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martes, 11 de febrero de 2014

Vivir es fácil con los ojos cerrados

¿Cómo se le ocurriría el título a David Trueba?
En los años de la revolución francesa, cuando la Asamblea Nacional había tomado el poder y empezaba a procesar a los miembros de la realeza y la nobleza por su actitud irresponsable, estos seguían celebrando sus fiestas y actuando públicamente acorde a sus ritos estamentales. Para las clases privilegiadas lo más importante no es la riqueza ni el poder, sino la apariencia. Con una apariencia y un comportamiento noble, el resto de las cosas vendrían detrás. La realidad es algo que hay que esconder.

Estas prácticas se han trasladado a la actualidad y la gala de los Goya de ayer es un ejemplo perfecto. Cada año, nos dicen que las cifras del cine español son peores, que su situación es precaria, que mucha gente malvive o está en el paro. El año pasado, Candela Peña utilizaba su discurso de premiada, para pedir trabajo. Todos los años, casi como una costumbre, se utiliza la gala para cargar contra las injusticias, las desigualdades sociales y, si gobierna la derecha, contra los políticos. Y no porque los profesionales del cine sean de izquierdas, sino por una razón estética, como indicaba en el primer párrafo. Mostrarse comprometido con las causas más progresistas es lo mejor de cara a la imagen. Algunos dirán que estoy mintiendo y que los profesionales del cine (o al menos los que más agitan el arbol, los actores, productores o directores) tienen un fuerte compromiso social. Pero es difícil de creer si tenemos en cuenta que pese a su terrible situación, siguen celebrando un acto que en nada ayuda al cine, únicamente a industrias de superlujo como la alta costura o la joyería. Las galas son un acto exhibicionista y superficial donde nunca se habla de cine, sino de todo lo que le rodea y que poco le beneficia.

En los años 90, España creció (como siempre gracias a dinero público) como espacio de congresos y grandes macroeventos. No porque hubiese una demanda, sino porque era una buena forma (como se ha demostrado) de ganarse un dineral gracias a la construcción y la corrupción. Así nacieron imperios como el de Rafael Correa (NdA: mis disculpas al presidente de Ecuador, me refería a Francisco Correa) y así se benefició nuestro ilustrísimo Iñaki Urdangarín, organizando jornadas de paz y deporte, y cosas por el estilo. Como en España hace buen tiempo (o suele hacerlo, ahora ya ni eso) y apenas hay obstáculos legales contra el gasto público, se creó una red de congresos, eventos, festivales y demás fastos que vivían del dinero público. Cada pueblo tenía que tener su festival de cine, su evento deportivo, su congreso de algún tipo o su salón del comic. Yo, que he vivido en varias ciudades a lo largo de mi vida, siempre me resultó curioso la proliferación de festivales de magia. Aunque evidentemente la joya de la corona fueron los aeropuertos, cada ciudad tenía que tener uno. Supongo que todo se limitaba a la típica competencia entre ayuntamientos, la voracidad por conseguir votos en base al populismo más primario.

Pero (y con esto volvemos a los Goya) la realidad es que detrás de esto no había nada productivo. Simples espectáculos de masas. Superficiales y gigantescas operaciones publicitarias de los políticos de turno, como esa demencial cruzada de los políticos madrileños en busca de los juegos olímpicos. Y toda esta burbuja imitando al amigo americano. Las galas de premios, los salones del comic, las quedadas de fans, el Halloween, etc... fiestas que han ganado un espacio en nuestra vida cotidiana gracias a la influencia americana. No digo que sea buena o mala, cada cual pensará de una manera, pero mientras en EEUU esto surgió de manera espontánea y además en muchos casos existen para abastecer a una audiencia mundial, ¿qué repercusión tienen fuera de España estos eventos «culturales»? ¿En serio a alguien le interesan, fuera de España, los Goya o el salón del comic de Barcelona? En la ciudad condal, por tener, tienen hasta un salón erótico esperpéntico y de marcado mal gusto. Pero todo sea por hinchar esa burbuja mediática, por llenar espacio en diarios y programas de noticias (siempre estatales, claro), por abastecer a una audiencia endogámica ávida de tener acceso a «lo mismo» que en EEUU.

