verán como no les indigna nada que no se estrenen (al final parece que Avalon la ha comprado, espero que no tarden en estrenarla). Saldrán con la excusa de que no es para todos los públicos o que es una película difícil de vender y todas esas milongas. El maestro en el arte de convertir en publicidad toda la información cinematográfica ya nos lo deja claro:
Todo correcto, menos lo de informando. Más bien manipulando, vendiendo y, si hace falta, atacando miserablemente al débil, como le gusta hacer a tu compañero de redacción. Eso sí, al final se salió con la suya y (tampoco había que romperse mucho la cabeza) Inside Llewyn Davis sí fue comprada para ser distribuida en España. Supongo que ahora el comprometido Belinchón empezara a luchar porque también compren A Touch of Sin de Jia Zhang-ke, La image manquante de Rithy Panh o Les salaudes de Claire Denis. ¿No?

sábado, 20 de abril de 2013

El País, sus fobias y las mías

¿Garrel? ¿Quién es ese?
Este fin de semana produce en España un acontecimiento bastante importante en lo que se refiere al mundo cinematográfico. Philippe Garrel estrena por primera vez una película en cines comerciales en España. Se acaban así casi veinte años de olvido, o de censura comercial, según lo quieran ver. El blog nace en cierta manera para celebrar la noticia, pero también para hablar un poco de la cobertura que ha tenido el estreno.

Porque esto sería un acontecimiento si España fuese un país normal. Pero como nuestro concepto de excepción cultural es programar ciclos de James Bond en filmotecas y hablar de las piernas de Marilyn Monroe, y encima hacerlo pasar por cinefilia hardcore, lo de Garrel se ha tomado con la apatía habitual con la que se recibe el cine que se escapa a esos cánones cinéfilos.

Especialmente grave es, una vez más, el caso de El País, anteriormente diario independiente, hoy global. Imagino que la noticia del estreno de un filme de Garrel hizo cundir el pánico en la sección de cultura, dirigida por Borja Hermoso y cuya imagen corporativa es Carlos Boyero, el ex-crítico de cine que ha utilizado las palabras «intelectual», «progresista» y «cultura» como insulto en varias de sus crónicas. Imagínense la situación: llega la noticia del estreno de una película de Garrel a El País. Pánico en la redacción. ¿Quién recibirá el castigo de escribir sobre ella? La escena sería similar a cuando en la escuela el profesor miraba la lista de alumnos para llamar a uno al encerado y acribillarlo a preguntas. Sudor frío.

Al final el encargado fue Javier Ocaña, muy capacitado para destrozar con un par de groseros guantazos toda película de autor que no sea vendible y exportable. Vean si no los bellos versos que le dedicó a Aleksandr Sokurov o la desarrollada y extensa crítica de 669 caracteres que realizó sobre (más bien contra) La vida sublime. Hace poco, en una entrevista para A Cuarta Parede, decía sin ningún rubor que a él el estilo Boyero no le iba. Podemos justificarlo en que realiza un trabajo automático y poco agradecido, y también en que el espacio que le dedica El País a la cultura dentro de poco solo va a dar para poner caritas sonrientes o tristes según la opinión que les merezca la película, pero masacrar de esa manera a una película sencilla y hecha entre amigos como La vida sublime me parece bastante injusto.

Yéndonos al caso que nos ocupa, el de Un été brûlant, la película que ha tenido el honor de estrenar la filmografía de Garrel en nuestros maltrechos cines comerciales, es conveniente comenzar comparándola con otra crítica que escribe Ocaña en la misma edición del diario. Se trata de The Hunt, la película de Thomas Vinterberg, director al que Ocaña se refiere como «siempre interesante», mientras que de las primeras películas de Garrel dice que eran «fascinantes o deplorables». Obviamente, esto es una opinión y me parece muy bien que tenga la suya, pero resulta curioso que un director como Vinterberg, cuya filmografía ha dado varios vuelcos, con cine dogma, cine de calidad europeo e incluso acercamientos al indie americano con estrellas, le parezca siempre interesante y un director como Garrel, de una coherencia total con una evolución muy clara desde sus inicios, a veces le fascine y otras le aborrezca. Yo creo (y esta es mi opinión) que Garrel es un director que puede gustar o no, pero es un cine que debería generar siempre una opinión similar, ya que su estilo, si bien no ha sido siempre el mismo, sí que parte de unas ideas muy claras respecto al cine que quiere hacer. Quizás a Ocaña precisamente le gusta que los directores hagan una película y a continuación otra que la contradiga por completo. Nada que objetar, claro.

