sábado, 31 de agosto de 2013

El / nuevo / viejo / otro / cine / español / catalán / gallego

¿Cuántos lectores pierde El País con esta basura?
Regresa el colegio y regresa cinefobias. El verano es un tiempo terrible para escribir sobre cine. Los medios se llenan de frivolidades y anecdotarios, de listas y retrospectivas sobre lo mismo de siempre. Y, aún peor, cada periódico tiene su suplemento veraniego donde se mezcla el wagneriano festival de ópera de Bayreuth con entrevistas a Georgie Dann. El peor de todos en ese sentido es el de El País, llamado Tentaciones, dejando claro su naturaleza diabólica. Otros años escribía ahí Buenafuente y gente de ese pelaje. Este verano me he mantenido alejado, así que no sé con qué (n)os han martirizado. Ojeando en la web, en el blog Versión muy original hicieron un Cine Club de Verano, donde cada entrada gira alrededor de un tópico veraniego (la piscina, el bikini, el Caribe, el surf, etc...).

Lo único que agita algo el verano cinéfilo es la celebración del festival de cine de Locarno, un certamen que ha ganado en interés desde que entró en su dirección Olivier Père, antiguo director de la Quincena de los realizadores de Cannes. Desde el cambio, la Quincena se ha convertido en la Segunda división B de Cannes y Locarno no ha hecho más que crecer, mezclando bastante bien (bueno, más o menos) la visita de estrellas de Hollywood y sus blockbusters veraniegos con un cine de autor que realmente necesita los festivales de cine para promocionarse. El festival ya no lo dirige Père, pero su legado permanece (como en Donostia, donde el director ya no es Olaciregui, pero su legado -o su maldición- permanece). Este año se le ha prestado algo más de atención, porque había varias películas españolas. Bueno, algunos medios le prestaron más atención, porque El País se limitó, como siempre, a ofrecer una mirada sesgada e interesada del certamen. Primero, Elsa Fernández Santos dedicó un artículo a hablar de El futuro de Luis López Carrasco, aunque sin comentar el resto de películas a concurso, ni siquiera las españolas. Diego Galán se leyó el artículo (y algún otro que encontró por internet) y decidió que sería el motivo de su columna semanal, en lugar de dedicarse a divagar sobre el fin del cine tal y como lo conocemos, que es lo que suele hacer cuando no tiene tema a la vista. Si leen la entrada, seguramente se cuestionarán si ha visto la película. La siguiente frase presenta dudas: «ha despertado lógicamente la curiosidad de los cinéfilos». Utilizando la tercera persona, parece que no se incluye entre los que la han visto, pero ese lógicamente debería señalar que como la película es buena, es evidente que despierte la curiosidad. Sea como fuere, la verdad es que no destaca absolutamente nada de la película más allá de que fue hecha con poco dinero. Y encima tiene el morro de aventurar que esta precariedad económica «no surja solo como consecuencia de las restricciones económicas sino como respuesta moral al desaguisado de nuestra época». Hombre, no sé qué pensará Luis López Carrasco de esto, pero imagino que no le hubiese importado rodarla con mayor tranquilidad, y olvidarse de martiriologías de los cronistas. Respuesta moral, eso suena a homilía vaticana.

Pero mejor aún es la tercera «crónica» (si a las otras dos se le puede llamar así) que el antiguo diario independiente de la mañana dedicó a Locarno. La escribe Rodrigo Carrizo Couto y sirve de ejemplo perfecto de la desorientación total de El País en lo que respecta a una línea editorial clara. Y no hablo solo de cine. El artículo trata sobre un documental acerca de Christophe Blocher, controvertido líder político suizo, contrario a la llegada de inmigrantes balcánicos y musulmanes. En mi opinión, El País escogió este artículo por su valor político. En este periódico, los documentales suelen ser tratados como noticiarios que se estrenan en cine y nos alertan sobre los males del mundo (Michael Moore, Al Gore y todo eso), así que de vez en cuando aparece un artículo sobre un documental que se pasó en algún lugar que trata un tema muy importante. En este caso, Suiza, los bancos, la política racista europea, la inmigración, etc... Todo muy comprometido y coherente con un periódico que se dice progresista (o se decía, vaya usted a saber lo que es ahora mismo).El artículo no termina ahí, sino que bajo el título de Estrellas en el lago Maggiore enumera la lista de estrellas que van al festival. Una lista donde están desde Jaqueline Bisset y Victoria Abril a Otar Iosseliani y Werner Herzog. Todos premiados por el festival, aunque hace bien en señalar que en el caso de Abril, el premio lo otorgaba una marca de champán. Y por último, habla de las películas más destacadas (según el cronista, aunque el diga que son las que han dado más que hablar) del certamen, Short Term 12 y Gabrielle. La primera sobre adolescentes problemáticos y la segunda, una historia de amor con personas con un handicap (supongo que físico o intelectual, no lo explica). También habla de la mexicana Los insólitos peces gato, de la que no dice nada por los draconianos límites de caracteres de los diarios (imagínense la cantidad de frivolidades veraniegas que incluyó El País en esa edición). ¿Echan algo en falta? Quizás el resto de películas españolas, que eran dos: la catalana Historia de la meva mort, de Albert Serra, y la gallega Costa da morte, de Lois Patiño. Yo no sé si es que El País no los consideraba españoles de pleno derecho (como ya hizo Gregorio Belinchón en Cannes con Diego Quemada-Díez) o que realmente les importaba un rábano y el artículo de El futuro estaba allí porque Elsa Fernández-Santos era amiga del director, pero la realidad es que no hubo noticia sobre esas dos películas. Las dos ganaron un premio. Ojos de serpiente para El País.

Ahora bien, cuando ese regurgitador de noticias que es Gregorio Belinchón se enteró de que Serra se iba a llevar el premio gordo del festival suizo, en seguida empezó a mover la maquinaria publicitaria. No era Javier Bardem, pero menos da una piedra:
Es recomendable leer las respuestas a este tuit para que vean cómo los usuarios se toman a guasa a este periodista. Lo cierto es que no fue el único en anunciar las buenas nuevas. Un montón de periodistas y cinéfilos catalanes anunciaban un día histórico para el cine de la tierra. ¿Qué sería, qué sería? Parece que había un embargo para no dar el palmarés antes de que lo anunciasen oficialmente, pero la mayoría no se aguantaban e iban cebando a sus followers como hacen en Punto Pelota, a pequeños traguitos. Y entonces llegó Heredero y acabó con toda la hipocresía:
¡Zas! Un montón de tuiteros cebando la gran noticia, esperando con sus tuits listos para la hora mágica y llega el director del Caimán y les destroza la noticia. El trolleo más magistral del verano. Evidentemente, a Belinchón no le gustó que se le adelantasen (porque vive de anunciar cosas y si es antes que nadie, mejor) y en seguida protestó...
Esto viene del periodista que anunció el premio a mejor actor de Cannes para su amado Javier Bardem un día antes. Evidentemente, se lo recriminamos y él se justificaba diciendo que en el festival francés no había embargos. La ética periodística es lo de menos. 

¡Pobre Belinchón! Le quitaron la exclusiva de la victoria de esa película que El País ni siquiera había creído necesario comentar. Y eso que le dedicó un artículo a un documental suizo. Eso sí, el diario global en español no faltó a la cita con la historia y a las 21:40 del 17 de agosto ya estaba subida la crónica de la entrega de premios, escrita por Rodrigo Carrizo Couto. Pese a ser una crónica sumarial, parece que el periodista se niega a hacer una simple nota de prensa y añade apreciaciones personales en la mejor tradición belinchoniana, esa de mezclar la información con la opinión con disimulo. Primero: «Locarno confirma con este premio su reconocida querencia por las cinematografías más áridas y experimentales», que demuestra la gran confusión que hay en los medios tradicionales acerca del concepto experimental en lo referido al cine. Y segundo: «Durante la gala de cierre, el premio a Serra fue silbado por el público asistente». Una información fundamental para el lector. Bueno, para dejarle claro que la película es de esas raras experimentales que solo gustan en festivales. Árida, experimental y silbada. A mi me han contado algunas personas presentes en la gala que no hubo silbidos, así que siendo ambas visiones subjetivas, me inclino (y esto también es subjetivo) a pensar que el que silbaba era el propio corresponsal de El País. Es más, si, como dice él, en Locarno hay una querencia por las cinematografías más áridas y experimentales, ¿cómo van a silbar a Serra? ¿En qué quedamos?

Cineastas áridos y experimentales. Españoles solo cuando ganan premios
¿Se acuerdan de las dos películas que Carrizo defendía como las mejores del certamen? Short Term 12 y Gabrielle. Ambas fueron premiadas, la primera con el premio a la interpretación femenina y la segunda con el temible premio del público, que para el cronista es el «prestigioso». De la primera dice que fue «una de las películas que puso de pie a la Piazza Grande». Ya ven cómo queda claro el contraste con Serra. Y eso que había que celebrar el día histórico del cine español. Más que celebrarlo, le sueltan una patada en la entrepierna. En el último párrafo, destaca también el premio de Lois Patiño en la sección Cineastas del presente. Aquí no hace valoraciones, ¿la habrá visto?

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Poco después del desastre de Locarno, alguna mente pensante de El País consideró necesario contraatacar. Esto de dejar que ganen los cineastas «áridos y experimentales» sin oponer resistencia no se puede permitir. Así que sacaron este bodrio escrito por Elsa Fernández-Santos sobre lo que denominaron la Nueva Comedia Española. Miren cómo empieza: «Familias muy españolas y muy desestructuradas, científicas pechugonas amenazadas por los recortes (y por la soltería), personajes marginales, como un hombre que sale de la cárcel y deambula por el extrarradio buscando un hueco por el que reengancharse a la vida normal, y muchas bodas (recuerden, una de las escasas industrias emergentes en nuestro país) y sí, un partido de fútbol (esta vez de verdad mítico)». No me queda claro qué es peor, si lo de «familias muy españolas» como una afirmación, como si todo el mundo supiese perfectamente a qué se refiere solo con enunciarlo; lo de «científicas pechugonas amenazadas por los recortes» (supongo que recortes económicos -el artículo lo firma una mujer, imaginen lo zafio del asunto-); o lo del partido de fútbol «esta vez de verdad mítico», así sin comas, signifique lo que signifique. Pero ya saben que un periódico comprometido como El País, un diario de izquierdas, progresista y moderno, eso de las científicas pechugonas es demasiado burdo. Así que añade: «el humor trasciende su poder de mero antídoto para erigirse como termómetro de nuestra maltrecha sociedad». Tomaaaaaaaaaaa.