Pero como todo en esta vida se acaba, el dinero público también, lo que ha dejado en España un paisaje apocalíptico de salas de ferias y congresos que apenas albergan eventos del tipo concursos de tapas o los ya mentados festivales de magia. En los festivales de cine, si seguís este blog, ya sabéis lo que pasa. En muchos casos, se han tenido que buscar patrocinadores, cada vez más presentes, para poder cerrar las cuentas. En el caso de nuestros comprometidísimos Goya no han tenido mejor idea que asociarse con una empresa de trabajo temporal. Así que la mayoría de eventos y reuniones de la Academia de Cine han incluido el logotipo de esta empresa que, al igual que todas las de su tipo, significan precariedad y darwinismo laboral. Este es el compromiso de los Goya. ¿Dónde está el límite? No hay límite para la desfachatez de algunos personajes o empresas. Ojo a esta noticia que aparece en la propia web de la academia. Se considera una «oportunidad laboral» el trabajar una noche como ayudante de entregador de un Goya. ¿Qué valor tendría eso en un currículum? Quién sabe, quizás Adecco ponga a esos cuatro privilegiados entre esas estadísticas que se realizan al final de cada año de la gente que encontró trabajo gracias a su empresa.

Aquí Enrique González-Macho junto a un saco de dinero
 Otra constante en la gala de los Goya es la gente que se agolpa en la calle para protestar. Los primeros años la respuesta de los profesionales de la academia fue reaccionar contra ellos o bien evitarlos, como el año que hicieron una alfombra roja indoor para evitar el chaparrón de abucheos y gritos en contra. O que les lanzaran huevos. Los últimos años esto ha cambiado bastante, con Santiago Segura o Alex de la Iglesia, solidarizándose con los manifestantes o al menos mostrando comprensión. Como mediáticamente fueron muy alabados, parece que otros han decidido seguir su ejemplo, de ahí que varios famosos se acercasen a los manifestantes para mostrar su apoyo. Eran gente manifestándose contra los desahucios o contra el reciente ERE de Coca-Cola, aunque imagino que el significado era no solo la visibilidad de estos premios, sino también mostrar su indignación ante esta exhibición de superlujo en un país tan dramáticamente golpeado por la crisis como España. En la noticia enlazada antes, vemos a los Bardem acercándose a los manifestantes. Luego Bardem salió a entregar un premio o algo así, y no dudó en soltar un discurso sobre el bien y el mal, donde el bien eran sus amigos y él, y el mal el gobierno. Hoy por la mañana, un grandísimo ignorante como Vicente Martínez Pujalte, uno de esos dobermann del PP que solo existen para soltar burradas y que los más fanáticos de este partido se vengan arriba, decía que Bardem no podía quejarse porque había sido defensor de Zapatero. Esto es una tontería, sobre todo teniendo a mano, aún calentito, el caso Bardemcilla, donde la comprometidísima familia Bardem tiró de ERE para finiquitar a todos los trabajadores de un local madrileño que regentaba el único miembro de la familia que no pudo entrar en el show business. No voy a volver sobre ese tema (ya lo hice en su momento), pero dejo aquí un ejemplo del vergonzoso trato que le dio El País al asunto, poniéndose del lado de la estrella y tratando a los trabajadores como basura.

Como no vi la gala y tampoco vi las películas nominadas, no voy a hacer ninguna valoración sobre el tema. Los Goya representan un cine español que no me interesa. Alguno dirá que ya que no me interesa, no debería hablar de él, pero puesto que se paga con nuestro dinero (80000 euros en este último ejercicio), se promociona en nuestros medios de comunicación públicos, creo que tengo derecho (incluso obligación) de hacerlo, y más si lo considero una injusticia y una vergüenza que nada tienen que ver con lo que se le debe exigir a un evento de interés cultural. Los Goya son una pura epifanía capitalista pagada mayormente con dinero público y que encima completan su financiación promocionando empresas que son una falta de respeto a todos los trabajadores y parados de este país. Por lo tanto, la gente que dice eso de «si no te gusta, no lo veas» creo que tiene poca idea de lo que supone esta gala. Bueno, verla, por salud, nadie debería verla, pero opinar sobre lo que significa en la situación de este país, creo que es sano y democrático, dejando de lado opiniones a la Montoro de «todo el cine español es malo».

