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miércoles, 22 de mayo de 2013

Escrache a Boyero

La final de copa como representante del cine español en Cannes
Empezó el festival de cine de Cannes y para los cinéfilos españoles son días de infamia y vergüenza ante la cobertura que la prensa generalista hace del evento. Bien es cierto que en los últimos años el número de periodistas patrios que acude al certamen se ha multiplicado exponencialmente (al revés que el número de películas) y supongo que ahora podemos hablar de una cobertura adecuada, o al menos digna, ya que tampoco es para tirar cohetes: todos van a ver las mismas películas y suelen defender las mismas cosas. Si defienden algo distinto, al par de semanas se olvidará, en el caso de que no se estrene. Pero imaginen la situación hace diez años, con Boyero, Oti, Enric González, Hermoso y toda esa cuadra. ¿Qué cara pondrían los responsables del resto de los medios? Gentuza que sólo iba a la sección oficial y se salía en mitad de las películas, que te los encontrabas casi tanto tiempo en los bares como en los cines. Este era el panorama y para ellos no ha cambiado mucho, aunque con el paso de los años se haya vuelto cada vez más triste, así como que los medios para los que trabajan los amparen.

Fíjense en la fotografía que encabeza el artículo. Son Boyero y Oti viendo la final de Copa del Rey en un bar de Cannes. Supongo que a esas horas no había ninguna película y supongo también que no se quedaron al final del partido, que acabó bastante tarde, porque hubo bastante lío, minutos de descuento, prórrogas y más lío. En ese bar había más periodistas españoles, por cierto, entre ellos, ni más ni menos que Carlos del Amor, ese chico tan simpático y tan encantado de conocerse que ha convertido las noticias culturales de los telediarios de la pública en un cúmulo de consignas de mercado y frivolidades sonrojantes. Han leído bien, la pública. Así está España y así está el periodismo cinematográfico. Tampoco quiero ser quisquilloso. Evidentemente, todo el mundo necesita descansar y relajarse, aunque luego me sorprende que digan que Cannes es tan duro si hay tiempo para tomarse una cañita y verse un partido que duró más de dos horas. Pero lo que me interesa no es eso. Es otra cosa.

Me imagino que tras disfrutar del partido y de un merecido descanso tras una jornada dura, los críticos españoles estarían listos para trabajar al día siguiente de manera responsable. Bueno, la palabra responsabilidad en el diccionario de Boyero no debe existir, porque ojo a la crónica del día siguiente a la final. Habla sobre Le passé de Asghar Farhadi: «La he visto después de una noche de insomnio, en una esquina de la sala, sentado en una especie de balancín que te tortura el cuerpo, ya que todas las butacas estaban ocupadas, con el cerebro más abotargado que de costumbre, no he entendido los giros y algunas explicaciones de la historia». Aquí tienen la profesionalidad del crítico de El País. Yo he pasado noches de insomnio en algunos festivales, a veces por el trabajo y a veces por salir con unos amigos y tomar unas copas de más (aunque nunca a sueldo del medio de comunicación más importante del país, claro), pero utilizarlo como excusa contra una película es bastante lamentable. Está claro que Boyero siempre tiene que hablar de sí mismo, sencillamente porque no sabe hablar de otra cosa. Supongo que a los editores de su periódico les parece bien todo esto, que siga vendiendo su imagen fatalista e irresponsable, como el último de los bohemios, mientras sobrepasa todos los límites en una sociedad como la española que vive en niveles dramáticos de desempleo.