No hay boda, pero por lo demás podría ser NCE
Esto de la nueva comedia española es un invento de El País que no agrupa absolutamente nada, más allá de la gente que hace comedias industriales y comerciales, y que, como tales, se acercan al cine americano. Así, mezclan tres directores que no tienen nada que ver: Juan Cavestany (Dispongo de barcos), Javier Ruiz Caldera (Spanish Movie) y Daniel Sánchez-Arévalo (Gordos). Dentro del propio artículo, Borja Cobeaga ya señala la sinrazón de El País: «no se puede hablar de nueva comedia porque se trata de movimientos demasiados dispersos». Los motivos comunes del diario para hermanarlas son las bodas y las mujeres de tetas grandes. ¡Olé! Javier Ruiz Caldera nos da más pistas: «Hay mucha emoción, mucha gente y mucho alcohol». Como ya señalaba más arriba, otro de esos puntos en común (si se le puede llamar así) es la referencia a la comedia americana. Ruiz Caldera lo tiene claro. Bueno, más o menos: «Adoro a Billy Wilder, a Berlanga, a Woody Allen… y a la generación de los ochenta y noventa de la comedia española. Pero sobre todo a los Farrelly, a la factoría Apatow y, claro, a Alexander Payne». No lo veo demasiado conciso. Yo añadiría a Ernst Lubitsch, Howard Hawks, Jerry Lewis, Albert Brooks, John Waters, el Saturday Night Live, el pressing catch, Faemino y Cansado, José María Aznar, los Morancos, Adam McKay y los chistes de Lepe. Solo para que le quede claro al lector. O mejor aún, me quedo con la frase final que cierra el artículo, del maestro Paco León: «Comedia es todo». O, lo que es lo mismo, nada.

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En la línea de El País, el Caimán publica otra delirante lista de cineastas adscritos a lo que llaman "Nuevo / Otro cine español". Ya el título muestra lo confuso de la selección, pero más aún si vemos que se trata de un listado de... ¡¡52 directores!! Yo hubiese llamado a la lista The New 52, por eso del valor publicitario. Podría enumerarlos todos aquí, pero sería más fácil decir quienes no están. Por ejemplo, ¿por qué están directores con una carrera ya asentada con varios largometrajes como Isaki Lacuesta,  Manuel Martín Cuenca o Pablo Llorca, pero no Ángel Santos, autor de un único largometraje, Dos fragmentos / Eva, desgraciadamente poco visto en nuestro país y aún menos reivindicado? Bueno, recuerden que durante el festival de Cannes, Heredero celebraba en twitter la exclusiva caimanesca de la presentación del teaser poster de Caníbal (la nueva película de Martín Cuenca). ¡El teaser poster! Pablo Llorca escribió en un número de Caimán, una entrevista con Manoel de Oliveira a propósito de su centenario. E Isaki Lacuesta fue portada de la revista y le han dedicado varios reportajes. En mi opinión, es una forma de seguir vendiendo el producto. No entiendo cómo Heredero no metió también a Jaime Rosales. O a Manuel Gutiérrez Aragón.

La sensación es que han metido todo lo que les gusta (aunque repito: no estamos todos, falta Rosales) y lo han juntado dentro de algo que llaman «impulso colectivo». ¿Cuál es ese «impulso colectivo» que une a Manuel Martín Cuenca, que hace películas industriales con actores españoles muy reconocibles (lo que no quiero decir que sea mejor o peor) con Xurxo Chirro, que creó Vikingland a partir de videos caseros y sin subvención estatal alguna? ¿Qué tienen en común Pablo Berger con Santi Fillol? ¿Óliver Laxe con Carlo Padial? ¿Norberto Ramos del Val con Carla Subirana? Y, por supuesto, no hay nada de malo en que no tengan nada en común. Ni esas diferencias hacen que unos sean mejores que otros. Simplemente es bastante inútil tratar de agruparlos en un grupo común y encima tratar de justificarlo a base de conceptos como lo del «impulso colectivo».

Leyendo el sumario, parece que afinan un poco más, destacando a nueve cineastas. Quitando a Martín Cuenca, a Alberto Morais y a Mar Coll, que yo creo que hacen otra cosa (sin entrar en valoraciones), el resto sí que podrían tener una mayor relación, al menos en cuanto a su forma de trabajar y a la gestión de los medios, aunque creo que la nueva película de Fernando Franco será un drama con una forma más convencional (de nuevo, sin que ello sea necesariamente malo). De todas formas, yo en Caimán echo de menos una apuesta más fuerte por un estilo más determinado, en lugar de estas decisiones salomónicas. Entiendo que dentro de la revista pueda haber un interés divulgativo, pero estamos hablando de crítica de cine y eso tiene siempre algo de elección (¿por qué esta película y no esta otra?). No creo que haya nada de malo en ello. Tratar de abarcarlo todo te acaba llevando, como en el caso de Paco León y la NCE, a la inconsistencia. Hacia la nada.

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En los telediarios de Julio Somoano (esos que pagamos entre todos y que existen como servicio público) rara es la vez en la que hablan de cine que no sea ni americano ni español. Durante el festival de cine de Locarno, dedicaron un solo corte al certamen. Tampoco voy a decir que Locarno sea el festival más importante del mundo y necesite una cobertura importante por parte de un telediario generalista (algo que no hacen ni con Cannes), pero siendo pleno agosto, sería preferible que diesen algo de información y no las típicas chorradas sobre verbenas veraniegas para despertar la sonrisa del espectador.

Aún así, en ese único corte, no hablaron de ninguna película. Ni americana, ni española ni de ninguna otra parte. El cine es lo de menos. Lo importante son las estrellas, el glamour. Los premios honoríficos ocupan todo el espacio informativo. Faye Dunaway, Victoria Abril (haciendo el ridículo, como siempre) y Christopher Lee. Sin noticias de Werner Herzog y Otar Iosseliani.

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Para cerrar con Locarno y no irnos con mal sabor de boca, Gonzalo de Pedro realiza un repaso más exhaustivo a la participación española en el festival. Demuestra conocer las películas y los autores, yendo más allá de la nota de prensa y valoraciones ad-hoc. 

viernes, 28 de junio de 2013

Tuiterías

Si en los 90 hubiese existido twitter, adiós trilogía
Ayer tuve una conversación muy interesante en twitter con dos amigos, Nicolás Ruiz, director de Cineuá, y con la cuenta oficial de Cinema ad hoc, que creo que la lleva su director Martín Cuesta, pero como no estoy seguro, lo dejo así, en la duda.

La conversación nació a partir de unos tuits mios en los que me quejaba de que muchos medios daban mucho espacio a determinadas películas simplemente por intereses comerciales, aún a pesar de que estas no le gustaran, en detrimento de otras que sí les parecían valiosas. El mejor ejemplo es El País, que en el estreno de The Man of Steel de Zack Snyder le dedicaba tres artículos, pese a una crítica negativa de Jordi Costa, mientras que una película que sí ponía muy bien, como Laurence Anyways se quedaba con un único y pequeño texto, donde apenas se enumeraban sus méritos. Esto lo han arreglado varios días después con una entrevista a Xavier Dolan, pero la diferencia de trato está ahí para quien quiera comprobarlo.

Lo que yo decía es que por muy buena que sea una crítica, si esta no tiene visibilidad, difícilmente va a poder actuar sobre el lector. Si tenemos tres artículos a una película que consideramos mala y uno pequeñito a una que consideramos buena, los ojos del lector se irán más hacia la primera, por desgracia. Además, que me parece un sinsentido privilegiar lo que no nos gusta sobre lo que nos gusta.

Luego la conversación fue por otros derroteros, principalmente la capacidad de la crítica para influir sobre el espectador. Ahí Nico decía que tenía mucha y yo no tanto. Y puse los casos de los fracasos comerciales de Spring Breakers y Holy Motors. Con esto no quise decir que la crítica tuviese que vender entradas (aunque quizás si se deslizó eso de mis intervenciones: como digo siempre, en twitter es difícil argumentar bien), pero está claro que si las críticas positivas hacia estas dos películas hubiesen tenido efecto sobre el público, esto se hubiera notado de alguna manera en las cifras de taquilla. Vamos, si yo leo una crítica y esta consigue interesarme en el film del que habla, lo que quiero es ver esa película cuanto antes y si la ponen en el cine, pues voy a verla. En mi caso, como soy de pueblo, ya no tengo ni esa opción, porque casi nunca programan películas que me interesen especialmente, así que quizás no soy la persona más indicada para entender ese fenómeno.

Obviamente, ahora que ha salido Spring Breakers en DVD/bluray y se puede encontrar en la red, la verá muchísima gente y quizás se vuelva a todo lo escrito en su momento. Pero creo que cualquiera entiende que no es lo mismo lo desarrollado en el anterior párrafo que esto.

La crítica es en parte culpable de esto, principalmente por dispersión. Si hablamos de todo un poco, lo normal es que salgan perdiendo las películas que no tienen ningún otro espacio mediático, en favor de las que tienen el apoyo de las majors. Obviamente, si a alguien The Man of Steel le parece una obra maestra, pues lo justo es que la defienda. Lo que yo digo es que si la película de Snyder nos parece una mierda y hay otra, de Dolan, de Assayas, de Linklater o de quien sea, que nos gusta mucho, pues no le dediques un espacio privilegiado a la primera, porque las segundas son las que lo van a necesitar. Vamos, yo creo que todos los críticos de cine, profesionales o amateurs, escriben porque les gusta el cine, porque hay películas que les gustan, o les interesan de una determinada manera. No sé, no creo que a nadie disfrute viendo solo películas que le parecen horribles. Por eso mismo me parece un contrasentido ver lo que ocurre constantemente en muchos medios, que por cumplir con unas expectativas comerciales se habla más de los estrenos más sonados y las películas que más les interesan se quedan al fondo del cajón. Habrá tiempo para analizar eso más profundamente en futuras entradas.

En el caso de Linklater parece que hay excepciones. Bueno, se trata de Richard Linklater, que en condiciones normales sería un director que cada estreno suyo sería considerado un acontecimiento. Pero como vivimos en España, sus películas casi no se estrenan. Esta sale con 91 copias y una buena distribución, pero como la gente es cruel, parece que importa más terminar de darle la puntilla a M. Night Shyamalan por After Earth antes que glosar las bondades del film de Linklater. Del blockbuster que se hable mucho, aunque sea mal. Como digo, hay excepciones, como la de la Revista Magnolia, que le dedica una hermosa portada a la película (a la trilogía) de Richard Linklater, Before Midnight. Muy recomendable ese número, donde además de los textos sobre Linklater hay una corta, pero valiosa entrevista a Joe Dante, para mi uno de los mejores directores de Hollywood de las últimas décadas.

Y en fin, que creo que los tres, Nico, Martín y yo, teníamos opiniones parecidas al respecto y fueron las limitaciones de twitter las que nos separaron. Obviamente, tampoco creo que el objetivo principal de la crítica deba ser el de dar visibilidad a las películas. Lo principal es reflexionar sobre ellas. Pero creo que estamos en un momento donde si no se actúa en una determinada dirección, va a terminar desapareciendo el material sobre el que reflexionar. Bueno, siempre quedará Hollywood, aunque como explica Dante en la entrevista de la Revista Magnolia, cada vez se hacen menos películas y tienden más hacia no salirse de unos límites de seguridad. Por lo tanto, ¿es labor de la crítica luchar por la diversidad cultural? Yo creo que sí.