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Uno de los momentos más polémicos de la gala parece que ha sido el famoso video en recuerdo de los profesionales fallecidos a lo largo de este año. En este repaso, se incluyó a la periodista Beatrice Sartori, que bueno, no digo que no merezca un recuerdo, pero quizás en una gala cinematográfica sobre. Cierto que se dedicó al periodismo cinematográfico, pero no sé, ¿incluirán a Gregorio Belinchón cuando fallezca? Hombre, Sartori era mejor periodista, pero tampoco vamos a valorar su inclusión o no en una cuestión de opinión. Yo veo bien que incluyan a reconocidos críticos que realmente hayan supuesto un antes o un después en la profesión, incluso en el cine español, como José Luis Guarner o Miguel Marías (aunque este último que dure muchos años), pero ese no es el caso de Sartori. Con todo, es una cuestión de opinión. Lo que no es opinable es que Beatrice Sartori no es Nùria Vidal. Todo lo que rodea a esta equivocación huele a cutrez, improvisación y desinterés por parte de la academia de cine (recuerden, ochenta mil euros de subvención).

En ese mismo link hablan de la otra polémica: la inclusión de Concha García-Campoy. Lo más terrible de todo es que justifiquen su aparición por pequeños papeles y porque presentó un programa de cine en Telecinco. Seguramente esas fueron las razones y no que su pareja sentimental era Andrés Vicente Gómez.

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«Estoy listo para mi primer plano, señor DeMille»
Desde que El País lo dirige un holding americano de empresas, cada vez que inician una campaña o seponen comprometidos con algo, es fácil ver una razón detrás. Como los ataques furibundos de este diario a los dirigentes de América Latina o su completo cambio de perspectiva del conflicto palestino-israelí. Bueno, con Polanco también se utilizaban estas tácticas empresariales, pero al menos había periodistas más doctos o en mejor posición para hablar de determinados temas. Uno de ellos no era Iñaki Gabilondo, uno de los creadores y máximos representantes del populismo periodístico de izquierdas en España, tras la farsa histórica de la Transición. Su discurso siempre fue simple, pero airado, de esas personas que defienden que una ama de casa tiene tanto que decir sobre macroeconomía como un nobel de literatura, de ahí que bajo su brazo creciesen «periodistas» como Carles Francino o Ana Pastor. Una vez jubilado de la radio, pasó a la televisión donde hizo el programa de noticias de la recién nacida Cuatro, que al igual que todo el contenido de la cadena, era telebasura de la buena. Su mayor hit fue atacar (verbalmente) a un discapacitado, aunque a su favor hay que decir que después pidió perdón (algo complicado de ver en la profesión).  Ahora, fuera ya de radio y televisión, hace un videoblog en El País, cada vez más escondido y menos interesante. La última entrada está dedicada al cine español y es un auténtico despropósito. No niego que no tenga razón en muchas cosas, pero limitar todos los males de nuestro cine a ataques externos no le hace ningún favor a la industria, ni tampoco a la profesión periodística a la que, por suerte, Gabilondo ya apenas se dedica.

Otro que tampoco aparece mucho últimamente (lo que agradecen mis ojos y mi sistema digestivo) es Borja Hermoso. Pero sí aparece cuando hay que dejar clara la línea editorial en cuestiones de cultura o bien cuando hay que colgarse medallitas por alguna exclusiva basura (como lo del cierre de los Verdi). Hoy escribe sobre el desplante del ministro Wert, el primero ministro de cultura que se ausenta de la gala en toda su historia.

Respecto a lo de Wert, a mi su espantada me parecería bien, si mañana cambiase de arriba a abajo el sistema de subvenciones, eliminando las ayudas a amortización, impidiendo chanchullos en el tema de las coproducciones o a la hora de colar proyectos por enchufe, que defendiese festivales de cine y programas de exhibición y promoción del cine español en pueblos y provincias a donde no llega. Si hiciese todo eso y mandase a tomar viento a la clase alta del cine español, a esa que vive en la burbuja, pues entonces le diría que bien hecho. Pero claro, la realidad es diferente, y Wert es un ministro que se mostró chulesco y autoritario en sus declaraciones del último año, y ahora se escapa como un cobarde de una gala que iba a ser un acoso y derribo contra él. Además, no lo neguemos, si no fuese por los discursitos estéticos anti-PP, esta operación publicitaria que son los Goya es lo que entiende el actual Partido Popular por cultura: fiesta, folclore, glamour... Solo hay que ver la Comunidad Valenciana.