En esa misma crónica nos regala un «puede que el problema sea mío y no de la película». Hombre, de eso no tengo ni la más mínima duda, pero estaría bien que ese mismo argumento lo utilizara cuando masacra sin piedad películas de Oliveira, de Pedro Costa, de Wang Bing y de tantos otros cineastas que no se pliegan a sus limitadísimos estándares de lo que debe ser el cine. De estas limitaciones podemos hablar viendo el penoso video que han hecho al alimón Boyero y su esclavo Gregorio Belinchón, comentando la película de Farhadi y A Touch of Sin, de Jia Zhang-ke, que el crítico estrella mencionaba en su crónica copiando la nota de prensa. Yo creo que no la ha visto y en el video no hace más que apoyar esas sospechas. Tras resumir su opinión sobre Le passé, se refiere a Jia Zhang-ke como el director que ganó el León de Oro de Venecia hace algunos años. Aquí pueden leer sobre ello (el artículo La catatonia nacional de José Manuel López Fernández originalmente pertenecía a Tren de sombras, revista que ya no se encuentra online). Ahora habla como si no hubiera ocurrido su desplante. ¡El famoso Jia Zhang-ke! Pero escuchen las palabras de Boyero hablando de A Touch of Sin, repitiendo una y otra vez lo mismo, dándole la vuelta a la sinopsis para tratar de esconder su falta de profesionalidad. Pero lo mejor de todo el video son las palabras iniciales del insufrible Belinchón: «hoy tocan películas duras de China y de Irán». Como siempre en los peores críticos de España, ese prejuicio ante lo que no pertenece al centro, a lo convencional. ¡China e Irán! ¿Cómo se atreven a hacer cine en esos países? Pero en fin, simplemente fíjense en la penosa calidad del video, en lo mal elegido que está el lugar para la grabación, en la insufrible calidad de sonido. Está claro que alguien que es capaz de entregar un trabajo tan mal hecho no puede decir nada interesante sobre el cine que ve en Cannes.

A pesar de que este año le han puesto un festival muy previsible, lleno de películas americanas y cosas afines a Hollywood, la nula ética profesional de este periodista siempre sale a relucir. Lean su emocionada crónica de la última película de Claude Lanzmann: «no solo es un documental impresionante, también es obligatorio. La obra de Claude Lanzmann sobre el Holocausto debería exhibirse en todos los colegios del mundo para que desde pequeños conociéramos la maldad que puede llegar a practicar el hombre». Todo muy bonito. Pero como dije al principio, cada vez hay más periodistas españoles en Cannes y seguramente conocen la catadura de este personaje despreciable, el daño que está haciendo a muchos futuros cinéfilos que se acercan a las páginas de El País en busca de información cultural y terminan devastados por la prosa grosera y desagradable de este sujeto. Atención a este tuit:
Este es el nivel del crítico más leído de España, recomendar fervorosamente películas que él no está dispuesto a ver. La película de Lanzmann duraba cuatro horas, así que es posible que le coincidiera con la comida o la cena. Quédense también con el final de la crónica, donde atiza a dos directores orientales, Takashi Miike y Johnnie To. «Para mí sigue siendo un enigma indescifrable las razones del fervor de los festivales de cine hacia estos directores orientales especializados en tiroteos y mamporros, en el ruido y la furia. Es un cine bastante tonto, una moda sin sentido». Supongo que el beneficio de la duda que le otorgaba a Farhadi no vale para Miike y To.

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Quizás haya que ser comprensivo con Boyero y tener en cuenta que el hombre lo está pasando mal, después de enterarse de que ha sido condenado a pagar 6000 euros a José Mourinho por llamarle nazi portugués. Para mi se han apiadado algo de él, porque el técnico del Real Madrid pedía quince mil euros, lo que a mi me parece mucho más justo teniendo en cuenta la desfachatez del crítico.

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Las noticias esperpénticas relacionadas con Carlos Boyero no se terminan. La más delirante de todas ellas es esta. Sí, Boyero va a recibir un premio por su labor como cronista. No sólo él, sino que también otras lacras como Oti Rodríguez Marchante, Enric González (ese hombre tan progresista que dejó El País antes de que le echasen por el ERE... para irse a El Mundo) y, traten de aguantar la risa, Toni García Ramón.

Échense las manos a la cabeza, pero se estarán equivocando. En el fondo, es un acto de absoluta coherencia. Fíjense bien quién da el premio. El ron Havana. Evidentemente, qué sería de los destiladores de licores sin estos cronistas tan irresponsables que se dedican al bebercio y a la fiesta en lugar de a sus tareas... Premio merecidísimo, aunque llega tarde. Tendría que haber sido después de aquel festival de Venecia donde la película ganadora se presentó demasiado tarde para ellos.

Los premios los entregará Carlos Marañón, publicista director de la revista Cinemanía.

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En este blog me he reído muchas veces de La mula. Confieso que en su momento me sentí un poco mal, ya que en el fondo era una producción problemática que había vivido en el filo durante muchos años. Que sea el tipo de operación comercial que a mi me asusta no quita para que en el fondo se trate de trabajadores profesionales que no pueden ver el fruto de su esfuerzo. Por suerte, la propia productora, Alejandra Frade, se ha encargado de quitarme todo mi sentimiento de culpa. Atención a la entrada de este blog, porque daba para película de Berlanga, de no ser porque los protagonistas de las películas de este director siempre eran pillos carismáticos, antihéroes fracasados y lo de esta película es puro engaño neoliberal aprovechándose de la ignorancia total en cuestiones de cine a la que nos aboca el actual estado de las cosas.