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John, Paul, George y Ringo. En el orden que quieran.
El otro día se celebró la gala aquella de la bebida de ron donde premiaban a los peores y más irresponsables críticos de este país: Boyero, Oti, Enric González y Toni García Ramón, con la presentación de Carlos Marañón. Todo lo que rodea a este evento es desagradable y esperpéntico. La estética tiene ese toque hipster-vintage que echa para atrás y parece ser que durante la gala servían copas con los nombres de los premiados. Ahí es nada. Imagínense, beberse un Boyero. Supongo que llevaría cianuro y heces de caballo, para hacer honor a su nombre.

Si tienen estómago, miren este video, donde los cuatro protagonistas hablan de sus filias. Todos menos Toni García Ramón, que utiliza ese espacio privilegiado para atacar a un crítico austriaco desconocido que no se puede defender. Podemos pensar que esto es cosa del editor, que cogió ese momento en lugar de otro cualquiera. Pero resulta que en este otro video, Toni ataca a otro periodista, en esta ocasión belga. Desde luego, me acusarán a mi de tener bilis, envidia y no sé qué más, pero este hater profesional no se queda corto. Me hace gracia que se ría del periodista belga por el error de Truman Capote (gravísimo), cuando él casi va a gazapo por artículo. Pero nosotros si se lo señalamos es porque estamos locos, obsesionados con él y no sé cuántas cosas más.

En la nota de prensa destaca que Carlos Marañón se refiera a Toni García como un revolucionario porque «no se deja llevar por tendencias sino que investiga y descubre filones». Sencillamente hilarante. Miren lo que piensa Toni García Ramón sobre descubrir filones en este texto ya comentado: «Déjese de experimentos y asegúrese la jugada, disfrute de los que pensaban que el séptimo arte era el primero. Ahora que el cine parece basarse en principios como “si es americana o acaba bien es mala” o “no he entendido nada; es una obra maestra” vuelva a los brazos del padre, a los señores que dirigían con traje y corbata, los tipos con parche en el ojo y los que se cagaban en la estrella y le gritaban “eres un auténtico inútil” enfrente de todo el reparto». ¡Qué sería del maltratado y olvidado cine clásico si no fuese por el revolucionario Toni García Ramón! Quédense con el «déjese de experimentos». Y este es el revolucionario para el director de Cinemanía. Hombre, al lado de las otras tres señoras con las que compartía homenaje no me extraña. Bueno, en términos revolucionarios yo veo a Oti por encima.

Tampoco quiero olvidarme de una confesión de Enric González, ese periodista tan progresista y comprometido que se fue por dignidad de El País y días después fichó por El Mundo. Habla sobre su labor como corresponsal en el Festival de Cine de Venecia: «soy claustrofóbico. Estaba de corresponsal en Roma y me encargaron sustituir a Fernández Santos, que acababa de morir, en el festival. Me senté cerca de la puerta para salir a respirar. Yo no puedo ir a las salas de cine». Sí señores, el periódico más importante de España llevaba a cubrir uno de los festivales más conocidos del mundo a un claustrofóbico. Esto suena a aquella película de Woody Allen donde un director se quedaba ciego y rodaba la película igual. Supongo que eso a muchos les parecerá una sátira magnífica de los vicios y excesos de Hollywood, pero ya ven, en España estamos mucho peor. Un trabajo que consiste en estar horas encerrado en un cuarto oscuro lo realizaba un claustrofóbico. Es para estallar a carcajadas. ¡Y lo hizo durante varios años!

Estas cosas, como digo siempre, no son culpa de Enric González, ni de Boyero, sino del tipo que les permite esta desfachatez. Lo peor es que en El País seguramente piensan que sus caídas de ventas no se deben a estas cosas, sino a todos esos rollos culturales que no interesan a nadie. Es la sensación que tengo viendo hacia dónde se dirige El País. Decenas, cientos de referencias a la triste muerte de James Gandolfini frente una necrológica tardía de Richard Matheson. Y miren en qué situación estamos que Richard Matheson se considera algo difícil de vender...

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Relacionado con el esperpento del ron Havana, es recomendable esta entrada en el blog de Raúl Pedraz donde se extiende más en la claustrofobia de Enric González, gracias a que él ha tenido el valor (o la tendencia suicida) de leer las memorias de este periodista, bohemio, vividor o lo que quiera que sea ahora mismo. Entre las perlas cabe destacar el enigma Delaney, descrito en dos suculentos extractos: «un hombre brillante, ingenioso y ocasionalmente malévolo al que, por razones que no vienen al caso, llamaremos con el apodo al que recurría Groucho Marx cuando hablaba de personas en situaciones incómodas: Delaney» y «Los martinis en el Harry’s eran solo el prólogo de veladas imposibles que concluían con Delaney meando contra la fachada de San Marcos o mostrando a un grupo de turistas americanos lo bien que se había depilado el culo». Aún así, su labor profesional queda perfectamente reflejada con lo siguiente: «Las estancias en el Lido de Venecia venían a ser un vestigio de otros tiempos, de cuando los periodistas eran bohemios y canallas porque se esperaba de ellos que lo fueran. A veces bebíamos. A veces pasábamos la noche bebiendo». Tras esto habría que volver a las crónicas de Enric González, para fijarnos bien en toda su irresponsabilidad, la manera que despachaba películas y directores, así como sus renuncias profesionales.

¿Quién es Delaney? Bueno, Pedraz pone en relación el grupo de los cuatro de Venecia (Boyero, Enric, Oti y Delaney) con los cuatro que recibieron el homenaje el otro día (Boyero, Enric, Oti y Toni García), así que si desvelamos la incógnita nos da que ese hombre que les enseñaba el culo a los turistas americanos y meaba en la fachada de San Marcos era el actual periodista de El País, entre otros medios. Aunque yo con malicia pienso que sí lo será, creo que Toni no fue en esa época a Venecia, quizás me confunda. Pero bueno, ahí queda el dato.

viernes, 31 de mayo de 2013

Periodismo, tierra de nadie

Tunear coches y bailar reggaeton, malo. Delinquir ebrio en Las Vegas, bueno
Día de estrenos y día de cinefobias. La semana pasada me alegraba de que El País no dedicase una entrada a Fast & Furious 6. No por la calidad de la película, sino porque creo que las páginas de cultura de un periódico se pueden dedicar a películas que las necesitan más que un blockbuster que tiene muchísima visibilidad e impacto mediático. Pero parece ser que me equivoqué al hacer esta valoración y lo que realmente pasa es que hay un prejuicio cultural por parte del periodismo de este país hacia esos ladrones de coches obsesionados por el tuning y el reggaeton. Ya lo vimos en el post de la semana pasada, donde Carlos Marañón y, sobre todo, Oskar Belategui, arremetían contra ella. Esta teoría se refuerza esta semana, donde otro blockbuster tan gigantesco como Fast & Furious 6 sí merece lugar en los diarios españoles. Se trata de The Hangover Part III, surgida del mismo modelo de negocio que la anterior, con hechos tan cuestionables como la anterior (tres amigos emborrachándose hasta la amnesia en Las Vegas), pero por alguna razón mucho más valorada. Bueno, mucho más valorada tampoco, porque Jordi Costa dice en El País: «Phillips ha hecho un trabajo correcto y eficaz, pero no tocado por la gracia» y también que un par de gags muy buenos «salvan una película innecesaria». Innecesaria salvo para el que decide de qué estrenos se habla cada semana en El País y qué espacio les corresponde, claro. También debe ser muy necesaria para El Mundo, porque es de la única película de estreno de la que hablan en ese reducto para la farándula y la polémica más banal en el que han convertido su sección de cultura. El texto de Luis Martínez no está mal, aunque tienes la sensación de que está continuamente tratando de justificar las malas opiniones que puedan surgir a propósito de la película. Cierra con una frase que se ajusta mucho a la línea editorial de El Mundo: «El buen gusto, en efecto, apesta».

La única película que se escapa al esquema de estrenos americanos y alguno español de vez en cuando que mueve nuestra taquilla es The Thieves, renombrada en España El gran golpe, película que arrasó en Corea, pero que aquí se estrena de manera discreta. También arrasó en Sitges, donde gustó a todo el mundo. Pero parece que esas cosas solo valen si la película es americana y se puede explotar en el sentido que les interesa a las multinacionales. Que una película destroce la taquilla en cualquier otra parte del mundo que no sea EEUU, no cuenta para nada, salvo fenómenos aislados como alguna comedia francesa. Corea, esa filmografía que conocemos de manera tan exhaustiva (según el periodista de El Cultural Juan Sardá), siempre estrena películas en España con nocturnidad. Y si no eres de Madrid o Barcelona casi será mejor que te olvides.

The Thieves es una película comercial y con poca chicha, pero bien realizada que podría haberse estrenado de manera más amplia si no existiera un prejuicio cultural hacia lo asiático. De hecho, las críticas en España no han sido malas, aunque hacen lo mismo de siempre con las películas que son de cinematografías raras: estar todo el rato comparándolas con su supuesto equivalente occidental. Esto tampoco es malo per se, el mismísimo Donald Richie lo hacía en su imprescindible libro sobre cine japonés. Pero si tienes quinientos caracteres, no los gastes en decir «se parece a...». Si la semana pasada ocurría esto con Hong Sang-soo, al que se le convertía en hijo directo de Rohmer o incluso de Woody Allen, a la película de Choi Dong-hoon le ha tocado ser descendiente de Ocean's Eleven. Javier Ocaña dice en El País que «no será difícil que la inmensa mayoría de las críticas hagan referencia a una comparación que no es cliché sino realidad». Me gusta el final, con esa afirmación tan rotunda para la que imagino que además de haber estudiado bien la película, se habrá informado convenientemente sobre las aspiraciones y motivaciones del director.

Esto último lo digo porque ayer en tuiter me llegaba redirigido por alguien el siguiente comentario:
Y efectivamente, si vamos a la entrevista de CineAsia, el director dice: «En realidad a mí me gustan más las películas de robos y crímenes que ya existían antes de Ocean’s Eleven, por ejemplo Rififi (Jules Dassin, 1955) o La Jungla de Asfalto (John Huston, 1950)». Lo cual, tampoco voy a ser quisquilloso, son las palabras de un director, que pueden estar muy lejos del resultado de la película. Yo no creo que se parezca a Ocean's Eleven, pero tampoco a The Asphalt Jungle. Simplemente, si los críticos españoles tuvieran una formación tan importante en cine asiático como la que tienen en cine americano (bueno, eso es irreal, pero algo más equilibrada), estas comparaciones no se harían tan a la ligera. Ahora con internet no creo que haya excusas. Si os descargáis series para verlas al minuto siguiente de ser emitidas, también podéis bajaros un par de películas asiáticas. Y que no me hablen de que las películas asiáticas no tienen el mismo interés mediático, ni que a la gente le interesan menos. Este tuit de CineAsia es muy revelador:
Por ejemplo, si nos guiáramos por este supuesto interés general que parece decidir de qué se habla y de qué no, ¿qué razones hay para hablar tan poco de The Thieves (exito sideral en Corea) y tanto de 360, la película de Fernando Meirelles que en su estreno americano no acumuló ni cien mil dólares? Pues que la segunda es norteamericana y tiene a actores famosos. La primera se estrena con cuatro copias, la segunda con cincuenta y nueve. Por lo tanto, no hay ningún tipo de lógica empresarial o comercial, simplemente censura ideológica e incluso racial. A España no le gusta lo coreano (pese a que somos conocedores exhaustivos de su filmografía), sino lo americano, parecen decirnos. Ya piensan ellos por nosotros.