En cuanto a Borja Hermoso, se podría citar todo el texto, línea a línea, para dejarlo en evidencia. Los dos primeros párrafos son pura basura populista, apelando al español medio y utilizando palabras como «puñetero» o lo de «tomar las de Villadiego» no sé si para incluir en el texto algo de costumbrismo o sabiduría popular, defendiendo el uso del lenguaje de la calle. ¿Y qué decir de ese «tod@s» con arroba incluida para mostrarse multigenérico? ¿En serio el corrector de El País admitió eso para la edición impresa. ¡No me lo puedo creer!

Pero atención a lo que sigue: «Y si resulta que la gente va al curro, coge la piqueta y se traga los sapos y las culebras que hagan falta en la antipática sucesión de los días o del inquietante insomnio de las noches y luego ve que un ministro del Gobierno de España se disfraza de Juan Tamariz y se saca de la chistera una cita en Londres para no estar en los Goya». Ahora piensen en un periodista. Uno que trabaja en El País. Uno que es conocido porque cuando no le gusta un aspecto de su trabajo, se ausenta de él, sin ningún remordimiento. ¿Os suena? Una pista más: es uno de los mejores amigos de Borja Hermoso e hizo, al igual que él el trayecto de El Mundo a El País. ¿A que es fácil? Pues esta es la coherencia de Hermoso.

Dice de los Goya «que es una de las dos o tres convocatorias más importantes del año para quien lleva la cartera de Cultura». Ya veis, el trabajo principal de un ministro no es legislar, ni trabajar para mejorar el funcionamiento de su ministerio, ni acudir a certámenes de literatura, cine, música, etc... No, no, es acudir a la alfombra roja de esta exhibición de superlujo a hacerse fotos con González-Macho, Bardem y el resto de la Marca(Cine)España, que no el  «cine español» en su totalidad, como nos quieren vender. No, el cine español es la clase privilegiada, no los miles de trabajadores y creadores que hay detrás. Y Borja Hermoso dice que lo importante de un ministro es ir a esa gala. Porque para El País y para Hermoso, eso es lo importante del cine: la fiesta, la exhibición de lujo, el glamour. Eso es lo que vende periódicos. El populismo más rancio.

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Por si no había suficientes galas ni saraos en el cine español y todo lo que le rodea, algunos periodistas no tuvieron mejor idea que crear una nueva. Tiene el infame nombre de Premios Feroz y los da una asociación con el pomposo nombre de Asociación de Informadores Cinematográficos de España, que realmente parecen ser El País, El Mundo, Cinemanía y algunas tuitstars de periódicos regionales. Se autodenominan «los globos de oro españoles», a pesar de que ni los da la prensa extranjera asentada en España y valoran únicamente el cine y no la televisión (ya es difícil valorar la producción cinematográfica como para ponerse con el holocausto televisivo), aunque aún resulta más esperpéntico ese «antesala de los Goya», como si esta absoluta irresponsabilidad de nuestra industria necesitara además un primer plato. Ya es suficientemente indigesta de por sí sola.

Al menos se puede decir que no tenían como patrocinador una ETT. No, en su lugar tenían a Gas Natural Fenosa. Casualidades del destino, un par de semanas después de la confirmación del patrocinio se desvelaba el pufo de las eléctricas para subir la factura de la luz. Evidentemente, hay mayores razones de peso para estas subidas de tarifas, pero no es lo más razonable de cara al consumidor que le claven un puñal en la factura y al mismo tiempo vea en la televisión cómo patrocina cosas tan inanes como esta. Parafraseando a Borja Hermoso en su artículo sobre Wert, yo creo que las eléctricas deberían ser expertas en simbología.

De la gala solo vi un par de minutos (la presentaba una actriz de Los Serrano, ahí el nivel) y tenía a periodistas y profesionales del cine en mesas redondas, bebiendo y subiendo tambaleantes a recoger los premios. Tan tan tan innecesarios son estos galardones que encima votaron prácticamente lo mismo que los Goya, con notables innovaciones (¿?) como las categorías de mejor trailer y mejor cartel.

Puesto que son periodistas comprometidos con el futuro del cine español y su viabilidad, así como de la promoción del cine diferente y que no tiene acceso al circuito comercial, la Asociación de informadores cinematográficos de España no se presentará jamás a las ayudas del ICAA a la organización de festivales y certámenes cinematográficos. Que será siempre algo privado sin ayudas públicas de ningún tipo. Imagino que sí, porque muchos de sus miembros participaron en la defensa de festivales de cine como el Punto de Vista y otros amenazados por los recortes. No sería muy coherente que ahora compitiesen con esos mismos certámenes por una financiación pública para su alfombra roja y su photocall. En un par de meses lo sabremos.