Lo que sí me parece abiertamente discutible es la siguiente sentencia: «poco queda de aquella actitud posnouvelle vague: las secuencias que comienzan con un plano con los personajes ya inundados en lágrimas son el colmo de la preparación previa». Aquí reconozco que no sigo a Ocaña. No tengo claro a qué se refiere con posnouvelle vague. Sinceramente, si habla del propio Garrel, de Eustache o del grupo Zanzíbar, no creo que haya películas con más preparación previa que ellas. Lo mismo con los directores del grupo Diagonale (Vecchiali, Guiguet, Treilhou). Todos ellos trabajan sobre el artificio y la teatralidad. Puede que La maman et la putain o las películas de Garrel de los ochenta sí tuvieran una cierta noción de realismo, sobre todo en los escenarios, que eran los de sus propias vidas, pero la manera de acercarse a los sentimientos y de filmar los diálogos, tienen más que ver con lo poético, lo fantasmal e incluso lo onírico. O quizás el crítico se refiera a ese tópico de libro de historia del cine para niños que se refiere a la nouvelle vague como esa generación que sacó las cámaras a la calle y filmaba el mundo contemporáneo. Esto es verdad hasta cierto punto. Muchas películas canónicas de los directores franceses de la época hacen eso, pero siempre interviniendo ese realismo con ideas y citas literarias, teatrales e incluso cinematográficas que atentaban contra esa herencia neorrealista que tenían sus primeras películas. Sí, Godard y Truffaut filmaron las calles de París de manera directa, mostrando un ambiente más cercano a la realidad que los decorados de los films clásicos, pero apenas unos meses después, el director de A bout de souffle hizo Une femme est un femme, mezcla de slapstick y musical rodado en technicolor y en 2.35 como homenaje a las películas de Cukor, Donen o Minnelli. Ya no les hablo de Jacques Rivette. De esta mirada superficial sobre la nouvelle vague y el desprecio general del crítico español hacia ella, habrá que dedicarle un artículo aparte, ya que material hay para dar y tomar.

Es decir, que todas esas líneas que Ocaña utiliza para cargarse Un été brûlant nacen de una noción falsa acerca de lo que era la nouvelle vague y lo que vino después. Lo del «plano con los personajes ya inundados en lágrimas» supongo que lo dice porque no ha visto Vivre sa vie, también de Godard y también canónica. O La maman et la putain. O muchas otras películas representativas de esa época y de esa manera de hacer cine. La imagen de una mujer llorando, sin una razón aparentemente dramática o narrativa, es una situación muy común. Supongo que Ocaña se refiere a que Garrel lo hace mal, pero es que tampoco dice eso. Porque si lo dijera tendría que explicar porqué lo hace mal. ¿Y para qué va a explicar cosas un crítico cuando puede sentenciar a muerte la película?

Las últimas líneas de la crítica simplemente reflejan la impotencia del crítico ante una película que le supera, hablando de las supuestas críticas que hace Garrel a la política de su país y a la producción cinematográfica. Por supuesto, ni una línea sobre que esta fue la última película que Garrel rodó con su padre (Maurice Garrel murió en junio de 2011, antes de ver terminada la película), a quien había convertido en un personaje de su cine, o bien al revés, había utilizado el cine para expresar la relación que tenía con él. Su última aparición es hermosa y llena de significado: un plano contraplano entre Maurice y Louis Garrel, padre e hijo del director, que durante la escena seguramente estaba en medio de ambos, formando una curiosa cadena de transmisión.

Nada de esto parece interesarle a Ocaña (aunque podemos disculparle una vez más por la falta de espacio y -seguramente- de tiempo), que ya en el primer párrafo habla de Garrel como experimentalista y underground, quizás poniendo sobre aviso al lector habitual de su periódico, acostumbrado a los eructos del crítico estrella Boyero. En mi opinión, un crítico, y más aún el de un periódico (ya que será leído por un público no necesariamente cinéfilo) debe dar su opinión sobre el filme, pero al mismo tiempo desarrollar una serie de ideas que permitan al espectador generar su propia opinión, que debería poder ser contraria a la del crítico.