Lo peor de todo es: ¿cuántos medios de comunicación informaron de esto? ¿Qué hay de todos los corresponsales que fueron a Málaga? Mutis por el foro. Silencio cómplice. Ellos son más culpables del timo al espectador que los propios productores del film. Porque ellos al fin y al cabo se encontraron con una película a medio terminar y decidieron ir por el camino fácil. Cuestionable, pero comprensible. ¿Cuál es la razón de los medios para no hacer referencia a esto? Quizás es que ni se enteraron, dada su ignorancia en temas cinematográficos. Vuelvan a ver el video de arriba parido por Gregorio Belinchón. Parece improbable que alguien que hace esa basura pueda hablar de los problemas técnicos de un film, por muy visibles que estos sean.

El profesional Javier Ocaña, siempre al servicio del poder, hablaba de «desbarajustes fotográficos», como si fuera cosa de utilizar dos cámaras distintas. Como Michael Mann o algo así. En Fotogramas, Mirito Torreiro, que tiende a darse mucha importancia, parece que los abdominales y el acento andaluz de Mario Casas no le dejaban ver más allá. En El Mundo, que siempre defiende los experimentos neoliberales de nuestra industria, por eso de cargar contra los titiriteros y las subvenciones, Luis Martínez decía que la mula trotaba, aunque no explicaba muy bien cómo. Eso sí, quizás en el título intentó reflejar su sentimiento de culpa por estar engañando de tal manera al lector. «Más cornadas da el cine». El cine y los críticos de los medios generalistas. Cornadas al espectador.

Esto da para elucubrar todo lo que se quiera y si pensamos mal diríamos que lo que Alejandra Frade no se gastó en terminar de manera digna su película sí lo invirtió en mandar sobres al estilo Bárcenas. No se puede entender de otra manera semejante irresponsabilidad general

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Volvemos a Cannes para recomendar enlaces y coberturas. La primera, la de la revista Caimán. Estemos de acuerdo o no con la línea editorial del medio (yo ya dejé claro que no), lo cierto es que están trabajando bastante con actualizaciones constantes sobre las películas. Tampoco es que sean unos análisis profundos, pero sí son comentarios interesantes y alejados del estilo personalista de Boyero y sucedáneos. En su renovada (y mucho más atractiva) página web se pueden consultar, tanto los textos desde la trinchera de Heredero, Quintana, Pena y otros, como los algo más reflexivos de Eulália Iglesias.

Para que no digan que le hago la pelota al Caimán, vamos a zurrarle un poco. Ya les he dicho que a mi una de las cosas que más me molesta es su incapacidad para definirse como medio cultural, introduciendo tácticas de mercado bastante cuestionables. Atiendan a este tuit de su director, Carlos F. Heredero:
Me cuesta entender el interés que puede tener para una revista de crítica cinematográfica la primicia de presentar el cartel de la nueva película de Martín Cuenca. Tanto el hecho en sí, como el lenguaje utilizado, me echan bastante para atrás. Sin ser tan exagerado, poco después, el mismo responsable, entregaba un tuit similar:
Recemos para que esto de la crítica de cine no se convierta en una batalla de exclusivas. De lo único que me alegro es de que lo hagan con Godard. Quizás es lo único a lo que puedan aspirar. Ya que en la liga de los Coen, de Winding Refn y otras estrellas de Cannes dudo que el Caimán pueda competir contra Variety y otros medios entregados a la publicidad agresiva.

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Desde hace algunos años, el crítico argentino Diego Lerer realiza un cuadro de votaciones con casi todos los críticos de habla hispana presentes en el festival, así como algunos amigos extranjeros. En anteriores ediciones se utilizaba una muy manejable página de Excel y para esta ocasión han tenido la mala idea de cambiarla por un cuadro de difícil lectura, que no invita a sumergirse en él. 

La revista alemana Critic realiza su propio cuadro en el que aparecen críticos estrella (en determinados círculos al menos) como Adam Cook, Daniel Kasman o Christoph Huber. Siendo más fácil de navegar (son menos votantes), yo me pierdo con esa peculiar forma de puntuación. Deben ser las barreras culturales.