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El año pasado, en el Festival de Venecia, Carlos Boyero dijo que se sentía hastiado y que iba a pedir que no le siguiesen llevando a festivales de cine, o al menos a aquellos que no tuviesen muchas películas que le gustasen. Parece que ha cumplido su amenaza y por eso no lo tenemos este año en la Berlinale. En su lugar, El País manda a Belinchón, que intentará dejar alto el pabellón tras la renuncia de su amigo. A Boyero se le podría aplicar el mismo dicho que a Zapatero: «alguien vendrá que bueno te hará»

domingo, 28 de abril de 2013

Ombliguismo(s)

Mucho ombligo... y mucho morro.
Este blog fue creado como reacción frente a la penosa cobertura que recibió Un été brûlant, la primera película que se estrenaba en España de uno de mis directores favoritos, Philippe Garrel. Esta noticia, que yo creo importante, por eso de que un director con más de cuarenta años de carrera cinematográfica estrenase por fin una película en España, que además suponía el (supuesto) canto del cisne de la distribuidora Alta Films, fue recibida con desdén por la mayoría de medios de este país. El trato que reciben en general las películas que no se pliegan a su visión mercantilista del cine.

Como yo no suelo leer todos los medios, e intento mantenerme alejado todo lo posible de El Mundo, un amigo de Facebook me avisó de un olvido imperdonable: un blog de Metrópoli sobre cine. Este suplemento fue uno de los muchos inventos del periodista de los tirantes y las piscinas ilegales por dar una imagen «urbana, moderna y desenfadada» a su diario carca y neocon. El resultado no funcionó, porque este medio tiene los lectores que se merece, y ya con El Cultural cumplía la cuota de excentricidades para gente muy valiente que sigue comprando El Mundo teniendo al mismo tiempo un interés en algo más que el morbo y el sensacionalismo. Después, el innovador Pedro Jota tuvo la gran idea de fusionar Metrópoli con La luna, un suplemento de tendencias, naciendo un aborto increíble que creo que ya no existe. No lo sé, porque no compro El Mundo, pero en internet tienen dos webs distintas. Así que lo más probable es que ya no se imprima. Quién sabe, quizás el próximo invento de Pedro Jota sea fusionar El Cultural con Yo Dona y que lo dirija su esposa, esa mujer de gran conciencia social.

Bueno, si fueron al primer enlace, habrán descubierto que el blog lo escribe Alberto Luchini, redactor jefe de Metrópoli. Crítico malísimo e irresponsable, pero con muchos amigos. Del pelaje de Arconada y esta gente. Fíjense lo que dice en la descripción de su blog: «hay vida más allá de torrentes y avatares, queremos reivindicar los grandes clásicos, las cinematografías exóticas y desconocidas, las películas pequeñas que no llegan a los circuitos comerciales, esas joyitas que pasan casi inadvertidas por la cartelera...». Joder, con esta descripción es lógico emocionarse y pensar que podemos estar ante un blog único en los medios generalistas españoles. Compárenlo con la introducción del blog de Oti: «Cualquier cosa que le pase a usted hoy, tenga por seguro que ya le ha pasado a Bogart, a Cary Grant, a Marilyn Monroe y a Rintintín… Algunas ideas para que el día funcione a veinticuatro imágenes por segundo». Pero claro, luego empezamos a leer y se descubre que la cosa no era tan así.

Luchini tiene una buena oportunidad de demostrar sus intenciones en la última entrada, dedicada a Un été brûlant y Ayer no termina nunca. ¿Pero saben cómo se titula? Ombliguismos. Ya ven, entran en un blog que dice defender el cine pequeño, el cine diferente, el cine que no tiene las mismas oportunidades en esos medios voraces de noticias y cotilleos y ¡zas!, hostiazo al canto a dos películas que perfectamente se ciñen a esa descripción. Vamos a pasar de todo lo que dice de Isabel Coixet (aunque tiene tela, léanlo si tienen tiempo libre), a la que ya le he hecho mucha publicidad, y nos concentramos en Garrel.