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«Cada vez que escucho la palabra cultura»
Relacionado con lo anterior, esta semana nos enterábamos de la triste noticia del cierre (o decadencia final, más bien) de Alta Films, dedicada a la exhibición y producción de cine de autor, precisamente la distribuidora de la película de Garrel. Antes de pasar a analizarlo, todo mi apoyo para todas las personas que se quedan sin trabajo, entre los que por supuesto no se encuentra el máximo responsable de la empresa, Enrique González-Macho, más conocido últimamente por ser el presidente de la Academia, que ha conseguido que el PP le haga una terrible Ley Antidescargas que amenaza con convertir en un solar años y años de esfuerzo colectivo por recopilar un cine que a ningún distribuidor jamás se le pasó por la cabeza estrenar.

Empezaré diciendo que la noticia no se puede llamar noticia. En twitter, Toni García Ramón (El País) estaba orgullosísimo de que su jefe, Borja Hermoso, diera la exclusiva. Yo le contesté con humor (quizás demasiado venenoso) y él me llamó troll. Luego se dedicó a seguir insultándome sin citarme (un clásico). Es muy de periodista con actividad en twitter. Si no me dan la razón, me encierro alrededor de mi grupillo de incondicionales y empiezo a soltar consignas violentas. Hice una instántanea de mis cinco minutos de gloria. Luego la conversación ha seguido con momentos agrios, cuando había empezado (pensaba yo) de manera divertida

Lo que yo trataba de explicarle al periodista de El País era que cómo es posible que el periodismo cultural intente vivir de conseguir exclusivas. Esa competición por ser el primero en descubrir o ver algo me parece algo totalmente ajeno a la cultura. Tiene más que ver con el mercado, la publicidad y todas esas cosas. No sé si esta búsqueda de exclusivas va a consistir en ver al jefe de la sección cultural de El País buscando en la basura de la gente del cine. No hay que olvidar que tanto Hermoso como Boyero, vienen de la escuela de Pedro J. Ramírez, y al igual que su maestro tienen esa vocación sensacionalista y lenguaje más bien soez. Todo viene, claro, del periodismo deportivo (o futbolístico) donde también hay ese frenesí fatal por conseguir exclusivas cueste lo que cueste, tengan interés o no.

Pero bueno, aceptaré que Hermoso consiguió la exclusiva. El problema es que luego leí el artículo surgido de esa gran investigación periodística y era difícil saber cuál era esa famosa exclusiva. Realmente el artículo era una entrevista a González-Macho en la que hablaba de la lenta decadencia de su negocio. Un paso más, pues su delicada situación ya era conocida y hace un año ya había cerrado unos cines en Zaragoza y Palma. También asegura que aunque cierre las oficinas, mantendrá abiertas unas salas. Al presidente de la Academia del Cine le honra decir que quiere acabar con el negocio dignamente, con todo el mundo cobrando su indemnización. También, aunque parezca sorprendente, no cita a la piratería y al malvado espectador ausente como causantes de la debacle, sino a la mala gestión del gobierno. Algo en lo que estoy de acuerdo con él, aunque imagino que su solución y la mia distan mucho de ser similares. La sensación que tiene uno al leer el artículo es que es una llamada de ayuda de González-Macho para sacar adelante su negocio.

Sobre Alta Films, me es muy difícil opinar, ya que yo soy de un pueblo y su trabajo apenas ha llegado. Como suele ser habitual, es algo que prácticamente se limita a Barcelona y a Madrid, y como todo el mundo de la cultura es endogámico, lo han convertido en un drama nacional. Si uno ve sus estrenos del último medio año (Trueba, Soderbergh, Loach, Anderson, Castellito) sólo puedo decir que se dedicaban a un cine de autor muy determinado, con claras ambiciones culturales y con un riesgo bastante limitado, aunque esto es España y con educadores culturales como Boyero o Hermoso todo lo que huela a cine de autor, aunque sea abiertamente comercial, es susceptible de fracasar. Pero en fin, lo que quiero decir con todo esto es que Alta Films tampoco era el santo grial, ni ofrecía una oferta de cine de autor variada. De hecho, la mayor variación a su catálogo ha sido precisamente la película de Philippe Garrel, estrenada con año y medio de retraso, pese a que en ella hay un desnudo integral de Monica Bellucci. Si no puedes vender eso en un país donde hace unas décadas se cruzaba la frontera para ir a ver a Marlon Brando untándole el culo con mantequilla a Maria Schneider es que es claramente un problema de marketing de la propia empresa.