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Las dos revistas de cine para las que más escribo (y de manera egoista diré que son las que más me gustan, cada cual que piense lo que quiera de esto) hacen cobertura de Cannes. En Lumière salen de manera intermitente textos traducidos de Daniel Kasman, así como alguna pieza suelta de Fernando Ganzo y en Transit, Carles Matamoros trata de sobrevivir a su primera experiencia cannoise escribiendo además alguna que otra crónica.

Recomiendo por último la cobertura de El amante, la veterana revista argentina. Escriben dos corresponsales, Fernando E. Juan Lima y Jaime Pena. No solo es interesante por lo que tienen que decir de las películas, sino porque muchas veces se alejan del esquema habitual de las coberturas, dejan de lado las muy manidas secciones oficiales y buscan otro tipo de cine que ofrece Cannes.

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Despido la entrada de hoy (espero poder escribir uno o dos posts semanalmente) hablando de distribución cinematográfica. Un tema que nunca importó en España porque los medios de comunicación nos mantenían en un páramo cultural del que solo salimos gracias a internet. Resulta que tras lo de Alta Films, los medios generalistas se tiran de los pelos hablando de la mala situación general, como si la cosa no fuera con ellos. La desfachatez es tal que el mismo Carlos Boyero en su primera crónica (último párrafo) de Cannes se lamentaba de que Alta Films no podría comprar películas que él no vería ni loco.

Lo que pasa es que lo de la distribución ha llegado a un punto que les puede empezar a estropear el negocio. Por eso Luis Martínez se descolgaba con este tuit:
Que no se estrenen todas esas películas asiáticas y europeas aburridas da igual, pero los Coen. ¡Los Coen, ni más ni menos! Unos directores de los que hemos conocido al dedillo toda su filmografía, que han contado con una publicidad desmesurada y que trabajan con estrellas de Hollywood, eso debe estrenarse siempre y la crítica tiene que hacer presión. El pobre Jia Zhang-ke y todos esos tarados del cine lento, a esos que les den. Philipe Garrel si estrena, le zurramos, por coñazo.

Sinceramente, ojalá estrenen la de los Coen, aunque sea para que esta gente deje de darnos el coñazo. Y se estrenará, no lo duden. Porque el periodismo cinematográfico trabaja para mantener siempre el orden establecido que le da de comer. Harán ruido para que se estrene la de los Coen sí o sí. Sin embargo, la película de Lanzmann que ha gustado a todo el mundo ya verán como no les indigna nada que no se estrenen (al final parece que Avalon la ha comprado, espero que no tarden en estrenarla). Saldrán con la excusa de que no es para todos los públicos o que es una película difícil de vender y todas esas milongas. El maestro en el arte de convertir en publicidad toda la información cinematográfica ya nos lo deja claro:
Todo correcto, menos lo de informando. Más bien manipulando, vendiendo y, si hace falta, atacando miserablemente al débil, como le gusta hacer a tu compañero de redacción. Eso sí, al final se salió con la suya y (tampoco había que romperse mucho la cabeza) Inside Llewyn Davis sí fue comprada para ser distribuida en España. Supongo que ahora el comprometido Belinchón empezara a luchar porque también compren A Touch of Sin de Jia Zhang-ke, La image manquante de Rithy Panh o Les salaudes de Claire Denis. ¿No?

martes, 23 de abril de 2013

Aupa Calparsoro


Con este pedazo reparto, ¿quién necesita marketing?

Daniel Calparsoro sigue dejando perlas en su visita a Málaga. Esto no lo reprodujeron otros medios, quizás por respeto hacia el director, o hacia el lector/espectador. Por suerte, La Razón sí se hace eco: «No pretende ser americana. Son personajes que conocemos, rodada en Madrid, con dilemas españoles de este momento. Tiene escenas de acción, pero es mucho más que eso: tiene un carácter latino muy fuerte. Se aleja del americano en el sentido de que el protagonista lo deja todo por disfrutar de un momento, que es también una cosa muy española. En mi opinión, nuestra capacidad de disfrutar es lo que nos salva cuando da la impresión de que nos han robado el futuro».

Con Isabel Coixet me pasa un poco lo mismo que con Calparsoro. Su actitud ha sobrepasado de tal manera el delirio que ya entran en la categoría de punk. Merecen cierto respeto e incluso admiración por ese desprecio suicida hacia el marketing. Ojo a esta entrevista para Vanity Fair. Si Coixet les parece un coñazo, lean al menos la respuesta a la última pregunta.