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Con todo, la que parece ser la película más interesante de la semana es Terra de ninguém (Tierra de nadie en España), la película portuguesa de Salomé Lamas que con valentía ha estrenado Abordar Distribución. ¿Una película portuguesa? ¿Estrenándose comercialmente en España? Tiene trampa, no se crean, porque es un documental sobre un soldado mercenario que en uno de sus muchos trabajos estuvo a sueldo de los GAL, aquel invento de alguien del PSOE (todavía no está muy claro quien) para acabar con ETA de manera fácil y rápida. Vamos, que quizás sin esa temática no se hubieran atrevido a estrenarla, porque recibirían un silencio y desprecio absoluto por parte de los medios.

Ana Pastor, tras esto, se hubiese quitado el velo.
Curiosamente, El Mundo, que cada poco tiempo agita el cadáver de los GAL para seguir colgándose medallas, no habla de la película (aunque todavía no han actualizado El Cultural de la semana, quizás allí sea el tema principal). Yo creo que Pedro Jota no se ha enterado. O a lo mejor está molesto porque no le hayan contratado como guionista. O como protagonista, vaya usted a saber. En El País sí que le dedican espacio, hasta dos textos. Por un lado, Juanjo Abad realiza un artículo periodístico muy responsable y acertado, recogiendo declaraciones del protagonista y de la cineasta, y hablando de la forma en la que se construye la película; y por otro, Javier Ocaña realiza una de sus habituales críticas mamporreras donde no hace más que atacar la película. Yo no la he visto, pero ojo a lo que dice Ocaña: «Sin embargo, los documentales suponen un largo camino que exige una búsqueda constante, y ahí la también portuguesa Lamas fracasa. La forma de ensamblar sus manifestaciones, quizá auspiciada por una equivocada concepción de la austeridad, no es más que un escondrijo para enmascarar su pereza, no ya como cineasta, sino como periodista, escondiendo en un enigma lo que solo exigía investigación». Tras leer esto, yo tengo la sensación de que lo que quería el crítico era algo así como una de esas entrevistas de Ana Pastor donde se dedica a atosigar al entrevistado, interrumpiéndole y negándole la palabra, realizando juicios de valor. Vean si no el sensacionalismo que mueve a Ocaña: «aunque haya que quedarse con momentos desaprovechados, como el que, tras una pregunta inquietante y un gesto fuera del objetivo de un miembro del equipo, Figueiredo, condenado en Francia por atentado del bar Batzoki, le espeta: “A mí no me mires con esa cara que te retuerzo el pescuezo”». ¿Qué quería el crítico de El País? ¿Que el protagonista se liase a puñetazos con el equipo técnico.

Hay gente que me llama loco o demasiado exigente con las críticas que hago. No debo ser el único, porque en los comentarios de la crítica de Ocaña, un lector piensa lo mismo que yo. Y nos recomienda otro comentario acerca del film mucho más responsable. Les recomiendo que lean este último y decidan a partir de él si merece la pena ver la película.

Si no quieren leer tanto, un comentario algo más corto, pero también muy descriptivo de lo que van a ver, escrita por Manuel J. Lombardo en su blog.

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Jonas Trueba actualiza su interesante blog de El Mundo (para ser en este periódico podría decirse incluso que es heroico) con una entrada titulada Política y cinefilia, donde parte de la entrevista que le hicieron a Alfonso Guerra en la revista Sofilm. Es muy interesante el análisis que hace, donde iguala la deriva política a la deriva cinéfila. Así, Guerra en su juventud conocía a todos los grandes autores europeos y las películas más vanguardistas (bueno, quizás las más vanguardistas no, pero sí películas alejadas por completo de los circuitos comerciales), sin embargo, sobre el cine actual habla de películas norteamericanas (aunque sea para mal). Es algo muy común en la cinefilia de este país. Todo el mundo sabe quienes son Bergman, Fellini, Antonioni o Tarkovsky (bueno, de oídas), pero pocos saben si existen equivalentes similares hoy en día. El empobrecimiento de la taquilla y la irresponsabilidad de los críticos creo que es la clave. En el fondo, Guerra, cuando se declara viscontiniano ya lo explica todo. El director que comenzó filmando a los pescadores sicilianos y terminó haciendo wagnerianas producciones sobre la decadencia de la aristocracia. Como el PSOE.

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En la anterior entrada decía que Oskar Belategui era un tuitero habitualmente mesurado y analítico, pero parece que fue una apreciación bastante superficial y equivocada por mi parte. El responsable del twitter oficial de la revista Cinema ad hoc tuvo la amabilidad de sacarme de mi error, citándome algunos tuits que reproduzco a continuación.
 Esto daría para un cinefobias para él solo. Pero para analizar el primer tuit, váyanse al suelto dedicado a Terra de ninguém de Salomé Lamas. Se resumiría así «Comprad el puto periódico para leer la crítica de Javier Ocaña si no quereis que solo existan blogueros que trabajan en pijama desde casa de sus padres y escriben críticas como las de Cine Maldito». ¿Es eso? Para comprar el puto periódico, primero ese periódico tiene que ofrecer información interesante, y no solo telepromociones y ataques a la excepción cultural. Puede que Belategui se refiera solo a algunos periódicos, pero entonces debería especificar. Yo creo que muchos periodistas de los periódicos piensan que por su cara bonita ya merecen todas las alabanzas del mundo. Y eso de que la culpa es del comprador, no es muy buena campaña para vender tu producto. El último que hizo eso fue Julio Fernández, presidente de Filmax, productora que está como está. Seguramente la piratería tendrá culpa, pero acusar a los espectadores potenciales de piratear no es una buena manera de sobrevivir.

El lector y comentarista habitual de este blog, Roberto Morato, también me pone sobre aviso del patinazo de Belategui, que puso a parir Fast & Furious 6 y a sus espectadores, a los que llamó chonis y canis, pero hacia Combustión de Calparsoro tuvo otro tipo de comportamiento:
Aquí mis críticos tienen la oportunidad para despellejarme. Yo habitualmente critico que se defienda el cine americano frente a los demás, y aquí Belategui hace al revés. Bueno, puede ser, aunque ya hemos visto que Fast & Furious es un caso especial, no sé por qué. Quizás es el prejuicio cultural del que hablaba, quizás es que la distribuidora no cuida tan bien a los medios como otras. Mientras que en el cine español, todos los críticos tienen sus amigos. No me parece mal que defienda Combustión, pero hombre, que luego no se cague en Fast & Furious. Eso sí, si Combustión fuese coreana, los críticos se pelearían por ser los primeros en decir que es la Fast & Furious coreana (y ponerla a parir). Pero es española, y la cosa cambia.

Siguiendo con el tema Belategui, mención aparte merece esta serie de tuits donde el periodista vasco llama descarga ilegal... ¡a una descarga que es legal! Es decir, identifica el medio (el protocolo torrent) como algo ilegal, cuando realmente es una herramienta totalmente ilegal en la que a veces (la mayoría de las veces, no nos vamos a engañar) se ofrece contenido ilegal. Pero aquí está el problema de muchos críticos, que criminalizan abiertamente supuestos que no son tan evidentes. Bueno, en este caso es evidente que es legal. Incluso, muchas veces, algún periodista acusa a los productores y responsables de cine de adaptarse poco a los nuevos medios. En el caso de El cosmonauta parece que se han pasado de vueltas utilizando el malvado torrent, que se han adaptado demasiado. Quizás no sea tan grave lo de Belategui (aunque unido a todo lo anterior debería preocuparse), pero creo que habría que tener más cuidado con la expresión «ilegal».

Yo no tenía pensado ver El cosmonauta, pero mira, ahora que veo que cuentan los torrents como si fuesen espectadores, me la voy a bajar por torrent. Y espero verla, aunque luego muchas veces pasa lo de siempre, que descargamos mil películas y después solo vemos una décima parte. Esto no es culpa de los vicios de las descargas, también me pasa con las películas en DVD (¿alguien se vio entero el pack integral de Alexander Kluge?) y para mi vergüenza les diré que en una ocasión compré una película en Filmin... ¡¡y al final no la vi!! Pero bueno, confío en ver El cosmonauta (otra cosa es que me guste o no), pero bravo por la iniciativa y por no criminalizar el torrent. En The Pirate Bay se puede encontrar.

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Llegó el día en que un crítico se acercó a mi blog para acusarme de matón y de malvado. Pueden leer sus comentarios en esta entrada. No es una de las grandes estrellas, pero sus argumentos son valorados de la misma manera, claro. Aquí no hay criterios de autoridad, y tanto vale el último bloguero como el periodista mejor pagado. Bueno, no nos pasemos, vale más el último bloguero, que el periodista (de cine) mejor pagado debe ser Boyero y nadie merece ser comparado con él. Yo a veces puedo soltar un pequeño insulto pero jamás denigraría a nadie comparándolo con el crítico estrella.

Eso sí, Emilio Doménech me acusa de cosas que yo no he dicho y mezcla unas cosas con otras para atacarme. Conviene leerse bien las entradas antes de decir en twitter que quiere bajarse los humos. También dice en su twitter que en algunas cosas tengo razón (aunque no especifica cuáles), pero que me desacredita mi lenguaje. Bueno, insisto en que este es un blog de humor con comentarios agresivos, no creo que sea peor que lo que se dice en un Caiga quien caiga o en El intermedio, aunque esos programas parece que están bien porque atacan a la derecha, pero yo como critico al corporativista gremio del periodismo, soy un diablo.

De todas formas, hay buenos amigos que también me dicen que a veces me paso de frenada y que no les gustan algunas cosas que digo, por ser muy agresivas. Así que para que nadie se parapete en mis supuestas malas formas para obviar los comentarios que hago, voy a intentar reducir el nivel de agresividad, aunque con margen para la retranca, claro.

martes, 28 de mayo de 2013

Cartelera enriquecida (con uranio y kryptonita)

Ya saben que lo que más les gusta a los medios de comunicación españoles es colgarse medallas. El mejor ejemplo es la prensa deportiva. Marca y el resto de periódicos hacen mil exclusivas diciendo que el Madrid y el Barcelona ficharán a decenas de jugadores. Si al final contratan a uno, siempre dirán aquello de "como adelantó...". Pero igual de frustrante es ver cómo los diarios y revistas se consideran adalides de una causa por una información que apareció en la esquina de la última página. En las revistas de cine comercial, el cine de autor y el cine español ocupan un espacio reducidísimo, salvo casos muy excepcionales. Si eres Lars Von Trier y haces una película porno con Charlotte Gainsbourg, pues seguramente tengas espacio. Si haces una película sobre dos lesbianas con cuerpo de supermodelos, pues también. Si haces una película de cruising con homosexuales gordos entrados en años, pues a lo mejor ya no. Todo es una táctica de mercado.