Todo esto nos lleva al problema de fondo, que es la falta de una política cultural en lo que se refiere al cine. El cine que no viene de Hollywood, o que no se parece a este, ya es considerado como sospechoso. Tengo amigos que me dicen lo contrario, que hay gente que mira al cine de Hollywood con desprecio. Pero sinceramente, si alguien piensa que el número de gente que cree una cosa y los que creen la otra se acercan relativamente es que vive en un mundo de dibujos animados creado por él mismo. Que sí, que pensar tanto una cosa como la otra está mal, pero aquí hablo del impacto que tiene esto en la sociedad, y en ese sentido está claro que los primeros ganan por goleada. La última ocurrencia es que los festivales y las filmotecas deben tener cine comercial porque es tan creativo como cualquier película de autor. A la aseveración seguramente no le falta razón, hay películas comerciales que me gustan mucho y que disfruto mucho más que la mayoría de aberraciones de autor que pueblan los festivales. El problema es que las filmotecas son un espacio creado precisamente para que obras que no pueden competir en un mercado abierto con las grandes producciones de Hollywood tengan visibilidad. Una visibilidad muy limitada ya que el Estado tampoco puede luchar contra el aparato publicitario de los grandes estudios. Pero si tú dedicas parte de la programación de tu centro de arte, filmoteca o lo que sea a exhibir cine comercial que se puede ver en alta definición o incluso en cine en centros comerciales, le estás quitando posibilidades a otro cine que necesita de esos espacios para sobrevivir. 

Bueno, como El País había dado la exclusiva, quizás sus más activos tuiteros del área cultural sintieron la necesidad de comentar la noticia. Ya hablé arriba de Toni García Ramón, que se dedicó más bien al corporativismo y lanzó algún cuestionamiento acerca del por qué de las razones del cierre (del futuro cierre) de Alta Films. Mucho más activo fue Jordi Costa, que con su énfasis habitual hablaba del apocalipsis. Aquí, aquí y, mi favorita, aq, además de muchas e interminables discusiones de twitter que, como dije en el post anterior no terminan en ninguna parte. Vean que en los tres tuits anteriores, Jordi Costa echa la culpa a la gente, a los demás. Evidentemente, que El País, el periódico más leído de España, haya despreciado sistemáticamente el cine de autor, digamos, minoritario no tiene nada que ver. Un periódico, a pesar de ser leído diariamente por cientos de miles de personas (en internet por millones) eso no afecta nada en los hábitos de consumo. Jordi Costa podrá decir en su defensa que sí, que él es independiente, y es capaz de defender el más grande de los blockbusters como la más difícil de las películas de autor. Supongo que sus compañeros de redacción no piensan igual y Jordi Costa permanece callado ante el atropello constante que sufre determinado cine todos los fines de semana. Siempre que hay que defender el blockbuster más gigantesco de Hollywood, sí, ahí está Jordi Costa. Al revés, pues muy de cuando en cuando.

Mi opinión, quizás exagerada, es que los medios de comunicación generalistas son los principales culpables de esta crisis del cine de autor. Incapaces de defender algo tan simple como la excepción cultural. Incapaces de dar pistas al espectador para descubrir otro tipo de cine, sino masacrándolas a base de opinión y enfrentándolas sin ningún miramiento al cine de Hollywood, apoyado por una maquinaria comercial de la que El País ya forma parte. Uno de mis momentos favoritos de la extrema decadencia de la sección cultural de este periódico fue cuando se estrenó Uncle Boonmee who can recall his past lives, película que llegó a España por ganar la Palma de Oro en Cannes y por tener un productor español. El antiguo diario independiente de la mañana ya había destrozado a la película en su paso por el festival de Cannes, así que quizás ahora era momento de dar una visión diferente, ¿no? Bueno, a medias, ya que recurrieron al famoso a favor o en contra. La crítica a favor es de Gregorio Belinchón y el comentario negativo de ese intrépido cazador de exclusivas llamado Borja Hermoso. Lean las dos críticas y noten la diferencia de tono. Mientras Belinchón prácticamente pide disculpas porque le haya gustado, su jefe atiza no sólo a la película a base de exabruptos, sino también a todos aquellos a los que les gusta. Las dos últimas líneas, haciéndose el loco, no tienen desperdicio. No sé qué necesidad había de crear esta polémica, ni por qué no se hace más a menudo en el periódico. Bueno, a mi hasta me sorprende que Belinchón haya conseguido meter su crítica a favor.