Para empezar, escribe: «el francés Philippe Garrel da con "Un verano ardiente" toda la razón a los distribuidores españoles, que hasta ahora no se habían atrevido a estrenar ninguna película suya». ¡Bravo! Yo a esto le llamo defender «las películas pequeñas que no llegan a los circuitos comerciales, esas joyitas que pasan casi inadvertidas por la cartelera...» con convicción. Para que luego digan que los críticos no influyen en las decisiones de los distribuidores. No sé si lo hacen realmente, pero desde luego los periodistas lo intentan con todos sus medios. Luego lloran cuando cierra Alta Films, pero esta es la realidad: dejarle bien claro al distribuidor y al posible espectador que estas películas no deberían ni estrenarse. Que no es cosa de opiniones, de que a mi no me guste. Que no las estrenen.

Sigue el delirio: «El principio de la película es aterrador: un tipo junto a un coche y, a continuación, un plano fijo de medio minuto de la exuberante Monica Bellucci desnuda sobre una cama». He subrayado la palabra aterrador porque por más vueltas que le he dado y por muchas situaciones en las que me pusiera, he sido incapaz de comprender cómo una mente enferma podría considerar aterrador ver a Monica Bellucci desnuda durante medio minuto. No sé, quizás alguna feminista radical contra la explotación de la imagen femenina, pero creo que el plano de Bellucci no es pornográfico, ni siquiera erótico. Es un desnudo muy natural, donde prima la belleza de la luz y la elección del encuadre. El propio Luchini le da vueltas al asunto y dice «todavía no consigo entender qué pinta en la película»

Aún queda lo mejor: «A partir de ahí, una sucesión de planos en los que Garrel intenta demostrar que es un genio (y va a ser que no), trufada de reflexiones políticas, existenciales, religiosas y sentimentales con la que el director pretende que compartarmos su rico mundo interior». Me hace gracia que se refiera a «planos» y no a situaciones, escenas o algo así. Ya ven que la descripción es pormenorizada y el intento por comprender «las películas pequeñas que no llegan a los circuitos comerciales, esas joyitas que pasan casi inadvertidas por la cartelera...» es profundo y lleno de matices. Yo no sé si Garrel pretende que compartarmos (sic) su rico mundo interior, pero al menos sí mostrarlo de una forma honesta y clara. El comentario de Luchini no es ni una cosa ni la otra, y simplemente pretende partir de su autoridad como crítico de cine para decirle a la gente que no vaya a ver estas películas.

La anterior entrada del blog es otro delirio importante. Está dedicada a Promised Land de Gus Van Sant, otro film muy protagonista en cinefobia(s). La supuesta comercialidad y simplicidad de esta última obra del director norteamericano hacen que Luchini saque su lado cinéfilo hardcore. Ojo a lo que dice: «Un filme aparentemente comprometido disfrazado de fábula pero, en realidad, una colección de tópicos pseudobuenrollistas destinada al gran público y cuyo único objetivo es hacer caja, aprovechándose del tirón de su protagonista y escritor, Matt Damon». Yo después de esto pensé «vaya psicópata Luchini». No hay quien entienda a este hombre. 