Pero al final, contra el dinero nada puede hacer, ni Von Trier, ni Haneke, ni Tarantino ni ninguno de esos autores que se pueden exprimir comercialmente. Cuando salió lo del cierre de Alta Films, en seguida comenzaron a proliferar artículos sobre lo triste de la situación, sobre lo empobrecida que quedaría nuestra cartelera y sobre el apocalipsis que se acercaba. Eso dura lo que dura. Es decir, poco o nada. Como Cannes, que durante dos semanas hablamos de cine de autor, pero en cuanto termina ya volvemos a lo que interesa. Vean, vean:

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No, son dos revistas con la misma portada!
Las dos revistas más vendidas de nuestro país arrodillándose ante el amo y señor americano. Fíjense en el titular de Fotogramas, poniendo «la exclusiva más completa». No sé exactamente a qué se refieren (ni pienso averiguarlo), pero en principio por lo señalado en portada no parece que tengan más que su revista rival. Ya cuando dicen que su exclusiva es «la más completa» dan a entender que hay otras menos completas. En ese caso, no sería una exclusiva. Cinemanía por su parte, para mostrarse más fiel, le dedica toda su portada al nuevo Superman. Bueno, no manipulemos. Cinemanía defiende la diversidad y las diferentes formas de ver el cine, por eso en la parte de arriba dedica espacio a Danny Boyle, Sexo en Nueva York, Will Smith y «el truco de Hollywood», sea lo que sea esto último. Por su parte, Fotogramas en la portada también habla de Boyle, de Monsters University, del Rat Pack de Frank Sinatra, de Zach Galifianakis (por The Hangover 3) y remata con 36 Súper (rimando con el tema de la portada) hits contra el calor.

¿Cartelera empobrecida? ¿Dónde? La culpa no es suya, ¿eh? Las revistas hablan de lo que se estrena. Bueno, este mes estrenan películas Olivier Assayas, Margarethe von Trotta, Xavier Dolan o Richard Linklater. Pero, ¿qué más da? Si eso no le interesa a nadie. Y si les interesa ya tienen dentro de la revista una crítica de quinientos caracteres y un artículo resumiendo el argumento. El simil con los periódicos deportivos no es banal. Los periodistas hablan continuamente que España se ha convertido en una liga de dos equipos, y que el resto no tiene nada que hacer. Pero cuando abres un periódico o escuchas un programa de radio, lo único que hacen es hablar de esos dos equipos. Hablan antes y durante más tiempo de los calzoncillos de Cristiano Ronaldo que de los partidos de otros equipos españoles. Y ya no me meto en otros deportes. ¿Les suena

Quizás por el parecido entre la prensa cinematográfica y la futbolística (más que deportiva), la cuenta de twitter del máximo responsable de Cinemanía se llama @futbolycine, como ejemplo perfecto de lo bien que casan los dos métodos. Recientemente, Carlos Marañón nos regalaba este magnífico tuit:
Y se queda tan ancho. ¿De quién es la culpa de esto? Suya no, claro. El mundo es injusto y nada podemos hacer nosotros para cambiarlo. Pero este tuit no podía pasar inadvertido y pronto un tuitero llamado @cronos_26 fue a buscar las cosquillas. La discusión completa es un auténtico delirio, con todo un director de un medio de PRISA dirigiéndose de manera barriobajera a un usuario anónimo. Bueno, anónimo no, ya que pone su nombre y apellido. Ya le gustaría a Carlos que no fuera así para poder rasgarse la camisa y lamentar que twitter se utilice para que algunos violentos parapetándose en el anonimato se dediquen a cuestionar el trabajo de los periodistas. El principal argumento de los que no tienen razón, así que imagino que aquí @futbolycine alguna verdad diría.

Como bien señala Nacho Sanz (@cronos_26) cuando se estrenó The Avengers, Avatar o Ironman 3, este periodista independiente no solo no dijo nada, sino que seguramente sacó la bandera del cine y cantó por la esperanza. Fast & Furious 6 como da para insultar y denigrar a una parte de la población por sus gustos, pues al ataque. A por ellos y que no quede ni uno. Pero si realmente han ido a ver esta película seis de cada diez espectadores, a ver quién es el guapo que se atreve a decir que la mayoría de los que han ido no son los mismos que fueron a Ironman 3.

El habitualmente mesurado y analítico Oskar Belategui también le dio por hacer balconing de siete pisos con el siguiente tuit, muy en la línea del de @futbolycine:
No sé hasta qué punto está dicho con algo de humor, imagino que algo algo tiene. Pero en fin, es enormemente desafortunado. Primero porque el éxito de Fast & Furious 6 no es un fenómeno local, sino que está arrasando a nivel mundial. Como arrasó Ironman 3 y arrasará todos los años algún blockbuster invasivo. ¿Por qué? Porque la estrategia de Hollywood es estrenar cada vez en más salas no solo para hacer más taquilla, sino para impedir la competencia. Si ellos ocupan más espacio, no quedará lugar para Assayas, Von Trotta, Dolan y tantos otros directores que no hacen un cine de autor complejo y hermético, sino abierto a cualquier tipo de público.

Por eso, todos estos análisis sociológicos de Fast & Furious 6 me parecen una basura, porque se quedan en la superficie. Le sirven a los críticos para pontificar en contra de la juventud, pero no en contra del problema, que es el modelo de negocio. Evidentemente, @futbolycine no se va a quejar de eso, porque si lo hiciera recibiría una llamadita del jefe que a ver qué es eso de atacar al negocio. El problema no es que los blockbusters se pasen de una semana a otra la cartera del espectador. El problema es que unos cantantes de reggaeton metidos a actores se ponen a conducir coches a toda velocidad y esos son valores malos para nuestra juventud. A mi eso me suena a cuando Solid Snake se tomaba tranquilizantes en el videojuego Metal Gear Solid y algún idiota decía que eso incitaba a los niños a drogarse. También pasó con los comics y casi con cualquier manifestación cultural que tiene su mercado entre el público adolescente.

A mi la saga Fast & Furious siempre me ha gustado mucho. Y eso que no me gusta el tuning ni el reggaeton. Creo que más allá de eso hay una idea cinematográfica interesante. Una idea dinámica y cierta belleza de ver esos coches desplazándose a toda velocidad por la carretera, de ver el metal abollándose. Y por encima de todo: su vocación intrascendente e incluso cómica. La mayoría de blockbusters actuales, pese a estar hechos con el principal objetivo de sacarle el dinero al espectador, se dan grandes ínfulas para hablar del destino del mundo y de los males de la sociedad. A mi esas cosas me provocan arcadas. Por eso me divierte el tono jocoso y juguetón del último Ironman (aunque en el fondo podía ser infinitamente mejor) o la estupidez bakala de la saga de Vin Diesel y Paul Walker.

Si el mercado se comportase como la portada de Cinemanía, ¿qué porcentaje de espectadores iría a ver Man of Steel? Cuando el cine de Hollywood ocupa la práctica totalidad de las pantallas y, gracias al colaboracionismo de los medios, de la información respecto a cine, ¿cómo no se van a dar este tipo de situaciones? Ahora es el 60%, pero dentro de unos años ese porcentaje irá a más. ¿Cambiarán su política informativa Fotogramas y Cinemanía en favor de la diversidad cultural? Que cada uno trate de responder a esa pregunta sin reírse.

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En la revista Cinema ad hoc aparece un texto interesante y lleno de declaraciones sobre el caso Alta Films. Habla del problema de las compras de las televisiones, especialmente la disparatada política de TVE. Pero también deja entrever otro problema grave, y es que el director gerente de Alta Films, Enrique González Kuhn, hijo de Macho, considera que Los chicos del coro es una película para minorías. Muchas veces el modelo de negocio de Alta ha funcionado así, con ese estilo de películas. Y eso no es exactamente ser un distribuidor independiente, sino recoger lo que no compran las majors.

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Terminó el festival de Cannes con la esperada victoria de La vie d'Adèle, que para su estreno en España recuperará el título del cómic en el que se basa, El azul es un color cálido. Bonito título, pero en fin, si Kechiche le puso el otro, por algo será. Y no creo que sea tan difícil de traducir. Como siempre en España vamos al son de lo que manda el amo americano (allí se llamará Blue is the warmest colour). El resto de los premios como siempre no parecen tener mucha lógica (¿Jia Zhang-ke mejor guión?) más allá de que las películas favoritas del jurado aparezcan en el festival. Ha sido una edición que ha generado muchos consensos entre los críticos. Para ponerse a temblar.

Les vuelvo a recomendar las crónicas de Lumière, donde pudimos contar con los escritos de Daniel Kasman, editor de MUBI. Un gran trabajo coronado con una fantástica entrevista a Lav Díaz, el legendario director filipino que presentó en Un Certain Regard su última película. También muy interesantes las crónicas de Carles Matamoros para Transit, aunque quizás saben a poco, por cantidad y por duración (aunque sabiendo las complicaciones que tuvo el cronista, se puede comprender). Por último, el compañero Sergi Fabregat Mata entrega unas notas muy heterodoxas sobre el certamen. A priori no comparto esos acercamientos hacia las películas (a lo mejor cambio de opinión cuando las vea), pero creo que es una mirada diferente y que merecen la pena para contrastar convicciones. Luego hay más crónicas de mayor o menor interés, pero estas merecen mi reconocimiento por su dedicación y compromiso con el cine más allá de intereses comerciales y/o empresariales.

sábado, 25 de mayo de 2013

Esa gente rara de África y Asia

Léa Seydoux llorando tras enterarse de que Boyero la confundió con Élodie Bouchez
Ayer con las prisas se me olvidó comentar alguna que otra cosa, así que hoy va un Cinefobia(s) extra y rapidito, aunque al final quizás se alargue, no sé, será un poco improvisado.

Empezamos con uno de los grandes protagonistas de estos días, Gregorio Belinchón, que se está revelando en esta edición de Cannes como uno de los grandes adalides de este nuevo periodismo cinematográfico (y no cinematográfico) que pregona El País. Quiero decir, el bombardeo constante de noticias intrascendentes, noticias impacto, tengan algún contenido o no, sean verdad o no. Esto acaba en que cuando tengan que escribir un artículo más elaborado, pues utilicen el mismo método.

Vean si no este artículo dedicado a La vie d'Adèle, la película de Abdellatif Kechiche que ha gustado a todo el mundo y que se puede considerar una sorpresa, ya que hasta el momento las películas del director francotunecino habían gustado, pero nunca a este nivel de éxtasis. Con todas las alabanzas, lo más comentado es el sexo lésbico entre sus dos protagonistas, Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux, así que vayan ustedes a saber. A mi me atrae tanto esa como Michael Kohlhaas, que ha sido calificada como una película somnolienta por Diego Lerer, o retuiteando a este, como un «truñaco» por nuestro aguerrido corresponsal Belinchón. A veces esos adjetivos tan despreciativos siempre resultan atractivos.