Inolvidable fue el análisis del palmarés del festival de Venecia de 2011, donde Toni García Ramón se inventaba un mundo personal donde todo sucedía como él quería. Según él (aunque lo hiciera extensible a «todo el mundo»), el jurado había cometido el gran error de darle el premio a una película pequeña y sin posibilidades de tener una carrera comercial en lugar de dárselo a una película comercial con rasgos autorales. Aquí el crítico adoptaba sin ningún miramiento el propio pensamiento de mercado. En lugar de decir que quizás una película como Faust (la película de Sokurov que ganó el León de Oro) podría interesar a alguna distribuidora, el propio crítico, el periodista cultural, ya la condenaba al ostracismo. Pese a los enormes esfuerzos de Toni García por impedirlo, la película de Sokurov consiguió estrenarse, aunque a Javier Ocaña no le hiciera mucha gracia, como ya vimos antes.

Me estoy yendo un poco por las ramas, esto daba para un post más largo y exclusivo sobre este tema. Lo que quería decir (y ya lo llevo adelantando en todo el post) es que a mi modo de ver un periódico debe ser lo suficientemente ecléctico para saber explicar, hacer ver, al espectador diferentes tipos de cine. Saber explicárselo. Como dice Ocaña en la entrevista de A Cuarta Parede, «un mediador entre un grupo de personas que han creado un producto, más comercial o más artístico, y otra gente que lee un periódico buscando qué ver el fin de semana». Supongo que en casos como el de Garrel o el de Sokurov, lo que hay entre el producto y el espectador es un muro, o un pelotón de fusilamiento. Si juntamos a todos los periodistas que han escrito sobre cine en El País (haciendo recuento, quizás me dejo alguno: Carlos Boyero, Borja Hermoso, Elsa Fernández-Santos, Javier Ocaña, Jordi Costa, Gregorio Belinchón, Toni García Ramón e incluso Diego Galán) no encontraron a nadie no ya que defendiera la película de Garrel, sino que simplemente hiciera un texto genérico sobre lo que podría tener de interesante .

Ahora bien, podemos coger todas las críticas positivas que El País ha hecho de pequeñas películas de cine de autor y decir que todo lo que digo en estas líneas me lo estoy inventando. Que El País solo da su opinión y que a veces es positiva y a veces negativa. Y que Alta Films cierra por la piratería, por el gobierno, por las televisiones y que los medios de comunicación no tienen nada que ver en los hábitos de consumo del espectador. Tienen tan poco sentido de culpa que hasta Boyero se permite llorar la (futura) muerte de Alta Films. Vean la undécima pregunta. ¡Enrique, mi amigo Enrique, a quien tantas veces le destrocé sus películas! Sí, ya sé, Boyero sólo da su opinión. Tiene una personalidad tan grande, tan incontrolable, tan independiente, que hace lo que le da la gana. Y si pides (sin exigir, eh) una mayor responsabilidad del crítico como mediador, como pasante (pido perdón por citar a Daney), entonces eres un censor. Ellos nada. Ellos se piensan que después de que los principales periódicos de España masacren en bloque una película en un festival, va a venir un distribuidor a comprarla para estrenarla al día siguiente. Y a veces lo han hecho, como en el caso de Garrel. La respuesta de El País a este desafío ya la tienen al principio de esta entrada.

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El triplete tendrá que esperar
Anteayer se presentaron las secciones oficiales del Festival de Cine de Cannes. Desde hace días ya se venía anunciando el evento y como suele ser habitual muchos medios picaron el anzuelo, vendiendo el simple anuncio de las películas programadas como un acontecimiento mundial.