Crítico cinematográfico y gastronómico. Lo mismo para El Mundo
Pero lo mejor de esta entrada no es ese hostiazo que le mete a la película, sino el estudio que hace de la carrera de Gus Van Sant (GVS). Ya sabrán que el tópico extendido entre la crítica cinematográfica es que hay dos Van Sant: uno comercial y adaptado al sistema, y otro radical y experimental. Yo no creo que esto sea cierto. Más bien GVS es uno de muchos directores que desde el cine independiente fueron entrando poco a poco en el sistema hasta hacer cine oscarizable (lo que no es malo de por sí), con la diferencia de que el director de Portland se tomó un hiato de una década para hacer unas películas totalmente alejadas del sistema, a las que no tiene pinta de regresar. Pero bueno, aceptemos esa dicotomía, porque atención a lo que dice Luchini. Primero alaba a Drugstore Cowboy, que dice que confirmó a GVS como «como uno de los cineastas más revolucionarios de su generación». Hombre, yo creo que esa película, que me gusta mucho, no deja de ser una de las cumbres del cine indie, con todo lo bueno y malo que tiene el concepto. Me explico: es una película con una clara linealidad narrativa y con un discurso centrado en algún tipo de minoría o inadaptados sociales a los que el cine independiente les prestaba atención. De ahí a decir que es revolucionaria, pues me parece demasiado. Lo mejor está por llegar: «Luego fueron llegando más películas, algunas más conseguidas que otras, que incidían en un discuso tan personal y radical como innovador». Y hombre, tras Drugstore Cowboy aún quedaban años para lo que se llamó la trilogía de la muerte. Luchini opina distinto: «Entre ellas destacan "My Own Private Idaho" (1991), o cómo trasladar el universo shakespeariano al submundo del lumpen y la prostitución masculina homosexual; "Todo por un sueño" (1995), una crítica acerva de la telebasura y la obsesión por la fama que resultó ser una adelantada a su tiempo; y "Elephant" (2003), estremecedora reconstrucción de la matanza de Columbine, reconocida con la Palma de Oro del Festival de Cannes». Vamos, que para este crítico (por llamarlo de alguna manera) las películas radicales de Van Sant son... ¡¡¡My Own Private Idaho y To Die For!! Primero, no sé qué lleva a Luchini a escribir algunos títulos en castellano y otros en el original inglés. Pero, lo más importante, ¡¡qué nos está contando este hombre!! Yo no sé en qué mundo vive si To Die For le parece una película radical e innovadora. Quizás es por eso que los críticos ven una película de Kiarostami y no aguantan ni cinco minutos. Para experimentos ya les llegan los thrillers con Nicole Kidman. Por supuesto, ni Gerry, ni Last Days, ni Paranoid Park existen. ¿Qué es lo que hace Luchini? Pues conociendo únicamente el cine de GVS de manera parcial (lo que no es un problema) trata de meter con calzador una idea que ha sacado de otra parte a su experiencia con el director. Penoso. Y luego habla de ombliguismo. El suyo el primero, incapaz de ver más allá de lo que él conoce. Ya saben que los críticos se quieren mucho a sí mismos, que nadie puede contradecirlos. Aquí tenemos un ejemplo llevado al extremo. ¡El radical Van Sant haciendo To Die For!

En esa pasión que mueve a Luchini por defender «las películas pequeñas que no llegan a los circuitos comerciales, esas joyitas que pasan casi inadvertidas por la cartelera», le dedica una entrada llena de alabanzas a Notting Hill. En el último párrafo le da tiempo a despotricar contra To the Wonder: «No me extenderé sobre lo insoportablemente tedioso que resulta el último delirio megalómano de Terrence Malick». Ya saben, no todo son torrentes y avatares, que también hay que defender nottinghilles y poner a caldo el cine pequeño, el falso, eh...

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El crítico más ombliguista de este país, el imprescindible Carlos Boyero, escribe su homilía semanal dedicada a los tarados que todavía le hacen caso. Uno de esos textos que no tratan sobre cine, sino sobre la existencia misma, donde el opinador pretende mostrarse como el hombre más progresista y duro sobre la tierra, algo que ya he intentado demostrar que no es del todo cierto.

En esta ocasión, atiza al insoportable Carlos Soriano, uno de los muchos matones del PP. Gente despreciable que tiene el gobierno para hacer de escudo de Mariano Rajoy, soltando consignas ultras para fanatizar a la audiencia, que sus seguidores los sigan con mayor fervor y sus detractores les lancen más piedras. A mi me hace más gracia Alfonso Alonso, el portavoz en el congreso, un auténtico cabeza rapada, tan burro que a veces le manda hostiazos ¿involuntarios? a Mariano Rajoy. El texto de Boyero, si no lo escribiera un hipócrita como él y si no tuviera ese lenguaje pomposo y totalmente falso, pues quizás tendría un pase, porque este Floriano es todo un personaje.

Pero lo mejor es el final. Ya expresé muchas veces que Boyero al final solo habla de sí mismo, porque es una persona tan ignorante que no sabe de nada. Muchos de sus textos dan para análisis profundos de una psique tan enferma. Este no es la excepción. Miren cómo termina: «Y el tal Floriano no tendrá que rendir cuentas ante nadie por su barbaridad, por agredir de forma tan cruel al sentido común, por su obsceno convencimiento de que sus oyentes son idiotas». Cambien Floriano por Boyero y oyentes por lectores... et voilà.