Pero volviendo al artículo sobre la película de Kechiche, atención al morro que le echa Belinchón: «Léa Seydoux, joven veterana, francesa de la que hemos visto en España todos sus trabajos, y también su salto a Hollywood con Robin Hood, Misión: Imposible. Protocolo fantasma o Malditos bastardos». Esta mentira del tamaño de La Croissete solo puede entenderse como un experimento sociológico de El País para ver hasta dónde pueden soportar sus lectores. ¿Cómo que se han visto en España todos los trabajos de Léa Seydoux? Es que basta con ir a IMDb para saber que eso no es verdad, aunque hay que admitir para lo maltratado que está el cine francés en España, su filmografía está bastante bien representada. Pero, ¿qué sentido tiene decir algo así en el contexto del artículo? ¿Qué importa ese dato falso para el resto del contenido? Ninguno. No hay explicación alguna salvo la descarada intención de mentir. Lo ha metido ahí como podría meter cualquier otra cosa, no sé si para hacerse el interesante. Pero mentira y de las gordas.

Su compañero de fatigas, Carlos Boyero no suele mentir, porque nunca en su vida ha dado algo que se pudiese considerar información. Lo suyo es vomitar su opinión y dejar a la luz su ignorancia en todos los temas posibles. Atiendan al video que viene dentro del artículo y si son capaces de soportar el preocupante estado físico del crítico, así como su irritante tono de voz, descubrirán que es incapaz de decir el nombre del director de la película: «¿Cómo se llama? ¿Kicha...?». Sí que tiene que ser problemático lo suyo para que te tenga que corregir Belinchón, ese que de cada tres tuits que escribe uno no es verdad. Luego, si siguen viendo el video (con lo que puede que pierdan años de vida, pero serán recordados como héroes), seguramente se darán cuenta, no hace falta que sean unos cinéfilos de línea dura, que confunde a Léa Seydoux con Élodie Bouchez, y ahí su Pepito Grillo Belinchón si que ya no lo corrigió. No sé si por vergüenza ajena, miedo o porque tampoco lo sabía. Si fue capaz de decir que todas las películas de esta actriz (Seydoux) se habían visto en España, pues puede ser cualquiera de las tres opciones. Quédense también con el final de la intervención, ya hablando de Nebraska de Alexander Payne dice que es una película «muy para críticos de cine». ¡El multinominado al Oscar Alexander Payne! Ha quedado claro que si ese es el baremo de exigencia, es normal que Boyero diga lo que dice de directores como Miguel Gomes o Apichatpong Weerasethakul, directores que tampoco son especialmente difíciles, pero claro, si ya hasta Payne plantea una exigencia sólo para críticos de cine, pues ya hasta dentro de poco las películas de Joselito serán algo demasiado críptico para el cinéfilo común.

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Vamos con el gran amigo de Boyero y crítico de clara vocación decadente Oti Rodríguez Marchante. A mi Oti no me cae mal, me parece mucho más consciente de sus limitaciones que Boyero, y no suele ser arrogante ni atacar con violencia a los que no piensan como él (aunque ha tenido sus momentos). Su blog ya ha salido alguna que otra vez por aquí. Su descuido y mala edición es tal que uno no entiende como alguien con tan poco cuidado por la escritura ha podido terminar en un diario. Parece el blog del vecino. La entrada más reciente se títula Pena de James Grey. Sí, le cambia el apellido al director de We Own the Night. Nada grave porque son palabras sinónimas. Grey, Gray, es lo mismo, ¿qué más da? En un error muy común en España, a la película de Gray la renombra como The Inmigrant y no The Immigrant con dos emes. Hace unas semanas ya señalaba que cometía este mismo error en su previa de Cannes, así que un descuido parece que no es. Un problema de idiomas no puede ser, porque en otra entrada, al burgalés medioespañol Diego Quemada-Díez le cambia el apellido por el mucho más común Díaz. Un desinterés total por la corrección, que tampoco se puede achacar a las prisas de Cannes, porque son faltas que ya cometía antes de que empezara el festival. Y no son faltas de ortografía que podemos tener todos (yo también), sino cosas de ni molestarse en corroborar lo que escribe. Pero eso, bah, ¿qué más da? ¡Si es un blog!

Hay un tópico muy extendido entre los cronistas de festivales. Bueno, hay muchos. Son como ganchos que utilizan los críticos para fijar su opinión sobre una película y suelen referirse a los productos prefabricados que llegan a los festivales para venderse en el mercado internacional. Está por ejemplo el famoso efecto kimono que definió Antonio Weinrichter: películas asiáticas de época hechas para vender el exotismo oriental a base de paisajes y rituales extraños al ojo occidental. También el cine tercermundista, películas de Extremo Oriente o América Latina que filman territorios de extrema pobreza y violencia. Los dos directores que más camino han hecho en este sentido han sido Brillante Mendoza y Carlos Reygadas. Y por último está el cine africano, del que en los festivales se pasa casi siempre como coproducciones con Francia. En el país vecino hay muchos emigrantes africanos, así que es lógico que existan relaciones culturales cercanas. Pero algunos han querido ver en esto hipocresía y cuestionables operaciones económicas.

No niego que nada de esto exista. El problema es que se ha convertido en un tópico extendido que cualquiera lo enuncia como si lo supiera todo sobre el tema. Miren lo que dice Oti Rodríguez Marchante en la ultima entrada citada hace dos párrafos: «paso de “Grigris”, la habitual peli del “off, off” que producen los franceses y que la exponen aquí para que parezca que peinan el cine africano». Habla de la última película de Mahamat Saleh Haroun, el director de Chad, que compite por segunda vez por la Palma de Oro. Ya ven, Oti, un personaje que ni sabe escribir bien el nombre de las películas americanas más conocidas se atreve a criticar las políticas de programación del festival de Cannes. Ese «para que parezca que peinan el cine africano» parece decirlo desde el estricto conocimiento de la cinematografía de este continente. Aceptemos que se pueda hablar tan a la ligera de cine africano (desde Marruecos a Etiopía, desde Túnez hasta Sudáfrica), ¿qué sabe Oti del cine africano? Hombre, todo puede ser, pero me arriesgaré diciendo que entre muy poco y nada. ¿Qué sabe de las vías de producción y promoción del cine africano? Pues seguramente mucho menos. Pero habrá leído algo en alguna parte relacionado con estas estrategias y lo metió aquí, porque si cuela lo de escribir mal los nombres de las películas, ¿cómo no va a colar también esto? ¡Barra libre!

La gran mentira del cine africano: todo el mundo sabe que allí siguen siendo cazadores-recolectores.
Volvemos a Boyero para comentar esta misma desvergüenza. Aquí está el crítico estrella lanzándose a la piscina: «Como todo el cine africano y gran parte del asiático que se exhibe en el Festival de Cannes, la principal razón de su presencia es que la producción es francesa. La vocación internacionalista de Cannes jamás descuida sus propios intereses». De nuevo, esto lo sabe muy bien Boyero, incapaz (vuelvan al video del principio) de recordar el nombre del director de la película que acaba de ver. Además, es indignante cómo ponen la sombra de la sospecha sobre las películas de países periféricos. Las norteamericanas siempre tienen que estar porque son las películas buenas, o las que pueden ser buenas, pero las de Chad... ¿Chad? ¿Qué es eso? Y en el texto que debería ser la simple revista de prensa donde se vierten las impresiones de los directores y actores en la rueda de prensa, Belinchón, tras dedicar todo el artículo a Robert Redford (que presenta en Cannes un film junto a Ryan Goslin -no es una errata mía, lo escribe así el cronista), no se resiste tampoco a dar su opinión sobre el film africano: «su presencia está justificada porque sus películas se han proyectado habitualmente en Cannes y porque coproduce con Francia. Por lo demás…». A mi me hace gracia cómo Belinchón, que no es más que el mercenario encargado de transcribir las ruedas de prensa y traerle los cafés a Boyero, se permite el lujo de colar este tipo de valoraciones. Nunca fundamentadas, son como apuntes al margen. Tirando la piedra, pero escondiendo la mano.

Es algo cada vez más habitual en el periodismo, no solo el cultural. Si uno lee una crónica política, de alguna declaración, rueda de prensa o intervención en el senado, nota que cada vez contienen más adjetivos valorativos para dirigir la opinión del espectador. Al principio se hacía ligeramente, pero ahora ya no hay ningún tipo de consideración. Vuelvan a leer ese «Por lo demás…». Esos insultantes puntos suspensivos, más propios de un tuit o de un SMS, colados aquí en un artículo periodistico en el periódico más leído (y más respetado, a pesar de todo) de España, sobre el festival de cine más importante del mundo. Este es el nivel

El que tampoco se libra de esto es el director del Caimán, Carlos F. Heredero, que también tiene algo que decir sobre Grigris. «Está muy bien (es incluso envidiable) que la industria cinematográfica gala haga posible el rodaje de una película personal y sincera de un realizador chadiano, pero su selección para este festival no puede evitar desprender una cierta sospecha de paternalismo eurocentrista pagado de buena conciencia progresista debido, precisamente, a la escasa envergadura del producto final, que es lo que, en definitiva, debería importar por encima de las fronteras y de las etiquetas nacionales». Yo creo que los festivales buscan ofrecer un mapa variado del mundo del cine. O deberían hacerlo. Así que no veo mal la inclusión de películas de alguna parte de África. Mejores o peores, son discutibles. Nadie concibe un festival sin una película americana, o sin una película francesa, y nadie habla de cuotas en esos casos. Aunque fuese verdad esa discriminación positiva, ¿cuál es el problema? El mismo Jean Cocteau premió a Jigokumon de Kinugasa como Palma de Oro en Cannes 1954. No era la mejor de las películas japonesas de su época (tampoco Rashomon, que ganó en Venecia 1951), pero sirvió para generar un interés por el cine japonés que terminó con el descubrimiento de maestros absolutos como el mejor Kurosawa, Ozu o Naruse (por citar los primeros). Ahora, en lugar de utilizar estas películas para ir a la búsqueda del cine de Chad, del de Senegal, del de Nigeria u otros lugares donde se hace cine, el crítico prefiere soltar la fórmula del paternalismo europeo y quedarse a gusto. Total, en una semana ya estaremos hablando de lo que se estrena en España y no de estos rollos macabeos.