Lo más curioso es que pese a la antelación con la que lo vendieron y la expectación que se creó ante algo tan burdo, la presentación fue de un cutrerío considerable, con Thierry Frémaux con sus exageradas gesticulaciones de siempre y el imprescindible Gilles Jacob, que hizo poco más que figurar, sentados en una mesa y sobre un fondo blanco. Todo parecía improvisado y digno de un festival de pueblo. O de los Goya. Y muy lejos de lo que se podría esperar del que se considera el mejor festival del mundo, pese a que lleva años en franca decadencia y sobrevive gracias a generar expectación (como este caso) y convertir en producto enlatado todo lo que pasa por la alfombra roja.

La selección fue imprevisible. Imprevisible para mal, ya que seguramente pocos se esperaban una selección tan conservadora, incapaz de señalar algún nombre nuevo o una película que a priori pueda resultar una diferencia respecto a lo que se espera de una sección oficial de un festival de cine. Esto a priori, luego nada impide que François Ozon, Alexander Payne o Jia Zhang-ke den un vuelco a sus carreras y hagan realmente algo fuera de lo esperado. Pero la sensación general es poco atractiva. Y es una selección poco variada. De las diecinueve seleccionadas a concurso, once son francesas o estadounidenses. Entre los franceses no está Godard y entre los americanos no está Jarmusch, dos a los que se les esperaba y con muchas ganas. Cuando se supo que Spielberg sería el presidente del jurado, varios defensores del cineasta aventuraban (sin nada que apoyase esa manera de pensar, claro) un gran momento de la historia de Cannes, con Spielberg dándole la Palma de Oro a Godard. Esa escena, más cercana a la ciencia ficción que a la realidad, ya no se podrá dar. Nos tendremos que conformar con que premie a Sorrentino o Kechiche.

Otro detalle curioso, o más bien problemático, es la poca presencia de directoras en la sección oficial.. La pasada edición ya hubo polémica porque se achacó la ausencia de mujeres cineastas en la sección oficial al número muy limitado de mujeres dentro del comité de selección. Evidentemente Frémaux echó balones fuera y dijo que era una situación puramente circunstancial. Este año casi se ha vuelto a repetir, Valeria Bruni Tedeschi está sola en una selección de hombres. Con el agravante de que en Un Certain Regard (UCR) aparecen películas de Claire Denis, Sofia Coppola y Rebecca Zlotowski. Podemos considerar a la última una recién llegada (su ópera prima me parece excepcional), pero las dos primeras son grandes estrellas del circuito de festivales y es normal preguntarse cómo es posible que en una sección oficial donde hay sitio para directores tan discutibles como Amat Escalante o Paolo Sorrentino, no hay lugar ni para Denis ni para Coppola. No es defendible ni desde el punto de vista de marketing.

Tras cometer el error de seguir el acontecimiento en directo (ya ven, fui víctima del hype) y de atender al hashtag #cannes2013 en twitter, pude notar el éxtasis de mucha prensa especializada (no solo española) ante la selección de las películas de los hermanos Coen o de Alexander Payne. No solo no comparto esa emoción, sino que no puedo entender por qué la prensa oficial se pone tan feliz al encontrar películas así en un festival. El trabajo de los certámenes es dar a conocer cine que es difícil ver por otros métodos. Lo único que provoca la presencia de los Coen en Cannes es que el crítico de turno se la vea unas semanas antes del pase de prensa en España. ¿Es eso tan importante? Parece que sí, por todo el tema antes tratado de que el nuevo periodista cultural busca exclusivas, busca vender noticias y qué mejor que ser el primero del mundo mundial en ver la última película de Alexander Payne y hablar de ella. Puedo entender (más o menos) la excitación ante la selección del filme de James Gray. No formo parte de la corriente que quiere convertir a Gray en el autor americano definitivo, pero sí que me parece un director muy interesante, que puede gustar a diferentes tipos de públicos y que por extrañas razones que se escapan al sentido común, tiene unos horribles problemas para estrenar comercialmente sus películas en España.

En fin, aún queda la selección de la Quincena de los Realizadores (QR), hace unos años la sección más viva y arriesgada del certamen (con razón ninguno de los medios generalistas españoles se acercaba) y que en las últimas ediciones perdió parte de su pujanza con un cambio de dirección tras la marcha de Olivier Père. La gestión de su sucesor, Frédéric Boyer, fue tan desastrosa que ha durado solo dos años. El nuevo encargado es Édouard Waintrop y veremos si es capaz de recuperar el esplendor perdido.