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Siempre comprometido... bueno, no siempre...
Ayer traté el tema de Bardem y esa inexplicable pasión de El País hacia él. Lo tienen como un producto exportable, imagino que a cambio de futuras exclusivas y esas cosas. Llegaron a poner en el portal de su sección de cultura la exclusiva del nacimiento de su hijo. Cosas así. Muy curioso ha sido también el tratamiento del caso Bardemcilla. Para los que no sepan que es esto, les explico que la Bardemcilla era un bar que el clan familiar tenía en Madrid y que parece ser que controlaba Mónica Bardem, la única de la familia que no se ha dedicado al mundo del espectáculo (lo intentó, no lo duden), sino a aprovechar el nombre para otro tipo de negocios. Parece que en la hostelería no tuvo suerte, porque la Barcemcilla cerró y aplicó sin ningún miramiento un ERE bajo las tan humanas y consideradas reglas de esa bendita reforma laboral que el PP hizo para salvar a España.

Pero miren el tratamiento del tema en El País, ese periódico que dice ser progresista, de izquierdas, de estar siempre con las víctimas, entre otras muchas mentiras. La primera noticia que publicaron sobre el tema fue esta. Lean el titular. La noticia no es que once trabajadores se van a la calle. Tampoco que la familia Bardem despide a trabajadores. No, la noticia es que «Los Bardem explican los motivos del cierre de ‘La Bardemcilla’». Ahí, El País, con el poderoso, el fuerte, el famoso. La noticia es terrible. Viene sin firmar, pura línea editorial del periódico y sólo ofrece el punto de vista del dueño. El País del lado del empresario, como es desde hace mucho tiempo, aunque lo quisieran tapar. Hace un par de semanas aparece otra noticia en el diario. En esta ocasión, sacada de la agencia EFE, donde señalan el acuerdo triunfal de la familia Bardem, que indemnizan a sus trabajadores por encima de lo que marca la ley. Y punto.

¿Qué interés tiene El País en la familia Bardem? ¿A qué se debe esa protección y promoción casi fanática hacia la figura de Javier Bardem? No sé si es que son accionistas o algo del periódico, pero me parece una situación escandalosa. Vuelvan a leer la primera noticia del caso Bardemcilla. Y vayan al archivo de El País, porque no hay una noticia anterior, no hay declaración alguna de los damnificados. Bueno, para periódico los damnificados es la propia familia Bardem, difamada injustamente, cuando realmente son unos augustos progresistas.

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En este blog yo defiendo que muchas películas interesantes no se estrenan debido a que los distribuidores tienen miedo de las críticas terribles que escriben los medios. Antes ya han visto como el infame Luchini amenazaba a los compradores por estrenar cosas como Un été brûlant. Y es una constante en la crítica. Si estrenas una película diferente, los críticos te destrozan y los espectadores tienen miedo de ir al cine. Fracaso asegurado.

Hay gente en twitter que me dice que esto no es así. Esto es una impresión que tengo yo, claro. Mi opinión. Y yo no soy nadie, sólo un cinéfilo. Pero miren lo que opina alguien que de este negocio sabe bastante más que yo, y que además es periodista, así que algo conocerá porque se mueve en ese mundo: 

Habrá que buscar esas declaraciones de Fotogramas...

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Por relajar un nivel de cabreo, vamos a hablar del que posiblemente sea el mejor blog de cine de la red. Se llama Kino Slang y lo lleva Andy Rector. Está en inglés, pero es una maravilla en cuanto a contenidos y estilo. Acaba de actualizarse con una serie de declaraciones de Jacques Tati. Imprescindible.

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Gracias a las estadísticas del blog, he visto que me han llegado los dos últimos días bastante visitas del focoforo, un foro privado al que no se puede entrar salvo por invitación. Gracias por las visitas. Me dicen que me caen unos palos buenos aunque yo no lo puedo comprobar ni defenderme de primera mano. Aquí tienen abiertos los comentarios si me quieren decir algo.

Si leen todas mis entradas, siempre señalo que esta es mi opinión, que se puede estar de acuerdo o no. Es un blog de opinión, sin intereses económicos. Apenas tiene trascendencia. Me hace gracia que una opinión que se escape de la norma genere siempre tantos odios, mientras que el discurso oficialista continúa a paso firme, pisoteando a todos los que no piensan igual. Yo creo que toda opinión que trate de atacar al pensamiento único está bien. Creo que pongo los suficientes links y desarrollo mis opiniones lo suficiente para que, al menos, lo que diga no parezca caprichoso. Yo, por supuesto, acepto y respeto los que piensan de manera contraria. Lo que no respeto es la hipocresía, la corrupción y la manipulación interesada de los grandes medios. Y se puede comprobar de que, además de mis opiniones, siempre que puedo pongo a disposición otro tipo de opiniones contrarias a la mia que considero valiosas y dignas de mención.