Sin salir de Vanity Fair ni del festival de Málaga, en este reportaje sobre Alejandra Frade se resuelve el misterio. El segundo director contratado para acabar el rodaje de La mula fue Sébastien Grousset, director de spots publicitarios. Mi gozo en un pozo, Mario Casas no podrá estrenarse como director. No sé por qué no firma Grousset, imagino que eso le supondría a la productora más batallas legales con el primer director fugado.

Toda el artículo es un poco disimulado publirreportaje sobre el film, donde el redactor está metiendo continuamente la pata y luego intentando salir del entuerto. Vean la descripción que hace: «‘La mula’ es una película muy bonita y muy triste, una historia guerracivilesca con un protagonista absoluto, Mario Casas, un tipo humilde y de buen corazón que juega en el bando nacionalista y que habla andaluz y que, en un momento dado, tendrá que elegir entre la estúpida vanidad de los héroes o la vida en la que cree». Eso de «la vida en la que cree» da mucho miedo. ¿Y qué me dicen de lo de «hablar andaluz»? Luego el resto del artículo consiste en intentar decirle a los lectores «urbanos, modernos y desenfadados» (prometo que esto saldrá en todos los posts de este blog) de Vanity Fair que no es una película franquista. Pero ya han dejado caer la sombra de la sospecha.

Y fíjense que cuando hablan de los posibles seguidores de la película, siempre hablan de las fans, así en femenino. Estrategias de mercado.

Con Radford se pone poético y empieza a hacer periodismo-ficción: «quizás, quién sabe, algún día, algún año, la fuerza transformadora del paso del tiempo haga que vea la película terminada en una sala oscura y piense: “Estoy orgulloso. Y me alegro que saliera adelante”». Da para un libro de Javier Cercas.

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Supongo que de mis comentarios se deduce que el Festival de Málaga no me gusta nada. Quiero aclarar que lo que no me gusta es la propia definición del festival, el baremo de selección y la hipocresía que mueve todo. Las películas, mejores o peores, suelen (digo suelen, luego verán por qué) ser inocentes. No sé, Isabel Coixet, a mi no me interesa mucho, pero ella ha sabido hacerse hueco en un mundo en el que era sistemáticamente despreciada y ridiculizada por su imagen. Bueno, sus películas tampoco ayudaban, pero no sé, tampoco me parece tan grave. Ha intentado hacer una carrera cinematográfica constante, lo que también es de apreciar. Piensen en cuanto tiempo pasa de una película de Amenábar o Aranoa a la siguiente... En cuanto a Casting es una película pequeña que no parece tener mucha ambición. En la sección oficial de Cannes seguro que se verán películas peores. Y en Donosti, ni les digo. Y Combustión, pues hombre, vale, es la película que es, pero no me digan que a lo largo de estos posts no le han cogido cariño. Vuelvan a leer las declaraciones suicidas de más arriba. Yo creo que la voy a ir a ver, como homenaje al cine español que desaparece.

A mi esas cosas no me duelen. Lo que me duelen son burradas como Somos gente honrada, el intento de Andreu Buenafuente por capitalizar el éxito de su factoria de humor. Ya saben cómo funciona el capitalismo: si una cosa tiene éxito, sea cual sea, se hacen camisetas, muñecos articulados, menús en restaurantes de comida rápida, películas, videojuegos, etc... Esto pasa con este cómico (sí, lo voy a repetir) «urbano, moderno y desenfadado» que creó pequeños clones que luego se fueron reproduciendo con mayor o menor éxito (de audiencia) por diferentes canales de televisión.

La historia de Buenafuente ya la saben. Triunfó en Catalunya y luego fichó por A3, donde volvió a triunfar con ocurrencias como el troll aquel que mandó a Eurovisión. Luego se fue a laSexta, porque su productora (El Terrat) era parte del accionariado principal, pero sufrió la misma suerte que el resto de la cadena. Durante sus años de independencia, laSexta y su periódico amigo, Público (ambos paridos por ese ser siniestro llamado Jaume Roures), fueron la avanzadilla de esa izquierda neoliberal que tenía orgasmos democráticos (sí, ya saben que video es, así que allá ustedes si pinchan) con Zapatero, el presidente que empezó bien, pero pronto decía cosas como que bajar los impuestos era de izquierdas, y subirlos también. Cuando el presidente cayó en desgracia, sus medios afines lo hicieron con él, y El Terrat volvió a aliarse con A3, una cadena que destaca por su progresismo y su catalanismo (#mentira).