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Volviendo a Garrel, si suelo decir que todavía merece la pena leer un periódico como El País, es principalmente por su falta de competencia. En el ABC no hay crítica y en El Mundo ya ni la enumeran entre los estrenos del fin de semana. En el imperio de Pedro Jota hay que irse a El cultural, donde Carlos Reviriego realiza un texto transversal que va de Garrel a Valérie Massadian, donde, bajo mi punto de vista, hace una buena introducción a la película y luego no se mete en muchos fregados valorativos. Queda La Razón, donde tras navegar durante varios minutos en su caótica página web, uno puede llegar a la reseña de Sergi Sánchez, escueta, pero donde hay un esfuerzo por explicar quién es Garrel más allá de los tópicos y por qué hace la película, sin elucubrar ni sobreinterpretar. Que el espectador ponga el resto.

Por la reseña de La Vanguardia da la sensación de que la película la emiten por televisión, ya que tiene prácticamente el mismo formato. Aquí el problema no es del crítico, sino de cómo los periódicos van arrinconando poco a poco la cultura, sustituyendo la reflexión por la anécdota. Aún así, el texto es lo suficientemente abierto como para invitar al espectador a ver la película. Que en el fondo es lo que debe ser una crítica.

Adrian Martin se extiende sobre Un été brûlant en un texto muy interesante. Reconozco que el estilo de este crítico no es de los que más me gustan (quizás se merezca una entrada en el futuro), pero sus miradas sobre Garrel siempre merecen la pena. Y en un acercamiento muy original, que he recordado por casualidad, Pablo García Canga habla de Moretti y de bailes. Cita Un été brûlant y se refiere a Louis Garrel como el hombre que nunca baila. Me gusta el punto ocho, aunque por otros motivos que no vienen al caso.

Justo cuando iba a cerrar este post, me llega gracias a Raúl Pedraz otra pieza «imprescindible» sobre la última película de Philippe Garrel. Se trata de la reseña de On Madrid, una guía de ocio que solo se edita en la capital y que nació con vocación de tener «un espíritu urbano, moderno y desenfadado». Desgraciadamente no puedo hacer una valoración general de la publicación porque no soy de Madrid, aunque tiene pinta de contener más información práctica que crítica. Pero aún así, como en España se lleva mucho el dirigismo cultural, siempre tiene que haber un crítico, aunque sea para poner estrellitas, o un a favor y en contra. Al igual que la reseña de La Vanguardia, el texto de David Bernal tiene el tamaño de un par de tuits. Ya saben que lo importante es decirle al espectador qué debe ver y qué no. Aún así, en tan poco espacio, le da tiempo a soltar un montón de prejuicios. Fíjense en cómo utiliza cahieristas o «lo francés» prácticamente como un insulto. Ese final «no tienen que preocuparse por pagar las facturas» parece salido de un artículo incendiario de Jimenez Losantos contra titiretos, nacionalistas u otro de los objetivos habituales del conocido periodista. Ese odio hacia lo intelectual, muy español, debe venir de Millán Astray, aunque luego todos somos muy modernos (y urbanos y desenfadados). Respecto a los apartados ON y OFF, nada más verlo me recordó al método que utilizan revistas de otro género bien diferente. O quizás no sean tan diferentes, todo depende de lo que entendamos por moderno.

En fin, que si se ha tragado todo el rollo, debería al menos tener ganas de ver la película de Garrel. Quizás le pase como a mi y no viva en Madrid o Barcelona, ni en ninguna ciudad que pueda soñar con ver alguna vez (doblada, claro) Un été brûlant en cines. Como ya tiene su tiempo, la película se puede descargar. Pero también, por lo que cuesta una copa o dos (dependiendo de la calidad del alcohol y del lugar) se puede comprar en Amazon. Viene sin subtítulos, pero una vez hecha la buena acción ya nadie le echará en cara que se la baje.