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Ayer decía que en El Mundo se les había olvidado hablar de Hong Sang-soo. En realidad lo habían hecho en El Cultural, pero no estaba actualizado. Hoy sí y al grandísimo director coreano le dedican un espacio merecidísimo. Dos artículos, una crítica de la última película a cargo de Carlos Reviriego y un texto retrospectivo con declaraciones del cineasta. Este último es interesante, ya que no son abundantes las declaraciones de Hong, y mucho menos en castellano. Como nota graciosa, al principio, el autor, Juan Sardá, escribe: «En España tenemos un conocimiento más o menos exhaustivo de la cinematografía coreana. Cineastas como Kim Ki Duk, Bong Joon-ho o Chan-Wook Park han gozado de amplia difusión y son bien conocidos por la cinefilia española». La primera frase de esta cita no es verdad se interprete como se interprete. La industria del cine coreano es una de las más saludables del mundo y decir que en España tenemos un conocimiento más o menos exhaustivo sería como decir que conocemos exhaustivamente el cine americano en el supuesto de que solo se estrenasen Spielberg, Scorsese y Clint Eastwood. Pero ya saben que la idea del periodismo cinematográfico español es que existe Hollywood y el resto. Si se estrenan cinco películas coreanas al año y las vemos, ya nos podemos considerar unos eruditos. Pero lo más curioso es que (retomando el error común de Costa de ayer) escribe los nombres coreanos de las tres formas posibles que se pueden hacer. Yo no sé si tiene en cuenta que existe una pauta a la hora de escribirlos. Primero escribe Kim Ki Duk sin guiones. Luego Bong Joon-ho de la forma más correcta. Y por último Chan-wook Park de la forma que lo hacen los americanos y la IMDb, colocando primero el nombre y luego el apellido. Ya no es cuestión de opiniones, de si es mejor usar el nombre o el apellido, sino de confusión total.

El artículo de Reviriego tampoco está nada mal, creo que dentro de lo que cabe (cita a los aparentemente inevitables Rohmer y Allen) tiene varias ideas originales. Y encima pueden congratularse con la aparición de ese concepto tan caimanesco y genial, el palimpsesto.

viernes, 24 de mayo de 2013

El (supuesto) plagio como mcguffin

En el texto de A Cuarta Parede que enlazaba ayer, quizás algunos se detuvieron en un comentario en el que un usuario anónimo bajo el nombre de Cinexilio (el mejor foro de cine de internet) me acusaba de cosas muy feas, todas ellas falsas. He decidido hacerle una captura por si desaparece. En este texto no van a encontrar ninguna referencia al supuesto anonimato del lector. A mi el anonimato me parece una buena fórmula de atacar el poder establecido. Yo no creo que merezca la pena tanto, pero bueno hay gente que tampoco cree que Boyero merezca la pena tanta entrada que le dedico, así que no lo voy a discutir. Le animo a que siga usando el anonimato, pero una cosa sí, que sea coherente y que no se despida con un «caretas fuera», porque me recuerda al «a su disposición» de Rajoy cuando dio la rueda de prensa sin preguntas a través de la tele de plasma.

La primera cosa falsa que dice es que soy amigo de Raúl Pedraz y de haber ocultado su supuesto plagio de un artículo de Deborah García a propósito de Tomboy. Yo a Pedraz solo lo he visto una vez en mi vida y apenas durante un par de minutos. A Déborah tampoco la conozco de nada, aunque hace unas semanas cruzamos unos mails por motivo de una futura colaboración. El artículo de Pedraz apareció en El Cultural de El Mundo y el de Déborah, anterior, en la revista Todo Lo Contrario. Los artículos se parecen bastante, aunque no sé si lo suficiente, ya que la imagen inicial parece lo suficientemente característica para que varias críticas comiencen a partir de ella. ¿Puede ser un plagio? Sí, claro. Además El Mundo tiene mucha experiencia en este tipo de operaciones y en este blog ya he dejado muy clara mi opinión sobre este periódico. Aunque es cierto que la táctica de El Mundo suele ser más bien firmar los artículos como Redacción El Mundo, porque en esos nadie tiene la culpa del plagio.

La situación en Twitter fue bastante esperpéntica. Parece ser que en principio Déborah comentó el parecido con Raúl Pedraz por privado, suponiendo que las coincidencias habían sido casuales. Pero cuando algo empieza a hacer ruido en esta red social, en seguida se empieza a acercar gente a ver qué pasa. Primero fue Pedraz el que reconoció las similitudes abiertamente y un par de cuentas (imagino que amigos de Déborah o curiosos por el asunto, ni idea) decidieron comentar la situación. Desde mi punto de vista de manera muy educada. Mediada la conversación aparece José Manuel López Fernández un poco mosca al ver que están cercando a su amigo. Es difícil de decir, porque en estas listas de Twitter no aparecen todos los comentarios, sino sólo una línea principal. Personalmente yo creo que la intervención de José Manuel sobraba porque no se estaba diciendo nada malo, simplemente discutiendo una situación complicada. Y se prestaba a ser discutido, porque es de tontos negar que los textos algo algo sí se parecen. Pedraz no será una muy buena persona y muy noble (algo que no sé, porque sólo lo conozco de vista) solo porque sus amigos lo repitan hasta el infinito. Las adhesiones inquebrantables no hacen nada por la defensa del honor de Pedraz como tampoco lo hacen cada vez que Rajoy sale jurando por su honor que jamás hizo nada malo (aunque hay periodistas -o algo así- que insisten en que el gran coraje del presidente solo puede significar que dice la verdad). Lo único que podría evitar esta discusión sería alguna prueba directa y contrastable que negase el plagio, y desgraciadamente esta no existía.

La realidad es que daba igual que Pedraz hubiera plagiado el artículo o no. En el momento que existía la duda razonable, ya nada se podia hacer para evitar que apareciese el debate. Pero claro, ya sabemos como es twitter, el peor invento para discutir, donde todo se limita a 140 caracteres y a veces lo que escribimos difiere parcialmente de lo que queremos decir, y cuando lo lee otro, ya es totalmente diferente. Así la conversación se fue volviendo más agria, especialmente por el ruido de alrededor. No sé en qué momento exacto sucedió, pero llegó el punto en el que varios amigos de Déborah decidieron aplicar la ley del antiguo Oeste e ir con la cuerda a colgar a Pedraz del primer árbol que encontraran. El resultado se puede ver aquí y es muy gráfico.

No sé qué les parece a ustedes. A mi una discusión de internet me parece que llega a su punto terminal cuando los participantes se empiezan a lanzar definiciones de la RAE a la cabeza. También aparecen otros amigos VIP de Pedraz como Reviriego para defender el honor de su amigo. Flaco favor, porque lo único que traen es su palabra y salvo que consideremos el hecho de que ser más conocido te da más autoridad, nada aporta al debate. Les remito a lo dicho un par de párrafos atrás.

Se supone que yo no ataco a Raúl Pedraz porque es mi amigo y no puedo molestar a la mano que me da de comer (según el comentario de nuestro ilustre anónimo). Bueno, yo he tenido varias discusiones con Raúl Pedraz en Twitter (ya digo que en la vida real lo conozco de vista). Una bastante larga y fatigosa donde incluso me río un poco de él y termina mandándome a freír espárragos. Otra aquí, donde él y yo terminamos en un punto algo más común. Luego, y esto es simple opinión, creo que Raúl siempre ha tenido algo en contra de Lumière, la revista de la que soy miembro, y de vez en cuando deja pequeñas perlas sobre el tema. Por ejemplo.

Y tengo la sensación de que no le hizo mucha gracia que desde la revista Lumière nos convirtiéramos en abanderados defensores del cine de Nathaniel Dorsky, como si nos quisiéramos apuntar un tanto. Poco después de que terminara el ciclo dedicado al cineasta americano en España, tuvo la consideración de dedicar varios tuits sobre el tema, nunca citando a la revista Lumière, pero sí a todos los valientes que, antes que nosotros, habían defendido el cine de Nathaniel (a los que yo estoy eternamente agradecido).

También quiso dejar claro que a él Dorsky no le parecía para tanto e incluso sembró dudas respecto a su discurso, dejándolo caer:
 Y aquí deja caer de manera más clara que, quizás, esto de Dorsky no sea más que un invento de algunos de nosotros:
Puede que sea cosa mía, que sea demasiado paranoico. Ya digo muchas veces que Twitter es traidor. La escritura misma lo es, y a veces el tono que intuimos en un mensaje no es el que su autor quería darle. Pero creo que nunca ha sido tan exigente con otras revistas web similares a Lumière, que nunca ha dicho "Transit y alrededores" o "Detour y alrededores" o "Blocs&Docs y alrededores". Debe ser que en Lumière estamos haciendo algo mal. O eso o soy muy egocéntrico, porque tampoco nombra al CGAI y al s8, la filmoteca y el festival de A Coruña gracias a los cuales se ha podido ver la obra casi íntegra de Dorsky. ¿Que Dorsky no merece esa atención? Bueno, en mi opinión todo cineasta experimental con 40 años de carrera merece más atención de la que realmente tiene en España. Así que ojalá que haya ruido alrededor de su persona durante mucho tiempo, y si alguien no siente devoción por su cine, está claro que yo no puedo hacer nada.

Por lo tanto, ¿soy yo amigo y defensor de Raúl Pedraz? No. Puedo decir que en bastantes temas estoy de acuerdo con él (ambos creemos que hay que ser incisivos contra el periodismo cinematográfico que practican los medios de comunicación) y hay que reconocerle el mérito de haber echado de twitter a un burro como Borja Hermoso, no a base de insulto, sino de evidencias tan incontestable, que el periodista cultural de El País se tuvo que ir por dignidad. ¿Considero que plagió descaradamente ese texto para ganar dinero sin esforzarse? Bueno, dadas las similitudes hay razones para creerlo. Yo sin tener toda esta información diría que Pedraz leyó el texto y luego inconscientemente recuperó cosas para el suyo. Es algo que quizás me ocurra a mi también. Pedraz dice que no leyó el texto de Déborah antes del suyo, pero ocurre lo de antes: es su palabra contra ninguna prueba y seguramente, si fuese Boyero estaríamos todos, amigos de Pedraz incluidos, criticando la situación. Su principal defensa es que todos los que le conocen dicen que es una gran persona y que jamás haría eso. Pero esto, para la gente que no sabe quién es Pedraz no tiene ningún valor.

En el caso de que se confirmase que fue un plagio, ¿consideraría que Raúl Pedraz es una persona del pelaje de Carlos Boyero? Hombre, pues no, ni muchísimo menos. Para llegar a Boyero habría que hacer muchas más cosas y durante muchísimo tiempo. Además, los principales temas de este blog son que los principales medios de comunicación de este país tienen un interés económico en su política cultural y manipulan descaradamente al lector para que pase por caja en lo que a ellos les interesa.

Por lo tanto, casi nunca critico aquí a personas que no pertenecen profesionalmente a uno de estos medios. Pedraz escribe en El Mundo, pero diría que de manera aislada, no lo sé. A mi hay muchos críticos que no me gustan, pero me parece distinto hacerlo en un blog o en artículos muy de cuando en cuando, que el bombardeo diario de manipulación que ofrecen los periodicos y las revistas de este país.

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Siguiendo con el mensaje que me dedica amablemente el usuario anónimo, tampoco es cierto lo de Jordi Costa. Mi actitud antes y después del encuentro de twitter ha sido la misma. De hecho, después seguí criticando algún texto del crítico (hoy también le toca). He dicho repetidas veces lo mismo: a mi no me gusta nada su estilo, pero es preferible a Boyero y a la mayoría de críticos de los periódicos. Lo que no le hace bueno, claro.