Ya ven, parezco Boyero. El problema de Buenafuente es que le han creado un halo de intelectualidad injustificable que incluso llevó al grupo Prisa a iniciar una campaña disparatada para convertirle en «nuestro» Beppe Grillo. Aquí tienen enlaces de la SER y de El País (en el añadido). Sí, entre risitas y negándolo todo (eran «otros» quienes lo sugerían, ya, ya), pero lo dicen.

Unidos de nuevo A3 y El Terrat, ahora se presenta en Málaga la película producida por el famoso cómico aspirante a todo. Acuérdense que ayer decían aquello de «quien paga, manda». Ya tienen montada la operación de merchandising. Habrá muchas referencias a la crisis, mucho buen rollito y tendrá a críticos babosos (vean el video del enlace de Diario SUR que hay más arriba) dando palmas. Algo parecido a esto, no lo duden.

Fue la única película a concurso en el día de hoy. «Quien paga, manda», no hay que distraer.

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El Confidencial es uno de los muchos diarios que hay en internet que se dedican a echar mierda sobre las personas y vivir del sensacionalismo. Ahí donde puede haber una noticia impactante o algún personaje polémico, allí están ellos. De ahí que publiquen esta entrevista con Willy Toledo, ese actor que personifica todos los males del cine español, especialmente en su vertiente social. Está en Málaga presentando Diamantes negros, sobre el tráfico de menores en el fútbol.

Con todo lo que nos pueda parecer el personaje, yo creo que la entrevista está bastante bien y las declaraciones son justas y mesuradas. Eso sí, siendo un poco malo, se le puede buscar el doble rasero. Vean lo que dice sobre la película: «dentro del mercado internacional de seres humanos hay una parcela que es el tráfico de menores, que supuestamente llegan a Europa con las falsas promesas de jugar en el Real Madrid o el Inter de Milán». Y luego más abajo, hablando de la realización de la película: «el único club que se ha mostrado favorable a colaborar ha sido el Atlético de Madrid. No sé si el señor Enrique Cerezo sabía de lo que iba la película. Pero desde luego han puesto todas las facilidades como no podía ser de otra manera con el glorioso Atletico de Madrid». Ay, Willy, Willy, el compromiso social es importante, pero los colores son los colores. El «glorioso» Atlético es ese equipo que se ha convertido en una agencia de tráfico de jugadores para ganar dinero a base de comisiones.

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Darle un premio a Oti y entrar en quiebra. Hechos seguramente no relacionados.

Reconozco que el crítico de ABC, Oti Rodríguez Marchante, merece una entrada propia, donde se analice su estilo decadente y desapasionado, sus crónicas en las que, al igual que Boyero, se autoproclama adalid de la libertad de expresión para justificar su desprecio a los lectores y a todos los que no piensan como él. Mientras no llega ese día, aquí les dejo una nueva dosis de humor en la última entrada de su blog, donde analiza la selección de películas a concurso en Cannes. Bajo el título Grandísimo Cannes, este pizpireto corresponsal escribe mal buena parte de los títulos e incluso el nombre de algún director («Sophia» Coppola). Resulta curioso también que utilice una foto de The Great Gatsby, la película de Baz Luhrmann que inaugura el certamen, y luego no la incluya entre su lista de predilectas (ni siquiera la cita). Lo peor de todo no es su ignorancia y dejadez, sino que encima se siente orgulloso. Lean con que rencor ataca a los que le pedimos un mínimo de profesionalidad: «llegados a este punto, me doy cuenta de que debería borrar todo lo escrito y volverlo a escribir de nuevo con un poco más de cabeza, rigor, criterio y todas esas cosas que se supone que debe tener un tipo al que le pagan por esto. No lo borro, pero voy a reflexionar sobre ello». Lo ideal sería que reflexionase tu jefe.

No me olvido tampoco de la siguiente línea a propósito de The Bling Ring, de Coppola: «me mosquea un poco que no esté en la Sección Oficial, sino en la de Una Cierta Mirada». ¡Qué horror! ¡Las secciones paralelas! Señores del festival de Cannes, compadézcanse de Oti y Boyero, no les obliguen a acudir a las secciones paralelas. La de comidas que se perderán, como lágrimas en la lluvia.