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Ha sido una semana feliz de estrenos, porque además de la gran película de Garrel se han estrenado Nana de Valérie Massadian y Promised Land de Gus Van Sant. Sobre esta última, Boyero aprovecha para soltar un montón de bilis en formato video, no sobre la película, sino sobre la gente que no piensa como él. Según la pérfida mente de este hombre, la crítica más sesuda que convirtió a Van Sant en un dios anda cabreada por su regreso comercial. Yo no creo que sea así, sino que hay un poco de todo. A mi es una película que me gusta mucho, hasta he escrito algo sobre ella en la revista Transit (autopromoción) y tengo en muy alta estima tanto el cine más industrial de Van Sant como el más radical. Eso no cabe en la cabeza de Boyero, donde siempre hay conspiraciones, doble moral y gente que atenta contra el orden natural de las cosas.

 Muy buena entrevista en Detour a Valérie Massadian. Firma Óscar Brox. Personalmente me encantan esas entrevistas editadas temáticamente, huyendo del clásico esquema de conversación. Otra entrevista (con una curiosa sesión de fotos) aquí.

El domingo tendrá su estreno online en filmin Los ilusos de Jonás Trueba. Su primera película, pese a interesarme en algunos aspectos, no me gustó. De hecho escribí un comentario bastante negativo del que no estoy muy orgulloso, no porque haya cambiado de opinión, sino por la vehemencia y ciertos comentarios despreciativos que realizo. Como ven, a veces yo también he sido víctima de lo que critico (ya en el primer post anunciaba que era una tentación) y en mi disculpa sólo puedo decir que aquel texto era una crónica de un festival, donde es fácil dejarse llevar por las pasiones. Eso sí, a pesar del tono creo que le dedico un espacio suficiente y desarrollo bastante los argumentos. Aún así, tengo ganas de ver su nuevo trabajo. De momento no hay muchas críticas online (y eso que ya se estrenó en Madrid). Gonzalo de Pedro escribe sobre ella en Sensacine.

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El crítico sevillano Santiago Gallego estrena blog de cine, que a poco que lo llene de contenido se terminará convirtiendo en uno de los imprescindibles de la blogosfera cinematográfica española. Eso sí, en su primera entrada, dedicada a Like Someone in Love, no puedo estar más en desacuerdo con él. Hay una línea que explica a la perfección mi disconformidad con él: «la menor tentación de ceder a la explotación del morbo fácil». No solo creo que cae en ese error, sino que lo explota de una manera salvaje. Es una película de frialdad austriaca, de mirada distanciada. Hay dos escenas especialmente repulsivas. La primera, cuando la protagonista en el taxi deja abandonada a su abuela en la estación (y Kiarostami filma a la señora desorientada, desvalida) y luego muestra a la chica pintándose los labios, ante la mirada severa del taxista, que se da cuenta de lo que ha hecho. La segunda es cuando quiere señalar la depravación del anciano, mostrándolo cómo mira a la chica desnudándose. El director iraní filma de frente al señor y justo detrás suyo aparece el reflejo de la silueta de la actriz, borrosa, en la pantalla del televisor. Creo que lo más consecuente es que Kiarostami hubiese filmado a la actriz desnudándose directamente o bien no hubiese puesto el reflejo. Opta por esa situación intermedia, morbosa y sensacionalista.

Por lo demás, Kiarostami sigue teniendo una estética poderosa y seductora, pero sepultada por sus ambiciones de gran demiurgo (ese plano final efectista), algo que, al menos por lo que conozco, nunca había tenido el maestro iraní. Un director claramente en crisis. 

De todas formas, no les recomiendo que se guíen por mi opinión, sino que formen la suya propia viendo la película en filmin. Estará online hasta el día 22 de abril. Supongo que tras el atrevimiento de estrenarla online, ya nadie se molestará en llevarla a las salas. En Francia ya ha salido en DVD y se puede comprar en Amazon.

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Hace ya un par de años que dejé de comprar la revista Caimán. De hecho, cuando dejé de hacerlo, todavía se llamaba Cahiers du Cinema España. Ahora, su director, Carlos F. Heredero, anuncia que la revista saldrá en formato digital, así que es posible que vuelva a suscribirme. Y por supuesto habrá muchos materiales susceptibles de ser incluidos en este blog. No sé si Dirigido piensa hacer lo mismo. Ojalá.






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Tras un largo proceso, por fin está disponible el pack con las obras completas de Pere Portabella. Edita Intermedio. La ausencia de los habituales extras de las ediciones de Intermedio (ni textos ni entrevistas) se compensa con el hecho de que son siete DVDs a un precio bastante ajustado.