Lo que sí que no llego a entender es lo de «Y venga a hablar de Boyero otra vez en lugar de hablar de películas». Creo que he sido bastante sincero desde el primer momento con las motivaciones de este blog. Están explicadas en la primera entrada. Es un blog de humor contra determinada crítica cinematográfica que a mi no me gusta. No hay ninguna intención de establecer una verdad absoluta. No se pretende convencer a nadie. Simplemente quiero ofrecer mi opinión, gritar un poco en el desierto. No es un blog de cine, aunque a veces se me cuela algún comentario de películas, por considerarlo interesante. Y ya que me lee bastante gente, quizás les anime. Pero no es el principal objetivo del blog. Para eso ya escribo en otras partes donde hago ese papel. En muchas ocasiones en foros de internet sin mayor beneficio que el de compartir y encontrar usuarios con los que discutir. En cinexilio, en allzine y en muchos más sitios.

Por supuesto, la divergencia es bienvenida. La discusión también. Lo ideal sería que nuestro ilustre anónimo hiciese un blog o desarrollase en los comentarios unos argumentos más elaborados en los comentarios del mío (porque todo lo que dice son falsedades que no se pueden sustentar con nada, no como aquí, donde hay enlaces para todo el que lo quiera comprobar). Seguro que los tiene, porque tanto resentimiento tiene que tener una base en algo. Y yo seguramente me he equivocado y estaré encantado de admitirlo, de darse esa situación.

Para mi, el mundo ideal de internet sería que existiesen un montón de páginas con ideas divergentes, cada una con su política, con su línea editorial y que ofreciesen argumentos sólidos a partir de esa politica. Y que el lector fuera saltando de una a otra para crearse su propia idea. También con los blogs. Que exista este blog y otro que piense todo lo contrario. Me parece perfecto. No creo en los blogs y revistas de cine que aunan ideas completamente distintas, porque eso crea confusión en el lector y todos los textos terminan siendo caprichosos y contradiciéndose con otros.

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Tengo la sensación de que el que escribió eso lo hizo para echarse unas buenas risas y ver qué reacciones había. Bueno, como a mi me gusta discutir, me parece bien que se me ponga en duda. Eso me permite desarrollar más mis ideas, así que espero que siga así. Gracias, fuese quien fuese.

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Hoy es viernes, día de estrenos, así que toca hacer repasillo. Ya sé que hay lectores a los que esto les cansa y no les interesa, pero a otros les divierte, así que mientras tenga tiempo seguiré soltando alguna zurra verbal a los profesionales de la crítica.

Empezamos por El País, donde el viernes es también el día que Diego Galán nos regala su columna semanal vacía de contenido, siempre llena de palabras grandilocuentes sin ningún valor. Hoy habla de La jaula de oro, la película de Diego Quemada Díez que Belinchón ninguneó. Belinchón y todos los medios de comunicación que al mismo tiempo se rasgaban las vestiduras por la poca presencia española en Cannes. La única información que hay en El País sobre esta película es un artículo de la corresponsal en Mexico. Ustedes pueden pensar que es lógico, porque a pesar de que él nació en Burgos, la película es mexicana. Pero ahora imaginen que Javier Bardem actuase en una película norteamericana y estuviese en alguna sección de Cannes. ¿Tendría la misma cobertura?

Sea como fuere, lo gracioso del texto de Galán es la parte donde compara la situación de Quemada Díez con la de Méndez Esparza en la edición del año pasado: «el año pasado Aquí y allá, del español Antonio Méndez Esparza ganó el premio de la Semana de la Crítica, recorriendo desde entonces festivales de medio mundo en los que ha obtenido nuevos galardones, mientras que, paradójicamente, su estreno en España paso sin pena ni gloria». Pasó sin pena ni gloria por la responsabilidad de aquellos a los que deberían haberla defendido o, al menos, haber mostrado sus puntos de interés. A Galán y a sus compañeros de redacción. En lugar de eso, Javier Ocaña escribió una crítica poniendo en duda la honestidad del film, dando a entender que era una de esas películas de autor raras y lentas que no gustan a nadie.

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Hong tomando un café, sí. Pero fíjense que todas las botellas del fondo están vacías.
Estrena por primera vez en España uno de los mejores cineastas del mundo, Hong Sang-soo. Lo hace con muchísimo retraso, ya que el director coreano ha estrenado ya otra película hace varios meses y encima prepara una nueva. In Another Country se estrena en España porque tiene a Isabelle Huppert y estuvo en la sección oficial de Cannes. En mi opinión, quizás sea la peor película de Hong, o debería decir que la menos buena. Es, como siempre, una comedia sobre las repeticiones, colorista y llena de equívocos, con un ambiente playero muy afín al director. El problema quizás sea que en esta ocasión la estructura a Hong le ha quedado demasiado clara, no tiene la vitalidad y la imprevisibilidad de las anteriores, películas donde nunca sabías muy bien lo que estaba sucediendo, donde Hong jugaba con la cronología y con la doble moral de los personajes. En esta última, todo está más claro y a veces parece una colección de postales a mayor gloria de Huppert. Mantiene un montón de diálogos geniales y de situaciones divertidas, pero no me parece lo mismo. Es mucho mejor Nobody's Daughter Haewon, que seguramente no se estrenará nunca.

En El País, Hong tiene la suerte de que la crítica la escribe Jordi Costa y no Javier Ocaña. Además, el crítico no se monta ninguna película de las suyas y se limita a hacer una breve introducción del cineasta. No hay espacio para más, y es una pena ya que apenas habla de las diferencias de esta película respecto a las anteriores. Y es algo de interés, ya que tanto en In Another Country como en Nobody's Daughter hay un interés bastante marcado hacia lo religioso que no existía (o no estaba tan claro) en anteriores trabajos de Hong. Eso sería más interesante y tendría más fundamento que toda esa parte final dedicada a comparar el film con las comedias de sketches del cine italiano de los 60 y 70.

Una pequeña aclaración: durante todo el artículo, Costa se refiere al director como Sangsoo. Es un error muy frecuente hacerlo. Sangsoo es el nombre de pila del cineasta, y Hong sería el apellido, así que la forma correcta de dirigirse a él sería esta segunda. En Wong Kar-wai, el apellido es Wong. También ocurre con los nombres japoneses. Si os fijáis, en las películas japonesas que tienen los créditos en romaji siempre pone Kitano Takeshi, lo que pasa es que en Occidente hemos invertido el orden en el caso japonés, pero no en el chino o el coreano. No sé bien por qué. En la IMDb sí que aparecen nombres y apellidos puestos en la forma occidental. Así que lo que está haciendo costa es como si llamara Alejandro a Amenábar durante toda una crítica de una de sus películas, aunque en el caso oriental es algo diferente, ya que allí el apellido se utiliza también en contextos coloquiales. Si ven una película o un anime de institutos, se fijarán que los alumnos siempre se refieren a otros por el apellido, algo que en España no suele suceder. En todo caso, es un error que comete mucha gente, pero en fin, llevamos ya muchos años conviviendo con el cine asiático para que todavía se cometa... y más en el periódico más leído de España.

No hay crítica de Fast & Furious 6 lo que me parece bien. A mi es una saga que me gusta (para que vean que yo no tengo nada contra los blockbusters). Es estúpida, loca y con un montón de errores de guión, pero su pirotécnica es contundente y su manera de manejar la mitología del relato funciona mucho mejor que en otros blockbusters mucho más celebrados (casi todas las películas Marvel, Avatar o toda la filmografía de Zack Snyder). Pero en fin, dado el espacio reducido que tiene El País, me parece justo que este se dedique a películas más pequeñas que no tienen el mismo impacto mediático. Además, no hablarían de ella tan bien como podrá hacerlo muchos de los blogs que hay diseminados por internet. Puestos a desear, estaría bien que no le dedicasen tanto espacio a Robot & Frank o a La venganza del hombre muerto, otras dos películas de clara vocación comercial. Quiero decir, que estas dos películas nadie las va a ir a ver en función a lo que diga El País. Sin embargo, pequeños estrenos como In Another Country o Chaika (de la que Ocaña dice, en su estilo habitual, que «es un trabajo febril y, para bien y para mal, festivalero») sí que son importantes las recomendaciones culturales de los diarios.

En El Mundo, la película de la semana es The Trip de Michael Winterbottom e In Another Country no aparece por ninguna parte. Y eso que a Luis Martínez le había gustado mucho en su paso por Cannes. Pero ya saben cómo funciona esto, a los periodistas les gustan muchas cosas en los festivales, pero a la hora de luchar, solo se indignan si no se estrena la de los Coen. En el ABC, el estreno destacado sí que es Fast & Furious 6, aunque luego José Manuel Cuellar no la pone muy bien. La disculpa con el socorrido «van a ver lo que van a ver», aunque por eso mismo su crítica es bastante inútil. Deja la perlita, eso sí: «Si quieren ver a coreanos pensando, discurriendo sobre la multitud de la vida y la soledad de la muerte, vayan a otra sala». Metiendo ya en la cabeza que eso de Hong Sang-soo es algo muy trascendente y cansino, cuando las películas de Hong están llenas de frivolidad (bien entendida) y la principal motivación de sus protagonistas es el sexo y la bebida. Que luego el director se las ingenie para que además tenga un componente trascendental es otro tema. De hecho, el otro crítico de ABC, Federico Marín Bellón, lo entiende muy bien y escribe un ligero comentario que a mi me parece bien. Afronta la película sin prejuicios por su procedencia y defiende la película desde un punto de vista que cualquiera puede defenderla: «el espectador que no se sienta extranjero en esta película sabrá disfrutar de sus momentos de gran cine como un turista con zapatos cómodos». Le sobra que en la introducción diga que es un experimento.

En Fotogramas, tanto la crítica de Fausto Fernández a Fast & Furious 6 como la de Manu Yáñez (muy en la línea de la de Jordi Costa, para lo bueno y para lo malo -salvo lo de confundir el nombre con el apellido-) a In Another Country están bastante bien, aunque la primera es más bien para blog personal. Ya di mi opinión antes, las revistas no deberían hacerle el juego a las majors, sino tratar de equilibrar un poco la situación. Fotogramas hace lo contrario, al rico más y al pobre menos. Casi la mitad de espacio para Hong. Pero en fin Fotogramas siempre ha sido así y su principal objetivo es dar publicidad a todo lo que viene de Hollywood. No creo que nunca buscase coartades culturales.

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Cerrando el tema Toni García Ramón, el periodista no estuvo ayer tan elocuente y dicharachero por Twitter como el día anterior. Ya no estaba orgulloso de tener un troll ni reía las gracias con sus admiradores:

 Yo creo que esta tendría que haber sido la actitud desde un principio. Si alguien te critica pues lo discutes de manera razonada o lo ignoras. Él quiso jugar al gracioso, pero se cansó pronto. Al cabo de unas horas ya volvió a su actitud destroyer habitual, contra todo lo que se pusiera delante.