Dicen que los de la generación ni-ni son (somos) unos malcriados. ¿Qué habría que decir de estos juntaletras, que ven nazismo cultural y enemigos detrás de cada esquina, a los que sus jefes jamás exigieron un mínimo de profesionalidad?

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La cinemateca francesa homenajea a Jean-Claude Biette con motivo de los diez años de su fallecimiento. En España no se sabe ni quien es. Yo reconozco que no he visto ninguna de sus películas ya que no domino el francés y, pese a los consejos de Rivette, todavía tengo reparos a ver el cine sin entender el idioma en el que están realizadas (aunque el idioma real sea la puesta en escena). Como crítico era fantástico, aunque también es difícil encontrar sus piezas. En las antologías de Cahiers du Cinéma editadas por Paidós ya hace muchos años hay un texto imprescindible a propósito de la muerte de su amigo y compañero de generación Serge Daney.

Que se haya sepultado toda una generación de cineastas franceses (Biette, Vecchiali, Guiguet, etc...) es casi un crimen. En España, que está llena de programadores y de festivales de cine europeo (Sevilla, Compostela, Segovia), nadie parece haberse movido mucho... Si ustedes sí saben francés y quieren descubrir a Biette, pero no pueden acudir al pase de la cinemateca francesa, quizás les interese este número monográfico de la legendaria revista Trafic, creada por Biette y Serge Daney, y hoy dirigida por otros nombres legendarios como Raymond Bellour y Sylvie Pierre.

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No me voy de Francia, porque se ha desvelado la programación de la Quincena de los Realizadores de Cannes. Finalmente parece que ni Godard ni Jarmusch tenían preparada sus películas, porque de lo contrario es un auténtico disparate (salvo que hubieran hecho la cosa más banal y pueril de la historia, cosa que tras décadas de carrera es cuestionable). Yo lo que veo leyendo la lista de nombres es que la QR se ha convertido en un mundial sub-23 o algo así, en la NCAA del festival de Cannes, donde los directores se postulan para acceder a categorías mayores. Este artículo que he cazado al vuelo introduce la Quinzena como esa sección en la que empezó Haneke.

En sus mejores años, no fue eso, sino que servía para dar espacio a directores que, por miedo de la dirección a que fueran demasiado experimentales o radicales para mucha prensa más bien conservadora, tenían casi vetada la sección oficial. La Quincena se abrió en 1969, tras la convulsa edición del 68, y en ella concursaron directores no precisamente debutantes o de primeras películas como Bresson, Oshima, Godard, Brakhage, Jancsó, Herzog o Makavejev. En el facebook de la revista Lumière se hace un seguimiento a los años de gloria. Comparen con la actual.

Esto es el capitalismo, que es voraz. En 1968 se criticaba el poco riesgo del festival, la mercantilización de las películas, y se creó una sección donde importaban los autores, las innovaciones y aquello que el mercado jamás ampararía. Ahora mismo no es más que una segunda división, donde los cachorros esperan su turno para empezar a jugar en la liga de los mayores.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, yo veo a esta sección más motivadora que la oficial, que es únicamente una selección de grandes preestrenos.

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Muchos hemos vivido escenas así, aunque la chica no fuese Aura Garrido.

Vista Los ilusos, me ha parecido mejor que su primera película. Sigo creyendo que su principal problema es que es algo contradictoria. No es algo malo de por sí, y me imagino que se debe a las dudas creativas que tendrá el director, pero la sensación que tengo es que sus mejores momentos son aquellos donde la película filma a los personajes y al drama de manera directa. Cuando se cree lo que cuenta. Y las partes que no me gustan nada son aquellas donde el propio director reflexiona en voz en off y todas esas escenas con claquetas y micrófonos, significando el rodaje de la propia película. La cita a Garrel y a esa maravilla llamada Elle a passé tant d'heures sous les sunlights (una de mis películas favoritas) está clara. Pero mientras en el director francés todo parecía estar a un mismo nivel, movido por el drama terrible de un director y su generación, en la película de Trueba hay una diferenciación demasiado clara entre los distintos niveles y en general es bastante dispersa, como que no tiene un objetivo claro, más allá de detalles aquí y allá.

Yo me identifico bastante con esos detalles. Con esas noches viendo películas en el ordenador, esa decepción al ver los cines llenándose de producciones en bluray, esos momentos donde estás hablando con alguien de una película y simplemente te da la razón por continuar la conversación, como si no te estuviera entendiendo... Y creo que está muy bien filmada. Quizás no tanto toda esa serie de primeros planos, muy cercanos a Garrel y sin un objetivo claro (aunque por supuesto, son agradables de contemplar), por eso de que la película de Trueba habla de la dificultad de encontrar un sentido a tu propia historia. Me gustan más los paseos por Madrid. Hay un momento especialmente bello donde el protagonista camina solitario por la ciudad y el director lo filma a través de sucesivas panorámicas encadenadas. Esa manera de filmar los bares, de tratar de filmar un Madrid autóctono, lejos de esa ciudad neutra, que podría ser cualquiera, que vemos siempre en el cine español. O esas dos escenas de despedida en el metro con esa mujer que quizás no vuelva a aparecer.

Si la presencia de la luminosa Barbara Lennie me parecía lo mejor de Todas las canciones hablan de mi, Aura Garrido no le anda lejos en Los ilusos. Más sorprendente este último caso, porque Lennie era una actriz que siempre transmite buenas sensaciones, la protagonista de este último trabajo viene de la tan cuestionable cantera televisiva, de teleseries de Antena 3 y Telecinco, con todo lo que ello conlleva. Pero creo que hace mucho más que estar guapa (lo que no es poco). Tiene una forma de afrontar los diálogos, de declaramarlos con una naturalidad que yo pocas veces he visto en el cine español, y del que carecen el resto de actrices de la película. No sé si se debe también (seguro que sí) a las indicaciones del director. Un trabajo excelente que se suma a su gran actuación en la gala de inauguración del festival de Málaga. A seguir.

Mi opinión es que Jonás Trueba tiene que liberarse de muchas influencias. De la generación de sus padres (la película está dedicada a su padre). También de sus propios compañeros de generación. Ya comenté que a mi todo ese tema del director hablando de su propia película (ese «ahora voy a filmar un plano del cielo de Madrid») son cosas que no me gustan nada y me recuerdan a Los materiales, un filme de Los Hijos que me parece muy malo, aunque al menos la película de Trueba no tiene esa inútil pose fanfarrona. O quizás es que simplemente lo que me atrae de la película es esa conexión con Garrel, quizás también con Rozier, incluso con Truffaut, y alguno más que no conozco lo suficiente o no me viene a la cabeza ahora mismo.

Creo que es una película que merece la pena. Ya les dije que se puede ver en Filmin. No sé si es provisional o ya es una película de catálogo. Yo creo que por tres euros merece la pena. Siempre le pueden pasar el password a un amigo después de verla y compartir gastos. Da para tres o cuatro noches.

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En El Mundo me encuentro esta escueta nota (de la agencia EFE) con unas declaraciones de Luis Miñarro sobre el cierre de Alta Films (bien escrito). El heroico productor catalán pone sobre la mesa una idea en la que nadie parecía haber reparado: «entre el precio de la entrada, la subida del IVA, la piratería y el cambio de costumbres de toda una generación que no va a acceder al cine, entre otras razones, porque no trabajan y no tienen ingresos, pues ya me dirás». Efectivamente, en este tránsito hacia un nuevo feudalismo al que nos lleva el Partido Popular, el espectador desaparece. Todo entra dentro de su estrategia, claro.

Lean los comentarios a la noticia y miren qué clase de lectores tiene El Mundo. Ese es el abono que dejó Boyero y la política cultural que defiende el periódico siempre que puede.

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El próximo 26 de abril llega a España la revista Sofilm. En ella colaboran amigos y conocidos, así que es probable que la compre. Pese a su abominable portada. Mickey Rourke ya es de por sí un perfecto ejemplo de los horrores del diseño gráfico aplicado a humanos. Encima esa pose chulesca y el diseño hipster general echa mucho para atrás. Los contenidos -quitando lo del propio Rourke- parecen originales y no basados en el típico aprovechamiento de estrellas, entrevistas exclusivas de medios como Fotogramas, Cinemanía y esas revistas que hablan un poquito de todo, tipo Vanity Fair.

No es el tipo de revista que a mi me interesa, pero en fin, puede ser la lectura de váter más digna de los kioskos a poco que se esfuerce algo. Tampoco se crean mucho lo que digo, es posible que les haga la recomendación porque tengo amigos ahí. Decidan ustedes.